En torno a “incorporeo” del artista Daniel Canogar, un texto de 1997

Paseaba este verano por el puerto de Santander, quemando un poco de glucosa, cuando entre la multitud de turistas que transitaban a esa hora el hermoso paseo portuario santanderino,  vi acercarse la inconfundible figura alta, y un tanto desgarbada,  que tiene Daniel Canogar, un artista por el que siento una enorme admiración y considero un buen amigo, pero que hacía años que no había visto personalmente,  aunque recibo de tanto en tanto su newsletter y nos envíamos algún que otro correo electrónico.

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Daniel Canogar. Transfusions (1995)

Daniel iba a presentar su pieza Sikka Magnum en el Palacete del Embarcadero del Puerto de Santander. Se trata de una instalación que reflexiona sobre las imágenes y la obsolescencia y que nos remite a unos materiales que hasta hace nada eran alta tecnología y hoy están ya fuera de actualidad como son los dvd. Sobre ellos en la pieza se proyectaban fragmentos de secuencias de video, en una metáfora sobre los contenidos y los continentes en un tiempo desbordado por la densidad de su iconosfera. Una pieza que se suma a otros muchos hallazgos de un artista que ha sabido trascender la representación de los objetos para que nos provoquen en las múltiples direcciones que sugieren las tecnologías digitales.

Entre Mayo y Junio de 1995 invité a Daniel Canogar a que impartiera un curso en  el Aula de Fotografía y de la Imagen de la Universidad de Cantabria que yo entonces dirigía. El encuentro se tituló: “Procesos: Estrategias Creativas del Medio Fotográfico”. Desde el principio quedó muy claro a los alumnos que participaron de que Daniel Canogar no era un mero fotógrafo creativo, sino todo un artista que usaba el medio y sus posibilidades mucho más allá de sus límites, y, además, tenía una vertiente reflexiva e investigadora con la que conecté de inmediato. Su libro “Ciudades Efímeras” sobre las exposiciones universales, fue en su momento una valiosa aportación que mostraba su enorme cultura y puesta en valor en torno al mundo contemporáneo y rapidamente Daniel Canogar y yo nos reconocimos visiones compartidas y poco conocidas por el gran público.

Entre ellas estaba el significado cultural de las proyecciones luminosas que él estaba experimentando y yo investigando en autores como Robertson y su fantasmagoría, o los posibles ecos que esos resultados tuvieron en Goya, tal y como publicó en un trabajo en la Hispanic Society, Priscilla Muller, y todo lo que significaban las imágenes en los soportes intangibles que suponen las escenas proyectadas, más allá de los soportes sólidos como el papel o la obra visual enmarcada, que se inscriben en  la continuidad cultural de la estampa a la que se adhirió la Fotografía desde sus mismos orígenes.

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Sensorium, una de las piezas de las que habló Daniel Canogar en el curso que impartió en la Universidad de Cantabria en 1995.

El encuentro en la Universidad de Cantabria fue un hito y abrió perspectivas nuevas a unos alumnos que estaban formándose en fotografía creativa y se encontraban así con otros planteamientos diferentes y otros soportes posibles gracias a lo novedoso de su obra y sus planteamientos culturales y estéticos. Daniel y yo hablamos mucho, compartirmos ideas y mantuvimos el contacto a partir de ese momento. Creo recordar que posteriormente nos encontramos en un curso en la UIMP en el Palacio de la Magdalena, sobre la incipiente imagen digital que se estaba convirtiendo en propuesta creativa ya desde los comienzos, y un buen día, en abril de 1997,  recibí una carta del Centro de Arte Contemporáneo de la Baja Normandia en la que me invitaban a escribir el texto de su exposición “Incorporeo” que ya había circulado por otros centros con textos de Rosa Olivares y Laia Ishikawa a la que conocí por su trabajo en la Fundación Telefónica en aquellos años. Me advertían en la carta que mi aportación sería publicada en francés, inglés y japones.

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Carta que recibí de invitación al texto para el Centro de Arte Contemporáneo de Baja Normandía en 1997

Para mi la invitación -que ya me había anticipado Daniel Canogar-, constituía un enorme reto porque suponía contarles a espectadores de otras culturas -sobre todo la japonesa- ideas y reflexiones que tenían que ser forzasamente universales, y al mismo tiempo explicar la obra de Daniel y ser interesantes en sí mismas. Yo siempre he aborrecido esos textos que parecen esotéricos e interesantes, muy típicos en la crítica artística contemporánea, pero que no dicen ni explican nada. Así que escribí  el texto que hoy ofrezco para su lectura y posible descarga a los cada vez más numerosos seguidores de ésta bitácora.

