Los limites de la información gráfica en el siglo XIX, un texto de 1996

Comienzo el año con uno de esos textos que yo denomino “laterales”. Siempre tengo algunos temas en reserva por si alguien me invita a publicar, y sin forzar lo que estoy haciendo en ese momento, poder contribuir con alguna idea que conecte con la actualidad aunque sea con alguna cuestión histórica, y hoy he rescatado un texto de 1996 que reflejaba una de mis preocupaciones entonces que estaba investigando  el primer sistema informativo liberal que había configurado la primeras reglas de la información gráfica sobre el grabado durante la primera mitad del siglo XIX. Me quedaban aun dos años para defender mi tesis doctoral en la que explicaría como la Fotografía y la Estampa convivieron en sus funciones informativas durante unas décadas en las que a la Fotografía se la asignaba el máximo valor de veracidad o de “verdad matemática·” como se decía entonces, pero al no poderse imprimir todavía imágenes en la prensa con el aspecto tonal y los matices de las fotografías en blanco y negro, los editores optaron por traducirlas a las reglas y convenciones del grabado dibujado. En 1996, en la comunidad donde vivo, Cantabria, se habían producido cambios en el gobierno regional, y el nuevo consejero de cultura, Javier López Marcano, una persona por la que siento un gran afecto, quería revitalizar las actividades de su departamento que habían languidecido en la oscura época de un personaje, Juan Hormaechea, que era noticia constante en la prensa nacional por sus excentricidades, pero que desaprovechó los mejores años en los que la Unión Europea se estaba volcando con el desarrollo de las regiones españolas. Tuve la oportunidad de conocer todo aquello de primera mano, a partir de 2003, cuando por esas casualidades de la vida, ocupé un cargo público en la que entre otras competencias llevé temas de innovación tecnológica y me tocó ir en bastantes ocasiones a Bruselas y a Madrid a negociar y era penoso descubrir el tiempo que habíamos perdido como región en aquellos años que fueron tan decisivos en la modernización material de España. Pero volvamos a 1996. Entre las cosas que se querían hacer en Cantabria era dar mayor visibilidad a los autores que trabajaban en la región y propusieron la creación de una revista cultural “Componente Norte” que iba a ser el escaparate de ese nuevo impulso que se pretendía. La verdad es que yo, para aquellos años, gran parte de mi trabajo y producción lo hacía fuera de Cantabria, aunque siempre he atendido a las invitaciones que se me hacen aquí. Es una obligación ética que tengo con el lugar donde nací y donde trabajo y donde habito. En estos momentos sigo colaborando de tanto en tanto en las páginas culturales de la prensa local y  también imparto alguna conferencia con mucho gusto cuando alguien se acuerda de mi en Cantabria, aunque reconozco que mi trabajo es, desde hace varias décadas, más global que local, pero siempre he envidiado a la cultura anglosajona que sabe hacer aportaciones rigurosas y de alto nivel y al mismo tiempo contribuir en tareas de divulgación sin que parezca un demérito profesional, algo en lo que aquí a veces quienes estamos en la Universidad, solemos tener una idea equivocada porque un nivel no resta nada al otro por muy divulgativo y simplificador que parezca.

Cabecera del "Panorma Español" 1842
Primera página de la publicación propagandística publicada en 1842 con datos. imágenes y detalles de la primera guerra civil carlista entre 1833 y 1840, de las tres que sufrieron los españoles en el siglo XIX.

Cuando me invitaron a participar en el numero primero de la revista, me acordé de uno de esos temas “laterales” que siempre tengo en reserva. Recordaba que José María Jover, el iniciador de la nueva historia contemporánea española, escribió en la decada de los años setenta que alguien, en algún momento, tenía que estudiar la tradición de la violencia política en la España liberal. Ese alguien, evidentemente no era yo, pero por mis investigaciones me interesaba mucho un aspecto del siglo XIX en su tratamiento de la información gráfica, todavía muy embrionaria, que eludía de modo generalizado mostrar imágenes violentas, pero cuando lo hacía, eran muy directas y estaban cargadas de una fuerte propaganda. Era el caso de una publicación que se hizo en 1842 para narrar desde el bando liberal la primera guerra carlista, que mostraba aspectos concretos de esa violencia en imágenes, lo que no era nada habitual en aquellos momentos, por lo que deseaba poner en valor esos tratamientos gráficos con cuestiones de la actualidad de entonces. Es cierto que muchos años después ha sido Paul Preston el que de una manera magistral respondió a esa necesidad manifestada por el historiador José María Jover, con su magistral “El Holocausto Español” , como ahora lo ha vuelto a hacer con “Un Pueblo traicionado” una esplendida obra histórica que aborda otra de las sombras que tenemos como sociedad con el tema estructural de la corrupción. Mi artículo era muchísimo más modesto en sus intenciones y se quedaba sobre todo en el plano de la representación informativa, y hoy le ofrezco en esta bitácora más como una curiosidad que otra cosa. Aunque la imagen que abre el artículo, procedente de “Panorama Español”, (Un título que remite directamente a la idea de espectáculo óptico), me ha hecho recordar que es una publicación muy interesante por muchos aspectos que cuenta y, sobre todo, muestra en sus abundantes grabados. Por ejemplo, en ella viene una imagen nocturna de los miguelistas portugueses, defensores del

