Primeras indagaciónes sobre las imágenes fotográficas cómo fuentes para la Historia. Un texto para las Jornadas Antoni Varés de 1990

Hay momentos en los que, sin saberlo, se abre una puerta en nuestras vidas que tendrá un largo recorrido.  Su inicio es generalmente fruto de la casualidad y solo en el transcurso del tiempo aprecias su verdadera dimensión. Esa es la percepción que yo siento hacia la ciudad de Girona y sus Jornadas Antoni Varés de Imatge i Recerca que comenzaron en 1990 y que en aquel año, por pura casualidad, yo envié una comunicación a esa primera convocatoria sin saber que a partir de ese momento unos fuertes lazos intelectuales y emocionales me acabarían ligando a un proyecto que hoy es un referente europeo en torno a las imágenes, los archivos fotográficos  y su investigación y difusión. Un lugar donde cada dos años nos damos citas especialistas de todo el mundo interesados en las imágenes fotográficas y sus múltiples dimensiones culturales. Yo he sido un asiduo participante desde 1990 a todas las citas excepto a la de 2004 que no pude asistir por tener una intensa agenda en un cargo público que me lo impidió y las de 2016, recien finalizadas, que me han coincidido con un viaje a Chile de dos semanas. A lo largo de éstos días he sentido mucho no reencontrarme con tantos y tan buenos amigos que allí nos damos cita, y aunque dejé hechos “los deberes” para el homenaje colectivo que en las Jornadas se le rindieron a nuestro inolvidable Ángel Fuentes de Cía, el recuerdo de ésta cita estuvo en mi ánimo durante todo el viaje al país Austral.

Cómo muy bien explica la denominada “Teoría del Mundo Pequeño” todo está más conectado de lo que parece a simple vista; así que un día que me encontraba al sur de Chile, en el archiplelago de Chiloé, visité una pequeña localidad llamada Castro que tiene unos palafitos con casas de colores que recuerdan mucho a Girona y paseando por el interior de sus calles fuí a recalar a un pequeño restaurante “Mar y Canela”, que se encuentra en una de las construcciones sobre el mar. Es un lugar maravilloso que llevan un matrimonio chileno desde hace 5 años, Alejandra y Mauricio. Alejandra es la maitre y Mauricio es el cocinero, que se formó con Ferrán Adriá y su padre era un catalán  (de Tarragona, según me dijo), que se instaló allí hace algunas décadas. Con los exuberantes productos australes que el mar y la tierra proporcionan Alejandra y Mauricio ofrecen una carta exquisita que tiene los ecos experimentales del universal cocinero catalán, y es un lugar en la Tierra donde tocas por unas horas el Cielo con los dedos, no solo por los platos que elaboran y las variedades de vino que ofrecen sino por el lugar y el sentimiento de hospitalidad que te envuelve. Un lugar para volver o para descubrir en algún momento de nuestra vida…

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Palafitos en Castro. Archipielago de Chiloé (Chile), donde se encuentra “Mar y Canela”   (Foto: Bernardo Riego. 2016)

Pero hablemos un poco del texto que ofrezco hoy, que para mí fue el comienzo de una intensa relación con Cataluña. En 1990 estaba yo comenzando mi tesis doctoral, me habían concedido una generosa beca de Investigación y estaba en un Departamento universitario especializado en Historia Política de la Época Contemporánea. en aquellos años además de los esfuerzos de la Fotohistoria que se habían dado en la década de los años ochenta y que estaba desconectada de las prácticas universitarias, para los historiadores profesionales lo de usar fotos  no lo veían más utilidad que la de ilustrar los textos, así que yo tenía el reto de construir con los documentos visuales un discurso que se equiparase al de la tradición escrita y que no se quedase en una aproximación banalizadora. Tuve la suerte de contar con el apoyo y el ánimo de mi directora de Tesis, la profesora Ángeles Barrio Alonso, con la que tengo una deuda permanente por todo lo que aprendí con ella y con su exigencia de que fuese siempre riguroso en mi trabajo. Así que empecé por el comienzo, indagando en torno los modelos metodológicos de la historiografía par apoder acoplar a su tradición los nuevos textos visuales. Ese fue el objetivo de mi texto que lo hice para presentarlo en las Jornadas Antoni Varés, cuya primera convocatoria nos llegó al Departamento y alguien me señaló que tal vez sería una oportunidad interesante de aportar alguna de las ideas con las que estaba trabajando. Envíe el texto con unas imágenes y recuerdo aquel encuentro en el “Institut Vell”, en la parte histórica de Girona junto a la Catedral. Ya entonces me dí cuenta de que había descubierto un espacio donde podía expresar mis reflexiones en torno a mi trabajo investigador y que podía ser mi “laboratorio” para indagar con plena libertad en propuestas e ideas en torno a la historia de las imágenes. Una de las cosas que ya entonces me gustó mucho era la preocupación de los organizadores para contar con todas las personas y tendencias que estaban trabajando en Historia de la Fotografía y no ser excluyentes con nadie. Cuando fuí conociendo más a Joan Boadas, el alma mater de las Jornadas, al que hoy me une una sólida amistad, labrada en muchos años, entendía que Girona y sus Jornadas Antoni Varés era un lugar en el que merecía la pena estar. Luego conocí la aventura de Joan Boadas y su equipo y la visión del alcalde Joaquim Nadal de crear con la impresionante colección de Tomás Mallol, el Museu del Cinema,  que colocó a la ciudad catalana en el mapa internacional de la cultura de las imágenes.

