Un libro con 75 fichas para analizar las imágenes del siglo XIX español. Elaborado, en su primera versión, en 1998.

Hoy he comenzado de nuevo las clases, he sentido el escaneo de los alumnos y alumnas que intentaban cotejar la imagen que les han contado de mí cómo profesor con la apariencia que realmente parezco tener. Es curioso, aunque llevo muchos años repitiendo éste ritual, todavía siento el mismo pánico escénico (me dura apenas 15 segundos), en el primer momento; una sensación que me gusta mucho porque me indica que voy a tomarme en serio las clases, que tengo que ganarme la estima y la confianza de todos y de cada uno de los alumnos y alumnas. Ser profesor es una de las actividades más interesantes que conozco, siempre les digo el primer día que enseñar es un oficio de personas que quieren a las personas, y que a quien no le interese la textura que tienen tus semejantes,  es mejor que se dedique a otra cosa en la vida.

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Con la técnica del grabado en madera, las imágenes comenzaron a formar parte de la prensa decimonónica como un recurso informativo paralelo al texto escrito.  (Un taller de grabdo en 1867, a la izquierda se ve al operario rebajando una madera de boj dibujada)

Ya que estamos en el inicio del curso vamos a retomar la bitácora un poco a lo grande, y lo hago con un libro electrónico de 180 páginas que elaboré en su primera versión en 1998 y que pretende ser una guía de trabajo para analizar las imágenes que se produjeron en el siglo XIX. A pesar de que muchos historiadores han puesto el énfasis en la iconosfera del siglo XX, la verdadera centuria de las imágenes fue el siglo XIX, en ese tiempo fue donde apareció, en 1839 como es bien sabido, la Fotografía, que se configuró en la conciencia colectiva como una continuación de la realidad y donde el sistema informativo liberal incorporó escenas dibujadas de los acontecimientos, con una narrativa informativa que ahora nos cuesta entender y sobre la que hoy es preciso hacer una tarea de arqueología visual para descifrar los mensajes y los valores que encierran imágenes que ya no hablan a nuestro tiempo sino a personas que transitaron el acelerado siglo XIX. El libro que ofrezco hoy es una guía de trabajo, una especie de hoja de ruta,  para poder comprender las imágenes informativas y fotográficas que se produjeron en ese tiempo e intentar analizar las representaciones visuales más allá de su mera apariencia, intentando, con los ejemplos que propongo, comprender valores culturales específicos, límites tecnológicos diferentes a los del siglo XX o los que ahota suministra la imagen digital, y sobre todo, hacer un esfuerzo cronológico y de interpretación historiográfica, sabiendo que esas representaciones se dirigen a un espectador que no pensaba ni entendía las imágenes cómo las entendemos nosotros en la actualidad.

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La aparición de la tecnología fotográfica y su íntima relación con la realidad, trastocó los valores culturales que existian en el siglo XIX en torno a las representaciones visuales que procedían de la tradición quirográfica . (Colección Castellano. Biblioteca Nacional. Ca 1855)

Con el fin de contextualizar el contenido de las 75 fichas que analizan determinadas cuestiones de comunicación y cultura visual del siglo XIX he incluído dos textos, uno sobre fotografía y otro sobre grabado informativo, que publiqué en aquellos años y que han tenido o tendrán su entrada específica aunque, como es habitual, tienen en su primera página la nota bibliográfica correspondiente en la marca amarilla. También incluyo una bibliografía elaborada en el momento que elaboré la primera versión del libro, que sirve como base a las aportaciones posteriores que aquí, obviamente, no están recogidas, pero todos los trabajos seleccionados fueron entonces muy escogidos por su relevancia e interés. En estos momentos estoy elaborando una guía similar sobre imágenes, ya en su mayoría fotográficas, en torno a la época de la sociedad de las masas en España, pienso que es un buen ejercicio de exégesis visual, muy necesario en un tiempo como el actual en el que hay tanta densidad icónica en el ambiente y tan poca capacidad para comprender muchos de sus mensajes más alla de lo que parecen representar en el plano más inmediato.