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Las telecomunicaciones intemporales, señales con haces de pajas encendidas como usaban los romanos, por los miguelistas portugueses para avisar al prentendiente Carlos de la entrada de tropas liberales en la primera guerra carlista.

absolutismo como los carlistas y colaboradores, que muestra como se comunicaban a distancia en aquellos momentos, con antorchas de paja iluminadas igual que lo hacían los romanos dos milenios antes. Aunque los años de esa desgraciada guerra civil, muy violenta, fueron también los años en los que la telégrafía óptica en su versión portátil comenzó a utilizarse en España para fines militares y lo hicieron ambos bandos. He tenido oportunidad de estudiar libros de claves de transmisiones en el archivo del Palacio Real de Madrid para un libro sobre telefonía que publiqué con Luis Carandel en 1992. 42_liberia_joseNo quiero dejar pasar esta ocasión para celebrar un excelente libro que me ha enviado Irene Liberia Vayá, autora de una biografía de uno de los sociólogos más importantes que ha tenido este país, José Vidal-Beneyto, un personaje polifacético, poliédrico -como muy bien expresa la autora- brillante, sobre todo muy brillante, que abrió caminos inéditos en la sociología española y que con la investigación de Irene Liberia nos aproxima más a una de esas figuras que tanto contribuyó a la modernización de un país que salía de las sombras del franquismo. Se trata de un libro muy interesante que quería reseñar porque habla de la preocupación por mantener la memoria de personas como Vidal-Beneyto que fueron decisivos en el esfuerzo generacional de hacer nuestro mundo más habitable y mejorar la convivencia con la inteligencia y el conocimiento universitario tan fecundo como lo fue el suyo, un profesor que tantos y tan buenos discípulos ha dejado en la sociología española. Aprovecho para felicitar el año nuevo a tantos seguidores que tiene esta bitácora, que no es otra cosa que una modesta contribución para poder entender las imágenes como signos y huellas de nuestro complejo tiempo desde la memoria y la escritura personal (en texto e imagenes).

La inisnuación del realismo un texto de “Componente Norte” en 1996

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El daguerrotipo y su primera recepción en España. Un texto de 1998

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El autor de esta bitácora en la Academia de Ciencias de Barcelona ante la cámara daguerrotípica que Alabern vendió para la primera experiencia  en España, uno de los pocos ejemplares  del equipo comercializado por Giroux que se conservan en el mundo y que ha sido objeto de una reciente restauración por Martí Llorens y su equipo:  “Tempus Fugit Visual Projects”  (Foto: Martí Llorens, 2015)

Del mismo modo que ahora estoy publicando aspectos parciales y preparatorios de mi investigación sobre el espectador de la modernidad y la difusión del fotograbado en España, que cuminarán en una monografía en algún momento,  tras mi beca de investigación que que me llevó desde comienzos de los años noventa entre otros lugares al Instituto de Francia en París, donde consulté los documentos originales de la invención de la fotografía, con el nombre de daguerrotipo, fuí publicando aspectos parciales de mi trabajo en diversas revistas, lo que me permitió ir respondiendo a diversas cuestiones que me había planteado, ya que lo que se había publicado hasta la fecha me planteaba numerosos interrogantes.

En París descubrí una característica que es muy típica de nuestra cultura contemporánea de superficie, remedando un brillante concepto que acuñó  Umberto Eco, y era que muchos historiadores que abordaban la invención de la fotografía, citaban unos fragmentos del discurso de Arago, siempre los mismos, provenientes en su mayor parte del trabajo de Gisele Freund, cuando las actas mostraban un planteamiento mucho más interesante y complejo, y donde, de su consulta, emergían cuestiones de más calado que la limitada y entonces todavía persistente concepción historiográfica nacionalista de sí la fotografía la habían inventado, los franceses o los británicos, obviando que hubo hasta veinticuatro precursores, algunos como el propio Hippolite Bayard que en las actas de la Academia de Bellas Artes de París pide disculpas por haberse adelantado a Daguerre,  o el fascinante  Hercules Florence,  cuyos fondos se conservan en el Instituto Moreira Salles de Brasil a cargo de expertos como Sergio Burgi que está preparando una exposición sobre una figura que desde el etnocentrismo europeo ha pasado como periférico en la historia de la invención, pero que se trata de un personaje poliédrico que se interesó por muchas otras cosas además de la formación de las imágenes fotográficas.