No fue para mi un texto fácil de escribir, porque me obsesionba mucho conectar con el lector y mis reflexiones tenían que estar a la altura del nivel intelectual y creativo que tiene Daniel Canogar, un artista que año tras año ha ido realizando actuaciones cada vez más interesantes y que hablan muy bien de lo que significa nuestra temporalidad cada vez más digital y menos material.

Nunca recibí una copia del catálogo que se hizo, y en una ocasión vi la exposición de Canogar en Girona, creo recordar que promovida por la Fundación la Caixa,  y en el catálogo figuraba mi texto, pero no conservo copia de ese catálogo tampoco, solo el texto que remití que he escaneado y puesto a disposición para quienes estén interesados en su lectura. A mi me sigue pareciendo atractivo y confieso que me costó mucho su elaboración por ese deseo de conectar con publicos y sensibilidades de otros países y culturas con los que deseaba conectar.

Le contaba a Daniel Canogar este verano, en el breve encuentro que mantuvimos, que seguimos teniendo preocupaciones culturales compartidas y vecinas (le hablé de mi proyecto de las hojas tecnológicas, que en algún momento pondré en esta bitácora). Su proyección y su presencia internacional me llena de orgullo, pues, además de ser un artista inteligente y sincero  con una obra muy personal que explica nuestro tiempo, Daniel Canogar es una persona muy trabajadora y atrevida en sus procesos creativos, y para mí es una verdadera fortuna que nos reconozcamos como amigos a pesar de nuestros fugaces e inesperados encuentros.

Dispositivos Lumínicos para explorar lo intangible (1997)

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Observando y reflexionando en torno a las nuevas prácticas culturales con las imágenes. Un texto de 2017

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Bernardo Riego (2017) El nuevo espectador digital usa los iconos culturales para representar su ego personal. Escena ante la Mona Lisa de Leonardo da Vinci en el Louvre

Nunca me he sentido un historiador de las imágenes que mira solo al pasado, también me interesa lo que ocurre en el presente y cómo hemos llegado hasta aquí; qué ha ocurrido para que aparezcan nuevas prácticas culturales y se instalen de un modo tan rápido en la sociedad. En ese sentido las imágenes, los modos de contemplarlas, producirlas y usarlas son un permanente objeto de mi atención  en cualquiera de las etapas de la contemporaneidad. Hace unos pocos años que estoy embarcado en una ambiciosa investigación en la que intento analizar como surgió el espectador de la modernidad, que un buen día comenzó a visitar las barracas cinematográficas y a entretenerse y fascinarse con el caos visual de las primeras exhibiciones de la entonces denominada fotografía en movimiento, en un momento en el que las revistas gráficas o magazines, estaban insertando imágenes fotográficas de gran tamaño gracias a las nuevas posibilidades del fotograbado que, por primera vez en la historia de las imágenes permitía que circulasen miles y miles de ellas en el papel impreso con la apariencia tonal de las imágenes fotográficas. Para desesperación de la alta cultura que veía con malos ojos (¡Qué acertado el eufemismo!) que aumentase el espacio para contemplar y se redujese el espacio para leer en las publicaciones periódicas, al mismo tiempo que la tarjeta postal ilustrada, los carteles y otros productos gráficos aumentaban su presencia social y generaban nuevas prácticas y costumbres en un tiempo, el de la sociedad de las masas, para el que las imágenes de modo inexorable comenzaban a configurar una iconosfera cada vez más y más densa.

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En los tiempos de intensos cambios culturales como el actual, persisten viejas prácticas que aunque están en desuso siguen teniendo su vigencia. Vendedor de postales de Roma ante la cola de los Museos Vaticanos. (Foto Bernardo Riego. 2015)

