Un libro con 75 fichas para analizar las imágenes del siglo XIX español. Elaborado, en su primera versión, en 1998.

Hoy he comenzado de nuevo las clases, he sentido el escaneo de los alumnos y alumnas que intentaban cotejar la imagen que les han contado de mí cómo profesor con la apariencia que realmente parezco tener. Es curioso, aunque llevo muchos años repitiendo éste ritual, todavía siento el mismo pánico escénico (me dura apenas 15 segundos), en el primer momento; una sensación que me gusta mucho porque me indica que voy a tomarme en serio las clases, que tengo que ganarme la estima y la confianza de todos y de cada uno de los alumnos y alumnas. Ser profesor es una de las actividades más interesantes que conozco, siempre les digo el primer día que enseñar es un oficio de personas que quieren a las personas, y que a quien no le interese la textura que tienen tus semejantes,  es mejor que se dedique a otra cosa en la vida.

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Con la técnica del grabado en madera, las imágenes comenzaron a formar parte de la prensa decimonónica como un recurso informativo paralelo al texto escrito.  (Un taller de grabdo en 1867, a la izquierda se ve al operario rebajando una madera de boj dibujada)

Ya que estamos en el inicio del curso vamos a retomar la bitácora un poco a lo grande, y lo hago con un libro electrónico de 180 páginas que elaboré en su primera versión en 1998 y que pretende ser una guía de trabajo para analizar las imágenes que se produjeron en el siglo XIX. A pesar de que muchos historiadores han puesto el énfasis en la iconosfera del siglo XX, la verdadera centuria de las imágenes fue el siglo XIX, en ese tiempo fue donde apareció, en 1839 como es bien sabido, la Fotografía, que se configuró en la conciencia colectiva como una continuación de la realidad y donde el sistema informativo liberal incorporó escenas dibujadas de los acontecimientos, con una narrativa informativa que ahora nos cuesta entender y sobre la que hoy es preciso hacer una tarea de arqueología visual para descifrar los mensajes y los valores que encierran imágenes que ya no hablan a nuestro tiempo sino a personas que transitaron el acelerado siglo XIX. El libro que ofrezco hoy es una guía de trabajo, una especie de hoja de ruta,  para poder comprender las imágenes informativas y fotográficas que se produjeron en ese tiempo e intentar analizar las representaciones visuales más allá de su mera apariencia, intentando, con los ejemplos que propongo, comprender valores culturales específicos, límites tecnológicos diferentes a los del siglo XX o los que ahota suministra la imagen digital, y sobre todo, hacer un esfuerzo cronológico y de interpretación historiográfica, sabiendo que esas representaciones se dirigen a un espectador que no pensaba ni entendía las imágenes cómo las entendemos nosotros en la actualidad.

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La aparición de la tecnología fotográfica y su íntima relación con la realidad, trastocó los valores culturales que existian en el siglo XIX en torno a las representaciones visuales que procedían de la tradición quirográfica . (Colección Castellano. Biblioteca Nacional. Ca 1855)

Con el fin de contextualizar el contenido de las 75 fichas que analizan determinadas cuestiones de comunicación y cultura visual del siglo XIX he incluído dos textos, uno sobre fotografía y otro sobre grabado informativo, que publiqué en aquellos años y que han tenido o tendrán su entrada específica aunque, como es habitual, tienen en su primera página la nota bibliográfica correspondiente en la marca amarilla. También incluyo una bibliografía elaborada en el momento que elaboré la primera versión del libro, que sirve como base a las aportaciones posteriores que aquí, obviamente, no están recogidas, pero todos los trabajos seleccionados fueron entonces muy escogidos por su relevancia e interés. En estos momentos estoy elaborando una guía similar sobre imágenes, ya en su mayoría fotográficas, en torno a la época de la sociedad de las masas en España, pienso que es un buen ejercicio de exégesis visual, muy necesario en un tiempo como el actual en el que hay tanta densidad icónica en el ambiente y tan poca capacidad para comprender muchos de sus mensajes más alla de lo que parecen representar en el plano más inmediato.

Libro para la interpretación de  imágenes históricas del siglo XIX  

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Reflexiones en torno al análisis histórico de las imágenes fotográficas y a la búsqueda de herramientas metodológicas. Un texto de 1995.

Acabamos de pasar una fuerte ola de calor y tengo mis dudas que un texto como el que propongo sea el adecuado para un verano tan tórrido cómo el que estamos pasando, porque “La mirada fotográfica en el tiempo”, una ponencia que leí en un Congreso organizado por la Universidad de Extremadura en Noviembre de 1995, y que fue publicado al año siguiente en una monografía editada por Mario Díaz Barrado, es sin duda uno de mis textos más intensos en torno a una temática que en aquellos años me preocupaba

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Louis Figuier. La dama del espejo. (Ca. 1855). Esta imagen es un perfecto ejemplo de un juego de miradas históricas en torno a la representación fotográfica. Las significaciones para un espectador del siglo XIX son muy diferentes a las que tienen para quienes la contemplamos actualemente

mucho porque careciamos de estudios específicos al respecto, me refiero al análisis historico de las imágenes como fuentes del pasado y no como meras ilustraciones que puestas en página de modo acrítico, parecían evocar una realidad pretérita a la que no se le sometía a ningún tipo de crítica historiográfica, algo que si parecía imprescindible en los textos escritos.

Si la década de los años ochenta fue la de acometer la primera cartografía de autores e imágenes fotográficas existentes en la cultura española desde el siglo XIX, la década de los noventa fue la de avanzar en la integración de las fuentes visuales fotográficas en el ámbito del análisis histórico. Transitábamos un territorio muy fragmentado con procedencias epistemológicas muy diversas que procedían de visiones elaboradas desde la Historia del Arte, la Comunicación Visual, la Semiótica Estructural,  la Estética Visual, la Filosofía, la Antropología y algunas otras que convivían, en ocasiones sin tan siquiera reconocerse, aunque, de modo hegemónico y bastante acrítico, imperaba todavía entre nosotros en aquellos años la visión artística de la escuela “Newhall” que buscaba autores e imágenes para hacer un panteón utilitarista para el coleccionismo pero que de modo reiterado descontextualizaba los fenómenos culturales y comunicativos de las imágenes del pasado.

