Usando la fotografía como un juego. Un texto de 1996

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Cartela de la vitrina dedicada a la fotografía educativa en la exposición “Recuperando Utopías” de la que se habla en este texto

Estamos acabando el confinamiento en España, lo que se conoce como la “desescalada”. Vivimos un tiempo extraño, que en mi caso lo he percibido como muy productivo; he aprendido cosas  nuevas como preparar clases grabadas en videconferencia. Tuve un proyecto en 2002 en la Universidad de Extremadura con mi buen amigo y colega  Ramón Esparza de la Universidad del País Vasco, ambos hicimos una asignatura troncal compartida de cuarto curso de la licenciatura de Comunicación Audiovisual, pero en aquellos años no podíamos usar la web para ese proyecto porque si usabamos Internet, nos “comíamos” la mitad de la banda ancha disponible en ambas Facultades, así que nos instalaron unas cámaras Polycom con tres líneas RDSI (Alta tecnología entonces, hoy obsoleta y arqueológica) y con ellas salimos airosos. Desde entonces no había vuelto a las clases por videoconferencia y estas semanas he experimentado un monton de posibilidades, para algunas asignaturas en las que no puedo, de momento, entrar en el aula presencial.

Está siendo un tiempo extraño, sales a la calle con guantes y mascarillas y en el paisaje urbano te encuentras como en una película de ciencia ficción, apenas hay gente en la calle, circulan muy pocos coches, como ocurría en los años sesenta, y cruzas una mirada extraña con las personas que te vas encontrando. Lentamente hemos ido recuperando una cierta normalidad, pero todavía falta un poco y al principio todo era muy desconocido para todos y había mucha desconfianza.

En este tiempo tan nuevo me ha ocurrido una cosa inédita en mi trayectoria profesional; en una revisión ciega por pares de un artículo sobre el nuevo espectador digital en los museos, que envié a una revista que dirige una persona a la que admiro mucho, los dos “expertos” que tenían que evaluarla la han rechazado. La cosa en si no tiene excesiva importancia, en estos momentos tengo cinco artículos revisados por pares y aceptados esperando publicación, y lo que me ha pasado a mí les ocurre a muchos colegas todos los días, pero lo cuento porque esta “novedad” me permite hacer una serie de reflexiones sobre algo que estamos haciendo bastante mal en España sobre la elaboración del conocimiento, y lo escribo desde la experiencia de alguien al que le toca evaluar trabajos ciegos de otros autores y siempre intento ser empático y proactivo con el trabajo de los demás.

 

Preparando Recuperando Utopías

Preparando en 2012 la vitrina de prácticas fotográficas en la exposición “Recueprando Utopías” A la Izquierda puede verse el tubo de cartón que usabamos como cámara fotográfica y las imágenes que hacía, junto a otros elementos para prácticas educativas con las imágenes

Peter Burke tiene una esplendida obra sobre la “Historia Social del Conocimiento” publicada en el año 2000, en dos volúmenes, que nos muestra como la compleja construcción de esos valores ha ido mutando con el paso del tiempo, y desde la perspectiva actual, que otros evaluen tu trabajo y decidan su publicación o no, a priori es interesante, porque se supone que las recomendaciones que te aportan, siempre deben  enriquecer el trabajo científico, el problema es cuando los “expertos” en sus informes demuestran que no han entendido nada, que no conocen a los autores (de primera línea internacional), que citas como fuentes de autoridad y que desde la perspectiva del conocimiento científico, no tienes la posibilidad de responder con alegaciones a unos planteamientos que denotan ante todo su manifiesta ignorancia. Como digo, la cosa no es grave porque hay otras publicaciones a donde te puedes dirigir y seguro que otros evaluadores entenderán tu trabajo. Pero es una sensación de que finalmente estás en manos, en ocasiones, de “expertos” que no lo son tanto, y dentro un sistema vertical que no permite poder explicar tu trabajo (aunque tal vez en casos como éste no merezca la pena), donde en algunas publicaciones tienes de algún modo que “pagar” (aunque no se llame de ese modo),  para poder publicar para que luego las puedas reseñar para que te valoren en tus acreditaciones universitarias (algo a lo que yo y muchos colegas que conozco nos negamos por la perversión que supone esta práctica instituida que atenta contra la libre difusión del conocimiento científico),  y en un entorno en el que hay agencias facturando alrededor de veinte mil millones de dolares al año con este tema de las evaluaciones y muchos jóvenes que comienzan la dura y larga carrera universitaria tienen que trabajar en temas que nos les interesan pero que garantizan que “pasarán” las acreditaciones necesarias de las agencias de evaluación, y de todo este entramado se aprovechan algunas empresas que, para colmo, intentan que pagues para que te digan quien ha citado tus trabajos y poderlo aportar en tus futuras acreditaciones. En suma, un círculo vicioso en el que ya muchos universitarios no trabajan por interés sino por necesidad de obtener en su momento una acreditación, unas empresas que se están beneficiando de modo descarado del fundamentalismo de un sistema, que en casos como el español en ciencias sociales y humanidades, tiene muchas deficiencias y genera en algunos autores una gran incertidumbre y es muy poco estimulante. Un desastre para los que nos sentimos orgullosos de “ser y pertenecer al Sur”, como diría Mercedes Sosa, pero en alguna ocasión, como me acaba de ocurrir a mi, nos encontramos ante las estrecheces de un modelo que no beneficia al desarrollo del conocimiento ni mucho menos, porque del modo que se hace (y ahí entra el factor humano), no cumple los objetivos para los que se diseñó.

Hoy he querido poner un texto de 1996 que no habla de Historia de las Imágenes sino que formaba parte de una de mis actividades universitarias en el campo de la Educación y era el de usar la elaboración de imágenes fotográficas como un juego para aprender a pensar sobre el valor  cultural y educativo de las imágenes. Diseñé muchas de estas técnicas en la década de los años noventa e impartí muchos talleres para futuros educadores, y en 2012, realicé, junto a mi buena amiga Marta Estellés, una joven y brillante profesora de la Universidad de Cantabria, una exposición titulada “Recuperando Utopías” en las que mostramos en vitrinas las técnicas en tecnología educativa entre ellas las fotográficas en las que hacíamos fotos con un tubo de cartón y muchas cosas más y nos lanzamos a las primeras experiencias de fotografía digital. Encontré el texto y me pareció que era una curiosidad que merecía la pena rescatarlo, aunque ahora la imagen fotoquímica, como le ocurrió a la estampa en su momento, se ha quedado en un uso cada vez más y más minoritario. Se trata más de reseñar técnicas del pasado que otra cosa pero me ha servido como fondo para la reflexión sobre lo que está ocurriendo con nuestro sistema de conocimiento que bascula cada vez más hacia la burocracía en lugar de fomentar la creatividad. Libertad y creatividad, han sido la base del desarrollo de la difusión del saber y sus técnicas en la historia de nuestra cultura y no deberíamos dejarlas de tener en cuenta.

