Primeras indagaciónes sobre las imágenes fotográficas cómo fuentes para la Historia. Un texto para las Jornadas Antoni Varés de 1990

Hay momentos en los que, sin saberlo, se abre una puerta en nuestras vidas que tendrá un largo recorrido.  Su inicio es generalmente fruto de la casualidad y solo en el transcurso del tiempo aprecias su verdadera dimensión. Esa es la percepción que yo siento hacia la ciudad de Girona y sus Jornadas Antoni Varés de Imatge i Recerca que comenzaron en 1990 y que en aquel año, por pura casualidad, yo envié una comunicación a esa primera convocatoria sin saber que a partir de ese momento unos fuertes lazos intelectuales y emocionales me acabarían ligando a un proyecto que hoy es un referente europeo en torno a las imágenes, los archivos fotográficos  y su investigación y difusión. Un lugar donde cada dos años nos damos citas especialistas de todo el mundo interesados en las imágenes fotográficas y sus múltiples dimensiones culturales. Yo he sido un asiduo participante desde 1990 a todas las citas excepto a la de 2004 que no pude asistir por tener una intensa agenda en un cargo público que me lo impidió y las de 2016, recien finalizadas, que me han coincidido con un viaje a Chile de dos semanas. A lo largo de éstos días he sentido mucho no reencontrarme con tantos y tan buenos amigos que allí nos damos cita, y aunque dejé hechos “los deberes” para el homenaje colectivo que en las Jornadas se le rindieron a nuestro inolvidable Ángel Fuentes de Cía, el recuerdo de ésta cita estuvo en mi ánimo durante todo el viaje al país Austral.

Cómo muy bien explica la denominada “Teoría del Mundo Pequeño” todo está más conectado de lo que parece a simple vista; así que un día que me encontraba al sur de Chile, en el archiplelago de Chiloé, visité una pequeña localidad llamada Castro que tiene unos palafitos con casas de colores que recuerdan mucho a Girona y paseando por el interior de sus calles fuí a recalar a un pequeño restaurante “Mar y Canela”, que se encuentra en una de las construcciones sobre el mar. Es un lugar maravilloso que llevan un matrimonio chileno desde hace 5 años, Alejandra y Mauricio. Alejandra es la maitre y Mauricio es el cocinero, que se formó con Ferrán Adriá y su padre era un catalán  (de Tarragona, según me dijo), que se instaló allí hace algunas décadas. Con los exuberantes productos australes que el mar y la tierra proporcionan Alejandra y Mauricio ofrecen una carta exquisita que tiene los ecos experimentales del universal cocinero catalán, y es un lugar en la Tierra donde tocas por unas horas el Cielo con los dedos, no solo por los platos que elaboran y las variedades de vino que ofrecen sino por el lugar y el sentimiento de hospitalidad que te envuelve. Un lugar para volver o para descubrir en algún momento de nuestra vida…

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Palafitos en Castro. Archipielago de Chiloé (Chile), donde se encuentra “Mar y Canela”   (Foto: Bernardo Riego. 2016)