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Como caminan las personas gracias a la fotografía instántanea. Publicado por  Josef María Eder  en su obra: La photographie instantanée. (1888). La evolución técnica de la Fotografía ayudo a transformar la mentalidad cultural en torno a la realidad a quienes transitaron el tiempo que llevaría a la Sociedad de las Masas.

Este fue uno de los textos que elaboré en torno a dotar al análisis de las imágenes fotográficas de una serie de instrumentos de trabajo y en él aparecen ya elementos nodales de lo que serían mis trabajos posteriores en torno al espectador, a los modos de ver y contemplar una imagen del pasado con ojos presentistas y la necesidad de construir un discurso historiográfico en el que la propia imagen formaba parte de un relato mucho más complejo que lo que parecía mostrar su propia representación.

En el Congreso de las “Edades de la Mirada”, fue donde consolidé mi afecto por Mario Díaz Barrado, discípulo de Antonio Rodríguez de las Heras, pionero en el uso de las fuentes documentales no escritas. Su libro “Palabra de Dictador” (1985), analiza  los discursos de Miguel Primo de Rivera en el período 1923-1930 y lo hizo con una metodología de análisis  que fue muy novedosa en su momento. Había conocido a Mario en los encuentros que hicimos sobre imagen en la Universidad Carlos III de Madrid que coordinaban Carlos Serrano y Antonio Rodriguez de la Heras, y desde aquel momento hemos trabajo juntos en muchos proyectos, las aproximaciones de Mario Díaz Barrado sobre la fotografía en el campo de la Historia del Tiempo Presente son de una enorme utilidad metodológica y conceptual. También en aquel Congreso conocí a Javier Marzal, hoy una de nuestras mejores referencias en Comunicación Audiovisual, Javier acabada de publicar su estudio sobre las partituras de las películas de D.W. Griffith, acababa entonces de llegar de Estados Unidos donde había investigado un material muy poco valorado en la historia del primer cine que, a pesar de cómo se ha etiquetado, nunca fue mudo, y la música en la sala fue un elemento fundamental para crear la intensidad narrativa a las imágenes que se proyectaban. Javier Marzal y quien escribe ésta bitácora, amigos desde entonces, nos reconocemos en nuestra visión interdisciplinar y en no tener temor a explorar otros espacios culturales de las imágenes más allá de las cajas estancas en las que por inercia se mueve aun todavía una parte de la investigación sobre la cultura audiovisual contemporánea, donde las  imágenes fotográficas constituyen una parte imprescindible para entender todo ese tiempo que se configura en la Ilustración, atraviesa la cultura decimonónica y la modernidad y hoy en plena cultura de la posmodernidad se encuentra atrapada en los sutiles hilos de la Sociedad-Red. 

La Mirada Fotográfica en el Tiempo: Una mirada para su interpretación histórica    (Pulsar para descargar)

 

Publio López Mondejar y su papel como precursor de la Historia de la Fotografía en España. Un texto de 1998

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El escritor Julio Nombela con su familia en una fotografía hacia 1855 recogido en el libro de Publio López Mondejar en “El Rostro de las Letras” Debemos a Nombela una de las escasas autobiografías de las que disponemos  de autores del siglo XIX que mostró  con una precisión fotográfica a sus coetáneos y a su tiempo. (Biblioteca Nacional de España)

El pasado 11 de Junio la Real Sociedad Menéndez Pelayo inauguró en Santander la exposición “El Rostro de las Letras” un proyecto de Publio López Mondejar que ha puesto imagen a quienes desde el siglo XIX crearon cultura escrita en España, y que, gracias a una exhaustiva investigación llevada a cabo por Publio, aparecen ahora mirados por la cámara fotográfica, por lo que la dimensión de escritor se torna diferente al reencontrarnos con los autores en su ambiente visual. El resultado ha sido un paseo sugerente por multitud de escritores que han conformado nuestra realidad cultural y un preciado catálogo que permite contemplar el aspecto más personal y humano de nombres y firmas que escribieron sobre su tiempo y los valores de nuestro país a través de la literatura.

Para mí el reencuentro con Publio fue muy emotivo porque nos conocemos nada menos que desde 1981, cuando en el mes de Septiembre estaban Lee Fontanella, Marie Loup Sougez y Publio impartiendo un curso de verano en la Universidad Menéndez Pelayo y yo les hice una entrevista a doble página para el periódico en el que entonces trabajaba. Un año antes, Publio había publicado ya sus “Retratos de la Vida” con imágenes del fotógrafo manchego Luis Pérez Escobar, una obra que abrió el interés cultural por la recuperación de la Historia de la Fotografía en España y que culminó,  sin duda, con su entrada en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 2008, la primera vez que la Fotografía ha entrado en la Academia española.  Tras décadas de desidia y desinterés artístico y cultural, Publio consiguió la hazaña de que gracias a su extensa obra,  la cultura fotográfica obtuvo, por fin, el reconocimiento de una institución de la importancia de la Real Academia de Bellas Artes. Su discurso de ingreso que puede descargarse aquí,  constituye uno de los más hermosos textos que se han publicado en español sobre la Historia de la Fotografía, y es obra de un batallador infatigable en defensa de su valor cultural, una persona que nunca ha sido complaciente sino muy crítico con algunas actuaciones seudoculturales en torno a la Fotografía y que siempre se ha manifestado alto, claro y sin recovecos,con una sinceridad y honestidad que son sus señas de identidad y que se reflejan también en la enorme calidad de su trabajo. Por mi parte siempre he valorado la importancia de su obra, y así lo he manifestado en algunos de mis escritos en torno a la historiografía española que he ido publicando y que aparecerán en ésta bitácora en su momento. Además por algún hilo invisible que nos une, he estado presente en momentos muy centrales de su trabajo. El otro día recordábamos que estábamos juntos  cuando Juan Carlos Luna, el Editor, con mayúsculas, de la fotografía española y latinoamericana contemporánea a través de la editorial Lunwerg, decidió que Publio hiciese la trilogía de Las  Fuentes de la Memoria, un reto colosal que dió visibilidad internacional a la historia y a los autores de la fotografía española. Publio, Juan Carlos y yo somos muy amigos y nos debemos algún que otro paseo por el retiro madileño con la satisfacción de la huella dejada en el recorrido de nuestros respectivos trabajos.