El texto que propongo hoy en la bitácora, me parece ahora muy modesto comparado con otras aportaciones posteriores, pero tiene la curiosidad de ser un trabajo muy inicial pero que ya apuntaba lo que luego consolidé en textos posteriores. Lo incluyo hoy como homenaje a tantos amigos y amigas con los que tanto aprendo y disfruto en las Jornadas que cada dos años celebramos y que llevan por nombre el de un fotógrafo cineasta y cartelista innovador gironí, Antoni Varés, que vivió los excitantes años de la modernidad que desembocaron en la experiencia republicana y tuvo que sufrir, cómo tantos autores valiosos de su época, el tiempo de silencio y la grisalla del franquismo.

La Fotografía como Fuente de la Historia   (Pulsar para descargar)

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Entender las imágenes más allá de la visión artística, en su dimensión social y cultural fue el punto de partida para convertir las fuentes visuales en textos historiográficos. Grabado de una exposición de pinturas en Madrid en 1851.

Las tarjetas postales ilustradas cómo instrumentos de propaganda visual. Recuerdos de la Primera Guerra Mundial. Un texto interactivo de 2014

La tarjeta postal ilustrada ha sido uno de esos materiales visuales que durante mucho tiempo me han fascinado y atrapado mi interés investigador. En 1997, con motivo de la catalogación de las colecciones de la ciudad  de Santander para la Fundación Botín, publiqué una reflexión que está en otra parte de ésta misma bitácora y que se puede consultar aquí. Elaborar una historia de las postales en España fue un proyecto que tenía en cartera desde hace muchos años, y mi buen amigo, el editor Juan Carlos Luna, me pidió que lo abordase para la editorial Lunwerg, pero otras obligaciones me fueron absorbiendo, y en 2010 tuve la suerte de reencontrarme con Esther Almarcha e Isidro Sánchez de la Universidad de Castilla-La Mancha, que estaban trabajando sobre los materiales Ephémera, entre las que se incluyen a las tarjetas postales, habían publicado un trabajo sobre la tarjeta postal junto a Rafael Villena, profesor de Historia Contemporánea en la misma Universidad que Esther e Isidro y me animaron a participar con ellos en un proyecto amplio y ambicioso que dio lugar a “España en la Tarjeta Postal, Un Siglo de Imágenes” que apareció en la editorial Lunwerg en 2011. Aprendí mucho trabajando con todos ellos.

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Portada del libro sobre la historia de la tarjeta postal en España que publicamos en 2011

El libro fue un éxito de ventas, y entre las satisfacciones de ese libro, para mí, hay una muy íntima y personal, y fue que la selección editorial final la hizo conmigo en la sede de la editorial Planeta en Barcelona, mi buen y siempre querido amigo Andreu Gamboa, ya muy enfermo pero que hizo un esfuerzo muy grande para estar en el libro, y con su experto ojo editorial y esa elegancia que siempre tenía para las ediciónes, realizó la última criba de una selección en la que participamos además de Isidro, Rafael y Esther, Martín Carrasco, el mejor coleccionista de postales que tenemos en España y Oscar Fernández Olalde, un documentalista exquisito y eficiente que digitalizó y preparó las miles de imágenes que compusieron el proyecto. A mí me tocó hacer el papel de editor del libro y de escribir la parte de la postal a partir de la posguerra, pues la editorial nos propuso que abordáramos también la tarjeta postal de la época franquista y creo que la selección funcionó muy bien en el conjunto aunque esa etapa por la diferente calidad con la edad de oro de la tarjeta postal española que fue de 1896 hasta 1920 (hay opiniones sobre el cierre de esa etapa dorada, pues otros autores la cierran antes), a todos nos daba un poco de miedo mezclar épocas tan dispares, pero la aventura salió bien.

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Aunque hoy nos parezcan ingenuas y un tanto burdas, las postales de la Primera Guerra Mundial se emplearon en ambos bandos muy a fondo en funciones de propaganda.