Tengo el privilegio generacional de haber asistido a la llegada de la sociedad digital, desde sus balbuceos en la microinformática de la década de los años ochenta hasta la influencia que ahora tiene en las formas de entender la realidad. En otro lugar he contado lo que ocurría en los ámbitos fotográficos cuando en la década de los años noventa se hablaba de la imagen digital, todo el mundo se ponía algo nervioso y lo veía como algo lejano. En 1993, en la Universidad de Cantabria monté los primeros cursos de fotografía digital con los medios que existían en aquellos años,  cuando almacenar en un disco ZIP de 100 megabytes, nos parecía alta tecnología.  Cuando nos quisimos dar cuenta, la imagen digital había convertido en arqueología a las imágenes de base fotoquímica. Un día, allá por el año 2003, estaba tomando un café en un bar y escuché a dos barrenderos que se contaban el uno al otro como se podían convertir imágenes digitales a otros formatos, reducirlas de tamaño y pasarlas por Internet, y en ese momento entendí que la imagen digital se había socializado ya con mucha profundidad, y hoy, cuando tomo fotografías en mis viajes a las personas que tienen naturalizadas las nuevas prácticas culturales con los dispositivos móviles, con los selfmedia, de los que hablaba Patrice Flichy, constato que ha surgido un nuevo espectador que ya no mira a la realidad sino que la captura, que los objetos culturales sirven ahora como fondo de un narcisismo que las nuevas tecnologías de la imagen amplifican por las propiedades de densidad, accesibilidad, interacción, amorfia, ubicuidad y así hasta diez características, que poseen los objetos digitales y que tan acertadamente definió mi maestro Antonio Rodríguez de las Heras hace ya unos cuantos años, y que, como ocurrió en la sociedad de las masas, en ésta nueva sociedad-red, por usar ahora el preciso término que difundió Manuel Castells, las imágenes que hacen las personas establecen otros diálogos y relaciones con la sociedad. Existe un tema que siempre me ha apasionado y son esos momentos en los que están conviviendo antiguas concepciones de la representación visual con las nuevas posibilidades tecnológicas de crear las imágenes. En el año 2013, en un encuentro que hicimos en el Instituto de Cultura y  Tecnología “Miguel de Unamuno” de la Universidad Carlos III de Madrid, me inventé un palabro que tengo un poco en cuarentena: los fenómenos de borde, que ocurrieron en el transito de la imagen medieval a la construcción de las escenas en perspectiva, en la sociedad de las masas con las posiblidades del fotograbado y en la llegada de la imagen digital, cuando todavía no habían aparecido las prácticas actuales con los móviles y otros dispositivos de captura de imágenes pero se estaba buscando una narrativa digital.  Ofrezco aquí las pantallas de aquel seminario de la que fue anfitriona Beatriz de las Heras, una excelente historiadora de las imágenes que ejerce su brillante magisterio en esa universidad y que, de tanto, en tanto nos convoca a una serie de especialistas para trabajar en torno a los múltiples significados históricos, culturales y sociales de las imágenes en sus diversas tecnologías contemporáneas.

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(Foto: Bernardo Riego) El dilema de mirar y comprender  o simplemente capturar en una imagen tomada en el British Museum en 2013

En el año 2016, Mario Crespo, un autor santanderino, gran dinamizador, buen amigo y colega en la Universidad de Cantabria,  con esa mentalidad inquieta y abierta que siempre le caracteriza, comenzó a editar una revista con recursos propios a la que tituló  “Leña al Mono” y me pidió una colaboración, algo que no llegó hasta finales de 2017 porque mi agenda no me lo permitió. En esa revista publiqué unas breves reflexiones sobre las nuevas prácticas culturales con  los nuevos dispositivos y algo que creo que hay que dejar constancia desde la perspectiva del historiador, y es que algunas de los fenómenos culturales a los que estamos asistiendo, han tenido antecedentes, que aunque lo parezcan y así lo repite la industria digital, no son consecuencias exclusivas de las tecnologías actuales, pongo en el texto algunos pocos ejemplos. Ofrezco aquí las versiones publicadas en la revista y el Pre-Print, en ambos el texto es el mismo pero la maquetación cambia. Este texto es un reflejo de mis preocupaciones por dotar a la historia de las imágenes de una visión de continuidad frente a las tendencias rupturistas que se creen que todo lo ha traído la imagen digital, que, ciertamente, ha cambiado muchas prácticas y concepciones y lo seguirá haciendo en el futuro.

Las nuevas prácticas culturales con las imágenes digitales y el recorrido de su arqueología histórica.  Versión de la revista “Leña al Mono”

Versión Pre-Print del texto publicado en “Leña al Mono”

Fenómenos de Borde. Pantallas de la Conferencia (2013)

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La red visual de Sara Huete, o el reciclaje de significaciones de las imágenes fotográficas impresas. Un texto de 1997

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Sara Huete. Medidas extraordinarias. 2012

Una de las canciones que más me gusta es la que canta  el colombiano  Jorge Celedón, Qué bonita es esta vida. Una canción optimista y vital que me acompaña cuando necesito un poco de estímulo. Soy de los que creo que, aunque vivimos en una época terrible y a los informativos me remito, a pesar de las utopías recurrentes (la eléctrica a comienzos del siglo XX y ahora la utopía digital, ya hablaré de todo esto más adelante), obviamos que realmente estamos todavīa en una fase muy inicial desde el punto de vista de la cultura social en la que apenas hemos vivido diez mil años como especie. Si somos capaces de resolver con la Ciencia algunas de las encrucijadas actualmente planteadas, nuestro tiempo se verá, sin duda, en el futuro como una época todavía muy primitiva. Pero por si ésta bitácora sobrevive a ese futuro, (¡quien sabe!)  quiero escribir que una de las mejores cosas que tenemos los humanos hoy son los amigos, y si además son tan creativos y sugerentes como Sara Huete y su obra, entonces la canción de Jorge Celedón que tambien canta maravillosamente Amanda Martínez en un bar mexicano, tiene plena justificación  y atenúa un poco algunas de las penurias a las que asistimos en estos momentos.