Libro para la interpretación de  imágenes históricas del siglo XIX  

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Experimentos informativos en la guerra de África de 1859, un texto en homenaje a Alfonso Braojos publicado en 2001

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“El general Prim y sus ayudantes”. Una de las imágenes procedentes de la fotografía de Enrique Facio que fue publicada  en el libro de Pedro Antonio de Alarcón y en la revista ilustrada “El Museo Universal” en 1860.

Entre la guerra de Crimea de 1853 a 1854 y la guerra civil norteamericana de 1861 a 1865, tuvo lugar una contienda que fue uno de los escasos momentos de gloria y autoestima desbordada para el nacionalismo español decimonónico. Como han recordado los historiadores, España tuvo la sabiduría de no embarcarse durante el siglo XIX en ninguna guerra internacional relevante como había hecho con tanta profusión en los siglos anteriores, y la Campaña de África emprendida por el presidente Leopoldo O´Donell entre 1859 y 1860 fue uno de los escasos episodios bélicos acaecidos, junto al posterior apoyo al Emperador Maximiliano en México que acabó muy mal en 1862 con el general Juan Prim comandando las tropas españolas y el episodio de la  Guerra del Callao entre 1865 y 1866. En 1898, la humillante derrota en la guerra de Cuba frente a un moderno ejército norteamericano fue sin duda el amargo reverso de un episodio, el de la contienda africana,  que fue la que en 2001 denominé en el texto que ofrezco hoy cómo la primera guerra mediática española, porque el sistema informativo liberal estaba ya lo suficientemente desarrollado en aquellos años que se había consolidado el denominado periodismo de pluma y lápiz,  llamado así porque contaba el acontecimiento con la pluma y lo mostraba con los dibujos informativos hechos a lápiz. Además, la Fotografía comenzó a tener presencia en la visualización de los conflictos cuyas primeras imágenes no mostraban la realidad de las batallas sino la épica de la guerra, un concepto que entonces apenas se ponía en discusión en la sociedad.

La guerra de África, emprendida en 1859 por el general O´Donell, tuvo una gran importancia en el imaginario español, se publicaron una serie de libros de los que el más conocido fue el de Pedro Antonio de Alarcón: Memorias de un testigo de la guerra de África, una suerte de diario de la guerra que fue publicada por entregas con imágenes sacadas de dibujos o de fotografías. También  aparecieron pliegos de cordel exaltando al figura del general Prim mientras que pintores como Fortuny reflejaron la gloria de la guerra y todavía en mi infancia se cantaban algunas canciones de la victoria y ocupación de Tetuán, hoy ya olvidadas definitivamente. Hoy muy pocas personas saben que los leones que flanquean el Congreso de los Diputados -el león es el símbolo de España- se fundieron con los cañones capturados al enemigo en ésta contienda que dejó toda una mitología que perduró durante muchos años y que desde luego tuvo una percepción social y política muy diferente a los conflictos africanos españoles de las primeras décadas del siglo XX.

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Grabado informativo mostrando la entrada en Madrid el 11 de mayo de 1860 de las tropas victoriosas de África al mando del general O’Donell, una visualización que la imagen fotográfica no podía lograr con ésta capacidad de síntesis visual en la época. Publicada en “El Museo Universal” 20-V-1860

En mi caso, la contienda de África fue objeto de interés desde la perspectiva infomativa y por la existencia de un álbum fotográfico en el Palacio Real de Madrid del que no sabíamos nada de su génesis en aquellos años, pero con la evidencia de que algunas de las fotográfias habían sido trasladadas a dibujos para el libro de Pedro Antonio de Alarcón y en algún caso se habían publicado en la prensa ilustrada de la época siguiendo las normas informativas entonces vigentes. Mis trabajos de investigación me llevaron al Museo del Ejército y al Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares donde se conserva la documentación de la presidencia de Leopoldo O´Donell. Aquellas pesquisas dieron como fruto un apartado de mi tesis doctoral defendida en 1998, y éste artículo que publiqué como homenaje al profesor y director de la Hemeroteca del ayuntamiento sevillano, Alfonso Braojos en 2001, en un libro que publicó la Universidad de Sevilla en su facultad de periodismo donde era profesor.

