Una entrevista a Susan Sontag en 1983, y los éxitos de una generación que sacó de las sombras a la fotografía española

Hace unos pocos meses hice una cosa que no recomiendo a nadie; subí al trastero de mi casa y me encontré cientos de libros, discos de vinilo, que mi hijo no entendía como podían contener música, y al fondo, en un rincon, me topé con un polvoriento AZ con multitud de artículos y entrevistas que había publicado hace años, cuando me dedicaba al periodismo y me comenzaba a interesar por la divulgación cultural de la Fotografía. Descubrir todo ese pasado apilado en un desván fue para mi un momento muy extraño, porque el tiempo, es decir, la materia de la que trata esencialmente la Fotografía, siempre nos enfrenta a un cierto abismo de nosotros mismos, como magistralmente intuyó Roland Barthes en “La cámara lúcida”.

En paralelo a esta incursión en mi pasado, me llegó la excelente noticia de la entrada en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, de José Aleixandre Porcar, donde hizo un discurso titulado: “Por la fotografía de prensa valenciana: del daguerrotipo a la imagen digital”. José Aleixandre forma parte de la generación que en la década de los años ochenta sacamos de las sombras a la fotografía española. Le conozco desde aquellos años, he seguido su esplendida trayectoria de fotoperiodista e historiador y su reconocimiento,  personal y muy merecido, es, de algún modo y al mismo tiempo, un reconocimiento a toda una generación que intuimos que las humildes y olvidadas imágenes fotográficas y quienes las habían realizado, tenían un gran valor cultural que personas como José Aleixandre supieron reivindicar de manera magistral, al mismo tiempo que otros autores los hicieron a lo largo del país. Constituimos un grupo pequeño pero sólido y persistente, y además, a diferencia de lo sucedido otros lugares, muchos salimos del propio medio fotográfico para poner en pie la historia de nuestra fotografía. Mi enhorabuena a José Aleixandre, amigo y compañero, por este merecido reconocimiento en una institución tan importante y en un lugar, Valencia, donde los orígenes de la fotografía española fueron tan singulares y notables.

Foto Susan Sontag

Susang Sontag en la rueda de prensa de la UIMP en agosto de 1983. De todas las fotos que la hice aquella mañana, esta es la única de la que dispongo en estos momentos hasta que encuentre los negativos que guardé en su día  (Foto: Bernardo Riego)

Entre los materiales que tenía ese polvoriento AZ que me encontré en el desván, apareció una entrevista que le hice a Susan Sontag en 1983 en la Universidad Menendez Pelayo de Santander y que reproduzco en ésta entrada de la bitácora. Ahora me tocaría decir que fue una experiencia maravillosa e inolvidable, pero ya estoy en una edad en la que no me gusta inventarme fantasías, y recuerdo que la entrevista fue un  poco desastre y que fue Susan Sontag la que, con gran profesionalidad, la salvó, pero vayamos por partes.

En 1983 la UIMP en su sede de Santander estaba en su apogeo, era una auténtica feria de las vanidades donde nos llegaban por unos pocos días los intelectuales que brillaban en “El País” y en otros medios orgánicos. Rutinariamente lo primero que decían era aquello de que Santander tenía un “marco incomparable”, luego se lamentaban de las malas carreteras que teníamos y en el fondo entendían que los locales que allí viviamos todo el año, estabamos un tanto asilvestrados comparados con ellos. Aquel verano de 1983, siendo ministro de cultura José María Maravall, se esperaba a Jorge Luis Borges (a quien fotografié pues era un apasionado de su literatura) y a Susan Sontag que entre los que nos dedicabamos a la cultura fotográfica era una autora imprescindible por su obra “On Photography”, una colección de artículos periodisticos y ensayos publicados en 1977 en torno al medio fotográfico que nos impactaron cuando se tradujeron en español, por primera vez en una edición argentina, en el escualido panorama editorial de entonces respecto a lo que se publicaba sobre los significados de la Fotografía. Susan Sontag venía a un curso que dirigía Vicente Molina Foix y presentaba una película que había realizado en Venecia: Unguided Tour (“Excursión sin guía”) también conocida como Letter from Venice. Yo hablé con mi redactor jefe y le relaté con pasión la importancia de Susan Sontag, aprovechó para encargarme dos tareas más, pero, a cambio, me “dió” media página en “las centrales” (que eran el escaparate entonces del periodico) para la entrevista.

Por la mañana asistí a la rueda de prensa en la UIMP y me fascinó la personalidad de Susan Sontag. Su mirada, que rezumaba inteligencia, iluminaba la sala donde la haciamos fotos (las mías las he guardado tan bien que ahora no las encuentro, solo la que publiqué con la entrevista).  Mientras sonaban los clics de las cámaras otros periodistas la hacian algunas preguntas. Yo pacté con ella una entrevista en francés y recuerdo que Vicente Molina Foix intentaba impedirlo pues no podía entender que un humilde periodista local quisiera entrevistar a la reconocida autora neoyorkina invitada a “su” curso. Pero fue Susan Sontag la que zanjó que haría la entrevista conmigo con la única condición de que fuese la media hora antes de que ella entrara al aula a presentar su película. Nos sentamos, mientras grababa con un magnetofón de aquellos que teníamos entonces, yo escribía, en una taquigrafía apresurada, detalles de lo que me respondía. Me acuerdo que  llevaba preparadas cuatro preguntas y en la primera, la autora se explayó 25 minutos, decía muchas vagedades pues creo que no estaba demasiado interesada en hablar de aquel libro publicado seis años atrás y que, en sus prácticas culturales anglosajonas,  ahora no era el objeto de su promoción.   Cuando acabó la primera pregunta, miró su reloj y me dijo que ya había acabado la entrevista, yo protesté y la comenté que no me parecía justo que hiciera respuestas tan largas, se lo pensó un momento… y me dijo que seguiriamos a la vuelta de su intervención en el curso, que la esperase… y cumplió su promesa y así nació esta entrevista que hoy ofrezco a quien la quiera leer ahora, después del tiempo transcurrido.