Juegos Fotográficos

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Un emocionado homenaje en memoria de Marie Loup Sougez, en una entrevista en 1982 y un texto suyo publicado en 1988

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Marie Loup Sougez en el Centro de Fotografía de Montevideo (CDF) en 2013

No hace tanto tiempo, Marie Loup Sougez y yo nos comunicabamos por correo electrónico. Le recababa algún dato para el trabajo que estoy haciendo sobre los orígenes del fotograbado en España y amable y afectuosa como siempre era, me confirmó algunos detalles. Mi relación con ella viene de largo, la conocí junto a Publio López Mondejar y Lee Fontanella en la UIMP, en Santander,  en el otoño de 1982 cuando los tres estaban codirigiendo un curso pionero sobre historia de la fotografía en España. Cada uno de ellos  había publicado ya sus trabajos que fueron para todos nosotros un referente en aquellos años en los que comenzó a recuperarse el valor cultural de la fotografía algo en lo que estabamos muchos en todo el país de un modo disperso. Recuerdo su figura, de aspecto frágil, pero dotada de una enorme elegancia personal y una gran amabilidad y cercanía. El curso se estaba desarrollando de un modo un tanto desapercibido dentro de aquella vorágine que era la UIMP en aquellos años, hablé con mi redactor jefe y me “dio” las páginas centrales para hacerles a los tres una entrevista que he rescatado y reproduzco aquí como una parte del pequeño homenaje que quiero hacer en esta bitácora a  una persona a la que siempre tuve en una gran estima y aunque es cierto que en los últimos años apenas tuvimos contacto personal, siempre nos reconocimos como amigos y dispuestos a compartir lo que fuera necesario en torno a la cultura de la fotografía y a su importancia.

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Detalle de la entrevista a Marie Loup Sougez, Lee Fontanella y Publio López Mondejar en el diario “Alerta” de Santander,  publicada el 11 de diciembre de 1982.

En 1988, acababan de comenzar los cursos de verano de la Universidad de Cantabria en la localidad de Laredo, y el rector de entonces, José María Ureña, me invitó a que organizase un curso sobre fotografía. Ya se había producido el congreso de Sevilla,  había publicado, con la ayuda de Angel de la Hoz, recientemente fallecido también, el libro Cien años de Fotografía en Cantabria, y conté con Marie Loup para el desarrollo del curso a lo que accedió generosamente como siempre lo hacía. También estuvo en aquellas jornadas Isabel Ortega que se había hecho cargo de la colección fotográfica de la Biblioteca Nacional aunque no publicó su texto. Al año siguiente pudimos editar el libro y hoy lo ofrezco aquí de modo completo, además del texto que hizo para el mismo Marie Loup y que se refería a su conferencia. Hay que entender esta publicación en el contexto de 1988, en unos años iniciales y en los que estábamos tanteando unas temáticas a las que se irían sumando investigaciones en los  años posteriores, aunque es justo decir que el texto publicado en Cátedra en 1981 y renovado posteriomente por Marie Loup Sougez, siempre fue un permanente referente para todos los que nos dedicábamos a indagar en la historia de la fotografía española. El curso tuvo un final magnífico cuando fuímos al estudio de Leoncio Marugan en Limpias y su hija Pilar nos hizo una foto de estudio con los materiales que usaba su padre que se hizo famoso a comienzos del siglo XX por las imágenes fotográficas del Cristo de aquella localidad del que se decía que era milagroso. He estado buscando la imagen para ofrecerla en la bitácora y prometo incluirla en cuanto aparezca porque es un recuerdo entrañable de aquellos años en los que tanto estaba por hacer y tanto nos quedaba por investigar.

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Portada del libro editado en  la Universidad de Cantabria del curso de Fotografía desarrollado en 1988 que  puede descargarse desde esta bitácora

Desde aquellos momentos he estado en contacto con Marie Loup a la que siempre consideré una buena amiga y alguien a quien sabías que podías preguntar y tener su ayuda cuando te surgía alguna duda o buscabas datos de algún autor al que estabas investigando. Siempre elegante y amable, era para todos una persona entrañable, unánimemente reconocida desde las diferentes posiciones que existen en la historiografía de la fotografía española.  Seguí coincidiendo con ella en diversas actividades que se programaron aquellos años, aunque constato que no nos habíamos visto personalmente desde hace ya algunos años.  En alguna parte he escrito que Marie Loup Sougez forma parte de la sólida tradición historiográfica francesa en fotografía con antecedentes tan importantes como la de Georges Pottonié. Ella siempre preservó también y difundió la obra de su padre Enmanuel Sougez y nos ha dejado una extensa obra bibliográfica en la que quiero destacar los libros sobre historia de la Fotografía que coeditó con Carmelo Vega, María de los Santos García Felguera y Helena Pérez Gallardo, que tan importantes son en estos momentos porque han introducido a tantos y tantos estudiantes en la historia de la fotografía española. Una especialidad a la que Marie Loup contribuyo en fechas tan tempranas a ponerla en valor y a contextualizarla en el panorama cultural europeo.

Este breve recuerdo quiere ser un humilde homenaje a una autora que tan importante ha sido para la historia y la cultura de este país y también, constituye el deseo de que su obra y su persona sean, en algún momento, objeto merecido de un reconocimiento que todos debemos a la generosidad intelectual y a la calidad humana de Marie Loup Sougez y a su interés por dedicarse a divulgar una parte tan importante de nuestra historia cultural como ha sido la Fotografía.

Entrevista a Marie Loup Sougez, Publio López Mondejar y Lee _Fontanella en 1982

Texto Marie Loup Sougez Curso Universidad de Cantabria en 1988

Libro completo La Fotografía y sus Posibilidades Documentales (1988)

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El daguerrotipo y su primera recepción en España. Un texto de 1998

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El autor de esta bitácora en la Academia de Ciencias de Barcelona ante la cámara daguerrotípica que Alabern vendió para la primera experiencia  en España, uno de los pocos ejemplares  del equipo comercializado por Giroux que se conservan en el mundo y que ha sido objeto de una reciente restauración por Martí Llorens y su equipo:  “Tempus Fugit Visual Projects”  (Foto: Martí Llorens, 2015)

Del mismo modo que ahora estoy publicando aspectos parciales y preparatorios de mi investigación sobre el espectador de la modernidad y la difusión del fotograbado en España, que cuminarán en una monografía en algún momento,  tras mi beca de investigación que que me llevó desde comienzos de los años noventa entre otros lugares al Instituto de Francia en París, donde consulté los documentos originales de la invención de la fotografía, con el nombre de daguerrotipo, fuí publicando aspectos parciales de mi trabajo en diversas revistas, lo que me permitió ir respondiendo a diversas cuestiones que me había planteado, ya que lo que se había publicado hasta la fecha me planteaba numerosos interrogantes.