La tarjeta postal tiene muchas posibilidades de investigación y una de ellas está vinculada con la evolución de la propaganda visual en el siglo XX. En 2014, cuando comenzó a celebrarse el centenario de la primera guerra industrial de  la historia, que cambió Europa para siempre, yo estaba trabajando en la Universidad de Cantabria aspectos referidos a la Opinión Pública desde la perspectiva histórica contemporánea y resultaba fascinante que mientras los estados mayores europeos involucrados en la guerra, despreciaban las posibilidades propagandísticas del cine, por lo menos hasta 1916, los editores de postales publicaron miles de imágenes que operaban como fragmentos de propaganda y cumplían las extensas funciones que las imágenes tenían ya en el entonces incipiente siglo XX. Además la Primera Guerra Mundial tuvo aspectos curiosos y que no se repitieron después, por ejemplo, que en las trincheras hubiese fotógrafos tomando escenas privadas para el recuerdo. Que existieran compañías como Eastmant Kodak estimulando la venta de cámaras “de soldado” en el frente. Ese cruce entre postales de propaganda, imágenes privadas en formato postal de la cruda vida en las trincheras, y algunos fragmentos de un cine aparentemente informativo, pero que en su mayor parte es reconstrucción, me incitaron a preparar un material ineractivo en pdf que mostré a mis alumnos de Historia de la Opinión Pública en la Universidad de Cantabria y que ahora pongo a disposición de los seguidores de ésta bitácora, cada vez más numerosos. No es un texto cómo los anteriores. Se trata de una presentación en pantallas interactivas por las que se puede navegar y visualizar aspectos diversos de las imágenes de propaganda y privadas de la Primera Guerra Mundial. He colocado incluso dos documentos cinematográficos que están incrustados en el pdf y se ponen en movimiento al pulsar sobre ellos. Cómo se trata de tecnologías de edición todavía muy nuevas, no es satisfactorio su uso en todos los dispositivos, sobre todo en las tablets y dependiendo del programa que lo visualice, los videos no se mueven. De todos modos he puesto un indicador en amarillo para señalar los  videos que tienen movimiento en el documento.anuncio

Anuncio de cámaras para tomar fotos privadas en los frentes de combate, una práctica que no se repetiría ni en la Guerra Civil española ni en la Segunda Guerra Mundial donde las funciones de Inteligencia de los Estados Mayores fueron ya mucho más elaboradas.

En otra entrada insertaré un texto publicado en la revista Fotocinema de la Universidad de Málaga en 2011, que elaboré a partir de la publicación del libro, pero eso será más adelante. Espero que los interesados disfruten con ésta modalidad de texto interactivo, diferentes a los escritos pero que también aportan mucha información y sugerencias.

La guerra de las imágenes   (Pulsar para descargar)

Orígenes del periodismo gráfico en la España del siglo XIX en un homenaje al maestro José Altabella. Un texto de 1997.

Tras haber publicado “Cien Años de Fotografía en Cantabria”, en la editorial Lunwerg en 1986, con la impagable ayuda del fotógrafo santanderino Ángel de la Hoz, estuve publicando en la prensa local y en algunas revistas,   artículos sobre historia de la fotografía. Había un tema que me interesaba sobremanera y era lo referente a la información gráfica. Entre 1976 y 1984 yo trabaje cómo redactor gráfico en un periódico de mi ciudad natal. Todavía era una época en la que al redactor que escribía se le consideraba más importante en las redacciones que al que narraba la actualidad con su cámara. Para mí fueron unos años muy excitantes. No hace mucho hablaba de ellos con mi colega y buen amigo  Ramón Esparza, de la Universidad del País Vasco, que fue también redactor gráfico en años similares y coincidiamos en que es una profesión en la que se envejece mal, pero en la que tienes el privilegio de ver las capas de la realidad que constituyen lo cotidiano, por la variedad de temas a los que puedes asistir en un mismo día.

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Luis Udías (Pressman). Informadores gráficos locales y nacionales posando con motivo de la Primera Asamblea de la Prensa en España celebrada en Santander. (Agosto 1922).

A finales de la década de los 80 publiqué un artículo sobre periodistas gráficos en la prensa santanderina. En él, inserté por vez primera una fotografía de un grupo de fotógrafos de prensa de Madrid y Santander que había tomado Luis Udías, uno de los reporteros gráficos que trabajaban en la época, y  que en la década de los años veinte publicaba fotos de Santander en la prensa gráfica de Madrid sobre todo de las estancias veraniegas del rey Alfonso XIII y su familia. Su hija, Pilar Udías, la primera locutora de Radio Santander, poseía ésta imagen con algunos efectos personales de su padre y me la prestó,  pero desconocía los datos. Eran unos años en los que no disponíamos de las fuentes de consulta que ahora tenemos, así que puse un píe muy genérico y por el tipo de cámaras que usaban y los años en los que trabajaron avancé la fecha de 1925 como posible para la fotografía que ahora reproduzco en la bitácora.

Pocas semanas después de la publicación, cuando ya las páginas de un periódico solo sirven para las hemerotecas y para envolver algo con ellas (pues nadie se imaginaba que un día los periódicos no serían solo de papel sino del intangible material digital que ahora son), recibí una carta de la Universidad Complutense del Profesor José Altabella, interesandose por la imagen inédita que había puesto en página y corrigiéndome la fecha, pues, me decía, pertenecía a la Primera Asamblea (o Congreso) de la Prensa que se celebró en Santander en Agosto de 1922.