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Dedicatoria a mi ejemplar de la edición argentina de 1980 del libro “Sobre la Fotografía” que fue objeto de la entrevista con Susan Sontag en 1983

Desde aquella entrevista he conservado una enorme admiración por Susan Sontag, porque podría hacer una entrada en la bitácora de personajes que tras leerlos, se me han desvanecido, al entrar en contacto personal con ellos o con su ego, algo que a veces es dificil de discernir a quien conocí en realidad.  Pero, nunca ha sido el caso de esta autora norteamericana que tuve el lujo de entrevistar. Alguno de sus libros, como el dedicado al dolor, me parecen magistrales y vitales y su compromiso con Sarajevo en lo peor de la terrible guerra de Yugoslavia me reencontró con una persona coherente consigo misma y de una gran integridad moral e intelectual. En aquel ya lejano 1983, me dedicó su libro en torno a la fotografía, la envié mi artículo publicado y, supongo, que aquella entrevista con un joven y humilde periodista santanderino no dejó en ella ningún recuerdo. En mi caso esa memoria se ha activado por una inesperada subida al trastero de mi casa, a la  memoria tangible de mis actividades pasadas conservadas en las amarillentas páginas de un periódico cuando no nos podíamos imaginar que, un día,  las páginas de la prensa también se compondrían en el intangible material de los bits y de los píxeles.

Entrevista a Susan Sontag,1983  (Pulsar para descargar)

 

 

 

Un emocionado homenaje en memoria de Marie Loup Sougez, en una entrevista en 1982 y un texto suyo publicado en 1988

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Marie Loup Sougez en el Centro de Fotografía de Montevideo (CDF) en 2013

No hace tanto tiempo, Marie Loup Sougez y yo nos comunicabamos por correo electrónico. Le recababa algún dato para el trabajo que estoy haciendo sobre los orígenes del fotograbado en España y amable y afectuosa como siempre era, me confirmó algunos detalles. Mi relación con ella viene de largo, la conocí junto a Publio López Mondejar y Lee Fontanella en la UIMP, en Santander,  en el otoño de 1982 cuando los tres estaban codirigiendo un curso pionero sobre historia de la fotografía en España. Cada uno de ellos  había publicado ya sus trabajos que fueron para todos nosotros un referente en aquellos años en los que comenzó a recuperarse el valor cultural de la fotografía algo en lo que estabamos muchos en todo el país de un modo disperso. Recuerdo su figura, de aspecto frágil, pero dotada de una enorme elegancia personal y una gran amabilidad y cercanía. El curso se estaba desarrollando de un modo un tanto desapercibido dentro de aquella vorágine que era la UIMP en aquellos años, hablé con mi redactor jefe y me “dio” las páginas centrales para hacerles a los tres una entrevista que he rescatado y reproduzco aquí como una parte del pequeño homenaje que quiero hacer en esta bitácora a  una persona a la que siempre tuve en una gran estima y aunque es cierto que en los últimos años apenas tuvimos contacto personal, siempre nos reconocimos como amigos y dispuestos a compartir lo que fuera necesario en torno a la cultura de la fotografía y a su importancia.

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Detalle de la entrevista a Marie Loup Sougez, Lee Fontanella y Publio López Mondejar en el diario “Alerta” de Santander,  publicada el 11 de diciembre de 1982.

En 1988, acababan de comenzar los cursos de verano de la Universidad de Cantabria en la localidad de Laredo, y el rector de entonces, José María Ureña, me invitó a que organizase un curso sobre fotografía. Ya se había producido el congreso de Sevilla,  había publicado, con la ayuda de Angel de la Hoz, recientemente fallecido también, el libro Cien años de Fotografía en Cantabria, y conté con Marie Loup para el desarrollo del curso a lo que accedió generosamente como siempre lo hacía. También estuvo en aquellas jornadas Isabel Ortega que se había hecho cargo de la colección fotográfica de la Biblioteca Nacional aunque no publicó su texto. Al año siguiente pudimos editar el libro y hoy lo ofrezco aquí de modo completo, además del texto que hizo para el mismo Marie Loup y que se refería a su conferencia. Hay que entender esta publicación en el contexto de 1988, en unos años iniciales y en los que estábamos tanteando unas temáticas a las que se irían sumando investigaciones en los  años posteriores, aunque es justo decir que el texto publicado en Cátedra en 1981 y renovado posteriomente por Marie Loup Sougez, siempre fue un permanente referente para todos los que nos dedicábamos a indagar en la historia de la fotografía española. El curso tuvo un final magnífico cuando fuímos al estudio de Leoncio Marugan en Limpias y su hija Pilar nos hizo una foto de estudio con los materiales que usaba su padre que se hizo famoso a comienzos del siglo XX por las imágenes fotográficas del Cristo de aquella localidad del que se decía que era milagroso. He estado buscando la imagen para ofrecerla en la bitácora y prometo incluirla en cuanto aparezca porque es un recuerdo entrañable de aquellos años en los que tanto estaba por hacer y tanto nos quedaba por investigar.