Sara Huete no se siente artista fotográfica, pero utiliza las imágenes fotográficas impresas en viejas revistas para remezclar sus significaciones y darles nuevos sentidos interpretativos que aluden a cuestiones centrales de nuestro tiempo y de nuestra cultura. En un momento en el que muchos artistas están indagando con el nuevo taller iconográfico que proporciona el software digital, Sara Huete incorpora a las imágenes fotográficas, creadas e impresas en su día  con otra intencionalidad, pequeños objetos tridimensionales que dan al conjunto de su propuesta una nueva e inesperada lectura. Es un autentico placer ver sus trabajos que conjugan la imagen impresa con los objetos añadidos que reconvierten la significación y se completan con un breve texto escrito con una vieja máquina de escribir que, de la manera que tan bien explicó Roland Barthes en sus escritos, anclan el sentido expresivo de una obra que deja siempre al espectador un enorme territorio para sentir, imaginar y sobre todo intuir  reconstruyendo con la mirada los significados que pueden plantear los hermosos objetos tridimensionales que crea Sara que, aunque parezcan ingenuos, plantean muchas cuestiones profundas y nada inocentes o casuales.

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En  estos días se ha inagurado en la Torre de Don Borja de Santillana del Mar, una antología de su obra con el título Las Historias Recortadas. Tuve la fortuna de visitar la exposición antes de su apertura pública porque Sara, amiga de sus amigos, nos invitó a un pequeño grupo a que asistieramos a una primera apertura privada y contempláramos su trabajo reciente y lejano en las dos plantas donde se ha ubicado su extensa obra.  En la visita fue cuando se me ocurrió que tenía que recuperar el texto que en un lejano 1997 escribí sobre su obra  y de paso invitar  a quienes estén interesados y puedan acercarse a Cantabria (una experiencia que en sí misma merece la pena)  a  disfrutar ésta espléndida exposición. Para todos y especialmente para los que no puedan venir, en todo momento cuentan con la grata posibilidad de visitar su página web que constituye una experiencia completa y compleja de todo su trabajo artístico, incluyendo la nueva línea de experimentación que está transitando a través de sus piezas animadas de arte digital.

La certidumbre está en el azar (Pulsar para descargar)

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Posiciones intertemporales de la cultura posmoderna: de la veracidad fotográfica a la remezcla de significados históricos

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Olivia Muus. By Albertina Museum @albertina-museum

Para un historiador de las imágenes que,  como es mi caso, se ha formado en un método historiográfico donde las fuentes tienen que ser sometidas a un sistema de crítica interna (el origen contrastado y confirmado del documento) y externa (la que intenta describir su pertinencia histórica y su contexto discursivo), las nuevas tendencias de la cultura posmoderna ponen en tensión todos los principios sobre los que se basa la explicación, el conocimiento y la referencia de las imágenes respecto a lo que representan y a la realidad de la que forman parte.  Ese relato que ha intentado ser coherente y bastante lineal tiene ahora otros perfiles en los nuevos historiadores de la Fotografía como Geoffrey Batchen, que entienden el discurso histórico como un microrrelato de los muchos posibles y no muy divergente de las narrativas literarias. Batchen, casi al final de su libro sobre los orígenes de la Fotografía “Arder en Deseos” (1997 en su edción original, 2004 en la edición española)  explica muy bien esa nueva brecha interpretativa que la posmodernidad representa frente a la historiografía clásica, un cambio esencial que como ha ocurrido en otros momentos culturales cambia el sentido de los conceptos y de las ideas:

“La historia fotográfica lleva siempre consigo el proceso de su propia desaparición. Un singular punto de origen, un significado definitivo, una narrativa lineal: todos estos objetos históricos tradicionales se desplazan de ahí en adelante de la procedencia de la fotografía. En su lugar, hemos descubierto algo mucho más provocativo: una forma de repensar la fotografía que coincide persuasivamente con la innegable complejidad conceptual, política e histórica del medio fotográfico” (Batchen, G. (2004) p.203).