Así nació mi relación con una de las grandes figuras de la historia del periodismo español del siglo XX y desde luego el padre de la documentación gráfica desde sus clases en la Escuela de Periodismo y luego en la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense. A mí los documentalistas gráficos siempre me han fascinado; en mi redacción teníamos uno, Pascual recuerdo que se llamaba, al que le decías que necesitabas una foto de una vaca en la que se viera al lado un seiscientos para ilustrar un artículo que estabas a punto de enviar a talleres, y Pascual se ponía a bucar en un montón de sobres que tenía en su pequeño cuarto y, casi por arte de magia,  al cabo de unos minutos mandabas al taller del fotograbado la foto de la vaca con el seiscientos. Entonces no había bases de datos ni textuales ni gráficas, todo estaba en la cabeza de documentalistas como el nuestro. Los metadatos de las imágenes, si se las podía llamar así, eran lo que venía en el reverso de la foto en papel, y lo único que a personas como a mí me preocupaban, porque estaba generacionalmente muy sensibilizado, era que apareciera en todas las imágenes publicadas el nombre del autor de la fotografía, algo que a los periodistas más veteranos era un tema que no les importaba entonces demasiado.

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El dibujo informativo creó un lenguaje narrativo en el siglo XIX antes de la hegemonía de la fotografía como sistema de información en la prensa. José Luis Pellicer, corresponsal gráfico en la guerra Ruso-Turca en 1877 para “La Ilustración Española y Americana”.

Coincidí con José Altabella en algunos congresos sobre imagen fotográfica y me encontré con una persona de una enorme amabilidad y que desprendía sabiduría por todas partes. Al respeto que le profesaba se sumó un gran afecto hacia su persona y su extenso conocimiento de las infinitas facetas de la historia del periodismo, que fue lo que me hizo participar, cuando falleció, en el libro homenaje que la Universidad Complutense le dedicó y que se publicó en 1997.

Cómo homenaje al Profesor (siempre con mayusculas) José Altabella, aporté el texto que hoy ofrezco que es una historia de los orígenes de la información gráfica en España en el siglo XIX cuando la Fotografía, por limitaciones tecnológicas que se resolveran paulatinamente a partir de 1880, no podían publicar imágenes directas, esto es, con aspecto fotográfico en en las páginas de la prensa. En estos momentos estoy desarrollando una investigación que irá viendo la luz sobre los orígenes del fotograbado y la prensa gráfica en España que darán lugar a un nuevo espectador de la modernidad. Éste texto que hoy ofrezco para su descarga forma parte de un trabajo que luego desarrollaría en mi libro “La Construcción Social de la Realidad a través de la Fotografía y el grabado informativo en la España del siglo XIX” que, ahora, puede consulltarse en Google porque lo digitalizaron de un ejemplar existente en una universidad americana. El texto homenaje al Profesor Altabella lo escribí un año antes de redactar el libro.

Orígenes de la información gráfica en España en el siglo XIX   (Pulsar para descargar)

Reflexiones en torno al análisis histórico de las imágenes fotográficas y a la búsqueda de herramientas metodológicas. Un texto de 1995.

Acabamos de pasar una fuerte ola de calor y tengo mis dudas que un texto como el que propongo sea el adecuado para un verano tan tórrido cómo el que estamos pasando, porque “La mirada fotográfica en el tiempo”, una ponencia que leí en un Congreso organizado por la Universidad de Extremadura en Noviembre de 1995, y que fue publicado al año siguiente en una monografía editada por Mario Díaz Barrado, es sin duda uno de mis textos más intensos en torno a una temática que en aquellos años me preocupaba

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Louis Figuier. La dama del espejo. (Ca. 1855). Esta imagen es un perfecto ejemplo de un juego de miradas históricas en torno a la representación fotográfica. Las significaciones para un espectador del siglo XIX son muy diferentes a las que tienen para quienes la contemplamos actualemente

mucho porque careciamos de estudios específicos al respecto, me refiero al análisis historico de las imágenes como fuentes del pasado y no como meras ilustraciones que puestas en página de modo acrítico, parecían evocar una realidad pretérita a la que no se le sometía a ningún tipo de crítica historiográfica, algo que si parecía imprescindible en los textos escritos.

Si la década de los años ochenta fue la de acometer la primera cartografía de autores e imágenes fotográficas existentes en la cultura española desde el siglo XIX, la década de los noventa fue la de avanzar en la integración de las fuentes visuales fotográficas en el ámbito del análisis histórico. Transitábamos un territorio muy fragmentado con procedencias epistemológicas muy diversas que procedían de visiones elaboradas desde la Historia del Arte, la Comunicación Visual, la Semiótica Estructural,  la Estética Visual, la Filosofía, la Antropología y algunas otras que convivían, en ocasiones sin tan siquiera reconocerse, aunque, de modo hegemónico y bastante acrítico, imperaba todavía entre nosotros en aquellos años la visión artística de la escuela “Newhall” que buscaba autores e imágenes para hacer un panteón utilitarista para el coleccionismo pero que de modo reiterado descontextualizaba los fenómenos culturales y comunicativos de las imágenes del pasado.

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Como caminan las personas gracias a la fotografía instántanea. Publicado por  Josef María Eder  en su obra: La photographie instantanée. (1888). La evolución técnica de la Fotografía ayudo a transformar la mentalidad cultural en torno a la realidad a quienes transitaron el tiempo que llevaría a la Sociedad de las Masas.