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Portada del libro editado en  la Universidad de Cantabria del curso de Fotografía desarrollado en 1988 que  puede descargarse desde esta bitácora

Desde aquellos momentos he estado en contacto con Marie Loup a la que siempre consideré una buena amiga y alguien a quien sabías que podías preguntar y tener su ayuda cuando te surgía alguna duda o buscabas datos de algún autor al que estabas investigando. Siempre elegante y amable, era para todos una persona entrañable, unánimemente reconocida desde las diferentes posiciones que existen en la historiografía de la fotografía española.  Seguí coincidiendo con ella en diversas actividades que se programaron aquellos años, aunque constato que no nos habíamos visto personalmente desde hace ya algunos años.  En alguna parte he escrito que Marie Loup Sougez forma parte de la sólida tradición historiográfica francesa en fotografía con antecedentes tan importantes como la de Georges Pottonié. Ella siempre preservó también y difundió la obra de su padre Enmanuel Sougez y nos ha dejado una extensa obra bibliográfica en la que quiero destacar los libros sobre historia de la Fotografía que coeditó con Carmelo Vega, María de los Santos García Felguera y Helena Pérez Gallardo, que tan importantes son en estos momentos porque han introducido a tantos y tantos estudiantes en la historia de la fotografía española. Una especialidad a la que Marie Loup contribuyo en fechas tan tempranas a ponerla en valor y a contextualizarla en el panorama cultural europeo.

Este breve recuerdo quiere ser un humilde homenaje a una autora que tan importante ha sido para la historia y la cultura de este país y también, constituye el deseo de que su obra y su persona sean, en algún momento, objeto merecido de un reconocimiento que todos debemos a la generosidad intelectual y a la calidad humana de Marie Loup Sougez y a su interés por dedicarse a divulgar una parte tan importante de nuestra historia cultural como ha sido la Fotografía.

Entrevista a Marie Loup Sougez, Publio López Mondejar y Lee _Fontanella en 1982

Texto Marie Loup Sougez Curso Universidad de Cantabria en 1988

Libro completo La Fotografía y sus Posibilidades Documentales (1988)

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El daguerrotipo y su primera recepción en España. Un texto de 1998

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El autor de esta bitácora en la Academia de Ciencias de Barcelona ante la cámara daguerrotípica que Alabern vendió para la primera experiencia  en España, uno de los pocos ejemplares  del equipo comercializado por Giroux que se conservan en el mundo y que ha sido objeto de una reciente restauración por Martí Llorens y su equipo:  “Tempus Fugit Visual Projects”  (Foto: Martí Llorens, 2015)

Del mismo modo que ahora estoy publicando aspectos parciales y preparatorios de mi investigación sobre el espectador de la modernidad y la difusión del fotograbado en España, que cuminarán en una monografía en algún momento,  tras mi beca de investigación que que me llevó desde comienzos de los años noventa entre otros lugares al Instituto de Francia en París, donde consulté los documentos originales de la invención de la fotografía, con el nombre de daguerrotipo, fuí publicando aspectos parciales de mi trabajo en diversas revistas, lo que me permitió ir respondiendo a diversas cuestiones que me había planteado, ya que lo que se había publicado hasta la fecha me planteaba numerosos interrogantes.

En París descubrí una característica que es muy típica de nuestra cultura contemporánea de superficie, remedando un brillante concepto que acuñó  Umberto Eco, y era que muchos historiadores que abordaban la invención de la fotografía, citaban unos fragmentos del discurso de Arago, siempre los mismos, provenientes en su mayor parte del trabajo de Gisele Freund, cuando las actas mostraban un planteamiento mucho más interesante y complejo, y donde, de su consulta, emergían cuestiones de más calado que la limitada y entonces todavía persistente concepción historiográfica nacionalista de sí la fotografía la habían inventado, los franceses o los británicos, obviando que hubo hasta veinticuatro precursores, algunos como el propio Hippolite Bayard que en las actas de la Academia de Bellas Artes de París pide disculpas por haberse adelantado a Daguerre,  o el fascinante  Hercules Florence,  cuyos fondos se conservan en el Instituto Moreira Salles de Brasil a cargo de expertos como Sergio Burgi que está preparando una exposición sobre una figura que desde el etnocentrismo europeo ha pasado como periférico en la historia de la invención, pero que se trata de un personaje poliédrico que se interesó por muchas otras cosas además de la formación de las imágenes fotográficas.

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El daguerrotipo es un objeto tecnológico muy extraño visto desde nuestra experiencia visual actual.  Daguerrotipos de la colección Ángel Fuentes de Cía en el CRDI de Girona. (Foto David Iglesias)

La investigación en París me abrió perspectivas desconocidas a partir de las Actas de la Academia de Ciencias, comprendí que lo que se estaba dirimiendo a partir de Enero de 1839, era la presentación política de una nueva tecnología que daba respuesta al problema del facsimil que, al menos, desde el siglo XVIII estaba latente en las sociedades occidentales y el daguerrotipo, a pesar de ser tan disruptivo por su intervención sobre la realidad, era una solución imperfecta porque, como muy bien escribió André Rouillé en su día, se trataba de una semi-respuesta, y en las actas se demuestra que con el proceso daguerriano se intentaba enlazar con la tradición de la estampa y la imprenta, porque se pensaba que las imágenes invertidas lateralmente que captaba la cámara daguerrotípica, serían finalmente planchas que adecuadamente tratadas podrían reproducir las imágenes en la imprenta, algo que no ocurrió y hubo que esperar décadas para que la fotografía pasara con su aspecto tonal al papel impreso, gracias al fotograbado.