Conocí a Alfonso Braojos en el Seminario que en 1995 organizaron Antonio Rodríguez de las Heras y Carlos Serrano en el Instituto de Investigación Miguel de Unamuno de la Universidad  Carlos III de Madrid. Allí nos dimos cita un grupo de investigadores en torno a las imágenes fotográficas que intercambiamos conocimientos, metodologías de trabajo y sobre todo entusiamo, mucho entusiasmo, en unos años en los que la imagen fotográfica estaba por fin siendo atendida en los estudios históricos, algo inédito hasta entonces y estaba casí todo por hacer. Alfonso Braojos era un participante activo en torno a las imágenes de prensa de su muy querida Sevilla y era muy fácil tenerle aprecio por su pasión por la historia del periodismo y por su personalidad abierta y cálida. Lamentablemente una breve y fulminante enfermedad en 1999, hizo que perdieramos a una excelente persona y aun más que excelente historiador y ese fue el sentido del homenaje que una serie de colegas le rendimos. En mi caso con un tema que combinaba historia de las imágenes con historia del periodismo y que hoy ofrezco para su descarga a quienes estén interesados.

No he sido, ni mucho menos, el único autor que se ha interesado por la guerra de África en su dimensión fotográfica y mediática. Para poder entender éste  momento histórico, son imprescindibles los trabajos de Juan Antonio Fernández Rivero que en 2011 en un esplendido estudio, desentrañó el papel de Enrique Facio como fotógrafo de la contienda y que puede consultarse aquí. Con anterioridad, Juan Antonio Fernández Rivero, con el rigor al que siempre nos tiene acostumbrados, había ya publicado otros estudios sobre éste tema a partir del papel que jugó el puerto y la ciudad de Málaga en la logística de la guerra, trabajos que son de lectura obligatoria  para los interesados en este momento de la historia de España. A  comienzos de 2016, Antonio David Palma Crespo,  ha defendido en la Universidad de Córdoba una tesis doctoral sobre éste tema, que sin duda enriquece el conocimiento de un momento tan singular, en el que la España del siglo XIX acariciaba la modernidad europea, con experimentos mediáticos en torno a la Campaña de África, mientras construía líneas de ferrocarril, tendía kilómetros de redes telegráficas y vivía en una euforia permanente que, en 1865, sumió a la economía nacional en una tremenda crisis, cuando estalló la burbuja ferroviaria, algo que recuerda un poco a los efectos y consecuencias  de la burbuja inmobiliaria que nosotros hemos conocido en éstos últimos años. Aunque la nuestra sea otra historia, por supuesto.

La Campaña de África de 1859, la primera guerra mediática española

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Dos artículos periodísticos sobre los orígenes de la Cultura Audiovisual. Textos de 1995 y 1996

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Francisco de Goya. “Asta su abuelo”. Capricho 39. Publicado en 1799. Estamos ante el  Goya hipervisual e implicativo con el espectador en una composición que sigue teniendo en la actualidad una total vigencia narrativa.