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Del Izquierda a derecha, Raquel Gutierrez Sebastián, Salvador García Castañeda, Borja Rodríguez Gutiérrez, presidente de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, Publio López Mondejar, Celestina Losada Varea y Bernado Riego Amézaga, autor de ésta bitácora, en la inauguración de “El Rostro de las Letras” en la sala de exposiciones CASYC de Santander

En 1997 Publio cambió de formato editorial y publicó en  Lunwerg una Historia de la Fotografía en España que yo reseñé para el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y que ofrezco hoy en su versión pre-print para quien la quiera descargar. Fue un proyecto editorial de gran éxito y muy necesario en la oferta editorial española del momento, al que siguió en 2005 la versión de gran tamaño que fusionó y amplió el texto histórico con la trayectoria de recopilación visual que Publio había ido trazando en los años anteriores. Sin duda la obra central de la larga trayectoria profesional de Publio López Mondejar, un precursor de la Historia de la Fotografía en España que gracias a labores como la suya salió del corazón de las tinieblas en la que se encontraba hasta la década de los años ochenta del pasado siglo xx.

Recensión del libro Historia de la Fotografía en España

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La red visual de Sara Huete, o el reciclaje de significaciones de las imágenes fotográficas impresas. Un texto de 1997

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Sara Huete. Medidas extraordinarias. 2012

Una de las canciones que más me gusta es la que canta  el colombiano  Jorge Celedón, Qué bonita es esta vida. Una canción optimista y vital que me acompaña cuando necesito un poco de estímulo. Soy de los que creo que, aunque vivimos en una época terrible y a los informativos me remito, a pesar de las utopías recurrentes (la eléctrica a comienzos del siglo XX y ahora la utopía digital, ya hablaré de todo esto más adelante), obviamos que realmente estamos todavīa en una fase muy inicial desde el punto de vista de la cultura social en la que apenas hemos vivido diez mil años como especie. Si somos capaces de resolver con la Ciencia algunas de las encrucijadas actualmente planteadas, nuestro tiempo se verá, sin duda, en el futuro como una época todavía muy primitiva. Pero por si ésta bitácora sobrevive a ese futuro, (¡quien sabe!)  quiero escribir que una de las mejores cosas que tenemos los humanos hoy son los amigos, y si además son tan creativos y sugerentes como Sara Huete y su obra, entonces la canción de Jorge Celedón que tambien canta maravillosamente Amanda Martínez en un bar mexicano, tiene plena justificación  y atenúa un poco algunas de las penurias a las que asistimos en estos momentos.

Sara Huete no se siente artista fotográfica, pero utiliza las imágenes fotográficas impresas en viejas revistas para remezclar sus significaciones y darles nuevos sentidos interpretativos que aluden a cuestiones centrales de nuestro tiempo y de nuestra cultura. En un momento en el que muchos artistas están indagando con el nuevo taller iconográfico que proporciona el software digital, Sara Huete incorpora a las imágenes fotográficas, creadas e impresas en su día  con otra intencionalidad, pequeños objetos tridimensionales que dan al conjunto de su propuesta una nueva e inesperada lectura. Es un autentico placer ver sus trabajos que conjugan la imagen impresa con los objetos añadidos que reconvierten la significación y se completan con un breve texto escrito con una vieja máquina de escribir que, de la manera que tan bien explicó Roland Barthes en sus escritos, anclan el sentido expresivo de una obra que deja siempre al espectador un enorme territorio para sentir, imaginar y sobre todo intuir  reconstruyendo con la mirada los significados que pueden plantear los hermosos objetos tridimensionales que crea Sara que, aunque parezcan ingenuos, plantean muchas cuestiones profundas y nada inocentes o casuales.

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En  estos días se ha inagurado en la Torre de Don Borja de Santillana del Mar, una antología de su obra con el título Las Historias Recortadas. Tuve la fortuna de visitar la exposición antes de su apertura pública porque Sara, amiga de sus amigos, nos invitó a un pequeño grupo a que asistieramos a una primera apertura privada y contempláramos su trabajo reciente y lejano en las dos plantas donde se ha ubicado su extensa obra.  En la visita fue cuando se me ocurrió que tenía que recuperar el texto que en un lejano 1997 escribí sobre su obra  y de paso invitar  a quienes estén interesados y puedan acercarse a Cantabria (una experiencia que en sí misma merece la pena)  a  disfrutar ésta espléndida exposición. Para todos y especialmente para los que no puedan venir, en todo momento cuentan con la grata posibilidad de visitar su página web que constituye una experiencia completa y compleja de todo su trabajo artístico, incluyendo la nueva línea de experimentación que está transitando a través de sus piezas animadas de arte digital.

La certidumbre está en el azar (Pulsar para descargar)

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Algunas reflexiones sobre la fotografía de creación contemporánea en España. Un texto de 1999

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Ciuco Gutiérrez. Sueños de dominguero. (1998). Editada para El  Aula de Fotografía de la Universidad de Cantabria de Cantabria con motivo de su décimo aniversario

Cuando retornas a una bitácora como la que yo escribo y vuelves a ver la misma entrada, tienes la sensación de que el autor ha decidido ponerse a echar la siesta y  que desde el último esfuerzo, no está haciendo nada de nada. Aunque tener espacios de descanso es fundamental para crear algo nuevo  y con calidad, en mi caso la realidad es otra; con motivo de un decreto ministerial muchos de los que nos dedicamos a la docencia universitaria nos hemos visto en diversos tribunales que debían juzgar tesis doctorales del plan antiguo (siempre hay un plan antiguo y un plan nuevo que, de pronto, sin que nadie sepa muy bien porqué, también se volverá antiguo). Yo he estado en siete ú ocho tribunales, en algunos tan solo de suplente, pero he tenido la fortuna de participar en varios de muy enorme calidad como el que tuvo lugar en la Universidad de Barcelona sobre la figura del fotógrafo e industrial gallego Pedro Ferrer, un autor ya imprescindible de la fotografía española con conexiones argentinas que ha recuperado con enorme esfuerzo la profesora Ana María Baldani Cámara con la sabia dirección de Dolors Tapia. Fue una excelente oportunidad de reencontrarme con buenos y viejos amigos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona y recordar su espíritu siempre tan activo.