En mi caso en aquellos años tenía una pregunta que me inquietaba y movía mi investigación, ¿Cómo era posible que personajes jóvenes entonces, pero que fueron luego tan importantes en la ciencia española del siglo XIX, se interesaran por el daguerrotipo, y apenas dos años después se olvidaran del mismo? Eso me llevó a indagar las cuestiones singulares de la recepción española antes de que llegaran los primeros daguerrotipistas comerciales y el papel jugado por un grupo de científicos en Barcelona, Madrid y Valencia que usaron la nueva tecnología como un argumento reivindicativo del nuevo mundo científico europeo frente al conocimiento escolástico que todavía campaba, aunque ya de modo terminal,  en las universidades españolas en 1839.

Este texto fue publicado en una de las revistas de divulgación histórica más leídas en la época, Historia 16, y en aquellos momentos la historia de la fotografía no era una temática de interés en este tipo de publicaciones, pero me encontré, creo recordar que en la UIMP, con el director de la revista, David Solar, le conté sobre lo que estaba investigando y me animó a que enviase una aportación que es la que hoy ofrezco para quien esté interesado y que luego ampliaría en mi libro “La Introducción de la Fotografía en España”.

El pasado mes de noviembre, en el homenaje a Miquel Galmes, fundador del Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña, coincidí con Jep Martí, que ha seguido trabajando en este momento tan interesante de la primera recepción de la fotografía en España y así lo ha reflejado en su bitácora en una entrada de lectura imprescindible, y coincidíamos que para los científicos que se interesaron en difundir o practicar la invención de daguerrotipo, aquello no fue más que una de las muchas intervenciones reivindicativas que tuvieron y Jep, que ha estudiado las memorias de Monlau, ha comprobado que apenas muestra interés por esta cuestión como tampoco lo haría Juan María Pou y Camps que teorizó por primera vez en la historia de la fotografía sobre las posibilidades fotométricas de la cámara daguerrotípica, una cuestión a la que el tampoco le dio entonces la importancia que los historiadores de hoy apreciamos.

El Daguerrotipo, primera difusión y respuestas en España a la invención de la Fotografía (1839-1841)              (Pulsar para descargar)

Andrea Cuarterolo, un proyecto de encuentro, y la integración de la historia de la fotografía y del cine en la cultura Argentina, un texto de 2015

A finales del mes de mayo viajé a Barcelona para culminar un largo proyecto de encuentro que teníamos pendiente desde hace muchos años Andrea Cuarterolo y yo. Andrea es una de las más prometedoras investigadoras latinoamericanas sobre historia de la fotografía y del cine,  desde el CONICET y la Universidad de Buenos Aires donde ejerce su extensa labor. Su trabajo “De la Foto al Fotograma. Relaciones entre Cine y Fotografía en la Argentina (1840-1933) “ publicado en 2014, abre una nueva línea de indagación en torno a culturas visuales que siempre se han interpretado estancas cuando en realidad forman parte de una misma raíz cultural común. Con su importante libro, Andrea Cuarterolo demuestra que la cultura adopta diversas formas narrativas en lo visual que permiten entender fenómenos que van más allá de las apariencias icónicas y que permiten indagar en cuestiones centrales de la cultura y de la sociedad, en su caso en la conformación de la identidad cultural argentina en el reto de su modernidad frente a las transformaciones que estaba propiciando la inmigración europea, mas recientemente, “Pantallas Trasnacionales. el cine argentino y mexicano del periodo clásico” publicado por la Cineteca Nacional de México del que ha sido editora junto a Ana Laura Lusnich y Alicia Aisemberg, indagan sobre los dos paises tractores en lengua española del cine latinomericano en el decisivo periodo de consolidación de los años 30 a los años 50 del siglo XX y ofrecen un panorama muy rico desde los comienzos del sonoro en unas filmografías e industrias que tienen muchos puntos culturales en común con la nuestra, y al mismo tiempo evidentes diferencias por los contextos políticos y sociales del periodo.

Andrea y Bernardo.Museu del Cinema

Andrea Cuarterolo y el autor de esta bitácora, Bernardo Riego, en la entrada del Museu del Cinema de Girona a finales de mayo de 2018

Andrea Cuarterolo es tambien junto a Georgina Torello directora de una influyente y excelente revista sobre orígenes del precine y del cine silente latinomericano, Vivomatografías que ya va por el tercer número y se está preparando el siguiente en estos momentos. Donde nosotros decimos cine mudo (que nunca lo fue realmente) nuestros colegas latinomericanos escriben cine silente, y abordan una problemática extensa y compleja en un continente que durante mucho tiempo ignoró, como ocurrió en España, la importancia del cine de los orígenes en la construcción de imaginarios sociales y culturales tan diversos, aunque es justo decir que en estos momentos en latinoamérica existe un interés creciente por parte de los países en rescatar y conservar su patrimonio cinematográfico en las cinetecas que se han ido creando y consolidando.