En estas semanas de silencio en el blog me acuerdo mucho del poeta Paul Valery cuando hablaba de la “espuma de los días”. Al final las urgencias me restan espacio para sentarme y preparar otra entrada con alguno de mis textos publicados. Para compensar tanto silencio por mi parte, hoy, como en los viejos cines de barrio, ofrezco un programa doble, dos textos sobre  los Orígenes del Cine y de la Cultura Audiovisual. Cuando comencé a investigar sobre el espectador del siglo XIX, entre los muchos materiales que leí, hubo un trabajo que me fascinó y fue el de Priscilla Muller en la Hispanic Society en 1984 sobre Goya y la Fantasmagoría de Robertson. La doctora Muller venía a decir en aquel atractivo y documentado trabajo que no sería extraño que un experimentador visual nato como Francisco de Goya hubiese asistido a las sesiones filosóficas de proyección que Robertson hizo en Madrid en 1821 en pleno Trienio Liberal, y de esas visiones de proyecciones de imágenes salieran las ideas que inspiraron las “pinturas negras” de la Quinta del Sordo. En aquello años, sobre 1993, estaba yo buscando materiales sobre Robertson, entonces no existía Internet como ahora, y teníamos buscadores como la red OCLC que pacientemente buscaba en todos los archivos del mundo lo que pedías y su disponibilidad. En mi caso, “saltó” que las “Memorias” de Robertson, editadas en París en 1831, estaban disponibles en la Biblioteca de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, porque Robertson, además de proyecciones fantasmagóricas, había hecho aerostación y era uno de los pioneros de las experiencias en globo… total, que una mañana en mi despacho me encontré los dos tomos originales de 1831, que la biblioteca de la USAF había envíado a mi Universidad para que yo los consultara durante un mes. Era un tiempo en el que las instituciones norteamericanas tenían ese compromiso (y esa confianza) con los investigadores de otros lugares del mundo. Para mí fue un momento mágico, ya que ahora basta teclear en Internet y el libro está disponible digitalizado, pero en aquellos años no teníamos esas facilidades de investigación.

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Artificio técnico para la escena titulada “La Galería Subterranea” de Robertson publicados en sus “Memoires” (1831). El espectador  (a la derecha) mira a los espejos que reconstruyen de ese modo la escena fragmentada. El montaje recuerda y prefigura a la composición en capas digitales

Mis reflexiones sobre Priscilla Muller, Francisco de Goya y Robertson fueron publicadas en el capítulo sobre la cuestión histórica del espectador en el siglo XIX y que ahora puede consultarse en Google Books, pero en 1995 yo colaborabá de tanto en tanto con el editor de Cultura de “El Diario Montañés”, Guillermo Balbona, un gran  profesional y buen amigo, muy sensible siempre a nuevos enfoques divulgativos, gracias a su iniciativa y entusiasmo publiqué los dos artículos que ahora ofrezco; uno sobre los orígenes del cine y otro sobre Goya y la Fantasmagoría aprovechando que era el año del pintor aragones, un espíritu lúcido cuyas imágenes siguen estando de actualidad.

Ofrezco aquí los dos textos y el enlace a mi libro sobre la “Construcción Social de la Realidad…”  en cuyo capítulo primero abordo de un modo ya no tan divulgativo lo que en los artículos de “El Diario Montañés” traté para los lectores de un suplemento cultural de un fin de semana.

Espero y deseo no tardar tanto en poner la próxima entrada, tengo algunos materiales preparados entre ellos una de mis incursiones sobre la reflexión en torno a los creadores fotográficos en 1999, pero de momento nos quedamos con la fascinación de Goya y la profundidad filosófica de Robertson al que algún autor le ha considera el fundador de la conciencia de la subjetividad en el tránsito del siglo XVIII al siglo de las innovaciones y de la nueva sociedad liberal, el fascinante siglo XIX.

Dos textos sobre los origenes de la cultura audiovisual  (Pulsar aquí para descargar)

 

 

Usos sociales de las imágenes en el siglo XIX, miradas y tecnologías. Un texto de 2004

El espectáculo óptico del Mundonuevo en Madrid en un grabado de 1851

       El espectáculo óptico del Mundonuevo en Madrid en un grabado de 1851

“Visibilidades Diferenciadas” aborda la cuestión de la mirada como un elemento cultural susceptible de ser indagado históricamente, en la línea que Jonathan Crary estaba formulando en un libro aparecido en agosto de 2001 y que, en el caso del ensayista norteamericano, centra en la primera etapa de la modernidad y en el texto que introduzco en ésta entrada se dedica a estudiar los modos culturales de la  contemplación de imágenes en el núcleo central del siglo XIX, estudiando la dualidad existente en la sociedad entre los nuevos valores introducidos por la denominada burguesía de los negocios y las personas que vivían adscritos a las prácticas culturales de la sociedad tradicional. Esa doble característica se reflejaba también en las tipologías de imágenes que se difundían, en las tecnologías que las soportaban y en los modos de mostrarlas y difundirlas.