En París descubrí una característica que es muy típica de nuestra cultura contemporánea de superficie, remedando un brillante concepto que acuñó  Umberto Eco, y era que muchos historiadores que abordaban la invención de la fotografía, citaban unos fragmentos del discurso de Arago, siempre los mismos, provenientes en su mayor parte del trabajo de Gisele Freund, cuando las actas mostraban un planteamiento mucho más interesante y complejo, y donde, de su consulta, emergían cuestiones de más calado que la limitada y entonces todavía persistente concepción historiográfica nacionalista de sí la fotografía la habían inventado, los franceses o los británicos, obviando que hubo hasta veinticuatro precursores, algunos como el propio Hippolite Bayard que en las actas de la Academia de Bellas Artes de París pide disculpas por haberse adelantado a Daguerre,  o el fascinante  Hercules Florence,  cuyos fondos se conservan en el Instituto Moreira Salles de Brasil a cargo de expertos como Sergio Burgi que está preparando una exposición sobre una figura que desde el etnocentrismo europeo ha pasado como periférico en la historia de la invención, pero que se trata de un personaje poliédrico que se interesó por muchas otras cosas además de la formación de las imágenes fotográficas.

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El daguerrotipo es un objeto tecnológico muy extraño visto desde nuestra experiencia visual actual.  Daguerrotipos de la colección Ángel Fuentes de Cía en el CRDI de Girona. (Foto David Iglesias)

La investigación en París me abrió perspectivas desconocidas a partir de las Actas de la Academia de Ciencias, comprendí que lo que se estaba dirimiendo a partir de Enero de 1839, era la presentación política de una nueva tecnología que daba respuesta al problema del facsimil que, al menos, desde el siglo XVIII estaba latente en las sociedades occidentales y el daguerrotipo, a pesar de ser tan disruptivo por su intervención sobre la realidad, era una solución imperfecta porque, como muy bien escribió André Rouillé en su día, se trataba de una semi-respuesta, y en las actas se demuestra que con el proceso daguerriano se intentaba enlazar con la tradición de la estampa y la imprenta, porque se pensaba que las imágenes invertidas lateralmente que captaba la cámara daguerrotípica, serían finalmente planchas que adecuadamente tratadas podrían reproducir las imágenes en la imprenta, algo que no ocurrió y hubo que esperar décadas para que la fotografía pasara con su aspecto tonal al papel impreso, gracias al fotograbado.

En mi caso en aquellos años tenía una pregunta que me inquietaba y movía mi investigación, ¿Cómo era posible que personajes jóvenes entonces, pero que fueron luego tan importantes en la ciencia española del siglo XIX, se interesaran por el daguerrotipo, y apenas dos años después se olvidaran del mismo? Eso me llevó a indagar las cuestiones singulares de la recepción española antes de que llegaran los primeros daguerrotipistas comerciales y el papel jugado por un grupo de científicos en Barcelona, Madrid y Valencia que usaron la nueva tecnología como un argumento reivindicativo del nuevo mundo científico europeo frente al conocimiento escolástico que todavía campaba, aunque ya de modo terminal,  en las universidades españolas en 1839.

Este texto fue publicado en una de las revistas de divulgación histórica más leídas en la época, Historia 16, y en aquellos momentos la historia de la fotografía no era una temática de interés en este tipo de publicaciones, pero me encontré, creo recordar que en la UIMP, con el director de la revista, David Solar, le conté sobre lo que estaba investigando y me animó a que enviase una aportación que es la que hoy ofrezco para quien esté interesado y que luego ampliaría en mi libro “La Introducción de la Fotografía en España”.

El pasado mes de noviembre, en el homenaje a Miquel Galmes, fundador del Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña, coincidí con Jep Martí, que ha seguido trabajando en este momento tan interesante de la primera recepción de la fotografía en España y así lo ha reflejado en su bitácora en una entrada de lectura imprescindible, y coincidíamos que para los científicos que se interesaron en difundir o practicar la invención de daguerrotipo, aquello no fue más que una de las muchas intervenciones reivindicativas que tuvieron y Jep, que ha estudiado las memorias de Monlau, ha comprobado que apenas muestra interés por esta cuestión como tampoco lo haría Juan María Pou y Camps que teorizó por primera vez en la historia de la fotografía sobre las posibilidades fotométricas de la cámara daguerrotípica, una cuestión a la que el tampoco le dio entonces la importancia que los historiadores de hoy apreciamos.

El Daguerrotipo, primera difusión y respuestas en España a la invención de la Fotografía (1839-1841)              (Pulsar para descargar)

Andrea Cuarterolo, un proyecto de encuentro, y la integración de la historia de la fotografía y del cine en la cultura Argentina, un texto de 2015

A finales del mes de mayo viajé a Barcelona para culminar un largo proyecto de encuentro que teníamos pendiente desde hace muchos años Andrea Cuarterolo y yo. Andrea es una de las más prometedoras investigadoras latinoamericanas sobre historia de la fotografía y del cine,  desde el CONICET y la Universidad de Buenos Aires donde ejerce su extensa labor. Su trabajo “De la Foto al Fotograma. Relaciones entre Cine y Fotografía en la Argentina (1840-1933) “ publicado en 2014, abre una nueva línea de indagación en torno a culturas visuales que siempre se han interpretado estancas cuando en realidad forman parte de una misma raíz cultural común. Con su importante libro, Andrea Cuarterolo demuestra que la cultura adopta diversas formas narrativas en lo visual que permiten entender fenómenos que van más allá de las apariencias icónicas y que permiten indagar en cuestiones centrales de la cultura y de la sociedad, en su caso en la conformación de la identidad cultural argentina en el reto de su modernidad frente a las transformaciones que estaba propiciando la inmigración europea, mas recientemente, “Pantallas Trasnacionales. el cine argentino y mexicano del periodo clásico” publicado por la Cineteca Nacional de México del que ha sido editora junto a Ana Laura Lusnich y Alicia Aisemberg, indagan sobre los dos paises tractores en lengua española del cine latinomericano en el decisivo periodo de consolidación de los años 30 a los años 50 del siglo XX y ofrecen un panorama muy rico desde los comienzos del sonoro en unas filmografías e industrias que tienen muchos puntos culturales en común con la nuestra, y al mismo tiempo evidentes diferencias por los contextos políticos y sociales del periodo.

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Andrea Cuarterolo y el autor de esta bitácora, Bernardo Riego, en la entrada del Museu del Cinema de Girona a finales de mayo de 2018

Andrea Cuarterolo es tambien junto a Georgina Torello directora de una influyente y excelente revista sobre orígenes del precine y del cine silente latinomericano, Vivomatografías que ya va por el tercer número y se está preparando el siguiente en estos momentos. Donde nosotros decimos cine mudo (que nunca lo fue realmente) nuestros colegas latinomericanos escriben cine silente, y abordan una problemática extensa y compleja en un continente que durante mucho tiempo ignoró, como ocurrió en España, la importancia del cine de los orígenes en la construcción de imaginarios sociales y culturales tan diversos, aunque es justo decir que en estos momentos en latinoamérica existe un interés creciente por parte de los países en rescatar y conservar su patrimonio cinematográfico en las cinetecas que se han ido creando y consolidando.