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Portada del libro de Andrea Cuarterolo “De la Foto al fotograma” editado en 2014

Tuve la fortuna de conocer a Andrea Cuarterolo por varios hechos fortuitos pero todos entrelazados entre si. En la década de los años 90 yo participaba en la distancia de los encuentros sobre fotografía argentina que hacían Abel Alexander y Miguel Ángel Cuarterolo, envié algunos textos que me publicaron en las actas y siempre nos hicimos promesas de conocernos personalmente. En el año 2000 Miguel Ángel Cuarterolo publicó un hermosisimo libro titulado “Soldados de la Memoria. Imágenes y Hombres de la guerra del Paraguay”  que coincidió en la época con otras tres que marcaron a la Historia de la Fotografía, la de Crimea, la de África de la que ya he hablado en esta bitácora y la de la Guerra Civil Americana. El libro me llegó de la mano de Ángel Fuentes en 2002 y cuando iba a escribirle para agradecérselo, me llegó la mala noticia del inesperado fallecimiento de Miguel Angel, con el que perdimos a unos de los  historiadores de la fotografía argentina más vital e interesantes con el que compartíamos el amor por esta fascinante disciplina, En 2005 en una intervención a la que me invitaron en la Universidad Jaume I de Castellón, dediqué mi conferencia y mi texto “al soldado de la Historia de la Fotografía Argentina, Miguel Ángel Cuarterolo”.

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Con Martí Llorens y Rebeca Mutell en su taller de la Riereta donde trabajan y reflexionan en torno a los procesos primigenios de la Fotografía

Por esos mismos años, Andrea se encontró con el libro que editamos con motivo de la exposición en la Fundación Botín sobre cultura visual en la España Contemporánea, Memorias de la Mirada. Para ella fue uno de los puntos de partida para su investigación y cuando recibí su libro me propuse hacer una recensión en el número 39 de la revista Secuencias de la Universidad Autónoma de Madrid, que es la que ahora ofrezco para su descarga y desde luego la recomendación de lectura de su libro que puede hacerse on-line pulsando aquí.

Nos quedaba tan solo un detalle, para nada trivial, y era conocernos personalmente, algo que ocurrió el 28 de Mayo en Barcelona, al día siguiente, muy temprano por la mañana, en el Museu del Cinema de Girona nos esperaba su director, Jordi Pons, que tenía mucho interés en conocerla y establecer lazos de colaboración para proyectos futuros. Hicimos una visita guiada a la impresionante colección de Tomás Mallol que constituye el fondo central del museu, y para Andrea, buena conocedora del precine y de sus culturas, fue una experiencia inolvidable, por la tarde nos encontramos en Barcelona con Marti Llorens y Rebeca Mutell en su taller de la Riereta donde Andrea conoció los trabajos que ambos hacen sobre procesos originales de la fotografía, que van más allá de los resultados físicos para constituir toda una reflexión sobre lo que significan las imágenes fotoquímicas primigenias en la opulencia de la posfotografía digital.

Las historias que hay debajo de lo que escribimos tiene también mucha historia de vida, para mí conocer personalmente a Andrea Cuarterolo, ha sido el punto y seguido de un proyecto trenzado por las imágenes en las dos orillas de dos continentes que compartimos lengua, cultura  y la pasión por los múltiples significados de las culturas fotográficas y cinematograficas que  constituyen  uno de los núcleos ineludibles del tiempo de la contemporaneidad.

Recensión en la revista “Secuencias” (Nº 39) del libro de Andrea Cuarterolo

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La importancia de la genealogía, también en la Historia de la Fotografía, un texto de 1996 contrastado con otro de 2015 y la reciente obra de Carmelo Vega al fondo

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Éste dibujante en una cámara oscura nos sirve como metáfora de la escritura histórica de la Fotografía. Grabado de: “The Museum of Science and Art” Dionysis Larder (1855)

Uno de los riesgos ciertos que tienen las bitácoras es que muchas acaban abandonadas por sus autores tarde o temprano. No es mi caso. Introduje la última entrada a comienzos de 2017, ha pasado un año y en ningún momento he olvidado que tenía pendiente renovarla. (¡Tengo muchos textos todavía que deseo compartir!). Pero he estado tan ocupado en éste tiempo y con tantas actividades que, ahora, cuando hago repaso de todas ellas, me doy cuenta de todas las cosas que he estado haciendo y que me ha ocupado gran parte de mi tiempo  durante estos meses en detrimento de esta ventana de comunicación que tantas satisfacciones me proporciona. En mi universidad como en  otras, existe un programa formativo para personas jubiladas que aquí lo denominamos Programa Senior de la UC. Durante seis años estuve impartiendo un curso sobre historia de la comunicación desde los ilustrados del siglo XVIII y la revoluciónaria propuesta de conocimiento textual y visual que supuso L’Enciclopédie de D´Alembert y Diderot hasta la  actual Sociedad-Red que estamos transitado en ocasiones sin entenderla del todo, pero tenía una temática que deseaba explorar y era analizar  cómo se había fraguado la Sociedad de la Información, una  cuestión que está tansformando nuestras pautas culturales, sociales, políticas y económicas y además con los alumnos con los que comparto la asignatura, tenemos la ventaja de que hemos conocido todos el tránsito de las prácticas analógicas a las digitales, pero nos faltaba una perspectiva histórica que superase esa visión continuamente adanista que los autores acriticos que hablan de digitalidad propugnan, obviando (o tal vez ignorando), que se puede establecer una línea continua y coherente desde la arqueología del conocimiento, (utilizando la terminología de Michel Foucault), que existe entre las láminas dibujadas de L’Enciclopédie al buscador de imágenes de Google que tienen el mismo origen conceptual, a pesar de su divergente ontología tecnológica.