El texto es la versión escrita de una ponencia que realicé en unas jornadas internacionales en la Universidad de Marne-la-Vallé, en los alrededores de París, organizadas en Diciembre de 2001 por la profesora Marie Linda Ortega, especialista en literatura e ilustradores españoles del siglo XIX y con la que me unía una estrecha relación intelectual desde que nos conocimos en 1995 en los encuentros que el hispanista Carlos Serrano y el profesor Antonio Rodríguez de las Heras organizaron en la Universidad Carlos III de Madrid. Marie Linda y yo fuimos participantes de aquellos coloquios tan intensos y coincidimos en el enorme interés que tenía el siglo XIX y en lo desconocido que era porque parecía que el foco de análisis estaba más desplazado hacia los años de la modernidad, cuando en realidad el siglo XIX fue el embrión de todas las transformaciones que décadas después configurarán la denominada conciencia moderna. Las Jornadas “Escribir en España. Literatura y Visibilidades/Ecrire en Espagne: Littérature et Visibilités 1840-1876”, fue un marco excelente para introducir la cuestión de los usos sociales de las imágenes, un tema que en Francia ya había sido objeto de algunos encuentros importantes pero que entre nosotros, a diferencia de los problemas de la recepción lectora de los textos escritos, apenas se había abordado por entonces.

Pabellón de España en la Exposición Universal de Filadelfia en 1876 (Biblioteca Nacional)

Pabellón de España en la Exposición Universal de Filadelfia en 1876 (Biblioteca Nacional)

Una de las cuestiones que destaco en éste texto es justamente que las imágenes y su recepción en el siglo XIX se producen en esos años centrales que son, y no por casualidad, coincidentes con la ascensión del nuevo capitalismo moderno y con profundos cambios tecnológicos, sociales y culturales, que tienen su reflejo en la manera que las tecnologías de las imágenes y las representaciones que se derivan de ellas, muestran la realidad de su tiempo. La Fotografía como nueva tecnología moderna y disruptiva respecto a las formas gráficas derivadas del dibujo, será un elemento central por sus significaciones simbólicas en una época rendida al Progreso, pero constituye un error de apreciación pensar que las imágenes fotográficas son la producción iconográfica determinante en la representación de la realidad. De hecho, en el texto se estudian  otras tecnologías y espectáculos que  jugaran también papeles esenciales en su función socializadora a través de las imágenes.

El libro donde se publicó éste texto tiene el sugerente título de “Ojos que ven, Ojos que leen. Textos e imágenes en la España Isabelina” y como muy bien se indica, las problemáticas de los dos tipos de lecturas, las de los textos escritos y las de las imágenes. sea cual fuere su soporte,  nos permiten una mejor comprensión de un época histórica de intensas transformaciones sociales y culturales, no solo en España, sino en toda Europa y el papel que jugaron los modos de ver en todo ese proceso.

Visibilidades diferenciadas: Usos sociales de las imágenes en la España isabelina (Pulsar para descargar)

Funciones y Narrativas de la Linterna Mágica. Un texto de 1999

Jean-Antoine Nollet. Leçons de physique expérimentale. (Tomo VI) 1757. Biblioteca General Histórica. Universidad de Salamanca

Jean-Antoine Nollet. (1757)  Un microscopio solar para estudiar la morfología de los objetos naturales y una linterna mágica. Instrumentos para aprender a través de  la experiencia visual desde las concepciones ilustradas. (Universidad de Salamanca)