Cada época cultural reinventa los significados y los valores de veracidad que representa la Fotografía, lo hicieron las prácticas fotográficas del siglo XX respecto a las del XIX, y en estas décadas con la llegada de la digitalidad, ha entrado ya en evidente crisis la propia objetividad positivista en la que se constituyó la tecnología fotográfica, una posición única que ya no puede sustentar la explicación de la realidad en unos momentos como los actuales en los que lo relativo se configura como el elemento esencial. La idea de objetividad, como la idea de progreso ya no son operativas en el mundo posmoderno y eso da lugar a nuevas posiciones y revelaciones que se enfrentan a las evidencias que constituían el discurso realista de las imágenes fotográficas. De nuevo, lo explica muy bien Geoffrey Batchen:

¿De qué modo es amenazada la realidad, o la fotografía en este caso? Quienes conocen la historia de la fotografía deben tener claro que un cambio en la tecnología de producción de imágenes no causará per se la desaparición de la fotografía y de la cultura basada en ella.  La fotografía no ha sido nunca una tecnología determinada, sus casi dos siglos de desarrollo han estado marcados por numerosos y contradictorios ejemplos de innovación y obsolescencia en lo tecnológico, sin que se planteara ninguna amenaza para la supervivencia del propio medio fotográfico. Incluso aunque sigamos identificando la fotografía con determinadas tecnologías  arcaicas, como la cámara y la película, esas mismas tecnologías encarnan la idea de la fotografía, o más exactamente, de una economía persistente de deseos y conceptos fotográficos. Los deseos inscritos en esta economía incluyen cosas  como la naturaleza, el conocimiento, la representación, el tiempo. el espacio, el sujeto observador y el objeto observado. Así pues, si intentamos una definición momentánea se diría que la fotografía es el deseo, consciente o inconsciente de organizar un conjunto particular de relaciones entre diversos objetos” (Batchen, G. (2004) pags.212,213).

En esa percepción de estar transitando un tiempo que está reconfigurando de nuevo la propia naturaleza del discurso visual de la Fotografía, me parece muy interesante el “Museo de los Selfies” que Olivia Muus está creando de un modo muy sugerente y no con las ya rutinarias habilidades del retoque digital sino con la remezcla de materiales en el escenario fotográfico, creando así unos diálogos intertemporales muy significativos de éste momento cultural que estamos transitando, una época de cultura de superficie, de canibalización del significado de los contenidos en los que la apariencia ha vencido por fin a la reflexión y a los significantes complejos. Ahora,  la complejidad reside en la interpretación que hace la mirada de la propuesta que se le presenta ante si.

Ofrezco, antes de continuar con mis textos, alguno de los diálogos intertemporales de Olivia Muus, y lo hago también como homenaje a mi buena amiga, la profesora Rebecca Mutell, que en su esplendido trabajo “Atrapando la luz”, ha sabido construir una inteligente visión desde esas posiciones posmodernas que aunque nos tensan a historiadores de mi formación, no nos amenazan en modo alguno, sino que nos revelan la profunda vitalidad de la cultura fotográfica frente a los que con ligereza han anunciado su muerte antes de tiempo por la incertidumbre que ha creado la llegada de la digitalidad en el siglo XXI, como en su momento ocurrió con la llegada de la instantaneidad en el siglo XX superando la visión mecanicista de las imágenes que se había consolidado durante el siglo XIX.

 

Una mirada crítica a las fantasías de la joven industria informática. Un texto periodístico de 1995

Empadronamiento eléctrico en los Estados Unidos. "El Telegrafista Español" Madrid 1890. Páginas 491-495.

Uno de los orígenes de la industria informática está en los sistemas de mecanización de la información que comenzó a finales del siglo XIX valiéndose de las tecnologías de las fichas perforadas. Esta nueva actividad fue recogida por la prensa especializada española : Empadronamiento eléctrico en los Estados Unidos.El Telegrafista Español” Madrid 1890. Páginas 491-495.