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El daguerrotipo es un objeto tecnológico muy extraño visto desde nuestra experiencia visual actual.  Daguerrotipos de la colección Ángel Fuentes de Cía en el CRDI de Girona. (Foto David Iglesias)

La investigación en París me abrió perspectivas desconocidas a partir de las Actas de la Academia de Ciencias, comprendí que lo que se estaba dirimiendo a partir de Enero de 1839, era la presentación política de una nueva tecnología que daba respuesta al problema del facsimil que, al menos, desde el siglo XVIII estaba latente en las sociedades occidentales y el daguerrotipo, a pesar de ser tan disruptivo por su intervención sobre la realidad, era una solución imperfecta porque, como muy bien escribió André Rouillé en su día, se trataba de una semi-respuesta, y en las actas se demuestra que con el proceso daguerriano se intentaba enlazar con la tradición de la estampa y la imprenta, porque se pensaba que las imágenes invertidas lateralmente que captaba la cámara daguerrotípica, serían finalmente planchas que adecuadamente tratadas podrían reproducir las imágenes en la imprenta, algo que no ocurrió y hubo que esperar décadas para que la fotografía pasara con su aspecto tonal al papel impreso, gracias al fotograbado.

En mi caso en aquellos años tenía una pregunta que me inquietaba y movía mi investigación, ¿Cómo era posible que personajes jóvenes entonces, pero que fueron luego tan importantes en la ciencia española del siglo XIX, se interesaran por el daguerrotipo, y apenas dos años después se olvidaran del mismo? Eso me llevó a indagar las cuestiones singulares de la recepción española antes de que llegaran los primeros daguerrotipistas comerciales y el papel jugado por un grupo de científicos en Barcelona, Madrid y Valencia que usaron la nueva tecnología como un argumento reivindicativo del nuevo mundo científico europeo frente al conocimiento escolástico que todavía campaba, aunque ya de modo terminal,  en las universidades españolas en 1839.

Este texto fue publicado en una de las revistas de divulgación histórica más leídas en la época, Historia 16, y en aquellos momentos la historia de la fotografía no era una temática de interés en este tipo de publicaciones, pero me encontré, creo recordar que en la UIMP, con el director de la revista, David Solar, le conté sobre lo que estaba investigando y me animó a que enviase una aportación que es la que hoy ofrezco para quien esté interesado y que luego ampliaría en mi libro “La Introducción de la Fotografía en España”.

El pasado mes de noviembre, en el homenaje a Miquel Galmes, fundador del Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña, coincidí con Jep Martí, que ha seguido trabajando en este momento tan interesante de la primera recepción de la fotografía en España y así lo ha reflejado en su bitácora en una entrada de lectura imprescindible, y coincidíamos que para los científicos que se interesaron en difundir o practicar la invención de daguerrotipo, aquello no fue más que una de las muchas intervenciones reivindicativas que tuvieron y Jep, que ha estudiado las memorias de Monlau, ha comprobado que apenas muestra interés por esta cuestión como tampoco lo haría Juan María Pou y Camps que teorizó por primera vez en la historia de la fotografía sobre las posibilidades fotométricas de la cámara daguerrotípica, una cuestión a la que el tampoco le dio entonces la importancia que los historiadores de hoy apreciamos.

El Daguerrotipo, primera difusión y respuestas en España a la invención de la Fotografía (1839-1841)              (Pulsar para descargar)

Primeras indagaciónes sobre las imágenes fotográficas cómo fuentes para la Historia. Un texto para las Jornadas Antoni Varés de 1990

Hay momentos en los que, sin saberlo, se abre una puerta en nuestras vidas que tendrá un largo recorrido.  Su inicio es generalmente fruto de la casualidad y solo en el transcurso del tiempo aprecias su verdadera dimensión. Esa es la percepción que yo siento hacia la ciudad de Girona y sus Jornadas Antoni Varés de Imatge i Recerca que comenzaron en 1990 y que en aquel año, por pura casualidad, yo envié una comunicación a esa primera convocatoria sin saber que a partir de ese momento unos fuertes lazos intelectuales y emocionales me acabarían ligando a un proyecto que hoy es un referente europeo en torno a las imágenes, los archivos fotográficos  y su investigación y difusión. Un lugar donde cada dos años nos damos citas especialistas de todo el mundo interesados en las imágenes fotográficas y sus múltiples dimensiones culturales. Yo he sido un asiduo participante desde 1990 a todas las citas excepto a la de 2004 que no pude asistir por tener una intensa agenda en un cargo público que me lo impidió y las de 2016, recien finalizadas, que me han coincidido con un viaje a Chile de dos semanas. A lo largo de éstos días he sentido mucho no reencontrarme con tantos y tan buenos amigos que allí nos damos cita, y aunque dejé hechos “los deberes” para el homenaje colectivo que en las Jornadas se le rindieron a nuestro inolvidable Ángel Fuentes de Cía, el recuerdo de ésta cita estuvo en mi ánimo durante todo el viaje al país Austral.