Este fue uno de los textos que elaboré en torno a dotar al análisis de las imágenes fotográficas de una serie de instrumentos de trabajo y en él aparecen ya elementos nodales de lo que serían mis trabajos posteriores en torno al espectador, a los modos de ver y contemplar una imagen del pasado con ojos presentistas y la necesidad de construir un discurso historiográfico en el que la propia imagen formaba parte de un relato mucho más complejo que lo que parecía mostrar su propia representación.

En el Congreso de las “Edades de la Mirada”, fue donde consolidé mi afecto por Mario Díaz Barrado, discípulo de Antonio Rodríguez de las Heras, pionero en el uso de las fuentes documentales no escritas. Su libro “Palabra de Dictador” (1985), analiza  los discursos de Miguel Primo de Rivera en el período 1923-1930 y lo hizo con una metodología de análisis  que fue muy novedosa en su momento. Había conocido a Mario en los encuentros que hicimos sobre imagen en la Universidad Carlos III de Madrid que coordinaban Carlos Serrano y Antonio Rodriguez de la Heras, y desde aquel momento hemos trabajo juntos en muchos proyectos, las aproximaciones de Mario Díaz Barrado sobre la fotografía en el campo de la Historia del Tiempo Presente son de una enorme utilidad metodológica y conceptual. También en aquel Congreso conocí a Javier Marzal, hoy una de nuestras mejores referencias en Comunicación Audiovisual, Javier acabada de publicar su estudio sobre las partituras de las películas de D.W. Griffith, acababa entonces de llegar de Estados Unidos donde había investigado un material muy poco valorado en la historia del primer cine que, a pesar de cómo se ha etiquetado, nunca fue mudo, y la música en la sala fue un elemento fundamental para crear la intensidad narrativa a las imágenes que se proyectaban. Javier Marzal y quien escribe ésta bitácora, amigos desde entonces, nos reconocemos en nuestra visión interdisciplinar y en no tener temor a explorar otros espacios culturales de las imágenes más allá de las cajas estancas en las que por inercia se mueve aun todavía una parte de la investigación sobre la cultura audiovisual contemporánea, donde las  imágenes fotográficas constituyen una parte imprescindible para entender todo ese tiempo que se configura en la Ilustración, atraviesa la cultura decimonónica y la modernidad y hoy en plena cultura de la posmodernidad se encuentra atrapada en los sutiles hilos de la Sociedad-Red. 

La Mirada Fotográfica en el Tiempo: Una mirada para su interpretación histórica    (Pulsar para descargar)

 

Publio López Mondejar y su papel como precursor de la Historia de la Fotografía en España. Un texto de 1998

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El escritor Julio Nombela con su familia en una fotografía hacia 1855 recogido en el libro de Publio López Mondejar en “El Rostro de las Letras” Debemos a Nombela una de las escasas autobiografías de las que disponemos  de autores del siglo XIX que mostró  con una precisión fotográfica a sus coetáneos y a su tiempo. (Biblioteca Nacional de España)

El pasado 11 de Junio la Real Sociedad Menéndez Pelayo inauguró en Santander la exposición “El Rostro de las Letras” un proyecto de Publio López Mondejar que ha puesto imagen a quienes desde el siglo XIX crearon cultura escrita en España, y que, gracias a una exhaustiva investigación llevada a cabo por Publio, aparecen ahora mirados por la cámara fotográfica, por lo que la dimensión de escritor se torna diferente al reencontrarnos con los autores en su ambiente visual. El resultado ha sido un paseo sugerente por multitud de escritores que han conformado nuestra realidad cultural y un preciado catálogo que permite contemplar el aspecto más personal y humano de nombres y firmas que escribieron sobre su tiempo y los valores de nuestro país a través de la literatura.

Para mí el reencuentro con Publio fue muy emotivo porque nos conocemos nada menos que desde 1981, cuando en el mes de Septiembre estaban Lee Fontanella, Marie Loup Sougez y Publio impartiendo un curso de verano en la Universidad Menéndez Pelayo y yo les hice una entrevista a doble página para el periódico en el que entonces trabajaba. Un año antes, Publio había publicado ya sus “Retratos de la Vida” con imágenes del fotógrafo manchego Luis Pérez Escobar, una obra que abrió el interés cultural por la recuperación de la Historia de la Fotografía en España y que culminó,  sin duda, con su entrada en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 2008, la primera vez que la Fotografía ha entrado en la Academia española.  Tras décadas de desidia y desinterés artístico y cultural, Publio consiguió la hazaña de que gracias a su extensa obra,  la cultura fotográfica obtuvo, por fin, el reconocimiento de una institución de la importancia de la Real Academia de Bellas Artes. Su discurso de ingreso que puede descargarse aquí,  constituye uno de los más hermosos textos que se han publicado en español sobre la Historia de la Fotografía, y es obra de un batallador infatigable en defensa de su valor cultural, una persona que nunca ha sido complaciente sino muy crítico con algunas actuaciones seudoculturales en torno a la Fotografía y que siempre se ha manifestado alto, claro y sin recovecos,con una sinceridad y honestidad que son sus señas de identidad y que se reflejan también en la enorme calidad de su trabajo. Por mi parte siempre he valorado la importancia de su obra, y así lo he manifestado en algunos de mis escritos en torno a la historiografía española que he ido publicando y que aparecerán en ésta bitácora en su momento. Además por algún hilo invisible que nos une, he estado presente en momentos muy centrales de su trabajo. El otro día recordábamos que estábamos juntos  cuando Juan Carlos Luna, el Editor, con mayúsculas, de la fotografía española y latinoamericana contemporánea a través de la editorial Lunwerg, decidió que Publio hiciese la trilogía de Las  Fuentes de la Memoria, un reto colosal que dió visibilidad internacional a la historia y a los autores de la fotografía española. Publio, Juan Carlos y yo somos muy amigos y nos debemos algún que otro paseo por el retiro madileño con la satisfacción de la huella dejada en el recorrido de nuestros respectivos trabajos.