Pero hablemos un poco del texto que ofrezco hoy, que para mí fue el comienzo de una intensa relación con Cataluña. En 1990 estaba yo comenzando mi tesis doctoral, me habían concedido una generosa beca de Investigación y estaba en un Departamento universitario especializado en Historia Política de la Época Contemporánea. en aquellos años además de los esfuerzos de la Fotohistoria que se habían dado en la década de los años ochenta y que estaba desconectada de las prácticas universitarias, para los historiadores profesionales lo de usar fotos  no lo veían más utilidad que la de ilustrar los textos, así que yo tenía el reto de construir con los documentos visuales un discurso que se equiparase al de la tradición escrita y que no se quedase en una aproximación banalizadora. Tuve la suerte de contar con el apoyo y el ánimo de mi directora de Tesis, la profesora Ángeles Barrio Alonso, con la que tengo una deuda permanente por todo lo que aprendí con ella y con su exigencia de que fuese siempre riguroso en mi trabajo. Así que empecé por el comienzo, indagando en torno los modelos metodológicos de la historiografía par apoder acoplar a su tradición los nuevos textos visuales. Ese fue el objetivo de mi texto que lo hice para presentarlo en las Jornadas Antoni Varés, cuya primera convocatoria nos llegó al Departamento y alguien me señaló que tal vez sería una oportunidad interesante de aportar alguna de las ideas con las que estaba trabajando. Envíe el texto con unas imágenes y recuerdo aquel encuentro en el “Institut Vell”, en la parte histórica de Girona junto a la Catedral. Ya entonces me dí cuenta de que había descubierto un espacio donde podía expresar mis reflexiones en torno a mi trabajo investigador y que podía ser mi “laboratorio” para indagar con plena libertad en propuestas e ideas en torno a la historia de las imágenes. Una de las cosas que ya entonces me gustó mucho era la preocupación de los organizadores para contar con todas las personas y tendencias que estaban trabajando en Historia de la Fotografía y no ser excluyentes con nadie. Cuando fuí conociendo más a Joan Boadas, el alma mater de las Jornadas, al que hoy me une una sólida amistad, labrada en muchos años, entendía que Girona y sus Jornadas Antoni Varés era un lugar en el que merecía la pena estar. Luego conocí la aventura de Joan Boadas y su equipo y la visión del alcalde Joaquim Nadal de crear con la impresionante colección de Tomás Mallol, el Museu del Cinema,  que colocó a la ciudad catalana en el mapa internacional de la cultura de las imágenes.

El texto que propongo hoy en la bitácora, me parece ahora muy modesto comparado con otras aportaciones posteriores, pero tiene la curiosidad de ser un trabajo muy inicial pero que ya apuntaba lo que luego consolidé en textos posteriores. Lo incluyo hoy como homenaje a tantos amigos y amigas con los que tanto aprendo y disfruto en las Jornadas que cada dos años celebramos y que llevan por nombre el de un fotógrafo cineasta y cartelista innovador gironí, Antoni Varés, que vivió los excitantes años de la modernidad que desembocaron en la experiencia republicana y tuvo que sufrir, cómo tantos autores valiosos de su época, el tiempo de silencio y la grisalla del franquismo.

La Fotografía como Fuente de la Historia   (Pulsar para descargar)

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Entender las imágenes más allá de la visión artística, en su dimensión social y cultural fue el punto de partida para convertir las fuentes visuales en textos historiográficos. Grabado de una exposición de pinturas en Madrid en 1851.

Un libro con 75 fichas para analizar las imágenes del siglo XIX español. Elaborado, en su primera versión, en 1998.

Hoy he comenzado de nuevo las clases, he sentido el escaneo de los alumnos y alumnas que intentaban cotejar la imagen que les han contado de mí cómo profesor con la apariencia que realmente parezco tener. Es curioso, aunque llevo muchos años repitiendo éste ritual, todavía siento el mismo pánico escénico (me dura apenas 15 segundos), en el primer momento; una sensación que me gusta mucho porque me indica que voy a tomarme en serio las clases, que tengo que ganarme la estima y la confianza de todos y de cada uno de los alumnos y alumnas. Ser profesor es una de las actividades más interesantes que conozco, siempre les digo el primer día que enseñar es un oficio de personas que quieren a las personas, y que a quien no le interese la textura que tienen tus semejantes,  es mejor que se dedique a otra cosa en la vida.