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Portada del libro de Andrea Cuarterolo “De la Foto al fotograma” editado en 2014

Tuve la fortuna de conocer a Andrea Cuarterolo por varios hechos fortuitos pero todos entrelazados entre si. En la década de los años 90 yo participaba en la distancia de los encuentros sobre fotografía argentina que hacían Abel Alexander y Miguel Ángel Cuarterolo, envié algunos textos que me publicaron en las actas y siempre nos hicimos promesas de conocernos personalmente. En el año 2000 Miguel Ángel Cuarterolo publicó un hermosisimo libro titulado “Soldados de la Memoria. Imágenes y Hombres de la guerra del Paraguay”  que coincidió en la época con otras tres que marcaron a la Historia de la Fotografía, la de Crimea, la de África de la que ya he hablado en esta bitácora y la de la Guerra Civil Americana. El libro me llegó de la mano de Ángel Fuentes en 2002 y cuando iba a escribirle para agradecérselo, me llegó la mala noticia del inesperado fallecimiento de Miguel Angel, con el que perdimos a unos de los  historiadores de la fotografía argentina más vital e interesantes con el que compartíamos el amor por esta fascinante disciplina, En 2005 en una intervención a la que me invitaron en la Universidad Jaume I de Castellón, dediqué mi conferencia y mi texto “al soldado de la Historia de la Fotografía Argentina, Miguel Ángel Cuarterolo”.

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Con Martí Llorens y Rebeca Mutell en su taller de la Riereta donde trabajan y reflexionan en torno a los procesos primigenios de la Fotografía

Por esos mismos años, Andrea se encontró con el libro que editamos con motivo de la exposición en la Fundación Botín sobre cultura visual en la España Contemporánea, Memorias de la Mirada. Para ella fue uno de los puntos de partida para su investigación y cuando recibí su libro me propuse hacer una recensión en el número 39 de la revista Secuencias de la Universidad Autónoma de Madrid, que es la que ahora ofrezco para su descarga y desde luego la recomendación de lectura de su libro que puede hacerse on-line pulsando aquí.

Nos quedaba tan solo un detalle, para nada trivial, y era conocernos personalmente, algo que ocurrió el 28 de Mayo en Barcelona, al día siguiente, muy temprano por la mañana, en el Museu del Cinema de Girona nos esperaba su director, Jordi Pons, que tenía mucho interés en conocerla y establecer lazos de colaboración para proyectos futuros. Hicimos una visita guiada a la impresionante colección de Tomás Mallol que constituye el fondo central del museu, y para Andrea, buena conocedora del precine y de sus culturas, fue una experiencia inolvidable, por la tarde nos encontramos en Barcelona con Marti Llorens y Rebeca Mutell en su taller de la Riereta donde Andrea conoció los trabajos que ambos hacen sobre procesos originales de la fotografía, que van más allá de los resultados físicos para constituir toda una reflexión sobre lo que significan las imágenes fotoquímicas primigenias en la opulencia de la posfotografía digital.

Las historias que hay debajo de lo que escribimos tiene también mucha historia de vida, para mí conocer personalmente a Andrea Cuarterolo, ha sido el punto y seguido de un proyecto trenzado por las imágenes en las dos orillas de dos continentes que compartimos lengua, cultura  y la pasión por los múltiples significados de las culturas fotográficas y cinematograficas que  constituyen  uno de los núcleos ineludibles del tiempo de la contemporaneidad.

Recensión en la revista “Secuencias” (Nº 39) del libro de Andrea Cuarterolo

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La importancia de la genealogía, también en la Historia de la Fotografía, un texto de 1996 contrastado con otro de 2015 y la reciente obra de Carmelo Vega al fondo

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Éste dibujante en una cámara oscura nos sirve como metáfora de la escritura histórica de la Fotografía. Grabado de: “The Museum of Science and Art” Dionysis Larder (1855)

Uno de los riesgos ciertos que tienen las bitácoras es que muchas acaban abandonadas por sus autores tarde o temprano. No es mi caso. Introduje la última entrada a comienzos de 2017, ha pasado un año y en ningún momento he olvidado que tenía pendiente renovarla. (¡Tengo muchos textos todavía que deseo compartir!). Pero he estado tan ocupado en éste tiempo y con tantas actividades que, ahora, cuando hago repaso de todas ellas, me doy cuenta de todas las cosas que he estado haciendo y que me ha ocupado gran parte de mi tiempo  durante estos meses en detrimento de esta ventana de comunicación que tantas satisfacciones me proporciona. En mi universidad como en  otras, existe un programa formativo para personas jubiladas que aquí lo denominamos Programa Senior de la UC. Durante seis años estuve impartiendo un curso sobre historia de la comunicación desde los ilustrados del siglo XVIII y la revoluciónaria propuesta de conocimiento textual y visual que supuso L’Enciclopédie de D´Alembert y Diderot hasta la  actual Sociedad-Red que estamos transitado en ocasiones sin entenderla del todo, pero tenía una temática que deseaba explorar y era analizar  cómo se había fraguado la Sociedad de la Información, una  cuestión que está tansformando nuestras pautas culturales, sociales, políticas y económicas y además con los alumnos con los que comparto la asignatura, tenemos la ventaja de que hemos conocido todos el tránsito de las prácticas analógicas a las digitales, pero nos faltaba una perspectiva histórica que superase esa visión continuamente adanista que los autores acriticos que hablan de digitalidad propugnan, obviando (o tal vez ignorando), que se puede establecer una línea continua y coherente desde la arqueología del conocimiento, (utilizando la terminología de Michel Foucault), que existe entre las láminas dibujadas de L’Enciclopédie al buscador de imágenes de Google que tienen el mismo origen conceptual, a pesar de su divergente ontología tecnológica.

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Clasificación de picos y patas de aves en una lámina de L’Enciclopedie (1763). Si buscamos ahora en Google esta misma temática, la organización visual que aparece es muy similar a la que hicieron los ilustrados en el siglo XVIII, un buen ejemplo de la continuidad y permanencia cultural del sistema de clasificación gráfica.

Me esfuerzo mucho por conectar los fenómenos tecnológicos del pasado con su continuidad digital. Se puede ver, por ejemplo, en el caso de la conmutación de paquetes que mueve los archivos en la red como algo exclusivo de la digitalidad, pero si uno tiene esa perspectiva histórica a la que me refería antes, observará que ya, durante la guerra franco-prusiana en 1871, se enviaban mensajes redundantes con palomas mensajeras que siguen el mismo principio que hace posible que un correo electrónico llegue hoy a nuestro ordenador. Cambian las tecnologías pero persisten los principios que permiten que los fenómenos ocurran aunque ahora pasados por las redes y los bits parezcan nuevos. Se estrenó, a mediados de 2017 la película El Círculo, basada en la novela de Dave Eggers, que, entre otros aspectos más o menos inquietantes vuelve a poner de manifiesto la tendencia de la industria digital de creer y hacer creer que todo lo que hacen es borrón y cuenta nueva con el pasado, una tendencia que se puede rastrear muy bien en los orígenes de la microinformatica a finales de la década de los años setenta que modeló personajes que con apariencia antisistema, crearon grandes corporaciones con prácticas monopolísticas que encajan muy bien con las vigentes concepciones  neoliberales, pero es evidente que existe, más allá de las mitologías digitales, toda una malla sutil y olvidada que conecta los procesos actuales basados en el símbolismo de la digitalidad con las tecnologías que cambiaron la mentalidad de las personas desde el siglo XIX, entre ellas la fotográfica.