El Rostro de las Letras en Santander

Del Izquierda a derecha, Raquel Gutierrez Sebastián, Salvador García Castañeda, Borja Rodríguez Gutiérrez, presidente de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, Publio López Mondejar, Celestina Losada Varea y Bernado Riego Amézaga, autor de ésta bitácora, en la inauguración de “El Rostro de las Letras” en la sala de exposiciones CASYC de Santander

En 1997 Publio cambió de formato editorial y publicó en  Lunwerg una Historia de la Fotografía en España que yo reseñé para el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y que ofrezco hoy en su versión pre-print para quien la quiera descargar. Fue un proyecto editorial de gran éxito y muy necesario en la oferta editorial española del momento, al que siguió en 2005 la versión de gran tamaño que fusionó y amplió el texto histórico con la trayectoria de recopilación visual que Publio había ido trazando en los años anteriores. Sin duda la obra central de la larga trayectoria profesional de Publio López Mondejar, un precursor de la Historia de la Fotografía en España que gracias a labores como la suya salió del corazón de las tinieblas en la que se encontraba hasta la década de los años ochenta del pasado siglo xx.

Recensión del libro Historia de la Fotografía en España

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Experimentos informativos en la guerra de África de 1859, un texto en homenaje a Alfonso Braojos publicado en 2001

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“El general Prim y sus ayudantes”. Una de las imágenes procedentes de la fotografía de Enrique Facio que fue publicada  en el libro de Pedro Antonio de Alarcón y en la revista ilustrada “El Museo Universal” en 1860.

Entre la guerra de Crimea de 1853 a 1854 y la guerra civil norteamericana de 1861 a 1865, tuvo lugar una contienda que fue uno de los escasos momentos de gloria y autoestima desbordada para el nacionalismo español decimonónico. Como han recordado los historiadores, España tuvo la sabiduría de no embarcarse durante el siglo XIX en ninguna guerra internacional relevante como había hecho con tanta profusión en los siglos anteriores, y la Campaña de África emprendida por el presidente Leopoldo O´Donell entre 1859 y 1860 fue uno de los escasos episodios bélicos acaecidos, junto al posterior apoyo al Emperador Maximiliano en México que acabó muy mal en 1862 con el general Juan Prim comandando las tropas españolas y el episodio de la  Guerra del Callao entre 1865 y 1866. En 1898, la humillante derrota en la guerra de Cuba frente a un moderno ejército norteamericano fue sin duda el amargo reverso de un episodio, el de la contienda africana,  que fue la que en 2001 denominé en el texto que ofrezco hoy cómo la primera guerra mediática española, porque el sistema informativo liberal estaba ya lo suficientemente desarrollado en aquellos años que se había consolidado el denominado periodismo de pluma y lápiz,  llamado así porque contaba el acontecimiento con la pluma y lo mostraba con los dibujos informativos hechos a lápiz. Además, la Fotografía comenzó a tener presencia en la visualización de los conflictos cuyas primeras imágenes no mostraban la realidad de las batallas sino la épica de la guerra, un concepto que entonces apenas se ponía en discusión en la sociedad.

La guerra de África, emprendida en 1859 por el general O´Donell, tuvo una gran importancia en el imaginario español, se publicaron una serie de libros de los que el más conocido fue el de Pedro Antonio de Alarcón: Memorias de un testigo de la guerra de África, una suerte de diario de la guerra que fue publicada por entregas con imágenes sacadas de dibujos o de fotografías. También  aparecieron pliegos de cordel exaltando al figura del general Prim mientras que pintores como Fortuny reflejaron la gloria de la guerra y todavía en mi infancia se cantaban algunas canciones de la victoria y ocupación de Tetuán, hoy ya olvidadas definitivamente. Hoy muy pocas personas saben que los leones que flanquean el Congreso de los Diputados -el león es el símbolo de España- se fundieron con los cañones capturados al enemigo en ésta contienda que dejó toda una mitología que perduró durante muchos años y que desde luego tuvo una percepción social y política muy diferente a los conflictos africanos españoles de las primeras décadas del siglo XX.