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Con la técnica del grabado en madera, las imágenes comenzaron a formar parte de la prensa decimonónica como un recurso informativo paralelo al texto escrito.  (Un taller de grabdo en 1867, a la izquierda se ve al operario rebajando una madera de boj dibujada)

Ya que estamos en el inicio del curso vamos a retomar la bitácora un poco a lo grande, y lo hago con un libro electrónico de 180 páginas que elaboré en su primera versión en 1998 y que pretende ser una guía de trabajo para analizar las imágenes que se produjeron en el siglo XIX. A pesar de que muchos historiadores han puesto el énfasis en la iconosfera del siglo XX, la verdadera centuria de las imágenes fue el siglo XIX, en ese tiempo fue donde apareció, en 1839 como es bien sabido, la Fotografía, que se configuró en la conciencia colectiva como una continuación de la realidad y donde el sistema informativo liberal incorporó escenas dibujadas de los acontecimientos, con una narrativa informativa que ahora nos cuesta entender y sobre la que hoy es preciso hacer una tarea de arqueología visual para descifrar los mensajes y los valores que encierran imágenes que ya no hablan a nuestro tiempo sino a personas que transitaron el acelerado siglo XIX. El libro que ofrezco hoy es una guía de trabajo, una especie de hoja de ruta,  para poder comprender las imágenes informativas y fotográficas que se produjeron en ese tiempo e intentar analizar las representaciones visuales más allá de su mera apariencia, intentando, con los ejemplos que propongo, comprender valores culturales específicos, límites tecnológicos diferentes a los del siglo XX o los que ahota suministra la imagen digital, y sobre todo, hacer un esfuerzo cronológico y de interpretación historiográfica, sabiendo que esas representaciones se dirigen a un espectador que no pensaba ni entendía las imágenes cómo las entendemos nosotros en la actualidad.

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La aparición de la tecnología fotográfica y su íntima relación con la realidad, trastocó los valores culturales que existian en el siglo XIX en torno a las representaciones visuales que procedían de la tradición quirográfica . (Colección Castellano. Biblioteca Nacional. Ca 1855)

Con el fin de contextualizar el contenido de las 75 fichas que analizan determinadas cuestiones de comunicación y cultura visual del siglo XIX he incluído dos textos, uno sobre fotografía y otro sobre grabado informativo, que publiqué en aquellos años y que han tenido o tendrán su entrada específica aunque, como es habitual, tienen en su primera página la nota bibliográfica correspondiente en la marca amarilla. También incluyo una bibliografía elaborada en el momento que elaboré la primera versión del libro, que sirve como base a las aportaciones posteriores que aquí, obviamente, no están recogidas, pero todos los trabajos seleccionados fueron entonces muy escogidos por su relevancia e interés. En estos momentos estoy elaborando una guía similar sobre imágenes, ya en su mayoría fotográficas, en torno a la época de la sociedad de las masas en España, pienso que es un buen ejercicio de exégesis visual, muy necesario en un tiempo como el actual en el que hay tanta densidad icónica en el ambiente y tan poca capacidad para comprender muchos de sus mensajes más alla de lo que parecen representar en el plano más inmediato.

Libro para la interpretación de  imágenes históricas del siglo XIX  

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“Incisiones o Impresiones” Los orígenes de la Fotografía desde su punto de vista y desde la “orilla” del Grabado. Un texto de 2003

Grabando una imagen en un taco de madera (1850)

Grabando una imagen en un taco de madera (1850)

Girona es una ciudad catalana que en pocas décadas se ha convertido en uno de los referentes europeos de encuentro  sobre investigación y experiencias en torno a las imágenes, los archivos y su difusión y usos. Tiene un Museo del Cine que alberga la colección Tomás Mallol, que es una de las mejores del mundo de aparatos pre-cinematográficos y tecnologías diversas. Por ejemplo, uno de los escasos prototipos existentes de televisión óptica se encuentra en este Museo que cada dos años organiza un encuentro de especialistas en cine de los orígenes y sus antecedentes, alternado con otro sobre Archivos e Imagen, las prestigiosas Antoni Varés, que comenzaron en 1990. Los materiales de estos encuentros que han congregado a los mejores especialistas de diferentes países,  se publican y las actas de las Jornadas Varés están accesibles en el propio portal del Ayuntamiento, mientras que las referentes al cine de los orígenes y sus antecedentes se editan en papel y por lo que sé, muy pronto estarán también accesibles en la red. Además de un Centro de Conservación de archivos de imágenes en todos los soportes técnicos.  Girona es una ciudad muy recomendable para conocer, tiene una extensa historia que ha dejado un enorme patrimonio cultural, es un lugar tranquilo de una enorme belleza y con un tamaño muy humano para transitar por sus calles y disfrutar de su casco histórico que es excepcional y sumergirse en  su apreciable calidad de vida.