La industria informática es una actividad muy joven en comparación con otros sectores con largo recorrido y experiencia como el del automóvil o la industria fotoquímica hoy casi en extinción, por poner tan solo dos ejemplos conocidos. Durante décadas, los fabricantes de materiales fotográficos acumularon un conocimiento de sus productos que estaba a disposición de los especialistas que tenían que resolver algún problema técnico. La industria del automóvil, por su parte,  si comete un ligero fallo de fabricación inmediatamente reacciona y sustituye la pieza defectuosa por otra nueva sea cual sea el coste. Por el contrario, la industria informática los fallos los resuelve sacando otra versión mejorada del mismo producto que en la mayor parte de los casos vuelve a cobrar al usuario, y su relato tecnológico gira en torno a una idea de futurismo que en ocasiones oculta en su presentación  evidentes deficiencias respecto a las tradiciones anteriores. Esto se ve muy bien en especialidades como la fotografía digital; hoy las impresoras han sustituido al laboratorio fotográfico, pero los fabricantes de esas máquinas están por lo general orientadas al mercado de consumo y no tienen todavía investigación publicada y disponible sobre permanencia de los colorantes u otras cuestiones que si existían en la tradición fotoquímica que había generado mucha literatura técnica disponible bajo demanda. Es cierto que en fechas recientes, ha comenzado a tenerse en cuenta por parte de la industria del software las opiniones de expertos que usan las imágenes fotográficas al margen del mercado de consumo y que echan en falta algunas posibilidades en los programas que comienzan ya a implementarse por la industria en la medida que son demandados por estos sectores especializados que se han visto obligados a trabajar con software generalista en la obligada transformación de la información analógica a la digital. Cómo se ve muy bien en las películas de los pioneros informáticos que estos años se han estrenado, toda la microinformática y su industria subsiguiente se desarrolló de una manera un tanto caótica en los primeros años de la década de los setenta y especialmente ochenta del pasado siglo veinte, y aquel desarrollo se hizo  al margen de todas las especialidades que la propia información digital fue socializando con el paso de los años, mientras fue transformando los modos de trabajar de muchos especialistas.

Éste texto forma parte de una serie de artículos periodísticos que publiqué al margen de mis textos académicos y que iré subiendo a ésta bitácora. Solo lo haré con aquellos que me parecen relevantes. En mi caso, al conocer los orígenes y el desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación desde el siglo XIX, me resultaba muy atractivo poder comparar en un breve texto las mitologías y algunos de los relatos en los que se apoyaba el marketing informático para dar identidad social a sus productos y ponerlos por mi parte en relación con los que aparecieron y se desarrollaron en otros periodos históricos. Por ejemplo, algunas de las cuestiones que hoy plantean las redes informáticas en su capilaridad, ya estaban presentes en el desarrollo de la electricidad a comienzos del siglo XX o de la telefonía en el último tercio del siglo XIX, es curioso además, como la industria actual apenas conoce nada o casi nada de su pasado y cuando les muestras éstos aspectos en algún Encuentro se quedan muy sorprendidos.

En 1995, Microsoft hizo una extensa campaña para la introducción del nuevo sistema operativo denominado “Windows 95”, que, en realidad, su mayor aportación fue entonces mejorar y mucho la Interfaz Gráfica de Usuario o GUI, pero se incidió sobre todo en lo que significaba la nueva versión del sistema operativo respecto a la anticipación de tecnologías del futuro más que al propio producto en sí. El breve artículo que publiqué entonces, el 2 de Septiembre de 1995, en las páginas de “El Diario Montañés”  ponía el acento en las conexiones con el pasado de éstas utopías tecnológicas, sin por eso poner en duda la validez del nuevo producto, hoy ya totalmente arqueológico.

Por razones profesionales, algunos años después tuve la oportunidad de conocer Microsoft un poco más de cerca y pude valorar mejor el valor añadido que aportan a muchas empresas tecnológicas con sus productos. Conocí a Rosa García, entonces presidenta de Microsoft España, una mujer a la que admiro desde entonces por su enorme inteligencia y que para mí es un excelente ejemplo de las personas que están construyendo actualmente la Sociedad de la Información y el Conocimiento, como en otras etapas históricas otras, con un similar espíritu innovador, configuraron la Sociedad Industrial. Gracias a la excelente relación personal que establecí en aquellos años con ella y con colaboradoras suyas como Monserrat Pardo, hoy Gerente de Relaciones Institucionales de Microsoft España, me hicieron  el artífice de la creación en Cantabria de un Centro de Innovación en Integración. En mi caso, he tenido el privilegio de contemplar a la industria informática desde la perspectiva de historiador de la tecnología, de profesor universitario que trabaja en la comprensión e implantación de tecnologías en el Aula y en la Sociedad y, durante un breve periodo, de gestor público que tiene que tomar decisiones respecto a las tecnologías de la información,  lo que me permitió entender de un modo más complejo el significado de la industria digital y su importancia económica y cultural que va más allá de las fantasías del marketing o de la perecedera publicidad.