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Clasificación de picos y patas de aves en una lámina de L’Enciclopedie (1763). Si buscamos ahora en Google esta misma temática, la organización visual que aparece es muy similar a la que hicieron los ilustrados en el siglo XVIII, un buen ejemplo de la continuidad y permanencia cultural del sistema de clasificación gráfica.

Me esfuerzo mucho por conectar los fenómenos tecnológicos del pasado con su continuidad digital. Se puede ver, por ejemplo, en el caso de la conmutación de paquetes que mueve los archivos en la red como algo exclusivo de la digitalidad, pero si uno tiene esa perspectiva histórica a la que me refería antes, observará que ya, durante la guerra franco-prusiana en 1871, se enviaban mensajes redundantes con palomas mensajeras que siguen el mismo principio que hace posible que un correo electrónico llegue hoy a nuestro ordenador. Cambian las tecnologías pero persisten los principios que permiten que los fenómenos ocurran aunque ahora pasados por las redes y los bits parezcan nuevos. Se estrenó, a mediados de 2017 la película El Círculo, basada en la novela de Dave Eggers, que, entre otros aspectos más o menos inquietantes vuelve a poner de manifiesto la tendencia de la industria digital de creer y hacer creer que todo lo que hacen es borrón y cuenta nueva con el pasado, una tendencia que se puede rastrear muy bien en los orígenes de la microinformatica a finales de la década de los años setenta que modeló personajes que con apariencia antisistema, crearon grandes corporaciones con prácticas monopolísticas que encajan muy bien con las vigentes concepciones  neoliberales, pero es evidente que existe, más allá de las mitologías digitales, toda una malla sutil y olvidada que conecta los procesos actuales basados en el símbolismo de la digitalidad con las tecnologías que cambiaron la mentalidad de las personas desde el siglo XIX, entre ellas la fotográfica.

Siempre me ha interesado mucho explorar la genealogía de lo que estudiamos, porque es un modo de entender mejor los procesos históricos. Me ocurrió con la propia construcción de la Historia de la Fotografía. En 1994, Carmelo Vega y yo, hablamos mucho del tema, y finalmente publicamos un libro que se tituló Fotografía y Métodos Históricos, dos textos para un debate que fue el comienzo de nuestras indagaciones en torno a la historiografía fotográfica. A finales de Octubre del ya pasado 2017, tuve el privilegio de presentar junto a Monica Carabias, en la librería del Centro de Arte Reina Sofía, la monumental obra que acaba de publicar Carmelo Vega y que abre una multitud de nuevas líneas de investigación. Un libro imprescindible y que marca un antes y un después en la indagación histórica de la Fotografía en España y es claramente un ejemplo internacional de rigor y buen hacer, puede descargarse la recensión que hago en Fotocinema aqui.

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El libro recien editado de Carmelo Vega que indaga entre otros muchos aspectos en la construcción de la Historia de la Fotografía en España

En 1996, Mario Díaz Barrado, que había participado intensamente en los seminarios sobre la imagen fotografica que hicimos en la Universidad Carlos III de Madrid, bajo la dirección de Carlos Serrano y Antonio Rodríguez de las Heras, fue el editor de un número monográfico de la revista “Ayer”, la publicación de referencia de los historiadores contemporanistas. En ese número, que aquí puede descargarse completo, abordé el tema de la genealogía de la Fotografía con una visión orientada a los historiadores profesionales que se encontraban con el fenómeno de las imágenes fotográficas y aunque les interesaban, entendían que era un tema ajeno a su formación fundamentada sobre todo en el texto escrito.

Anteriormente a éste texto, publiqué en 1994, el que ya me he referido y posteriormente aparecieron otros sobre aspectos específicos, el último en un monográfico de la revista de la Universidad de Málaga “Fotocinema”, en el que reflexiono esta vez en cómo hacer historia de la Fotografía en un tiempo posmoderno y también Carmelo Vega aporta una reflexión muy interesante sobre los vacios de la trama historiográfica española.  El monográfico de Fotocinema puede consultarse aquí y, en mi caso, puede contrastarse mi texto con el publicado en 1996 en “Ayer”. Han transcurrido los años pero muchas preguntas  sobre la genealogía de la Historia de la Fotografía, nos permiten entender  en qué hemos centrado  nuestra mirada historiográfica y que cuestiones, sin duda, hemos desatendido.

La historiografía española y los debates de la Fotografía como fuente histórica

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Primeras indagaciónes sobre las imágenes fotográficas cómo fuentes para la Historia. Un texto para las Jornadas Antoni Varés de 1990

Hay momentos en los que, sin saberlo, se abre una puerta en nuestras vidas que tendrá un largo recorrido.  Su inicio es generalmente fruto de la casualidad y solo en el transcurso del tiempo aprecias su verdadera dimensión. Esa es la percepción que yo siento hacia la ciudad de Girona y sus Jornadas Antoni Varés de Imatge i Recerca que comenzaron en 1990 y que en aquel año, por pura casualidad, yo envié una comunicación a esa primera convocatoria sin saber que a partir de ese momento unos fuertes lazos intelectuales y emocionales me acabarían ligando a un proyecto que hoy es un referente europeo en torno a las imágenes, los archivos fotográficos  y su investigación y difusión. Un lugar donde cada dos años nos damos citas especialistas de todo el mundo interesados en las imágenes fotográficas y sus múltiples dimensiones culturales. Yo he sido un asiduo participante desde 1990 a todas las citas excepto a la de 2004 que no pude asistir por tener una intensa agenda en un cargo público que me lo impidió y las de 2016, recien finalizadas, que me han coincidido con un viaje a Chile de dos semanas. A lo largo de éstos días he sentido mucho no reencontrarme con tantos y tan buenos amigos que allí nos damos cita, y aunque dejé hechos “los deberes” para el homenaje colectivo que en las Jornadas se le rindieron a nuestro inolvidable Ángel Fuentes de Cía, el recuerdo de ésta cita estuvo en mi ánimo durante todo el viaje al país Austral.