Siempre me ha interesado mucho explorar la genealogía de lo que estudiamos, porque es un modo de entender mejor los procesos históricos. Me ocurrió con la propia construcción de la Historia de la Fotografía. En 1994, Carmelo Vega y yo, hablamos mucho del tema, y finalmente publicamos un libro que se tituló Fotografía y Métodos Históricos, dos textos para un debate que fue el comienzo de nuestras indagaciones en torno a la historiografía fotográfica. A finales de Octubre del ya pasado 2017, tuve el privilegio de presentar junto a Monica Carabias, en la librería del Centro de Arte Reina Sofía, la monumental obra que acaba de publicar Carmelo Vega y que abre una multitud de nuevas líneas de investigación. Un libro imprescindible y que marca un antes y un después en la indagación histórica de la Fotografía en España y es claramente un ejemplo internacional de rigor y buen hacer, puede descargarse la recensión que hago en Fotocinema aqui.

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El libro recien editado de Carmelo Vega que indaga entre otros muchos aspectos en la construcción de la Historia de la Fotografía en España

En 1996, Mario Díaz Barrado, que había participado intensamente en los seminarios sobre la imagen fotografica que hicimos en la Universidad Carlos III de Madrid, bajo la dirección de Carlos Serrano y Antonio Rodríguez de las Heras, fue el editor de un número monográfico de la revista “Ayer”, la publicación de referencia de los historiadores contemporanistas. En ese número, que aquí puede descargarse completo, abordé el tema de la genealogía de la Fotografía con una visión orientada a los historiadores profesionales que se encontraban con el fenómeno de las imágenes fotográficas y aunque les interesaban, entendían que era un tema ajeno a su formación fundamentada sobre todo en el texto escrito.

Anteriormente a éste texto, publiqué en 1994, el que ya me he referido y posteriormente aparecieron otros sobre aspectos específicos, el último en un monográfico de la revista de la Universidad de Málaga “Fotocinema”, en el que reflexiono esta vez en cómo hacer historia de la Fotografía en un tiempo posmoderno y también Carmelo Vega aporta una reflexión muy interesante sobre los vacios de la trama historiográfica española.  El monográfico de Fotocinema puede consultarse aquí y, en mi caso, puede contrastarse mi texto con el publicado en 1996 en “Ayer”. Han transcurrido los años pero muchas preguntas  sobre la genealogía de la Historia de la Fotografía, nos permiten entender  en qué hemos centrado  nuestra mirada historiográfica y que cuestiones, sin duda, hemos desatendido.

La historiografía española y los debates de la Fotografía como fuente histórica

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Reflexiones en torno al análisis histórico de las imágenes fotográficas y a la búsqueda de herramientas metodológicas. Un texto de 1995.

Acabamos de pasar una fuerte ola de calor y tengo mis dudas que un texto como el que propongo sea el adecuado para un verano tan tórrido cómo el que estamos pasando, porque “La mirada fotográfica en el tiempo”, una ponencia que leí en un Congreso organizado por la Universidad de Extremadura en Noviembre de 1995, y que fue publicado al año siguiente en una monografía editada por Mario Díaz Barrado, es sin duda uno de mis textos más intensos en torno a una temática que en aquellos años me preocupaba

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Louis Figuier. La dama del espejo. (Ca. 1855). Esta imagen es un perfecto ejemplo de un juego de miradas históricas en torno a la representación fotográfica. Las significaciones para un espectador del siglo XIX son muy diferentes a las que tienen para quienes la contemplamos actualemente

mucho porque careciamos de estudios específicos al respecto, me refiero al análisis historico de las imágenes como fuentes del pasado y no como meras ilustraciones que puestas en página de modo acrítico, parecían evocar una realidad pretérita a la que no se le sometía a ningún tipo de crítica historiográfica, algo que si parecía imprescindible en los textos escritos.

Si la década de los años ochenta fue la de acometer la primera cartografía de autores e imágenes fotográficas existentes en la cultura española desde el siglo XIX, la década de los noventa fue la de avanzar en la integración de las fuentes visuales fotográficas en el ámbito del análisis histórico. Transitábamos un territorio muy fragmentado con procedencias epistemológicas muy diversas que procedían de visiones elaboradas desde la Historia del Arte, la Comunicación Visual, la Semiótica Estructural,  la Estética Visual, la Filosofía, la Antropología y algunas otras que convivían, en ocasiones sin tan siquiera reconocerse, aunque, de modo hegemónico y bastante acrítico, imperaba todavía entre nosotros en aquellos años la visión artística de la escuela “Newhall” que buscaba autores e imágenes para hacer un panteón utilitarista para el coleccionismo pero que de modo reiterado descontextualizaba los fenómenos culturales y comunicativos de las imágenes del pasado.

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Como caminan las personas gracias a la fotografía instántanea. Publicado por  Josef María Eder  en su obra: La photographie instantanée. (1888). La evolución técnica de la Fotografía ayudo a transformar la mentalidad cultural en torno a la realidad a quienes transitaron el tiempo que llevaría a la Sociedad de las Masas.

Este fue uno de los textos que elaboré en torno a dotar al análisis de las imágenes fotográficas de una serie de instrumentos de trabajo y en él aparecen ya elementos nodales de lo que serían mis trabajos posteriores en torno al espectador, a los modos de ver y contemplar una imagen del pasado con ojos presentistas y la necesidad de construir un discurso historiográfico en el que la propia imagen formaba parte de un relato mucho más complejo que lo que parecía mostrar su propia representación.