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Grabado informativo mostrando la entrada en Madrid el 11 de mayo de 1860 de las tropas victoriosas de África al mando del general O’Donell, una visualización que la imagen fotográfica no podía lograr con ésta capacidad de síntesis visual en la época. Publicada en “El Museo Universal” 20-V-1860

En mi caso, la contienda de África fue objeto de interés desde la perspectiva infomativa y por la existencia de un álbum fotográfico en el Palacio Real de Madrid del que no sabíamos nada de su génesis en aquellos años, pero con la evidencia de que algunas de las fotográfias habían sido trasladadas a dibujos para el libro de Pedro Antonio de Alarcón y en algún caso se habían publicado en la prensa ilustrada de la época siguiendo las normas informativas entonces vigentes. Mis trabajos de investigación me llevaron al Museo del Ejército y al Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares donde se conserva la documentación de la presidencia de Leopoldo O´Donell. Aquellas pesquisas dieron como fruto un apartado de mi tesis doctoral defendida en 1998, y éste artículo que publiqué como homenaje al profesor y director de la Hemeroteca del ayuntamiento sevillano, Alfonso Braojos en 2001, en un libro que publicó la Universidad de Sevilla en su facultad de periodismo donde era profesor.

Conocí a Alfonso Braojos en el Seminario que en 1995 organizaron Antonio Rodríguez de las Heras y Carlos Serrano en el Instituto de Investigación Miguel de Unamuno de la Universidad  Carlos III de Madrid. Allí nos dimos cita un grupo de investigadores en torno a las imágenes fotográficas que intercambiamos conocimientos, metodologías de trabajo y sobre todo entusiamo, mucho entusiasmo, en unos años en los que la imagen fotográfica estaba por fin siendo atendida en los estudios históricos, algo inédito hasta entonces y estaba casí todo por hacer. Alfonso Braojos era un participante activo en torno a las imágenes de prensa de su muy querida Sevilla y era muy fácil tenerle aprecio por su pasión por la historia del periodismo y por su personalidad abierta y cálida. Lamentablemente una breve y fulminante enfermedad en 1999, hizo que perdieramos a una excelente persona y aun más que excelente historiador y ese fue el sentido del homenaje que una serie de colegas le rendimos. En mi caso con un tema que combinaba historia de las imágenes con historia del periodismo y que hoy ofrezco para su descarga a quienes estén interesados.

No he sido, ni mucho menos, el único autor que se ha interesado por la guerra de África en su dimensión fotográfica y mediática. Para poder entender éste  momento histórico, son imprescindibles los trabajos de Juan Antonio Fernández Rivero que en 2011 en un esplendido estudio, desentrañó el papel de Enrique Facio como fotógrafo de la contienda y que puede consultarse aquí. Con anterioridad, Juan Antonio Fernández Rivero, con el rigor al que siempre nos tiene acostumbrados, había ya publicado otros estudios sobre éste tema a partir del papel que jugó el puerto y la ciudad de Málaga en la logística de la guerra, trabajos que son de lectura obligatoria  para los interesados en este momento de la historia de España. A  comienzos de 2016, Antonio David Palma Crespo,  ha defendido en la Universidad de Córdoba una tesis doctoral sobre éste tema, que sin duda enriquece el conocimiento de un momento tan singular, en el que la España del siglo XIX acariciaba la modernidad europea, con experimentos mediáticos en torno a la Campaña de África, mientras construía líneas de ferrocarril, tendía kilómetros de redes telegráficas y vivía en una euforia permanente que, en 1865, sumió a la economía nacional en una tremenda crisis, cuando estalló la burbuja ferroviaria, algo que recuerda un poco a los efectos y consecuencias  de la burbuja inmobiliaria que nosotros hemos conocido en éstos últimos años. Aunque la nuestra sea otra historia, por supuesto.

La Campaña de África de 1859, la primera guerra mediática española

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Algunas reflexiones sobre la fotografía de creación contemporánea en España. Un texto de 1999

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Ciuco Gutiérrez. Sueños de dominguero. (1998). Editada para El  Aula de Fotografía de la Universidad de Cantabria de Cantabria con motivo de su décimo aniversario

Cuando retornas a una bitácora como la que yo escribo y vuelves a ver la misma entrada, tienes la sensación de que el autor ha decidido ponerse a echar la siesta y  que desde el último esfuerzo, no está haciendo nada de nada. Aunque tener espacios de descanso es fundamental para crear algo nuevo  y con calidad, en mi caso la realidad es otra; con motivo de un decreto ministerial muchos de los que nos dedicamos a la docencia universitaria nos hemos visto en diversos tribunales que debían juzgar tesis doctorales del plan antiguo (siempre hay un plan antiguo y un plan nuevo que, de pronto, sin que nadie sepa muy bien porqué, también se volverá antiguo). Yo he estado en siete ú ocho tribunales, en algunos tan solo de suplente, pero he tenido la fortuna de participar en varios de muy enorme calidad como el que tuvo lugar en la Universidad de Barcelona sobre la figura del fotógrafo e industrial gallego Pedro Ferrer, un autor ya imprescindible de la fotografía española con conexiones argentinas que ha recuperado con enorme esfuerzo la profesora Ana María Baldani Cámara con la sabia dirección de Dolors Tapia. Fue una excelente oportunidad de reencontrarme con buenos y viejos amigos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona y recordar su espíritu siempre tan activo.