Cómo muy bien explica la denominada “Teoría del Mundo Pequeño” todo está más conectado de lo que parece a simple vista; así que un día que me encontraba al sur de Chile, en el archiplelago de Chiloé, visité una pequeña localidad llamada Castro que tiene unos palafitos con casas de colores que recuerdan mucho a Girona y paseando por el interior de sus calles fuí a recalar a un pequeño restaurante “Mar y Canela”, que se encuentra en una de las construcciones sobre el mar. Es un lugar maravilloso que llevan un matrimonio chileno desde hace 5 años, Alejandra y Mauricio. Alejandra es la maitre y Mauricio es el cocinero, que se formó con Ferrán Adriá y su padre era un catalán  (de Tarragona, según me dijo), que se instaló allí hace algunas décadas. Con los exuberantes productos australes que el mar y la tierra proporcionan Alejandra y Mauricio ofrecen una carta exquisita que tiene los ecos experimentales del universal cocinero catalán, y es un lugar en la Tierra donde tocas por unas horas el Cielo con los dedos, no solo por los platos que elaboran y las variedades de vino que ofrecen sino por el lugar y el sentimiento de hospitalidad que te envuelve. Un lugar para volver o para descubrir en algún momento de nuestra vida…

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Palafitos en Castro. Archipielago de Chiloé (Chile), donde se encuentra “Mar y Canela”   (Foto: Bernardo Riego. 2016)

Pero hablemos un poco del texto que ofrezco hoy, que para mí fue el comienzo de una intensa relación con Cataluña. En 1990 estaba yo comenzando mi tesis doctoral, me habían concedido una generosa beca de Investigación y estaba en un Departamento universitario especializado en Historia Política de la Época Contemporánea. en aquellos años además de los esfuerzos de la Fotohistoria que se habían dado en la década de los años ochenta y que estaba desconectada de las prácticas universitarias, para los historiadores profesionales lo de usar fotos  no lo veían más utilidad que la de ilustrar los textos, así que yo tenía el reto de construir con los documentos visuales un discurso que se equiparase al de la tradición escrita y que no se quedase en una aproximación banalizadora. Tuve la suerte de contar con el apoyo y el ánimo de mi directora de Tesis, la profesora Ángeles Barrio Alonso, con la que tengo una deuda permanente por todo lo que aprendí con ella y con su exigencia de que fuese siempre riguroso en mi trabajo. Así que empecé por el comienzo, indagando en torno los modelos metodológicos de la historiografía par apoder acoplar a su tradición los nuevos textos visuales. Ese fue el objetivo de mi texto que lo hice para presentarlo en las Jornadas Antoni Varés, cuya primera convocatoria nos llegó al Departamento y alguien me señaló que tal vez sería una oportunidad interesante de aportar alguna de las ideas con las que estaba trabajando. Envíe el texto con unas imágenes y recuerdo aquel encuentro en el “Institut Vell”, en la parte histórica de Girona junto a la Catedral. Ya entonces me dí cuenta de que había descubierto un espacio donde podía expresar mis reflexiones en torno a mi trabajo investigador y que podía ser mi “laboratorio” para indagar con plena libertad en propuestas e ideas en torno a la historia de las imágenes. Una de las cosas que ya entonces me gustó mucho era la preocupación de los organizadores para contar con todas las personas y tendencias que estaban trabajando en Historia de la Fotografía y no ser excluyentes con nadie. Cuando fuí conociendo más a Joan Boadas, el alma mater de las Jornadas, al que hoy me une una sólida amistad, labrada en muchos años, entendía que Girona y sus Jornadas Antoni Varés era un lugar en el que merecía la pena estar. Luego conocí la aventura de Joan Boadas y su equipo y la visión del alcalde Joaquim Nadal de crear con la impresionante colección de Tomás Mallol, el Museu del Cinema,  que colocó a la ciudad catalana en el mapa internacional de la cultura de las imágenes.

El texto que propongo hoy en la bitácora, me parece ahora muy modesto comparado con otras aportaciones posteriores, pero tiene la curiosidad de ser un trabajo muy inicial pero que ya apuntaba lo que luego consolidé en textos posteriores. Lo incluyo hoy como homenaje a tantos amigos y amigas con los que tanto aprendo y disfruto en las Jornadas que cada dos años celebramos y que llevan por nombre el de un fotógrafo cineasta y cartelista innovador gironí, Antoni Varés, que vivió los excitantes años de la modernidad que desembocaron en la experiencia republicana y tuvo que sufrir, cómo tantos autores valiosos de su época, el tiempo de silencio y la grisalla del franquismo.

La Fotografía como Fuente de la Historia   (Pulsar para descargar)

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Entender las imágenes más allá de la visión artística, en su dimensión social y cultural fue el punto de partida para convertir las fuentes visuales en textos historiográficos. Grabado de una exposición de pinturas en Madrid en 1851.