En el Congreso de las “Edades de la Mirada”, fue donde consolidé mi afecto por Mario Díaz Barrado, discípulo de Antonio Rodríguez de las Heras, pionero en el uso de las fuentes documentales no escritas. Su libro “Palabra de Dictador” (1985), analiza  los discursos de Miguel Primo de Rivera en el período 1923-1930 y lo hizo con una metodología de análisis  que fue muy novedosa en su momento. Había conocido a Mario en los encuentros que hicimos sobre imagen en la Universidad Carlos III de Madrid que coordinaban Carlos Serrano y Antonio Rodriguez de la Heras, y desde aquel momento hemos trabajo juntos en muchos proyectos, las aproximaciones de Mario Díaz Barrado sobre la fotografía en el campo de la Historia del Tiempo Presente son de una enorme utilidad metodológica y conceptual. También en aquel Congreso conocí a Javier Marzal, hoy una de nuestras mejores referencias en Comunicación Audiovisual, Javier acabada de publicar su estudio sobre las partituras de las películas de D.W. Griffith, acababa entonces de llegar de Estados Unidos donde había investigado un material muy poco valorado en la historia del primer cine que, a pesar de cómo se ha etiquetado, nunca fue mudo, y la música en la sala fue un elemento fundamental para crear la intensidad narrativa a las imágenes que se proyectaban. Javier Marzal y quien escribe ésta bitácora, amigos desde entonces, nos reconocemos en nuestra visión interdisciplinar y en no tener temor a explorar otros espacios culturales de las imágenes más allá de las cajas estancas en las que por inercia se mueve aun todavía una parte de la investigación sobre la cultura audiovisual contemporánea, donde las  imágenes fotográficas constituyen una parte imprescindible para entender todo ese tiempo que se configura en la Ilustración, atraviesa la cultura decimonónica y la modernidad y hoy en plena cultura de la posmodernidad se encuentra atrapada en los sutiles hilos de la Sociedad-Red. 

La Mirada Fotográfica en el Tiempo: Una mirada para su interpretación histórica    (Pulsar para descargar)

 

Publio López Mondejar y su papel como precursor de la Historia de la Fotografía en España. Un texto de 1998

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El escritor Julio Nombela con su familia en una fotografía hacia 1855 recogido en el libro de Publio López Mondejar en “El Rostro de las Letras” Debemos a Nombela una de las escasas autobiografías de las que disponemos  de autores del siglo XIX que mostró  con una precisión fotográfica a sus coetáneos y a su tiempo. (Biblioteca Nacional de España)

El pasado 11 de Junio la Real Sociedad Menéndez Pelayo inauguró en Santander la exposición “El Rostro de las Letras” un proyecto de Publio López Mondejar que ha puesto imagen a quienes desde el siglo XIX crearon cultura escrita en España, y que, gracias a una exhaustiva investigación llevada a cabo por Publio, aparecen ahora mirados por la cámara fotográfica, por lo que la dimensión de escritor se torna diferente al reencontrarnos con los autores en su ambiente visual. El resultado ha sido un paseo sugerente por multitud de escritores que han conformado nuestra realidad cultural y un preciado catálogo que permite contemplar el aspecto más personal y humano de nombres y firmas que escribieron sobre su tiempo y los valores de nuestro país a través de la literatura.

Para mí el reencuentro con Publio fue muy emotivo porque nos conocemos nada menos que desde 1981, cuando en el mes de Septiembre estaban Lee Fontanella, Marie Loup Sougez y Publio impartiendo un curso de verano en la Universidad Menéndez Pelayo y yo les hice una entrevista a doble página para el periódico en el que entonces trabajaba. Un año antes, Publio había publicado ya sus “Retratos de la Vida” con imágenes del fotógrafo manchego Luis Pérez Escobar, una obra que abrió el interés cultural por la recuperación de la Historia de la Fotografía en España y que culminó,  sin duda, con su entrada en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 2008, la primera vez que la Fotografía ha entrado en la Academia española.  Tras décadas de desidia y desinterés artístico y cultural, Publio consiguió la hazaña de que gracias a su extensa obra,  la cultura fotográfica obtuvo, por fin, el reconocimiento de una institución de la importancia de la Real Academia de Bellas Artes. Su discurso de ingreso que puede descargarse aquí,  constituye uno de los más hermosos textos que se han publicado en español sobre la Historia de la Fotografía, y es obra de un batallador infatigable en defensa de su valor cultural, una persona que nunca ha sido complaciente sino muy crítico con algunas actuaciones seudoculturales en torno a la Fotografía y que siempre se ha manifestado alto, claro y sin recovecos,con una sinceridad y honestidad que son sus señas de identidad y que se reflejan también en la enorme calidad de su trabajo. Por mi parte siempre he valorado la importancia de su obra, y así lo he manifestado en algunos de mis escritos en torno a la historiografía española que he ido publicando y que aparecerán en ésta bitácora en su momento. Además por algún hilo invisible que nos une, he estado presente en momentos muy centrales de su trabajo. El otro día recordábamos que estábamos juntos  cuando Juan Carlos Luna, el Editor, con mayúsculas, de la fotografía española y latinoamericana contemporánea a través de la editorial Lunwerg, decidió que Publio hiciese la trilogía de Las  Fuentes de la Memoria, un reto colosal que dió visibilidad internacional a la historia y a los autores de la fotografía española. Publio, Juan Carlos y yo somos muy amigos y nos debemos algún que otro paseo por el retiro madileño con la satisfacción de la huella dejada en el recorrido de nuestros respectivos trabajos.

El Rostro de las Letras en Santander

Del Izquierda a derecha, Raquel Gutierrez Sebastián, Salvador García Castañeda, Borja Rodríguez Gutiérrez, presidente de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, Publio López Mondejar, Celestina Losada Varea y Bernado Riego Amézaga, autor de ésta bitácora, en la inauguración de “El Rostro de las Letras” en la sala de exposiciones CASYC de Santander

En 1997 Publio cambió de formato editorial y publicó en  Lunwerg una Historia de la Fotografía en España que yo reseñé para el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y que ofrezco hoy en su versión pre-print para quien la quiera descargar. Fue un proyecto editorial de gran éxito y muy necesario en la oferta editorial española del momento, al que siguió en 2005 la versión de gran tamaño que fusionó y amplió el texto histórico con la trayectoria de recopilación visual que Publio había ido trazando en los años anteriores. Sin duda la obra central de la larga trayectoria profesional de Publio López Mondejar, un precursor de la Historia de la Fotografía en España que gracias a labores como la suya salió del corazón de las tinieblas en la que se encontraba hasta la década de los años ochenta del pasado siglo xx.

Recensión del libro Historia de la Fotografía en España

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La red visual de Sara Huete, o el reciclaje de significaciones de las imágenes fotográficas impresas. Un texto de 1997

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Sara Huete. Medidas extraordinarias. 2012

Una de las canciones que más me gusta es la que canta  el colombiano  Jorge Celedón, Qué bonita es esta vida. Una canción optimista y vital que me acompaña cuando necesito un poco de estímulo. Soy de los que creo que, aunque vivimos en una época terrible y a los informativos me remito, a pesar de las utopías recurrentes (la eléctrica a comienzos del siglo XX y ahora la utopía digital, ya hablaré de todo esto más adelante), obviamos que realmente estamos todavīa en una fase muy inicial desde el punto de vista de la cultura social en la que apenas hemos vivido diez mil años como especie. Si somos capaces de resolver con la Ciencia algunas de las encrucijadas actualmente planteadas, nuestro tiempo se verá, sin duda, en el futuro como una época todavía muy primitiva. Pero por si ésta bitácora sobrevive a ese futuro, (¡quien sabe!)  quiero escribir que una de las mejores cosas que tenemos los humanos hoy son los amigos, y si además son tan creativos y sugerentes como Sara Huete y su obra, entonces la canción de Jorge Celedón que tambien canta maravillosamente Amanda Martínez en un bar mexicano, tiene plena justificación  y atenúa un poco algunas de las penurias a las que asistimos en estos momentos.