En ese peregrinar de Universidad en Universidad un buen día en el que la bitácora seguía con el mismo aspecto, estuve en la Universidad de Navarra, en un tribunal de la que fue presidenta María de los Santos García Felguera, y donde nos tocó juzgar un excelente trabajo de Laura Torre Vall sobre un tema que nos faltaba en la historiografía española, la significaciones de los álbumes de viajes del XIX. Mari Santos García Felguera, comentaba certeramente que, gracias a la extinción del plan antiguo, la investigación en Fotografía ha dado en los últimos meses un gran avance entre nosotros y en el caso de la Universidad de Navarra, la impronta de Asunción Domeño, la directora de la tesis de Laura, ha posibilitado que en ésta universidad privada, el nivel de investigación sobre Historia de la Fotografía sea dese hace muchos años un referente de primer nivel. Lo dije públicamente en el acto académico en la sala imponente donde nos pusieron y lo repito aquí, porque el trabajo de calidad debe reconocerse y el de Asunción Domeño lo es y mucho. Por la tarde estuvimos en el Museo de la Universidad de Navarra viendo con Valentin Vallhonrat algunas de las joyas de la colección fotográfica que han ido componiendo en estos años. Me emocionó el exquisito cuidado con el que Valentín y su equipo tratan a las piezas que conservan, que contrasta con el trato desaliñado de algunos materiales valiosos que veíamos en los años ochenta en otros centros donde había fotografías y para algunos de los que las custodiaban y no entendían su valor cultural y patrimonial eran más una molestía que materiales imprescindibles para poder entender nuestro tiempo. Tanto en Navarra como en otras citas anteriores los doctorandos recordaron la figura de Ángel Fuentes de Cía al que, a finales de éste año, dedicaremos un homenaje que será permanente en las Jornadas Antoni Varés de Girona, Ángel  ha sido una figura imprescindible en la formación de quienes, ahora sí, custodían, conservan y sobre todo, entienden, el valor que tiene para la sociedad nuestro patrimonio fotográfico.

Una vez que he demostrado ante los lectores de la bitácora que estas semanas no he estado tan inactivo como parece, paso a hablar un poco del texto que pongo hoy a disposición de los interesados y que escribí en 1998 aunque se proyectó en 1999, dos años que fueron muy  intensos en mi actividad. Con motivo de los diez años del Aula de Fotografía que dirigía en la Universidad de Cantabria, conseguimos un dinero del Consejo Social de mí institución y Ciuco Gutiérrez nos hizo una pieza maravillosa que envíamos a museos y centros culturales españoles y latinoamericanos titulada “Sueños de Dominguero”. El único centro artístico que rechazó una de los cincuenta ejemplares firmados que componían la tirada de la obra de Ciuco Gutiérrez, porque tenía entonces una política preventiva sobre donaciones,  fué el Guggenheim de Bilbao, pero hasta la entonces Ministra de Cultura, Esperanza Aguirre, nos envió una carta de agradecimiento y nos comunicó el ingreso de la pieza de Ciuco Gutiérrez en la colección del Museo Reina Sofía. Ese mismo 1998, a finales de año,  estuve en el jurado del premio nacional de Fotografía que otorgamos  muy merecidamente y en mí opinión, con mucho retraso,  a Joan Foncuberta. Creo que fue Humberto Rivas el que me propuso como miembro del jurado, y tal vez a resultas de esa participación, ya no me acuerdo muy bien,  el Ministerio me pidió  que hiciera un prólogo sobre fotografía de creación para un catálogo, “Propuesta 99”, que iba a exhibirse en lo que entonces era el Museo de Arte Contemporáneo y luego iba a viajar por Latinoamérica. Como he escrito ya con anterioridad, no me gusta nunca hacer textos de circunstancias e indefinidos, y decidí abordar algo  que me chocaba en aquellos años que yo estaba asistiendo a múltiples encuentros europeos, y era la disimetría entre la percepción que en España se tenía de la creación y de la cultura fotográfica y la fascinación europea del trabajo que estábamos haciendo aquí, así que no hice un texto cómodo para mí ni para los que me invitaron, sino que acometí una reflexión crítica reivindicando el papel de los creadores fotográficos y haciendo una prospectiva y sobre todo una perspectiva de su papel en una cultura del arte contemporáneo que se estaba transformando. No entendía la falta de autoestima de los creadores fotográficos españoles, como no entiendo ahora en estos años tan deprimentes que nos ha tocado transitar, que no pongamos en valor lo trabajado, lo construído y que somos, siempre lo somos, por mucho que lo olvidemos, la semilla del futuro y la referencia para otros que están recorriendo el camino detrás de nosotros y por eso debemos mantener el entusiasmo y creer en lo que hacemos.

Ahora cuando he releido el texto, me ha vuelto a parecer interesante y conserva bastante  de actualidad, y es la idea de que por encima de las dificultades, más allá de los desaciertos y de los posibles fracasos, persistimos un grupo pequeño pero sólido que  no hemos cejado en trabajar y en valorar la Fotografía como un bien cultural con todas las consecuencias y a todos ellos y ellas quiero dedicar éste texto arriesgado que publiqué en un catálogo del Ministerio de Cultura en el ya lejano año de 1999 y que no me parece que se haya quedado tan desfasado en estos raros tiempos que estamos ahora transitando.

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