Las tarjetas postales ilustradas cómo instrumentos de propaganda visual. Recuerdos de la Primera Guerra Mundial. Un texto interactivo de 2014

La tarjeta postal ilustrada ha sido uno de esos materiales visuales que durante mucho tiempo me han fascinado y atrapado mi interés investigador. En 1997, con motivo de la catalogación de las colecciones de la ciudad  de Santander para la Fundación Botín, publiqué una reflexión que está en otra parte de ésta misma bitácora y que se puede consultar aquí. Elaborar una historia de las postales en España fue un proyecto que tenía en cartera desde hace muchos años, y mi buen amigo, el editor Juan Carlos Luna, me pidió que lo abordase para la editorial Lunwerg, pero otras obligaciones me fueron absorbiendo, y en 2010 tuve la suerte de reencontrarme con Esther Almarcha e Isidro Sánchez de la Universidad de Castilla-La Mancha, que estaban trabajando sobre los materiales Ephémera, entre las que se incluyen a las tarjetas postales, habían publicado un trabajo sobre la tarjeta postal junto a Rafael Villena, profesor de Historia Contemporánea en la misma Universidad que Esther e Isidro y me animaron a participar con ellos en un proyecto amplio y ambicioso que dio lugar a “España en la Tarjeta Postal, Un Siglo de Imágenes” que apareció en la editorial Lunwerg en 2011. Aprendí mucho trabajando con todos ellos.

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Portada del libro sobre la historia de la tarjeta postal en España que publicamos en 2011

El libro fue un éxito de ventas, y entre las satisfacciones de ese libro, para mí, hay una muy íntima y personal, y fue que la selección editorial final la hizo conmigo en la sede de la editorial Planeta en Barcelona, mi buen y siempre querido amigo Andreu Gamboa, ya muy enfermo pero que hizo un esfuerzo muy grande para estar en el libro, y con su experto ojo editorial y esa elegancia que siempre tenía para las ediciónes, realizó la última criba de una selección en la que participamos además de Isidro, Rafael y Esther, Martín Carrasco, el mejor coleccionista de postales que tenemos en España y Oscar Fernández Olalde, un documentalista exquisito y eficiente que digitalizó y preparó las miles de imágenes que compusieron el proyecto. A mí me tocó hacer el papel de editor del libro y de escribir la parte de la postal a partir de la posguerra, pues la editorial nos propuso que abordáramos también la tarjeta postal de la época franquista y creo que la selección funcionó muy bien en el conjunto aunque esa etapa por la diferente calidad con la edad de oro de la tarjeta postal española que fue de 1896 hasta 1920 (hay opiniones sobre el cierre de esa etapa dorada, pues otros autores la cierran antes), a todos nos daba un poco de miedo mezclar épocas tan dispares, pero la aventura salió bien.

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Aunque hoy nos parezcan ingenuas y un tanto burdas, las postales de la Primera Guerra Mundial se emplearon en ambos bandos muy a fondo en funciones de propaganda.

La tarjeta postal tiene muchas posibilidades de investigación y una de ellas está vinculada con la evolución de la propaganda visual en el siglo XX. En 2014, cuando comenzó a celebrarse el centenario de la primera guerra industrial de  la historia, que cambió Europa para siempre, yo estaba trabajando en la Universidad de Cantabria aspectos referidos a la Opinión Pública desde la perspectiva histórica contemporánea y resultaba fascinante que mientras los estados mayores europeos involucrados en la guerra, despreciaban las posibilidades propagandísticas del cine, por lo menos hasta 1916, los editores de postales publicaron miles de imágenes que operaban como fragmentos de propaganda y cumplían las extensas funciones que las imágenes tenían ya en el entonces incipiente siglo XX. Además la Primera Guerra Mundial tuvo aspectos curiosos y que no se repitieron después, por ejemplo, que en las trincheras hubiese fotógrafos tomando escenas privadas para el recuerdo. Que existieran compañías como Eastmant Kodak estimulando la venta de cámaras “de soldado” en el frente. Ese cruce entre postales de propaganda, imágenes privadas en formato postal de la cruda vida en las trincheras, y algunos fragmentos de un cine aparentemente informativo, pero que en su mayor parte es reconstrucción, me incitaron a preparar un material ineractivo en pdf que mostré a mis alumnos de Historia de la Opinión Pública en la Universidad de Cantabria y que ahora pongo a disposición de los seguidores de ésta bitácora, cada vez más numerosos. No es un texto cómo los anteriores. Se trata de una presentación en pantallas interactivas por las que se puede navegar y visualizar aspectos diversos de las imágenes de propaganda y privadas de la Primera Guerra Mundial. He colocado incluso dos documentos cinematográficos que están incrustados en el pdf y se ponen en movimiento al pulsar sobre ellos. Cómo se trata de tecnologías de edición todavía muy nuevas, no es satisfactorio su uso en todos los dispositivos, sobre todo en las tablets y dependiendo del programa que lo visualice, los videos no se mueven. De todos modos he puesto un indicador en amarillo para señalar los  videos que tienen movimiento en el documento.anuncio

Anuncio de cámaras para tomar fotos privadas en los frentes de combate, una práctica que no se repetiría ni en la Guerra Civil española ni en la Segunda Guerra Mundial donde las funciones de Inteligencia de los Estados Mayores fueron ya mucho más elaboradas.

En otra entrada insertaré un texto publicado en la revista Fotocinema de la Universidad de Málaga en 2011, que elaboré a partir de la publicación del libro, pero eso será más adelante. Espero que los interesados disfruten con ésta modalidad de texto interactivo, diferentes a los escritos pero que también aportan mucha información y sugerencias.

La guerra de las imágenes   (Pulsar para descargar)