Cómo muy bien explica la denominada “Teoría del Mundo Pequeño” todo está más conectado de lo que parece a simple vista; así que un día que me encontraba al sur de Chile, en el archiplelago de Chiloé, visité una pequeña localidad llamada Castro que tiene unos palafitos con casas de colores que recuerdan mucho a Girona y paseando por el interior de sus calles fuí a recalar a un pequeño restaurante “Mar y Canela”, que se encuentra en una de las construcciones sobre el mar. Es un lugar maravilloso que llevan un matrimonio chileno desde hace 5 años, Alejandra y Mauricio. Alejandra es la maitre y Mauricio es el cocinero, que se formó con Ferrán Adriá y su padre era un catalán  (de Tarragona, según me dijo), que se instaló allí hace algunas décadas. Con los exuberantes productos australes que el mar y la tierra proporcionan Alejandra y Mauricio ofrecen una carta exquisita que tiene los ecos experimentales del universal cocinero catalán, y es un lugar en la Tierra donde tocas por unas horas el Cielo con los dedos, no solo por los platos que elaboran y las variedades de vino que ofrecen sino por el lugar y el sentimiento de hospitalidad que te envuelve. Un lugar para volver o para descubrir en algún momento de nuestra vida…

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Palafitos en Castro. Archipielago de Chiloé (Chile), donde se encuentra “Mar y Canela”   (Foto: Bernardo Riego. 2016)

Pero hablemos un poco del texto que ofrezco hoy, que para mí fue el comienzo de una intensa relación con Cataluña. En 1990 estaba yo comenzando mi tesis doctoral, me habían concedido una generosa beca de Investigación y estaba en un Departamento universitario especializado en Historia Política de la Época Contemporánea. en aquellos años además de los esfuerzos de la Fotohistoria que se habían dado en la década de los años ochenta y que estaba desconectada de las prácticas universitarias, para los historiadores profesionales lo de usar fotos  no lo veían más utilidad que la de ilustrar los textos, así que yo tenía el reto de construir con los documentos visuales un discurso que se equiparase al de la tradición escrita y que no se quedase en una aproximación banalizadora. Tuve la suerte de contar con el apoyo y el ánimo de mi directora de Tesis, la profesora Ángeles Barrio Alonso, con la que tengo una deuda permanente por todo lo que aprendí con ella y con su exigencia de que fuese siempre riguroso en mi trabajo. Así que empecé por el comienzo, indagando en torno los modelos metodológicos de la historiografía par apoder acoplar a su tradición los nuevos textos visuales. Ese fue el objetivo de mi texto que lo hice para presentarlo en las Jornadas Antoni Varés, cuya primera convocatoria nos llegó al Departamento y alguien me señaló que tal vez sería una oportunidad interesante de aportar alguna de las ideas con las que estaba trabajando. Envíe el texto con unas imágenes y recuerdo aquel encuentro en el “Institut Vell”, en la parte histórica de Girona junto a la Catedral. Ya entonces me dí cuenta de que había descubierto un espacio donde podía expresar mis reflexiones en torno a mi trabajo investigador y que podía ser mi “laboratorio” para indagar con plena libertad en propuestas e ideas en torno a la historia de las imágenes. Una de las cosas que ya entonces me gustó mucho era la preocupación de los organizadores para contar con todas las personas y tendencias que estaban trabajando en Historia de la Fotografía y no ser excluyentes con nadie. Cuando fuí conociendo más a Joan Boadas, el alma mater de las Jornadas, al que hoy me une una sólida amistad, labrada en muchos años, entendía que Girona y sus Jornadas Antoni Varés era un lugar en el que merecía la pena estar. Luego conocí la aventura de Joan Boadas y su equipo y la visión del alcalde Joaquim Nadal de crear con la impresionante colección de Tomás Mallol, el Museu del Cinema,  que colocó a la ciudad catalana en el mapa internacional de la cultura de las imágenes.