Sara Huete no se siente artista fotográfica, pero utiliza las imágenes fotográficas impresas en viejas revistas para remezclar sus significaciones y darles nuevos sentidos interpretativos que aluden a cuestiones centrales de nuestro tiempo y de nuestra cultura. En un momento en el que muchos artistas están indagando con el nuevo taller iconográfico que proporciona el software digital, Sara Huete incorpora a las imágenes fotográficas, creadas e impresas en su día  con otra intencionalidad, pequeños objetos tridimensionales que dan al conjunto de su propuesta una nueva e inesperada lectura. Es un autentico placer ver sus trabajos que conjugan la imagen impresa con los objetos añadidos que reconvierten la significación y se completan con un breve texto escrito con una vieja máquina de escribir que, de la manera que tan bien explicó Roland Barthes en sus escritos, anclan el sentido expresivo de una obra que deja siempre al espectador un enorme territorio para sentir, imaginar y sobre todo intuir  reconstruyendo con la mirada los significados que pueden plantear los hermosos objetos tridimensionales que crea Sara que, aunque parezcan ingenuos, plantean muchas cuestiones profundas y nada inocentes o casuales.

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En  estos días se ha inagurado en la Torre de Don Borja de Santillana del Mar, una antología de su obra con el título Las Historias Recortadas. Tuve la fortuna de visitar la exposición antes de su apertura pública porque Sara, amiga de sus amigos, nos invitó a un pequeño grupo a que asistieramos a una primera apertura privada y contempláramos su trabajo reciente y lejano en las dos plantas donde se ha ubicado su extensa obra.  En la visita fue cuando se me ocurrió que tenía que recuperar el texto que en un lejano 1997 escribí sobre su obra  y de paso invitar  a quienes estén interesados y puedan acercarse a Cantabria (una experiencia que en sí misma merece la pena)  a  disfrutar ésta espléndida exposición. Para todos y especialmente para los que no puedan venir, en todo momento cuentan con la grata posibilidad de visitar su página web que constituye una experiencia completa y compleja de todo su trabajo artístico, incluyendo la nueva línea de experimentación que está transitando a través de sus piezas animadas de arte digital.

La certidumbre está en el azar (Pulsar para descargar)

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Posiciones intertemporales de la cultura posmoderna: de la veracidad fotográfica a la remezcla de significados históricos

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Olivia Muus. By Albertina Museum @albertina-museum

Para un historiador de las imágenes que,  como es mi caso, se ha formado en un método historiográfico donde las fuentes tienen que ser sometidas a un sistema de crítica interna (el origen contrastado y confirmado del documento) y externa (la que intenta describir su pertinencia histórica y su contexto discursivo), las nuevas tendencias de la cultura posmoderna ponen en tensión todos los principios sobre los que se basa la explicación, el conocimiento y la referencia de las imágenes respecto a lo que representan y a la realidad de la que forman parte.  Ese relato que ha intentado ser coherente y bastante lineal tiene ahora otros perfiles en los nuevos historiadores de la Fotografía como Geoffrey Batchen, que entienden el discurso histórico como un microrrelato de los muchos posibles y no muy divergente de las narrativas literarias. Batchen, casi al final de su libro sobre los orígenes de la Fotografía “Arder en Deseos” (1997 en su edción original, 2004 en la edición española)  explica muy bien esa nueva brecha interpretativa que la posmodernidad representa frente a la historiografía clásica, un cambio esencial que como ha ocurrido en otros momentos culturales cambia el sentido de los conceptos y de las ideas:

“La historia fotográfica lleva siempre consigo el proceso de su propia desaparición. Un singular punto de origen, un significado definitivo, una narrativa lineal: todos estos objetos históricos tradicionales se desplazan de ahí en adelante de la procedencia de la fotografía. En su lugar, hemos descubierto algo mucho más provocativo: una forma de repensar la fotografía que coincide persuasivamente con la innegable complejidad conceptual, política e histórica del medio fotográfico” (Batchen, G. (2004) p.203).

Cada época cultural reinventa los significados y los valores de veracidad que representa la Fotografía, lo hicieron las prácticas fotográficas del siglo XX respecto a las del XIX, y en estas décadas con la llegada de la digitalidad, ha entrado ya en evidente crisis la propia objetividad positivista en la que se constituyó la tecnología fotográfica, una posición única que ya no puede sustentar la explicación de la realidad en unos momentos como los actuales en los que lo relativo se configura como el elemento esencial. La idea de objetividad, como la idea de progreso ya no son operativas en el mundo posmoderno y eso da lugar a nuevas posiciones y revelaciones que se enfrentan a las evidencias que constituían el discurso realista de las imágenes fotográficas. De nuevo, lo explica muy bien Geoffrey Batchen:

¿De qué modo es amenazada la realidad, o la fotografía en este caso? Quienes conocen la historia de la fotografía deben tener claro que un cambio en la tecnología de producción de imágenes no causará per se la desaparición de la fotografía y de la cultura basada en ella.  La fotografía no ha sido nunca una tecnología determinada, sus casi dos siglos de desarrollo han estado marcados por numerosos y contradictorios ejemplos de innovación y obsolescencia en lo tecnológico, sin que se planteara ninguna amenaza para la supervivencia del propio medio fotográfico. Incluso aunque sigamos identificando la fotografía con determinadas tecnologías  arcaicas, como la cámara y la película, esas mismas tecnologías encarnan la idea de la fotografía, o más exactamente, de una economía persistente de deseos y conceptos fotográficos. Los deseos inscritos en esta economía incluyen cosas  como la naturaleza, el conocimiento, la representación, el tiempo. el espacio, el sujeto observador y el objeto observado. Así pues, si intentamos una definición momentánea se diría que la fotografía es el deseo, consciente o inconsciente de organizar un conjunto particular de relaciones entre diversos objetos” (Batchen, G. (2004) pags.212,213).

En esa percepción de estar transitando un tiempo que está reconfigurando de nuevo la propia naturaleza del discurso visual de la Fotografía, me parece muy interesante el “Museo de los Selfies” que Olivia Muus está creando de un modo muy sugerente y no con las ya rutinarias habilidades del retoque digital sino con la remezcla de materiales en el escenario fotográfico, creando así unos diálogos intertemporales muy significativos de éste momento cultural que estamos transitando, una época de cultura de superficie, de canibalización del significado de los contenidos en los que la apariencia ha vencido por fin a la reflexión y a los significantes complejos. Ahora,  la complejidad reside en la interpretación que hace la mirada de la propuesta que se le presenta ante si.