Por esas curiosas cosas que nos pasan a todos en la vida, yo estoy ligado sentimentalmente a Girona desde que, en 1990, aparecí por allí para leer una comunicación sobre Investigación y Fotografía en las primeras Jornadas Antoni Varés. Las Jornadas Varés de Imatge i Recerca Histórica han sido el laboratorio donde he ensayado algunas de mis principales ideas sobre investigación fotográfica, textos que irán apareciendo en las entradas de ésta bitácora, y es un lugar donde he aprendido mucho porque he tenido la oportunidad de conocer a los autores de referencia con las mejores experiencias  propuestas y reflexiones en torno al muy complejo mundo de las imágenes.

Revelando una placa de colodión húmedo (1863)

Revelando una placa de colodión húmedo (1863)

En el año 2003, Joan Boadas, buen amigo y alma mater de todas las iniciativas a las que me he referido, me llamó para invitarme a participar en uno de esos proyectos de los que me siento muy orgulloso de haber sido autor. Joan deseaba  hacer una publicación en la que se confontaran las primeras imágenes fotográficas de la ciudad de Girona con grabados coincidentes para contemplar las concordancias y los tratamientos visuales de ambos medios, el de la estampa y el de las impresiones fotográficas. Un libro en el que se reconocieran influencias, herencias y también diferencias en los modos de ver una ciudad con tanta historia vivida y que ha dejado, obviamente, mucha huella gráfica. El libro editado en 2003 se titula Girona, primeres mirades y no me cabe duda que por sus contenidos visuales es un libro de de coleccionista, además existe una exposición virtual de sus contenidos en el portal del Ayuntamiento.

De esa invitación se produjo el texto Incisiones e Impresiones que ofrezco aquí en su pre-print en castellano porque fue traducido y editado en catalán para el libro. Tiene su arranque en las anotaciones que hice en 1993 en mi visita investigadora al Instituto de Francia en París donde estuve consultando documentos sobre los orígenes de la fotografía que dieron lugar a mi libro La Introducción de la Fotogafía en España editado finalmente en el año 2000. En la Academia de Ciencias una de las cosas que me sorprendió es que el programa original del daguerrotipo esperaba que la multiplicación de las copias se hiciera desde la plancha daguerriana a través de la imprenta, algo que como todos sabemos no fue posible, pero esa idea me permitió esbozar una “historia en dos orilllas”, es decir, el Grabado visto desde la Fotografía, y la Fotografía vista desde el Grabado. La distancia conceptual y cultural entre las incisiones para las estampas y las impresiones para las imágenes fotográficas, me permitieron explorar al mismo tiempo algunos de los aspectos de incertidumbres en torno a una nueva tecnología que, como le ocurría a la Fotografía, no tenían antecedentes ni culturales ni materiales y quienes contemplaban por primera vez las planchas daguerrotípicas,  veían ineludiblemente algo nuevo, pero que al mismo tiempo parecía una forma de grabado, algo que ya no lo era, evidentemente,

Ahora cuando he releído el texto para incorporarle a ésta bitácora me ha parecido que hablaba de aspectos que para mi investigación ha sido siempre muy sustanciales como son el equilibro entre la tecnología y su socialización y la indagación de las predicciones que de ella se hacen en los primeros momentos de su aparición pública. En 2003 cumplió su objetivo de abrir un libro en el que se confrontaban estampas y fotografías y ahora lo ofrezco porque creo que su contenido sigue teniendo vigencia.