El texto que propongo hoy en la bitácora, me parece ahora muy modesto comparado con otras aportaciones posteriores, pero tiene la curiosidad de ser un trabajo muy inicial pero que ya apuntaba lo que luego consolidé en textos posteriores. Lo incluyo hoy como homenaje a tantos amigos y amigas con los que tanto aprendo y disfruto en las Jornadas que cada dos años celebramos y que llevan por nombre el de un fotógrafo cineasta y cartelista innovador gironí, Antoni Varés, que vivió los excitantes años de la modernidad que desembocaron en la experiencia republicana y tuvo que sufrir, cómo tantos autores valiosos de su época, el tiempo de silencio y la grisalla del franquismo.

La Fotografía como Fuente de la Historia   (Pulsar para descargar)

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Entender las imágenes más allá de la visión artística, en su dimensión social y cultural fue el punto de partida para convertir las fuentes visuales en textos historiográficos. Grabado de una exposición de pinturas en Madrid en 1851.

Orígenes del periodismo gráfico en la España del siglo XIX en un homenaje al maestro José Altabella. Un texto de 1997.

Tras haber publicado “Cien Años de Fotografía en Cantabria”, en la editorial Lunwerg en 1986, con la impagable ayuda del fotógrafo santanderino Ángel de la Hoz, estuve publicando en la prensa local y en algunas revistas,   artículos sobre historia de la fotografía. Había un tema que me interesaba sobremanera y era lo referente a la información gráfica. Entre 1976 y 1984 yo trabaje cómo redactor gráfico en un periódico de mi ciudad natal. Todavía era una época en la que al redactor que escribía se le consideraba más importante en las redacciones que al que narraba la actualidad con su cámara. Para mí fueron unos años muy excitantes. No hace mucho hablaba de ellos con mi colega y buen amigo  Ramón Esparza, de la Universidad del País Vasco, que fue también redactor gráfico en años similares y coincidiamos en que es una profesión en la que se envejece mal, pero en la que tienes el privilegio de ver las capas de la realidad que constituyen lo cotidiano, por la variedad de temas a los que puedes asistir en un mismo día.

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Luis Udías (Pressman). Informadores gráficos locales y nacionales posando con motivo de la Primera Asamblea de la Prensa en España celebrada en Santander. (Agosto 1922).

A finales de la década de los 80 publiqué un artículo sobre periodistas gráficos en la prensa santanderina. En él, inserté por vez primera una fotografía de un grupo de fotógrafos de prensa de Madrid y Santander que había tomado Luis Udías, uno de los reporteros gráficos que trabajaban en la época, y  que en la década de los años veinte publicaba fotos de Santander en la prensa gráfica de Madrid sobre todo de las estancias veraniegas del rey Alfonso XIII y su familia. Su hija, Pilar Udías, la primera locutora de Radio Santander, poseía ésta imagen con algunos efectos personales de su padre y me la prestó,  pero desconocía los datos. Eran unos años en los que no disponíamos de las fuentes de consulta que ahora tenemos, así que puse un píe muy genérico y por el tipo de cámaras que usaban y los años en los que trabajaron avancé la fecha de 1925 como posible para la fotografía que ahora reproduzco en la bitácora.

Pocas semanas después de la publicación, cuando ya las páginas de un periódico solo sirven para las hemerotecas y para envolver algo con ellas (pues nadie se imaginaba que un día los periódicos no serían solo de papel sino del intangible material digital que ahora son), recibí una carta de la Universidad Complutense del Profesor José Altabella, interesandose por la imagen inédita que había puesto en página y corrigiéndome la fecha, pues, me decía, pertenecía a la Primera Asamblea (o Congreso) de la Prensa que se celebró en Santander en Agosto de 1922.

Así nació mi relación con una de las grandes figuras de la historia del periodismo español del siglo XX y desde luego el padre de la documentación gráfica desde sus clases en la Escuela de Periodismo y luego en la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense. A mí los documentalistas gráficos siempre me han fascinado; en mi redacción teníamos uno, Pascual recuerdo que se llamaba, al que le decías que necesitabas una foto de una vaca en la que se viera al lado un seiscientos para ilustrar un artículo que estabas a punto de enviar a talleres, y Pascual se ponía a bucar en un montón de sobres que tenía en su pequeño cuarto y, casi por arte de magia,  al cabo de unos minutos mandabas al taller del fotograbado la foto de la vaca con el seiscientos. Entonces no había bases de datos ni textuales ni gráficas, todo estaba en la cabeza de documentalistas como el nuestro. Los metadatos de las imágenes, si se las podía llamar así, eran lo que venía en el reverso de la foto en papel, y lo único que a personas como a mí me preocupaban, porque estaba generacionalmente muy sensibilizado, era que apareciera en todas las imágenes publicadas el nombre del autor de la fotografía, algo que a los periodistas más veteranos era un tema que no les importaba entonces demasiado.

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El dibujo informativo creó un lenguaje narrativo en el siglo XIX antes de la hegemonía de la fotografía como sistema de información en la prensa. José Luis Pellicer, corresponsal gráfico en la guerra Ruso-Turca en 1877 para “La Ilustración Española y Americana”.