Ofrezco, antes de continuar con mis textos, alguno de los diálogos intertemporales de Olivia Muus, y lo hago también como homenaje a mi buena amiga, la profesora Rebecca Mutell, que en su esplendido trabajo “Atrapando la luz”, ha sabido construir una inteligente visión desde esas posiciones posmodernas que aunque nos tensan a historiadores de mi formación, no nos amenazan en modo alguno, sino que nos revelan la profunda vitalidad de la cultura fotográfica frente a los que con ligereza han anunciado su muerte antes de tiempo por la incertidumbre que ha creado la llegada de la digitalidad en el siglo XXI, como en su momento ocurrió con la llegada de la instantaneidad en el siglo XX superando la visión mecanicista de las imágenes que se había consolidado durante el siglo XIX.

 

Una oportunidad de “talcualizar” una antología de textos españoles sobre sociedad, cultura y tecnología en torno a la Fotografía compilado en 1998

Primera imagen publicada en España del fonógrafo o

Primera imagen publicada en España del fonógrafo o “daguerrotipo sonoro” (La Ilustración Española y Americana. 1878)

Existen momentos en la tarea universitaria en los que se justifican todas las batallas que libramos en un entorno que cada vez rebosa más y más burocracia y donde el estímulo y el reconocimiento al talento se pierde o se distrae por unos laberintos tecnocráticos que pretenden medir el conocimiento, sobre todo en Humanidades y Ciencias Sociales, con unos sistemas que se revelan ineficientes e insatisfactorios. Es un dilema clásico entre la pasión de crear conocimiento, transmitirlo y compartirlo y unas estructuras que pretenden moldear ésta actividad con unos parámetros cada vez más rígidos y uniformes. Por eso, cuando aparece la oportunidad de encontrarte con colegas de los que puedes aprender y a los que puedes mostrar algo de lo que has aprendido, todos nos encontramos ante una experiencia inigualable que satisface a ese personal viaje a la Itaca del saber que cada uno de nosotros por diversas circunstancias emprendió en algún momento de su vida.

Hoy he sentido esa agradable e infrecuente sensación en la Universidad Autónoma de Barcelona, en el acto de defensa de la tesis doctoral de Zenaida Osorio, una profesora de la Universidad de Bogotá que tras varios años de trabajo e investigación nos mostraba en su estudio titulado: “La Confianza Visual”, nuevas y estimulantes vías para entender la relación de las imágenes fotográficas con la prensa, la sociedad y todos los dispositivos institucionales que conforman el conocimiento de una época a través de su específica visibilidad cultural. Ha sido un momento mágico. Presididos por Román Gubern, al que todos lo que nos dedicamos a la Historia de las Imágenes reconocemos como uno de nuestros maestros ineludibles, escuchamos y discutimos con toda nuestra libertad de saber los argumentos de Zenaida Osorio en ese espacio único de reconocimiento del talento que supone un encuentro académico de éste tipo, convencidos de que el saber nos hace entender mejor nuestra época y nos hace mejores como ciudadanos de la complejidad de la etapa histórica que nos ha tocado vivir y que a pesar de las diferencias existentes,  está encadenada con el pasado.

Zenaida Osorio ha relacionado muchos elementos que parece dispersos pero que analizados como ella lo ha hecho, conforman una retícula de información en la que se entienden las tramas y las subtramas culturales en las que las imágenes y la prensa influyeron en la creación de un tiempo nuevo que hemos heredado en un momento en el que la digitalidad nos enfrenta a nuevos retos de acceso y usos de la información y a los valores sociales que de las nuevas prácticas se derivan. Todos esperamos y deseamos que su trabajo sea publicado cuanto antes porque refleja, como decía, esa pasión por saber, por ser capaz de analizar fenómenos desde nuevos enfoques que hace que emerjan aspectos inexplorados que explican mejor prácticas culturales cuyo significado profundo habían pasado un tanto inadvertidos.

De izquerda a derecha Teresa (Universidad de VIC), Ana Calvera (Universidad de Barcelona), Amparo Moreno (Directora de la Tesis. Universidad Autónoma de Barcelona), Zenaida Osorio (Universidad de Bogotá) Roman Gubern (Presidente del Tribunal Universidad Autóna de Barcelona) Bernardo Riego (Universidad de Cantabria) y Pedro Molina (Universidad Autóna de Barcelona) Foto: María Eugenia Mantilla. 14-10-2015

De izquerda a derecha Teresa Martínez (Universidad de VIC), Ana Calvera (Universidad de Barcelona), Amparo Moreno (Directora de la Tesis. Universidad Autónoma de Barcelona), Zenaida Osorio (Doctoranda. Universidad Nacional de Colombia. Sede Bogotá) Roman Gubern (Presidente del Tribunal Universidad Autónoma de Barcelona) Bernardo Riego (Universidad de Cantabria) y Pedro Molina (Universidad Autónoma de Barcelona) Foto: María Eugenia Mantilla. 14-10-2015

Entre los elementos que incorporaba Zenaida Osorio, hay uno que me ha sorprendido y son los cuentos y relatos escritos en Colombia en los que la Fotografía era protagonista. Ella se había enterado ayer que en 2003 publiqué un libro titulado “Impresiones” que recopilaba artículos periodísticos muy diversos sobre Fotografía que se dieron en la España del siglo XIX y que demostraban como la nueva tecnología de las imágenes había penetrado profundamente en el imaginario social y cultural de la época más allá de los que la practicaban. Curiosamente bastantes de las narraciones publicadas en España concordaban con las colombianas de la misma época lo que denota una transculturalidad muy intensa en un tiempo  en el que los flujos de la información tenían otro ritmo que era muy diferente al actual.

En homenaje a Zenaida Osorio y a su excelente trabajo, ofrezco hoy en la bitácora la primera maqueta del libro “Impresiones” que elaboré en 1998. No he cambiado nada de su contenido inicial que luego tuvo si tuvo  variaciones hasta llegar a  la edicion impresa de 2003. Lo hago para que, quien lo desee, pueda “talcualizar” su contenido respetando el del libro editado, del que aun se pueden encontrar, aunque ya con dificultades, ejemplares a la venta. “Talcualizar” es un curioso término colombiano que hoy nos explicaba en la comida la profesora Zenaida Osorio y que a mí me parece que es uno de los signos evidentes de este tiempo de opulencia informativa y de la pulsión que tenemos por su posesión y archivo. Algo que contrasta con las dificultades que existían hace apenas dos siglos para poder copiar o hacer facsímiles de cualquier texto o dibujo. Antes de la invención de la fotografía  solo se podía “talcualizar” gracias al esfuerzo de los copistas para los textos y de la habilidad de manejar el pantógrafo para las imágenes. Fue precisamente la invención de la Fotografía en la década de 1830 y del “daguerrotipo sonoro” en 1877, del que también nos ha hablado hoy Zenaida Osorio y del que ofrezco aquí la primera imagen que se mostró en España un año después, los que abrieron el camino a una nueva relación con la información y el conocimiento en relación con dos sentidos humanos esenciales, la vista y el oido.

Antologia de textos españoles sobre Fotografía publicados en el  siglo XIX  (Pulsar para descargar)