En ese peregrinar de Universidad en Universidad un buen día en el que la bitácora seguía con el mismo aspecto, estuve en la Universidad de Navarra, en un tribunal de la que fue presidenta María de los Santos García Felguera, y donde nos tocó juzgar un excelente trabajo de Laura Torre Vall sobre un tema que nos faltaba en la historiografía española, la significaciones de los álbumes de viajes del XIX. Mari Santos García Felguera, comentaba certeramente que, gracias a la extinción del plan antiguo, la investigación en Fotografía ha dado en los últimos meses un gran avance entre nosotros y en el caso de la Universidad de Navarra, la impronta de Asunción Domeño, la directora de la tesis de Laura, ha posibilitado que en ésta universidad privada, el nivel de investigación sobre Historia de la Fotografía sea dese hace muchos años un referente de primer nivel. Lo dije públicamente en el acto académico en la sala imponente donde nos pusieron y lo repito aquí, porque el trabajo de calidad debe reconocerse y el de Asunción Domeño lo es y mucho. Por la tarde estuvimos en el Museo de la Universidad de Navarra viendo con Valentin Vallhonrat algunas de las joyas de la colección fotográfica que han ido componiendo en estos años. Me emocionó el exquisito cuidado con el que Valentín y su equipo tratan a las piezas que conservan, que contrasta con el trato desaliñado de algunos materiales valiosos que veíamos en los años ochenta en otros centros donde había fotografías y para algunos de los que las custodiaban y no entendían su valor cultural y patrimonial eran más una molestía que materiales imprescindibles para poder entender nuestro tiempo. Tanto en Navarra como en otras citas anteriores los doctorandos recordaron la figura de Ángel Fuentes de Cía al que, a finales de éste año, dedicaremos un homenaje que será permanente en las Jornadas Antoni Varés de Girona, Ángel  ha sido una figura imprescindible en la formación de quienes, ahora sí, custodían, conservan y sobre todo, entienden, el valor que tiene para la sociedad nuestro patrimonio fotográfico.

Una vez que he demostrado ante los lectores de la bitácora que estas semanas no he estado tan inactivo como parece, paso a hablar un poco del texto que pongo hoy a disposición de los interesados y que escribí en 1998 aunque se proyectó en 1999, dos años que fueron muy  intensos en mi actividad. Con motivo de los diez años del Aula de Fotografía que dirigía en la Universidad de Cantabria, conseguimos un dinero del Consejo Social de mí institución y Ciuco Gutiérrez nos hizo una pieza maravillosa que envíamos a museos y centros culturales españoles y latinoamericanos titulada “Sueños de Dominguero”. El único centro artístico que rechazó una de los cincuenta ejemplares firmados que componían la tirada de la obra de Ciuco Gutiérrez, porque tenía entonces una política preventiva sobre donaciones,  fué el Guggenheim de Bilbao, pero hasta la entonces Ministra de Cultura, Esperanza Aguirre, nos envió una carta de agradecimiento y nos comunicó el ingreso de la pieza de Ciuco Gutiérrez en la colección del Museo Reina Sofía. Ese mismo 1998, a finales de año,  estuve en el jurado del premio nacional de Fotografía que otorgamos  muy merecidamente y en mí opinión, con mucho retraso,  a Joan Foncuberta. Creo que fue Humberto Rivas el que me propuso como miembro del jurado, y tal vez a resultas de esa participación, ya no me acuerdo muy bien,  el Ministerio me pidió  que hiciera un prólogo sobre fotografía de creación para un catálogo, “Propuesta 99”, que iba a exhibirse en lo que entonces era el Museo de Arte Contemporáneo y luego iba a viajar por Latinoamérica. Como he escrito ya con anterioridad, no me gusta nunca hacer textos de circunstancias e indefinidos, y decidí abordar algo  que me chocaba en aquellos años que yo estaba asistiendo a múltiples encuentros europeos, y era la disimetría entre la percepción que en España se tenía de la creación y de la cultura fotográfica y la fascinación europea del trabajo que estábamos haciendo aquí, así que no hice un texto cómodo para mí ni para los que me invitaron, sino que acometí una reflexión crítica reivindicando el papel de los creadores fotográficos y haciendo una prospectiva y sobre todo una perspectiva de su papel en una cultura del arte contemporáneo que se estaba transformando. No entendía la falta de autoestima de los creadores fotográficos españoles, como no entiendo ahora en estos años tan deprimentes que nos ha tocado transitar, que no pongamos en valor lo trabajado, lo construído y que somos, siempre lo somos, por mucho que lo olvidemos, la semilla del futuro y la referencia para otros que están recorriendo el camino detrás de nosotros y por eso debemos mantener el entusiasmo y creer en lo que hacemos.

Ahora cuando he releido el texto, me ha vuelto a parecer interesante y conserva bastante  de actualidad, y es la idea de que por encima de las dificultades, más allá de los desaciertos y de los posibles fracasos, persistimos un grupo pequeño pero sólido que  no hemos cejado en trabajar y en valorar la Fotografía como un bien cultural con todas las consecuencias y a todos ellos y ellas quiero dedicar éste texto arriesgado que publiqué en un catálogo del Ministerio de Cultura en el ya lejano año de 1999 y que no me parece que se haya quedado tan desfasado en estos raros tiempos que estamos ahora transitando.

Fotografía y Creación Artística   Pulse para Descargar.

 

 

Posiciones intertemporales de la cultura posmoderna: de la veracidad fotográfica a la remezcla de significados históricos

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Olivia Muus. By Albertina Museum @albertina-museum

Para un historiador de las imágenes que,  como es mi caso, se ha formado en un método historiográfico donde las fuentes tienen que ser sometidas a un sistema de crítica interna (el origen contrastado y confirmado del documento) y externa (la que intenta describir su pertinencia histórica y su contexto discursivo), las nuevas tendencias de la cultura posmoderna ponen en tensión todos los principios sobre los que se basa la explicación, el conocimiento y la referencia de las imágenes respecto a lo que representan y a la realidad de la que forman parte.  Ese relato que ha intentado ser coherente y bastante lineal tiene ahora otros perfiles en los nuevos historiadores de la Fotografía como Geoffrey Batchen, que entienden el discurso histórico como un microrrelato de los muchos posibles y no muy divergente de las narrativas literarias. Batchen, casi al final de su libro sobre los orígenes de la Fotografía “Arder en Deseos” (1997 en su edción original, 2004 en la edición española)  explica muy bien esa nueva brecha interpretativa que la posmodernidad representa frente a la historiografía clásica, un cambio esencial que como ha ocurrido en otros momentos culturales cambia el sentido de los conceptos y de las ideas:

“La historia fotográfica lleva siempre consigo el proceso de su propia desaparición. Un singular punto de origen, un significado definitivo, una narrativa lineal: todos estos objetos históricos tradicionales se desplazan de ahí en adelante de la procedencia de la fotografía. En su lugar, hemos descubierto algo mucho más provocativo: una forma de repensar la fotografía que coincide persuasivamente con la innegable complejidad conceptual, política e histórica del medio fotográfico” (Batchen, G. (2004) p.203).