Windows 95 y el espejismo de un futuro anticipado  (Pulsar para descargar)

Vislumbrando las consecuencias culturales del nuevo imaginario digital. Un texto de 2003

Las nuevas prácticas digitales y los imaginarios que conforman nuestras experiencias culturales pueden a pesar de su novedad,  analizarse desde sus implicaciones históricas. (Foto tomada por el autor en el MOMA ante el cuadro "Flag" de Jasper Johns. Abril 2014)

Las nuevas prácticas digitales y los imaginarios que conforman nuestras experiencias  culturales pueden,  a pesar de su aparente novedad, analizarse desde sus implicaciones históricas. (Foto tomada por el autor en el MOMA ante el cuadro “Flag” de Jasper Johns. Abril 2014)

Este texto es la versión escrita de una conferencia que impartí en la Fundación BBVA en 2003, en el marco de una jornadas sobre Arte Gráfico y Nuevas Tecnologías, a las que fuí invitado en un momento en el que era profesor de Estructura Audiovisual en la Universidad de Extremadura, donde pasé dos años estupendos de mi vida y tuve la fortuna de convivir con unas personas excepcionales como son los extremeños. Extremadura y su gente son unos grandes desconocidos para la mayoría de los españoles, en el norte donde yo vivo nos imaginamos aquella región como un lugar muy diferente a lo que realmente es: una tierra verde entre el paisaje castellano y el andaluz donde el alcornoque dibuja una fisonomía propia y muy singular, una región en la que llegues a donde llegues de aquel inmenso territorio, siempre te encuentras a  gusto por la enorme calidez que tienen las personas. Extremadura solo tiene, eso no se puede negar,  un pequeño inconveniente, y es que algo o alguien “les pone”  la temperatura muy alta en verano. “La calor” es una cortina impenetrable para alguien que, como me ocurre a mí,  se emociona cuando ve como los tejados se humedecen por la lluvia, pero a cambio allí se pueden disfrutar esas largas y diletantes veladas nocturnas al fresco donde se compensa el inmenso calor de la jornada.

El concepto de Pixel de las imágenes digitales está vinculado a la rejilla renacentista para dibujar imágenes matemáticas en perspectiva.   Fragmento del grabado: “Machine à Desiner” del libro de Jean Dubreuil “La Perspective Practique”. Paris 1663.

Gracias a la conferencia a la que fuí invitado, tuve la oportunidad de explorar algo que en aquellos años estaba comenzando y hoy es ya una realidad con profundas implicaciones culturales, me refiero al imaginario digital, que había venido fraguándose desde que la informática comenzó a penetrar en los ámbitos de la fotografía y el cine. En 2003 todo ésto era muy atractivo pero no había alcanzado la espectacularidad que ahora, el “cine de atracciones” de Hollywood ha logrado. Era ya un momento en el que las imágenes digitales comenzaban a usarse con más frecuencia y estaban cambiando las propias concepciones culturales sobre las propias imágenes de base fotoquímica que conocíamos y usábamos. Era un momento muy atractivo para reflexionar sobre unos cambios que ya eran evidentes y que en los años siguientes se aceleraron hasta convertir la fotografía química en arqueología y las construcciones mentales dejaron de ser eléctricas -como explico en el texto- para comenzar a ser binarias.

Aunque con anterioridad ya había escrito algo sobre el imaginario digital y volvería de nuevo con la cuestión en otro texto posterior a ésta fecha, el momento de la conferencia, el año 2003,  era muy interesante y  me proporcionó la oportunidad de hacer una cierta prospectiva de lo que iba a ocurrir con la nueva naturaleza de las imágenes que estaba surgiendo y a la vez pude hacer una perspectiva de lo que habían sido los usos de la informática en su encuentro con las imágenes y de las que yo fui, sin pretenderlo demasiado, uno de los pioneros impartiendo cursos de fotografía digital en 1993 en el Aula de Fotografía de la Universidad de Cantabria, cuando grabar un cederom era una aventura que podía naufragar si alguien movía sin darse cuenta el puntero del ratón mientras el láser quemaba el disco, o cuando guardar fotografías -nos parecían muchas, entonces-, en un disco de 20 megas o en un disco extraíble ZIP de 100 Megabytes  era, verdaderamente, manejar alta tecnología en imágenes digitales, algo que cuesta entender ahora cuando en nuestros bolsillos llevamos pendrives de 128 gigabytes y ya aparecen en el horizonte dispositivos de éste tipo de 1 terabyte que en poco tiempo serán cotidianos para todos nosotros.

En el Symposium que organizó la Fundación BBVA tuve la oportunidad de coincidir una vez más con Daniel Canogar, un excelente amigo y unos de los artistas que mejor han sabido incorporar las cuestiones de la digitalidad a la creación contemporánea. Invité hace ya muchos años a Daniel Canogar a un curso monográfico a la Universidad de Cantabria y desde entonces estoy fascinado con la claridad de sus ideas y la vitalidad e inteligencia de su trabajo. Daniel es, sin ninguna duda, uno de nuestros mejores artistas internacionales en estos momentos tan interesantes y cambiantes que estamos viviendo.