Coincidí con José Altabella en algunos congresos sobre imagen fotográfica y me encontré con una persona de una enorme amabilidad y que desprendía sabiduría por todas partes. Al respeto que le profesaba se sumó un gran afecto hacia su persona y su extenso conocimiento de las infinitas facetas de la historia del periodismo, que fue lo que me hizo participar, cuando falleció, en el libro homenaje que la Universidad Complutense le dedicó y que se publicó en 1997.

Cómo homenaje al Profesor (siempre con mayusculas) José Altabella, aporté el texto que hoy ofrezco que es una historia de los orígenes de la información gráfica en España en el siglo XIX cuando la Fotografía, por limitaciones tecnológicas que se resolveran paulatinamente a partir de 1880, no podían publicar imágenes directas, esto es, con aspecto fotográfico en en las páginas de la prensa. En estos momentos estoy desarrollando una investigación que irá viendo la luz sobre los orígenes del fotograbado y la prensa gráfica en España que darán lugar a un nuevo espectador de la modernidad. Éste texto que hoy ofrezco para su descarga forma parte de un trabajo que luego desarrollaría en mi libro “La Construcción Social de la Realidad a través de la Fotografía y el grabado informativo en la España del siglo XIX” que, ahora, puede consulltarse en Google porque lo digitalizaron de un ejemplar existente en una universidad americana. El texto homenaje al Profesor Altabella lo escribí un año antes de redactar el libro.

Orígenes de la información gráfica en España en el siglo XIX   (Pulsar para descargar)

Usos sociales de las imágenes en el siglo XIX, miradas y tecnologías. Un texto de 2004

El espectáculo óptico del Mundonuevo en Madrid en un grabado de 1851

       El espectáculo óptico del Mundonuevo en Madrid en un grabado de 1851

“Visibilidades Diferenciadas” aborda la cuestión de la mirada como un elemento cultural susceptible de ser indagado históricamente, en la línea que Jonathan Crary estaba formulando en un libro aparecido en agosto de 2001 y que, en el caso del ensayista norteamericano, centra en la primera etapa de la modernidad y en el texto que introduzco en ésta entrada se dedica a estudiar los modos culturales de la  contemplación de imágenes en el núcleo central del siglo XIX, estudiando la dualidad existente en la sociedad entre los nuevos valores introducidos por la denominada burguesía de los negocios y las personas que vivían adscritos a las prácticas culturales de la sociedad tradicional. Esa doble característica se reflejaba también en las tipologías de imágenes que se difundían, en las tecnologías que las soportaban y en los modos de mostrarlas y difundirlas.

El texto es la versión escrita de una ponencia que realicé en unas jornadas internacionales en la Universidad de Marne-la-Vallé, en los alrededores de París, organizadas en Diciembre de 2001 por la profesora Marie Linda Ortega, especialista en literatura e ilustradores españoles del siglo XIX y con la que me unía una estrecha relación intelectual desde que nos conocimos en 1995 en los encuentros que el hispanista Carlos Serrano y el profesor Antonio Rodríguez de las Heras organizaron en la Universidad Carlos III de Madrid. Marie Linda y yo fuimos participantes de aquellos coloquios tan intensos y coincidimos en el enorme interés que tenía el siglo XIX y en lo desconocido que era porque parecía que el foco de análisis estaba más desplazado hacia los años de la modernidad, cuando en realidad el siglo XIX fue el embrión de todas las transformaciones que décadas después configurarán la denominada conciencia moderna. Las Jornadas “Escribir en España. Literatura y Visibilidades/Ecrire en Espagne: Littérature et Visibilités 1840-1876”, fue un marco excelente para introducir la cuestión de los usos sociales de las imágenes, un tema que en Francia ya había sido objeto de algunos encuentros importantes pero que entre nosotros, a diferencia de los problemas de la recepción lectora de los textos escritos, apenas se había abordado por entonces.

Pabellón de España en la Exposición Universal de Filadelfia en 1876 (Biblioteca Nacional)

Pabellón de España en la Exposición Universal de Filadelfia en 1876 (Biblioteca Nacional)

Una de las cuestiones que destaco en éste texto es justamente que las imágenes y su recepción en el siglo XIX se producen en esos años centrales que son, y no por casualidad, coincidentes con la ascensión del nuevo capitalismo moderno y con profundos cambios tecnológicos, sociales y culturales, que tienen su reflejo en la manera que las tecnologías de las imágenes y las representaciones que se derivan de ellas, muestran la realidad de su tiempo. La Fotografía como nueva tecnología moderna y disruptiva respecto a las formas gráficas derivadas del dibujo, será un elemento central por sus significaciones simbólicas en una época rendida al Progreso, pero constituye un error de apreciación pensar que las imágenes fotográficas son la producción iconográfica determinante en la representación de la realidad. De hecho, en el texto se estudian  otras tecnologías y espectáculos que  jugaran también papeles esenciales en su función socializadora a través de las imágenes.