Cada época cultural reinventa los significados y los valores de veracidad que representa la Fotografía, lo hicieron las prácticas fotográficas del siglo XX respecto a las del XIX, y en estas décadas con la llegada de la digitalidad, ha entrado ya en evidente crisis la propia objetividad positivista en la que se constituyó la tecnología fotográfica, una posición única que ya no puede sustentar la explicación de la realidad en unos momentos como los actuales en los que lo relativo se configura como el elemento esencial. La idea de objetividad, como la idea de progreso ya no son operativas en el mundo posmoderno y eso da lugar a nuevas posiciones y revelaciones que se enfrentan a las evidencias que constituían el discurso realista de las imágenes fotográficas. De nuevo, lo explica muy bien Geoffrey Batchen:

¿De qué modo es amenazada la realidad, o la fotografía en este caso? Quienes conocen la historia de la fotografía deben tener claro que un cambio en la tecnología de producción de imágenes no causará per se la desaparición de la fotografía y de la cultura basada en ella.  La fotografía no ha sido nunca una tecnología determinada, sus casi dos siglos de desarrollo han estado marcados por numerosos y contradictorios ejemplos de innovación y obsolescencia en lo tecnológico, sin que se planteara ninguna amenaza para la supervivencia del propio medio fotográfico. Incluso aunque sigamos identificando la fotografía con determinadas tecnologías  arcaicas, como la cámara y la película, esas mismas tecnologías encarnan la idea de la fotografía, o más exactamente, de una economía persistente de deseos y conceptos fotográficos. Los deseos inscritos en esta economía incluyen cosas  como la naturaleza, el conocimiento, la representación, el tiempo. el espacio, el sujeto observador y el objeto observado. Así pues, si intentamos una definición momentánea se diría que la fotografía es el deseo, consciente o inconsciente de organizar un conjunto particular de relaciones entre diversos objetos” (Batchen, G. (2004) pags.212,213).

En esa percepción de estar transitando un tiempo que está reconfigurando de nuevo la propia naturaleza del discurso visual de la Fotografía, me parece muy interesante el “Museo de los Selfies” que Olivia Muus está creando de un modo muy sugerente y no con las ya rutinarias habilidades del retoque digital sino con la remezcla de materiales en el escenario fotográfico, creando así unos diálogos intertemporales muy significativos de éste momento cultural que estamos transitando, una época de cultura de superficie, de canibalización del significado de los contenidos en los que la apariencia ha vencido por fin a la reflexión y a los significantes complejos. Ahora,  la complejidad reside en la interpretación que hace la mirada de la propuesta que se le presenta ante si.

Ofrezco, antes de continuar con mis textos, alguno de los diálogos intertemporales de Olivia Muus, y lo hago también como homenaje a mi buena amiga, la profesora Rebecca Mutell, que en su esplendido trabajo “Atrapando la luz”, ha sabido construir una inteligente visión desde esas posiciones posmodernas que aunque nos tensan a historiadores de mi formación, no nos amenazan en modo alguno, sino que nos revelan la profunda vitalidad de la cultura fotográfica frente a los que con ligereza han anunciado su muerte antes de tiempo por la incertidumbre que ha creado la llegada de la digitalidad en el siglo XXI, como en su momento ocurrió con la llegada de la instantaneidad en el siglo XX superando la visión mecanicista de las imágenes que se había consolidado durante el siglo XIX.

 

Una oportunidad de “talcualizar” una antología de textos españoles sobre sociedad, cultura y tecnología en torno a la Fotografía compilado en 1998

Primera imagen publicada en España del fonógrafo o

Primera imagen publicada en España del fonógrafo o “daguerrotipo sonoro” (La Ilustración Española y Americana. 1878)

Existen momentos en la tarea universitaria en los que se justifican todas las batallas que libramos en un entorno que cada vez rebosa más y más burocracia y donde el estímulo y el reconocimiento al talento se pierde o se distrae por unos laberintos tecnocráticos que pretenden medir el conocimiento, sobre todo en Humanidades y Ciencias Sociales, con unos sistemas que se revelan ineficientes e insatisfactorios. Es un dilema clásico entre la pasión de crear conocimiento, transmitirlo y compartirlo y unas estructuras que pretenden moldear ésta actividad con unos parámetros cada vez más rígidos y uniformes. Por eso, cuando aparece la oportunidad de encontrarte con colegas de los que puedes aprender y a los que puedes mostrar algo de lo que has aprendido, todos nos encontramos ante una experiencia inigualable que satisface a ese personal viaje a la Itaca del saber que cada uno de nosotros por diversas circunstancias emprendió en algún momento de su vida.

Hoy he sentido esa agradable e infrecuente sensación en la Universidad Autónoma de Barcelona, en el acto de defensa de la tesis doctoral de Zenaida Osorio, una profesora de la Universidad de Bogotá que tras varios años de trabajo e investigación nos mostraba en su estudio titulado: “La Confianza Visual”, nuevas y estimulantes vías para entender la relación de las imágenes fotográficas con la prensa, la sociedad y todos los dispositivos institucionales que conforman el conocimiento de una época a través de su específica visibilidad cultural. Ha sido un momento mágico. Presididos por Román Gubern, al que todos lo que nos dedicamos a la Historia de las Imágenes reconocemos como uno de nuestros maestros ineludibles, escuchamos y discutimos con toda nuestra libertad de saber los argumentos de Zenaida Osorio en ese espacio único de reconocimiento del talento que supone un encuentro académico de éste tipo, convencidos de que el saber nos hace entender mejor nuestra época y nos hace mejores como ciudadanos de la complejidad de la etapa histórica que nos ha tocado vivir y que a pesar de las diferencias existentes,  está encadenada con el pasado.

