La imagen fotográfica y sus evidencias para la Historia de la Educación. Un texto de 2010

Una de mis dimensiones profesionales guarda relación con la especialidad  de la Tecnología Educativa. De hecho, entre la docencia que imparto en la Universidad se cuentan actualmente dos asignaturas de Educación y TICs, una disciplina en la que comencé a trabajar en 1981 y he asistido a todos los cambios tecnológicos que se han dado en la utopía de enseñar con máquinas, desde los antiguos epidiáscopos, o proyectores de opacos, que, literalmente, achicharraban las páginas de los libros que proyectábamos, al montaje de cine en super 8, los proyectores de cine sonoro, los retroproyectores, la elaboración de guiones con proyección de diapositivas y sonido grabado, el video educativo y las aplicaciones digitales con herramienta de autor que ahora aprenden mis alumnos, y con un solo mes de aprendizaje y una creatividad desatada, hacen unos programas estupendos para proyectar en las, todavía modernas, pantallas digitales interactivas o PDI; por el momento,  una de las últimas estaciones de este incesante viaje por las máquinas y la educación. Aunque en este transcurso de tecnologías y aprendizajes cada vez damos más relevancia a la reflexión educativa y menos importancia a las novedades que proponen las máquinas y sus posibilidades tecnológicas. De hecho comencé otra bitácora paralela sobre estas cuestiones porque me preocupa mucho que toda la arqueología en TICs que hemos conocido y practicado, pronto va a quedar en el olvido, pero lo tengo en cuarentena porque deseo redefinirla. De todos modos, para algún curioso, pongo aquí el enlace.

Madrid. Escuela de la Florida, salón de proyecciones

Una tarjeta postal de la década de los años 30 mostrando innovaciones de la Escuela Nueva con un profesor proyectando cine educativo a los alumnos (Colección Martín Carrasco)

A finales de 2007, yo me había reincorporado a la Universidad tras pasar cuatro años en un cargo público que fue para mi un verdadero máster personal. Gracias a esa posibilidad que se me abrió, había  conocido aspectos de la innovación tecnológica desde una perspectiva que nunca habría tenido de otro modo. Dirigí un programa europeo de implantación de tecnología digital, viajé muchísimo por latinoamerica, experimenté la soledad del coche oficial, y al terminar había retornado a la vida cotidiana con bastante facilidad. Algo que no todo el mundo consigue, y en algunas empresas, me consta, que cuando dejas de ser directivo tienen programas de “descomprensión” para que te adaptes a ser uno más, a no sentir el pánico porque casi nadie te llama ya al teléfono, o percibes que te han dejado de invitar a todo tipo de eventos y cosas así. En eso estaba, cuando mi buena amiga y colega de la Universidad de las Islas  Baleares, María José Mulet, historiadora de la fotografía como yo, y también una de las pioneras de ésta temática en España, me llamó para decirme que dos profesores de Historia de la Educación de su Universidad, Francesca Comas y Bernat Sureda, querían conocerme porque había leído un texto mío y les interesaba mucho invitarme a un seminario que estaban organizando con motivo de un proyecto de I+D que les había concedido el Ministerio de Educación, ya que querían adentrarse en el territorio de las imágenes  fotográficas para aplicarlas a sus investigaciones en Historia de la Educación.

El seminario fue estupendo, y tuve la oportunidad de conocer a un grupo de especialistas en Historia de la Educación muy sólidos y con una extensa trayectoria con los que aprendí nuevas perspectivas. Entre ellos  estaba la profesora María del Mar del Pozo Andrés, catedrática de Historia de la Educación en la Universidad de Alcalá de Henares con la que me une una sólida amistad desde entonces.

Fotógrafo desconocido. Una escuela de niñas en Reinosa hacia 1916. (Colección particular)

Como resultado del seminario, la revista Educació e Història que dirige Bernat Sureda, publicó en 2010 un monógrafico en su número 15 sobre Fotografía e Historia de la Educación que puede descargarse aquí completo, con las aportaciones de diversos especialistas de Historia de la Educación y de Análisis y Conservación de las imágenes fotográficas, y en el que publiqué el texto que ofrezco hoy en la bitácora,  que trata sobre como abordar la investigación de las imágenes fotográficas más allá de su apariencia realista y desde la posición de un historiador que explora nuevas fuentes documentales que son diferentes a los textos escritos, pero que pueden analizarse con una metodología específica y rigurosa y que, como representaciones, presentan una textualidad iconográfica que va más alla de sus meros valores estéticos.

En 2017, a través de María del Mar del Pozo Andrés, la Sociedad Española de Historiadores de la Educación me invitó a abrir el XIX coloquio que celebraban en Septiembre en San Lorenzo del Escorial, que trataba sobre imágenes, discursos y textos, y que me permitió comprobar con enorme satisfacción que en estos momentos contamos con un numeroso grupo de historiadores de la educación que están trabajando con las imágenes fotográficas con un muy alto nivel de análisis y resultados, y el Coloquio -del que ahora estoy escribiendo el texto y se publicará proximamente- fue una excelente oportunidad para revisar el momento tan complejo en el que ahora nos encontramos con las imágenes, en éste tiempo de fragmentaciones posmodernas que nos interpelan a quienes nos hemos formado en la tradicion rankeana de los documentos históricos.

Ofrezco aquí el texto en lengua catalana que es como se publicó en la revista y el pre-print en lengua castellana. La verdad es que no sería necesario, porque el catalán es una lengua que se entiende muy bien, tiene una gran musicalidad y, que me disculpen los que están ahora de nuevo con el debate del castellano versus el catalán, pero yo soy de los que opinan que seríamos mucho más ricos, desde el punto de vista cultural,  si todos los castellano-parlantes leyesemos con facilidad, y sobre todo con naturalidad, el resto de las lenguas existentes en España. También ofrezco, para enlazar con mi otra veta profesional, la de la Tecnología Educativa, el salvapantallas que hicimos en 2012 con motivo de la exposición permanente de las antiguas máquinas para enseñar que instalamos en la Facultad de Educación en la Universidad de Cantabria, para que el alumnado más joven descubriese que había un pasado tecnológico antes de lo digital; lo titulamos “Recuperando Utopías”, o lo que es lo mismo, el viejo y perenne sueño educativo que nos acompaña desde la Ilustración sobre la magia de las máquinas para aprender. Un aspecto que han estudiado muy bien autores como Barbara María Stafford en su ya clásico, Artfull Science, toda una recomendación para los interesados en estos apasionantes temas.

Mirant a la història i aprenent a experimentar amb nous mètodes  (Texto publicado en Catalán. Abstract en catalán, castellano e inglés)

Pre-Print en castellano del texto publicado en Educació i Història