Incisiones o impresiones    (Pulsar para descargar)

Usos sociales de las imágenes en el siglo XIX, miradas y tecnologías. Un texto de 2004

El espectáculo óptico del Mundonuevo en Madrid en un grabado de 1851

       El espectáculo óptico del Mundonuevo en Madrid en un grabado de 1851

“Visibilidades Diferenciadas” aborda la cuestión de la mirada como un elemento cultural susceptible de ser indagado históricamente, en la línea que Jonathan Crary estaba formulando en un libro aparecido en agosto de 2001 y que, en el caso del ensayista norteamericano, centra en la primera etapa de la modernidad y en el texto que introduzco en ésta entrada se dedica a estudiar los modos culturales de la  contemplación de imágenes en el núcleo central del siglo XIX, estudiando la dualidad existente en la sociedad entre los nuevos valores introducidos por la denominada burguesía de los negocios y las personas que vivían adscritos a las prácticas culturales de la sociedad tradicional. Esa doble característica se reflejaba también en las tipologías de imágenes que se difundían, en las tecnologías que las soportaban y en los modos de mostrarlas y difundirlas.

El texto es la versión escrita de una ponencia que realicé en unas jornadas internacionales en la Universidad de Marne-la-Vallé, en los alrededores de París, organizadas en Diciembre de 2001 por la profesora Marie Linda Ortega, especialista en literatura e ilustradores españoles del siglo XIX y con la que me unía una estrecha relación intelectual desde que nos conocimos en 1995 en los encuentros que el hispanista Carlos Serrano y el profesor Antonio Rodríguez de las Heras organizaron en la Universidad Carlos III de Madrid. Marie Linda y yo fuimos participantes de aquellos coloquios tan intensos y coincidimos en el enorme interés que tenía el siglo XIX y en lo desconocido que era porque parecía que el foco de análisis estaba más desplazado hacia los años de la modernidad, cuando en realidad el siglo XIX fue el embrión de todas las transformaciones que décadas después configurarán la denominada conciencia moderna. Las Jornadas “Escribir en España. Literatura y Visibilidades/Ecrire en Espagne: Littérature et Visibilités 1840-1876”, fue un marco excelente para introducir la cuestión de los usos sociales de las imágenes, un tema que en Francia ya había sido objeto de algunos encuentros importantes pero que entre nosotros, a diferencia de los problemas de la recepción lectora de los textos escritos, apenas se había abordado por entonces.

Pabellón de España en la Exposición Universal de Filadelfia en 1876 (Biblioteca Nacional)

Pabellón de España en la Exposición Universal de Filadelfia en 1876 (Biblioteca Nacional)

Una de las cuestiones que destaco en éste texto es justamente que las imágenes y su recepción en el siglo XIX se producen en esos años centrales que son, y no por casualidad, coincidentes con la ascensión del nuevo capitalismo moderno y con profundos cambios tecnológicos, sociales y culturales, que tienen su reflejo en la manera que las tecnologías de las imágenes y las representaciones que se derivan de ellas, muestran la realidad de su tiempo. La Fotografía como nueva tecnología moderna y disruptiva respecto a las formas gráficas derivadas del dibujo, será un elemento central por sus significaciones simbólicas en una época rendida al Progreso, pero constituye un error de apreciación pensar que las imágenes fotográficas son la producción iconográfica determinante en la representación de la realidad. De hecho, en el texto se estudian  otras tecnologías y espectáculos que  jugaran también papeles esenciales en su función socializadora a través de las imágenes.

El libro donde se publicó éste texto tiene el sugerente título de “Ojos que ven, Ojos que leen. Textos e imágenes en la España Isabelina” y como muy bien se indica, las problemáticas de los dos tipos de lecturas, las de los textos escritos y las de las imágenes. sea cual fuere su soporte,  nos permiten una mejor comprensión de un época histórica de intensas transformaciones sociales y culturales, no solo en España, sino en toda Europa y el papel que jugaron los modos de ver en todo ese proceso.

Visibilidades diferenciadas: Usos sociales de las imágenes en la España isabelina (Pulsar para descargar)