Zenaida Osorio ha relacionado muchos elementos que parece dispersos pero que analizados como ella lo ha hecho, conforman una retícula de información en la que se entienden las tramas y las subtramas culturales en las que las imágenes y la prensa influyeron en la creación de un tiempo nuevo que hemos heredado en un momento en el que la digitalidad nos enfrenta a nuevos retos de acceso y usos de la información y a los valores sociales que de las nuevas prácticas se derivan. Todos esperamos y deseamos que su trabajo sea publicado cuanto antes porque refleja, como decía, esa pasión por saber, por ser capaz de analizar fenómenos desde nuevos enfoques que hace que emerjan aspectos inexplorados que explican mejor prácticas culturales cuyo significado profundo habían pasado un tanto inadvertidos.

De izquerda a derecha Teresa (Universidad de VIC), Ana Calvera (Universidad de Barcelona), Amparo Moreno (Directora de la Tesis. Universidad Autónoma de Barcelona), Zenaida Osorio (Universidad de Bogotá) Roman Gubern (Presidente del Tribunal Universidad Autóna de Barcelona) Bernardo Riego (Universidad de Cantabria) y Pedro Molina (Universidad Autóna de Barcelona) Foto: María Eugenia Mantilla. 14-10-2015

De izquerda a derecha Teresa Martínez (Universidad de VIC), Ana Calvera (Universidad de Barcelona), Amparo Moreno (Directora de la Tesis. Universidad Autónoma de Barcelona), Zenaida Osorio (Doctoranda. Universidad Nacional de Colombia. Sede Bogotá) Roman Gubern (Presidente del Tribunal Universidad Autónoma de Barcelona) Bernardo Riego (Universidad de Cantabria) y Pedro Molina (Universidad Autónoma de Barcelona) Foto: María Eugenia Mantilla. 14-10-2015

Entre los elementos que incorporaba Zenaida Osorio, hay uno que me ha sorprendido y son los cuentos y relatos escritos en Colombia en los que la Fotografía era protagonista. Ella se había enterado ayer que en 2003 publiqué un libro titulado “Impresiones” que recopilaba artículos periodísticos muy diversos sobre Fotografía que se dieron en la España del siglo XIX y que demostraban como la nueva tecnología de las imágenes había penetrado profundamente en el imaginario social y cultural de la época más allá de los que la practicaban. Curiosamente bastantes de las narraciones publicadas en España concordaban con las colombianas de la misma época lo que denota una transculturalidad muy intensa en un tiempo  en el que los flujos de la información tenían otro ritmo que era muy diferente al actual.

En homenaje a Zenaida Osorio y a su excelente trabajo, ofrezco hoy en la bitácora la primera maqueta del libro “Impresiones” que elaboré en 1998. No he cambiado nada de su contenido inicial que luego tuvo si tuvo  variaciones hasta llegar a  la edicion impresa de 2003. Lo hago para que, quien lo desee, pueda “talcualizar” su contenido respetando el del libro editado, del que aun se pueden encontrar, aunque ya con dificultades, ejemplares a la venta. “Talcualizar” es un curioso término colombiano que hoy nos explicaba en la comida la profesora Zenaida Osorio y que a mí me parece que es uno de los signos evidentes de este tiempo de opulencia informativa y de la pulsión que tenemos por su posesión y archivo. Algo que contrasta con las dificultades que existían hace apenas dos siglos para poder copiar o hacer facsímiles de cualquier texto o dibujo. Antes de la invención de la fotografía  solo se podía “talcualizar” gracias al esfuerzo de los copistas para los textos y de la habilidad de manejar el pantógrafo para las imágenes. Fue precisamente la invención de la Fotografía en la década de 1830 y del “daguerrotipo sonoro” en 1877, del que también nos ha hablado hoy Zenaida Osorio y del que ofrezco aquí la primera imagen que se mostró en España un año después, los que abrieron el camino a una nueva relación con la información y el conocimiento en relación con dos sentidos humanos esenciales, la vista y el oido.

Antologia de textos españoles sobre Fotografía publicados en el  siglo XIX  (Pulsar para descargar)

El Quijote Fotográfico de Luis de Ocharan y su descubrimiento en un Congreso Europeo sobre Pîctorialismo. Un texto de 1994

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El “Quijote” de Luis de Ocharan realizado en la localidad cántabra de Castro Urdiales en 1904 en una de las imágenes publicas en la revista ilustrada “La Esfera” (1916)

Retomo la actividad de la bitácora coincidiendo con el comienzo de las clases en la Universidad. A finales de Julio dejé varios borradores preparados pero he querido comenzar con un texto  no previsto para ahora, que leí en Edimburgo en 1992 y que luego fue publicado en los Museos Nacionales Escoceses dos años más tarde. Lo hago así como un pequeño homenaje a Miquel Galmes, una figura muy relevante de la cultura fotográfica catalana que falleció a finales del  pasado mes de agosto y del que tengo pendiente publicar una reseña de su importante labor en el próximo número de Diciembre de la revista Fotocinema. Hasta que ese momento llegue, he pensado subir éste texto en su recuerdo, porque con Miquel y su inseparable esposa Ana, coincidía durante la década de los años noventa en las reuniones que organizaba la European Society for the History of Photography de la que Miquel Galmes y yo éramos miembros de la sección española y recorríamos diversas ciudades europeas escuchando y aportando nuestros conocimientos sobre la cultura fotográfica europea. Estuvimos durante toda la década en sitios tan dispares como Toulouse (donde nos acompañó Jose Manuel Torres con sus extensos conocimientos sobre la historia de la fotografía científica, una especialidad de la que es nuestro mejor experto, y su libro, “La Retina del Sabio” sigue siendo una obra de referencia). Nos encontramos  también en Oslo, Amberes, Edimburgo o Villanueva y la Geltrú en 1993, porque Miquel Galmes y el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya del que era fundador y director, fueron los anfitriones de una edición de los Encuentros Europeos, donde nuestros colegas además de debatir mucho sobre Fotografia disfrutaron de la hospitalidad y la gastronomía catalana y se quedaron fascinados cuando nos llevaron a conocer una bodega de cava y sobre todo, cuando contemplamos a la “carpa Juanita” un pez que bebía en porrón y que una vez desaparecido su museo, se ha convertido en un icono de las fiestas de la localidad catalana. Fue aquel de Vilanova un encuentro tan especial que en las siguientes reuniones se seguía recordando por todos cómo un éxito memorable, del que fue hacedor Miquel Galmes que elevó mucho un listón de organización en el que cada lugar rivalizaba con el anterior. En Edimburgo estuvo presente Miquel cuando leí en inglés las aventuras del Quijote Fotográfico de Luis de Ocharán en la localidad cántabra de Castro Urdiales en 1906.