Esa mezcla de experiencia tecnológica vivida, discursos futuristas y escepticismos tecnológicos, constituyen la esencia de éste texto que, como muchos de los que he escrito, insiste sobre todo en la continuidad cultural de lo que parece a simple vista como nuevo y sin antecedentes. En las placas de linterna mágica se ocultaban ya los gifs en movimiento digitales de nuestro tiempo, como en los píxeles de las imágenes digitales está presente el concepto de rejilla que hizo posible, desde la invención de la perspectiva  pictórica en el siglo XV,  la ilusión de la realidad en las representaciones visuales. Todo un bucle temporal que tiene su propia lógica y razón de ser aunque en ocasiones cueste reconocerlo.

La socialización de un nuevo imaginario  (Pulsar para descargar)

Las Fichas Didácticas, una faceta complementaria a los textos. 15 ejemplos para ver o descargar

Posiciones imaginarias

Una de las fichas didácticas en las que se explica con tres grabados las “posiciones imaginarias e ideológicas” en las que se coloca al lector de la información por parte de autor de la imagen informativa.

Los textos escritos son una de las vías principales que utilizo para difundir conocimientos sobre las imágenes, su historia, sus significaciones y su relación con las culturas contemporáneas, pero no es la única. En muchas ocasiones recurro a la elaboración de fichas didácticas de estructura infográfica, que me permiten explicar procesos más o menos complejos interaccionando imágenes y texto. Se trata de una técnica que utilizo cada vez con más frecuencia por dos simples motivos; en primer lugar porque los alumnos actuales son cada vez más visuales y, en ese caso, el reto es proporcionarles materiales complejos haciendo un esfuerzo en el sentido de hacer que parezcan contenidos atractivos y muy evidentes a pesar de su densidad. La segunda razón es que los programas para elaborar este tipo de contenidos han ido evolucionando y permiten cada vez mejores diseños. Ahora mismo estoy experimentando en poner en mis fichas didácticas en Acrobat, videos cortos además de las imágenes estáticas, tengo que confesar que he conseguido resultados muy interesantes pero aún es muy frustrante como se comportan los videos incrustados en Acrobat en diferentes ordenadores, pues en unas máquinas se abren los videos sin problema y en otros no hay manera de que lo hagan. Es cuestión de que vaya evolucionado el producto, sin ninguna duda. Ahora en algunos casos recurro a poner el enlace de youtube para que se abra desde la ficha didáctica pero lo eficiente es que el video se vea en la propia ficha en formato pdf. Cuando lo hace sin problemas el resultado es espectacular.

Tengo una página en Pinterest en el que a día de hoy ofrezco gratuitamente más de  500 fichas didácticas, tanto individuales como de conferencias que he impartido, casi todas relacionadas con los textos que estoy incorporando a ésta bitácora. Me gusta mucho Pinterest, porque es caótico, cómo lo es nuestro tiempo, tiene aportaciones visuales increíblemente buenas, junto a otras cosas infumables. Creo que Pinterest es un buen exponente de lo que hoy en día constituye la cultura digital: inabordable, sorprendente, creativa, repetitiva, densa o superficial, pero siempre sugerente y estimulante. Descubrí Pinterest gracias a Miguel Ángel Pesquera, además de un buen amigo, es una de las mentes más verdaderamente innovadoras que conozco, alguien que ha entendido como pocos la profundidad del cambio que ha traído la cultura digital a nuestra realidad. Miguel Ángel siempre es muy estimulante, porque está permanentemente a la búsqueda de nuevos recursos digitales y de nuevos autores interesantes que es necesario conocer, es un explorador nato de la nueva economía y de la nueva sociedad digital que está emergiendo. Como de costumbre, Miguel Ángel  traía la aplicación de Pinterest en su Ipad último modelo, y esa misma tarde, tras descubrirla gracias a él,  me registré y comencé a subir mis fichas que se mezclan con una infinidad de otras propuestas en el inconmesurable espacio digital de la Visible Web.  Ahí están para compartirlas con quienes estén interesados.

Ofrezco aquí 15 fichas variadas las muchas que tengo en mi espacio en Pinterest, se trata de temas en los que he trabajado y he elaborado alguna ficha didáctica, todas tienen su versión en pdf que, quien esté interesado, me la puede pedir y se la remito por correo electrónico para no recargar ésta entrada con tantos enlaces. La intención de mostrar este tipo de trabajos, además de darlos a conocer es animar a otros a que intenten narrar con estos recursos digitales que responden a nuestro tiempo en el que el conocimiento puede difundirse de muchos modos, además de por los textos escritos y estructurados que hemos usado tradicionalmente.

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