El libro donde se publicó éste texto tiene el sugerente título de “Ojos que ven, Ojos que leen. Textos e imágenes en la España Isabelina” y como muy bien se indica, las problemáticas de los dos tipos de lecturas, las de los textos escritos y las de las imágenes. sea cual fuere su soporte,  nos permiten una mejor comprensión de un época histórica de intensas transformaciones sociales y culturales, no solo en España, sino en toda Europa y el papel que jugaron los modos de ver en todo ese proceso.

Visibilidades diferenciadas: Usos sociales de las imágenes en la España isabelina (Pulsar para descargar)

Funciones y Narrativas de la Linterna Mágica. Un texto de 1999

Jean-Antoine Nollet. Leçons de physique expérimentale. (Tomo VI) 1757. Biblioteca General Histórica. Universidad de Salamanca

Jean-Antoine Nollet. (1757)  Un microscopio solar para estudiar la morfología de los objetos naturales y una linterna mágica. Instrumentos para aprender a través de  la experiencia visual desde las concepciones ilustradas. (Universidad de Salamanca)

Para la opulencia audiovisual de nuestro tiempo, la humilde Linterna Mágica proyectando una débil imagen en una pared mientras el linternista iba contando una historia al tiempo que cambiaba,  de tanto en tanto, unas pocas imágenes que se apoyaban en la fuerza de la  narración oral, puede parece ahora una tecnología rudimentaria y sin apenas importancia; pero lo cierto es que la Linterna Mágica atravesó con éxito e interés del público nada menos que tres siglos de la cultura europea. Fue un espectáculo que atrajo a personas doctas que escribieron tratados sobre ella y a gentes humildes que acudían fascinados a los muchos lugares donde se exhibía temporalmente. Los textos que se han conservado sobre como transcurría la exhibición, al menos en el siglo XIX, recuerdan bastante a nuestras experiencias de cine de barrio infantil. Además, la Linterna Mágica cumplió su ciclo tecnológico de un modo canónico. Cuando apareció el cinematógrafo en 1895, estaba ya agotada como recurso,  pero el cine heredó algunas de sus técnicas visuales como el fundido encadenado, y algunas de las historias que habían sido proyectadas con las placas de la Linterna Mágica, pasaron al nuevo espectáculo de la fotografía animada. La más conocida, sin duda, la peripecia del Regador Regado que los hermanos Lumière trasladaron al cine recién inventado. La importancia que ha tenido la Linterna Mágica ha sido puesta en valor y rescatada del olvido por algunos especialistas que han publicado trabajos excelentes sobre su importancia cultural, tanto en Europa como en los Estados Unidos. En España tenemos la fortuna de contar con Francisco Javier Frutos que con sus investigaciones nos ha iluminado (nunca mejor dicho), sobre un artefacto muy poderoso narrativamente que, ante todo y gracias a la infinidad de placas que se produjeron, fue una enciclopedia visual en el largo periodo de su vigencia cultural, y logró que muchas personas vieran cosas que nunca hubieran podido conocer si no hubieran asistido a una proyección de Linterna Mágica.

Contemplando el mundo a la luz de una linterna mágica, es el segundo de los textos que publiqué en la revista educativa “Peonza” en su número 49. Como ya expliqué en otra entrada se trata de una publicación excepcional que puede consultarse en red porque tiene todos sus números digitalizados. En mi caso fue, de nuevo, una experiencia muy satisfactoria porque me permitió dar a conocer en una revista educativa ésta arqueología de la mirada y de la cultura audiovisual, alrededor de una historia en torno a una falsa moneda que va de mano en mano. Un texto que extraje de un libro de historias de linterna de 1833, cuando todavía no se había inventado la Fotografía y Mariano José de Larra se convertía literariamente un una Linterna Mágica para contemplar la realidad cotidiana de su tiempo, y cuentos como éste amenizaban las veladas en una época en el que apenas había muchas alternativas de ocio que no transcurrieran en la calle y a la luz del día. Sin olvidarnos que entonces nada menos que un noventa por ciento de la población no sabía leer y tenía que escuchar a los que sabían lo que ponía en las páginas impresas para poderse enterar. Escuchar una historia leída y ver imágenes proyectadas era una experiencia muy atractiva ya en aquellos momentos.