Otra de las escenas de

Otra de las escenas de “El Quijote” de Ocharan publicadas en la Revista “La Esfera” un paisaje norteño junto al mar que nunca se imaginó Miguel de Cervantes

La European Society había organizado  en 1992, en el Museo Nacional de Escocia, un encuentro sobre Pictorialismo Europeo, yo dudé si debería hablar de la figura de Julio García de la Puente y su visión idílica de la vida rural en la Reinosa cántabra dentro del movimiento pictorialista español y la cultura del salonismo, pero finalmente me decanté por Luis de Ocharán porque sus escenas del Quijote de las que entonces solo se conocían las que había publicado “Graphos Ilustrado” en 1906 y “La Esfera” en 1916, tenían conexiones innegables con la estética de la pintura de historia y con la nueva escenografía del entonces joven cinematógrafo. Ocharan y su Quijote fotográfico me parecieron un excelente contrapunto a la rotundidad esteticista del pictorialismo europeo y preparé la conferencia en inglés, una lengua en la que nunca había expuesto en público hasta la fecha, a diferencia del francés en la que como muchos de mi generación me manejaba mejor y había impartido ya alguna conferencia con anterioridad a 1992.

Tengo que confesar que tuve un miedo escénico tremendo antes de subir al estrado de los conferenciantes, temía que no se me entendiese y no disponía de los recursos con los que si contaba en francés y por supuesto en castellano. Galmes con esa templanza socarrona tan típica suya me sonreía y tranqulizaba y cuando estaba ya explicando la conferencia, a eso de la mitad de la explicación, al fondo de la enorme sala de la National Galery of Scotland veía a Jean Dieuzaide que me hacía la señal de victoria con los dedos y exclamaba de manera audible:  “Bravo monsieur Riego!”. Minutos antes de comenzar estaba tomando un café con él, Dieuzaide, al que tuve siempre un gran aprecio tanto por su persona como por su interesante obra fotográfica, era un autor francés que amaba lo español como nadie, y yo estaba tan nervioso que por poco me tiré encima la taza de café. En primera fila Miquel Galmes, cuando yo ya más tranquilo comenzaba a explicarme me miraba sonriendo e impasible. Después de aquella experiencia he tenido otras lecturas en inglés y nunca he olvidado mi “bautismo” en Edimburgo. Por cierto en aquel Encuentro conocí también a la fotógrafo África Guzmán, que había sido premio Kodak aquel año con un trabajo muy potente e iba a exponer su obra allí. Desde entonces África y yo mantenemos una sólida amistad.

El texto en su versión preprint que publico de nuevo ahora en la bitácora, resalta la figura de Luis de Ocharán en su homenaje al libro de Cervantes en su tercer centenario, con unas fotografías de las que entonces apenas sabíamos nada. Ocharán es uno de los casos sintomáticos de nuestra pérdida de patrimonio fotográfico. Su extenso archivo prácticamente se perdió y aunque algunos, entre los que me cuento,  hicimos intentos por recuperarlo, a día de hoy no ha sido posible, y eso que en Castro Urdiales tenía muchos miles de placas. Hoy el Quijote fotográfico de Ocharan se conoce mucho mejor que cuando yo leí mi texto en 1992. Un buen ejemplo es el esplendido trabajo de Susana González Reyero en el que analiza los significados de éste trabajo fotográfico temprano del siglo XX, o la exposición de las imágenes fotográficas del Quijote de Ocharan que se han encontrado en el taller del pintor y ceramista Daniel Zuloaga.Mi pretensión en 1992 fue tan solo mostrar a un autor fotográfico desconocido en un encuentro de primeras figuras pictorialistas europeas, y ahora me sirve como punto de apoyo para recordar un poco la figura de Miquel Galmes,  un amigo entrañable que tanto hizo desde Cataluña por la recuperación del valor cultural de la fotografía.

The Ocharan’s Photographic Quixote  (Pulsar para descargar)

Anuncios proyectados en los cines o los últimos vestigios de la Linterna Mágica. Una selección de los años 50 y 60

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957.

Anuncio publicitario de “Almacenes Simeon” proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Una técnica de exhibición que supone el último vestigio de la Linterna Mágica

Una de las características de la Publicidad es su capacidad para metamofosearse en cualquier soporte y aspecto, lo ha hecho así desde su aparición y sobre todo desde su desarrollo en la sociedad contemporánea, hoy abrimos una página en Internet y antes de leer el contenido que queríamos, nos aparece un banner reclamando su atención. En el pasado los mensajes publicitarios ocuparon soportes y espacios de comunicación múltiple y uno de los que me parece interesante resaltar por su arqueología, son las placas de cine.

Poseo unas pocas placas de cine de las que se proyectaban en los descansos con publicidad como éstas de Almacenes Simeon en 1957 y unas pocas de las que aparecían en la pantalla en nochevieja, cuando daban las doce y la empresa felicitaba las fiestas a quienes habían decidido comenzar el nuevo año contemplando una película. Estas últimas me las regaló hace muchos años José María Moraleja, que es, sin exageración alguna, uno de los mayores expertos de fotografía científica con que contamos en nuestro país. Conozco a José María Moraleja desde hace muchos años, le invité en varias ocasiones a la Universidad de Cantabria donde siempre nos sorprendió con su conocimiento y sus ganas de enseñar un arte tan dificil como es el de la imagen científica de base fotográfica. En Abril de 2015, con motivo de una estancia que hice en la Universidad Pompeu Fabra, estuve de nuevo con él después de muchos años sin coincidir, y volvió a fascinarme con sus trabajos en imagen científica digital forzando el espectro de captación de los ccds de las cámaras fotográficas logrando así registros infrarrojos digitales de escenas cotidianas y paisajes.

He puesto las mejor conservadas  de la colección que poseo con su apariencia física para que se vea también su parte material y no solo la icónica. Se hacían partiendo de un positivo o un negativo contratipado al que se le coloreaba con anilinas y se protegía entre dos cristales, sujetando el “sandwich” resultante con unas tiras de papel adhesivo engomado. Estas placas se proyectaban con un aparato de vistas fijas que se colocaba junto al proyector de cine, y ésta técnica, realmente el último vestigio de la poderosa Linterna Mágica, estuvo vigente hasta finales de los años setenta del pasado siglo en los cines españoles. Hoy es una arqueología visual más de las que necesitan un estudio de sus usos comunicativos y de su estética visual.