Para la opulencia audiovisual de nuestro tiempo, la humilde Linterna Mágica proyectando una débil imagen en una pared mientras el linternista iba contando una historia al tiempo que cambiaba,  de tanto en tanto, unas pocas imágenes que se apoyaban en la fuerza de la  narración oral, puede parece ahora una tecnología rudimentaria y sin apenas importancia; pero lo cierto es que la Linterna Mágica atravesó con éxito e interés del público nada menos que tres siglos de la cultura europea. Fue un espectáculo que atrajo a personas doctas que escribieron tratados sobre ella y a gentes humildes que acudían fascinados a los muchos lugares donde se exhibía temporalmente. Los textos que se han conservado sobre como transcurría la exhibición, al menos en el siglo XIX, recuerdan bastante a nuestras experiencias de cine de barrio infantil. Además, la Linterna Mágica cumplió su ciclo tecnológico de un modo canónico. Cuando apareció el cinematógrafo en 1895, estaba ya agotada como recurso,  pero el cine heredó algunas de sus técnicas visuales como el fundido encadenado, y algunas de las historias que habían sido proyectadas con las placas de la Linterna Mágica, pasaron al nuevo espectáculo de la fotografía animada. La más conocida, sin duda, la peripecia del Regador Regado que los hermanos Lumière trasladaron al cine recién inventado. La importancia que ha tenido la Linterna Mágica ha sido puesta en valor y rescatada del olvido por algunos especialistas que han publicado trabajos excelentes sobre su importancia cultural, tanto en Europa como en los Estados Unidos. En España tenemos la fortuna de contar con Francisco Javier Frutos que con sus investigaciones nos ha iluminado (nunca mejor dicho), sobre un artefacto muy poderoso narrativamente que, ante todo y gracias a la infinidad de placas que se produjeron, fue una enciclopedia visual en el largo periodo de su vigencia cultural, y logró que muchas personas vieran cosas que nunca hubieran podido conocer si no hubieran asistido a una proyección de Linterna Mágica.

Contemplando el mundo a la luz de una linterna mágica, es el segundo de los textos que publiqué en la revista educativa “Peonza” en su número 49. Como ya expliqué en otra entrada se trata de una publicación excepcional que puede consultarse en red porque tiene todos sus números digitalizados. En mi caso fue, de nuevo, una experiencia muy satisfactoria porque me permitió dar a conocer en una revista educativa ésta arqueología de la mirada y de la cultura audiovisual, alrededor de una historia en torno a una falsa moneda que va de mano en mano. Un texto que extraje de un libro de historias de linterna de 1833, cuando todavía no se había inventado la Fotografía y Mariano José de Larra se convertía literariamente un una Linterna Mágica para contemplar la realidad cotidiana de su tiempo, y cuentos como éste amenizaban las veladas en una época en el que apenas había muchas alternativas de ocio que no transcurrieran en la calle y a la luz del día. Sin olvidarnos que entonces nada menos que un noventa por ciento de la población no sabía leer y tenía que escuchar a los que sabían lo que ponía en las páginas impresas para poderse enterar. Escuchar una historia leída y ver imágenes proyectadas era una experiencia muy atractiva ya en aquellos momentos.

La cultura audiovisual que hoy disfrutamos y que sigue en constante transformación, es heredera de estos primitivos artefactos audiovisuales que ahora se guardan en museos y colecciones como la existente en el Museo del Cine de Girona que es de visita imprescindible. También lo son la muestra pionera en Salamanca de La Filmoteca de Castilla y León,  sin olvidarnos de la importante recopilación existente en Madrid, en la Filmoteca Española. Esas humildes y en muchos casos extrañas máquinas que en estas colecciones pueden contemplarse, mecánicas en su mayor parte, rebosantes de ingenio e ingeniería, son el origen de todas las formas de mirar que hemos heredado en nuestras tecnologías actuales, y constituyen los soportes de toda una cultura de la mirada que yo intenté reflejar un poco en éste texto de 1999 y más tarde retomé en Memorias de la Mirada en la Fundación Botín en 2001.

Contemplando el mundo a la luz de una Linterna Mágica  (Pulsar para descargar)