La cultura audiovisual que hoy disfrutamos y que sigue en constante transformación, es heredera de estos primitivos artefactos audiovisuales que ahora se guardan en museos y colecciones como la existente en el Museo del Cine de Girona que es de visita imprescindible. También lo son la muestra pionera en Salamanca de La Filmoteca de Castilla y León,  sin olvidarnos de la importante recopilación existente en Madrid, en la Filmoteca Española. Esas humildes y en muchos casos extrañas máquinas que en estas colecciones pueden contemplarse, mecánicas en su mayor parte, rebosantes de ingenio e ingeniería, son el origen de todas las formas de mirar que hemos heredado en nuestras tecnologías actuales, y constituyen los soportes de toda una cultura de la mirada que yo intenté reflejar un poco en éste texto de 1999 y más tarde retomé en Memorias de la Mirada en la Fundación Botín en 2001.

Contemplando el mundo a la luz de una Linterna Mágica  (Pulsar para descargar)

La influencia de los grabados en la cultura del siglo XIX. Un texto de 2002

Las imágenes impresas tuvieron un atractivo para la sociedad del siglo XIX comparable al que hoy tienen nuestros medios de comunicación visual. “Escaparate de la empresa Gaspar y Roig cuando se expone “El Museo Universal”. Publicado el 6-I-1867.

Las imágenes impresas tuvieron un atractivo para la sociedad del siglo XIX comparable al que hoy tienen nuestros medios de comunicación visual. “Escaparate de la empresa Gaspar y Roig cuando se expone “El Museo Universal”.

(1867).

Aunque tenemos la creencia de que la Fotografía fue el modo de representación más importante del siglo XIX, la verdad es que no fue del todo cierto. Se produjeron millones de imágenes fotográficas pero se veían poco y circulaban en ámbitos reducidos ya que faltaba un elemento fundamental que no se resolverá hasta la década de 1880 y era la posibilidad de imprimirlas con todos sus aspectos tonales en las revistas y en los libros. Para ello hubo que esperar al desarrollo del fotograbado. Antes de esa innovación tecnológica fundamental, los lectores y espectadores contemplaron muchas imágenes pero el sistema gráfico dominante era el grabado y las escenas que se reproducían eran dibujadas, ya fueran procedentes del natural o a partir de imágenes fotográficas. El papel del grabado en madera como catálogo visual de su tiempo fue muy importante y además configuró una serie de reglas narrativas que hoy nos parecen ingenuas pero que en aquellos años tenían una potencialidad para los lectores impresionante. Además algunas de esas convenciones visuales pasaron a la construcción de la escena fotográfica y han perdurado hasta nuestros días. Aunque a nosotros a veces nos cuesta leer las imágenes informativas dibujadas, un lector/espectador del siglo XIX sabía entenderlas y para él no eran burdas e ingenuas, sino que contaban con una carga narrativa e ideológica que en aquellos tiempos se entendía perfectamente con solo contemplar la escena impresa.

En el año 2002, el Museo Zumalacarregui organizó en San Sebastián un encuentro para reflexionar sobre el grabado del siglo XIX en nuestra época, un tiempo que se estaba volviendo cada vez más digital. Se trataba de mostrar la influencia cultural que tuvieron éstas representaciones de la realidad en un mundo, el decimonónico, que cada vez veía más y más imágenes. Allí nos reunimos una serie de expertos y en mi caso, además de aprender mucho de los especialistas en grabado, hablé de la importancia cultural que el grabado informativo tuvo en la prensa del siglo XIX. A alguno de los ponentes les sorprendió que un autor como yo, que por entonces se le ubicaba exclusivamente en la Historia de la Fotografía, hablase de grabado informativo. Pero es evidente que cualquier investigador que indague sobre imágenes, sean del tipo que sean, acaba encontrándose con otros territorios que están culturalmente conectados. A mí me había ocurrido pensando que la fotografía era el sistema gráfico más importante del siglo XIX y me topé con el grabado informativo, que era el que realmente articulaba gran parte de la  cultura visual impresa. Más tarde me ocurriría lo mismo con el cine primitivo, que no pued obviarse si deseamos comprender las interrelaciones con la prensa gráfica del siglo XX y el nuevo espectador de la modernidad. Ya llegaremos a eso en otra entrada.

El artículo que publiqué sobre mi ponencia en el simposium intenta explicar la importancia cultural y las mecánicas narrativas de los grabados en madera que colonizaron la prensa gráfica del siglo XIX en detrimento de otras técnicas gráficas como la litografía que mantuvieron su prestigio pero no tuvieron tanta producción, y cómo fueron esos grabados en madera y no la Fotografía, los que crearon los valores informativos en las imágenes de actualidad. Sin obviar el papel cultural que las escenas dibujadas tuvieron en el modo de mostrar su tiempo, entonces a los lectores y ahora a los investigadores.

Visiones de un tiempo en transformación (Pulsar para descargar)