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Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Placas de cine que se proyectaban en nochevieja para felicitar el año nuevo. Colección Bernardo Riego.

Placas de cine que se proyectaban en nochevieja para felicitar el año nuevo. Colección Bernardo Riego.

Placas de cine que se proyectaban en nochevieja para felicitar el año nuevo. Colección Bernardo Riego.

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Vislumbrando las consecuencias culturales del nuevo imaginario digital. Un texto de 2003

Las nuevas prácticas digitales y los imaginarios que conforman nuestras experiencias culturales pueden a pesar de su novedad,  analizarse desde sus implicaciones históricas. (Foto tomada por el autor en el MOMA ante el cuadro "Flag" de Jasper Johns. Abril 2014)

Las nuevas prácticas digitales y los imaginarios que conforman nuestras experiencias  culturales pueden,  a pesar de su aparente novedad, analizarse desde sus implicaciones históricas. (Foto tomada por el autor en el MOMA ante el cuadro “Flag” de Jasper Johns. Abril 2014)

Este texto es la versión escrita de una conferencia que impartí en la Fundación BBVA en 2003, en el marco de una jornadas sobre Arte Gráfico y Nuevas Tecnologías, a las que fuí invitado en un momento en el que era profesor de Estructura Audiovisual en la Universidad de Extremadura, donde pasé dos años estupendos de mi vida y tuve la fortuna de convivir con unas personas excepcionales como son los extremeños. Extremadura y su gente son unos grandes desconocidos para la mayoría de los españoles, en el norte donde yo vivo nos imaginamos aquella región como un lugar muy diferente a lo que realmente es: una tierra verde entre el paisaje castellano y el andaluz donde el alcornoque dibuja una fisonomía propia y muy singular, una región en la que llegues a donde llegues de aquel inmenso territorio, siempre te encuentras a  gusto por la enorme calidez que tienen las personas. Extremadura solo tiene, eso no se puede negar,  un pequeño inconveniente, y es que algo o alguien “les pone”  la temperatura muy alta en verano. “La calor” es una cortina impenetrable para alguien que, como me ocurre a mí,  se emociona cuando ve como los tejados se humedecen por la lluvia, pero a cambio allí se pueden disfrutar esas largas y diletantes veladas nocturnas al fresco donde se compensa el inmenso calor de la jornada.

El concepto de Pixel de las imágenes digitales está vinculado a la rejilla renacentista para dibujar imágenes matemáticas en perspectiva.   Fragmento del grabado: “Machine à Desiner” del libro de Jean Dubreuil “La Perspective Practique”. Paris 1663.

Gracias a la conferencia a la que fuí invitado, tuve la oportunidad de explorar algo que en aquellos años estaba comenzando y hoy es ya una realidad con profundas implicaciones culturales, me refiero al imaginario digital, que había venido fraguándose desde que la informática comenzó a penetrar en los ámbitos de la fotografía y el cine. En 2003 todo ésto era muy atractivo pero no había alcanzado la espectacularidad que ahora, el “cine de atracciones” de Hollywood ha logrado. Era ya un momento en el que las imágenes digitales comenzaban a usarse con más frecuencia y estaban cambiando las propias concepciones culturales sobre las propias imágenes de base fotoquímica que conocíamos y usábamos. Era un momento muy atractivo para reflexionar sobre unos cambios que ya eran evidentes y que en los años siguientes se aceleraron hasta convertir la fotografía química en arqueología y las construcciones mentales dejaron de ser eléctricas -como explico en el texto- para comenzar a ser binarias.

Aunque con anterioridad ya había escrito algo sobre el imaginario digital y volvería de nuevo con la cuestión en otro texto posterior a ésta fecha, el momento de la conferencia, el año 2003,  era muy interesante y  me proporcionó la oportunidad de hacer una cierta prospectiva de lo que iba a ocurrir con la nueva naturaleza de las imágenes que estaba surgiendo y a la vez pude hacer una perspectiva de lo que habían sido los usos de la informática en su encuentro con las imágenes y de las que yo fui, sin pretenderlo demasiado, uno de los pioneros impartiendo cursos de fotografía digital en 1993 en el Aula de Fotografía de la Universidad de Cantabria, cuando grabar un cederom era una aventura que podía naufragar si alguien movía sin darse cuenta el puntero del ratón mientras el láser quemaba el disco, o cuando guardar fotografías -nos parecían muchas, entonces-, en un disco de 20 megas o en un disco extraíble ZIP de 100 Megabytes  era, verdaderamente, manejar alta tecnología en imágenes digitales, algo que cuesta entender ahora cuando en nuestros bolsillos llevamos pendrives de 128 gigabytes y ya aparecen en el horizonte dispositivos de éste tipo de 1 terabyte que en poco tiempo serán cotidianos para todos nosotros.

En el Symposium que organizó la Fundación BBVA tuve la oportunidad de coincidir una vez más con Daniel Canogar, un excelente amigo y unos de los artistas que mejor han sabido incorporar las cuestiones de la digitalidad a la creación contemporánea. Invité hace ya muchos años a Daniel Canogar a un curso monográfico a la Universidad de Cantabria y desde entonces estoy fascinado con la claridad de sus ideas y la vitalidad e inteligencia de su trabajo. Daniel es, sin ninguna duda, uno de nuestros mejores artistas internacionales en estos momentos tan interesantes y cambiantes que estamos viviendo.

Esa mezcla de experiencia tecnológica vivida, discursos futuristas y escepticismos tecnológicos, constituyen la esencia de éste texto que, como muchos de los que he escrito, insiste sobre todo en la continuidad cultural de lo que parece a simple vista como nuevo y sin antecedentes. En las placas de linterna mágica se ocultaban ya los gifs en movimiento digitales de nuestro tiempo, como en los píxeles de las imágenes digitales está presente el concepto de rejilla que hizo posible, desde la invención de la perspectiva  pictórica en el siglo XV,  la ilusión de la realidad en las representaciones visuales. Todo un bucle temporal que tiene su propia lógica y razón de ser aunque en ocasiones cueste reconocerlo.

La socialización de un nuevo imaginario  (Pulsar para descargar)