El daguerrotipo y su primera recepción en España. Un texto de 1998

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El autor de esta bitácora en la Academia de Ciencias de Barcelona ante la cámara daguerrotípica que Alabern vendió para la primera experiencia  en España, uno de los pocos ejemplares  del equipo comercializado por Giroux que se conservan en el mundo y que ha sido objeto de una reciente restauración por Martí Llorens y su equipo:  “Tempus Fugit Visual Projects”  (Foto: Martí Llorens, 2015)

Del mismo modo que ahora estoy publicando aspectos parciales y preparatorios de mi investigación sobre el espectador de la modernidad y la difusión del fotograbado en España, que cuminarán en una monografía en algún momento,  tras mi beca de investigación que que me llevó desde comienzos de los años noventa entre otros lugares al Instituto de Francia en París, donde consulté los documentos originales de la invención de la fotografía, con el nombre de daguerrotipo, fuí publicando aspectos parciales de mi trabajo en diversas revistas, lo que me permitió ir respondiendo a diversas cuestiones que me había planteado, ya que lo que se había publicado hasta la fecha me planteaba numerosos interrogantes.

En París descubrí una característica que es muy típica de nuestra cultura contemporánea de superficie, remedando un brillante concepto que acuñó  Umberto Eco, y era que muchos historiadores que abordaban la invención de la fotografía, citaban unos fragmentos del discurso de Arago, siempre los mismos, provenientes en su mayor parte del trabajo de Gisele Freund, cuando las actas mostraban un planteamiento mucho más interesante y complejo, y donde, de su consulta, emergían cuestiones de más calado que la limitada y entonces todavía persistente concepción historiográfica nacionalista de sí la fotografía la habían inventado, los franceses o los británicos, obviando que hubo hasta veinticuatro precursores, algunos como el propio Hippolite Bayard que en las actas de la Academia de Bellas Artes de París pide disculpas por haberse adelantado a Daguerre,  o el fascinante  Hercules Florence,  cuyos fondos se conservan en el Instituto Moreira Salles de Brasil a cargo de expertos como Sergio Burgi que está preparando una exposición sobre una figura que desde el etnocentrismo europeo ha pasado como periférico en la historia de la invención, pero que se trata de un personaje poliédrico que se interesó por muchas otras cosas además de la formación de las imágenes fotográficas.

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El daguerrotipo es un objeto tecnológico muy extraño visto desde nuestra experiencia visual actual.  Daguerrotipos de la colección Ángel Fuentes de Cía en el CRDI de Girona. (Foto David Iglesias)

La investigación en París me abrió perspectivas desconocidas a partir de las Actas de la Academia de Ciencias, comprendí que lo que se estaba dirimiendo a partir de Enero de 1839, era la presentación política de una nueva tecnología que daba respuesta al problema del facsimil que, al menos, desde el siglo XVIII estaba latente en las sociedades occidentales y el daguerrotipo, a pesar de ser tan disruptivo por su intervención sobre la realidad, era una solución imperfecta porque, como muy bien escribió André Rouillé en su día, se trataba de una semi-respuesta, y en las actas se demuestra que con el proceso daguerriano se intentaba enlazar con la tradición de la estampa y la imprenta, porque se pensaba que las imágenes invertidas lateralmente que captaba la cámara daguerrotípica, serían finalmente planchas que adecuadamente tratadas podrían reproducir las imágenes en la imprenta, algo que no ocurrió y hubo que esperar décadas para que la fotografía pasara con su aspecto tonal al papel impreso, gracias al fotograbado.

En mi caso en aquellos años tenía una pregunta que me inquietaba y movía mi investigación, ¿Cómo era posible que personajes jóvenes entonces, pero que fueron luego tan importantes en la ciencia española del siglo XIX, se interesaran por el daguerrotipo, y apenas dos años después se olvidaran del mismo? Eso me llevó a indagar las cuestiones singulares de la recepción española antes de que llegaran los primeros daguerrotipistas comerciales y el papel jugado por un grupo de científicos en Barcelona, Madrid y Valencia que usaron la nueva tecnología como un argumento reivindicativo del nuevo mundo científico europeo frente al conocimiento escolástico que todavía campaba, aunque ya de modo terminal,  en las universidades españolas en 1839.

Este texto fue publicado en una de las revistas de divulgación histórica más leídas en la época, Historia 16, y en aquellos momentos la historia de la fotografía no era una temática de interés en este tipo de publicaciones, pero me encontré, creo recordar que en la UIMP, con el director de la revista, David Solar, le conté sobre lo que estaba investigando y me animó a que enviase una aportación que es la que hoy ofrezco para quien esté interesado y que luego ampliaría en mi libro “La Introducción de la Fotografía en España”.

El pasado mes de noviembre, en el homenaje a Miquel Galmes, fundador del Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña, coincidí con Jep Martí, que ha seguido trabajando en este momento tan interesante de la primera recepción de la fotografía en España y así lo ha reflejado en su bitácora en una entrada de lectura imprescindible, y coincidíamos que para los científicos que se interesaron en difundir o practicar la invención de daguerrotipo, aquello no fue más que una de las muchas intervenciones reivindicativas que tuvieron y Jep, que ha estudiado las memorias de Monlau, ha comprobado que apenas muestra interés por esta cuestión como tampoco lo haría Juan María Pou y Camps que teorizó por primera vez en la historia de la fotografía sobre las posibilidades fotométricas de la cámara daguerrotípica, una cuestión a la que el tampoco le dio entonces la importancia que los historiadores de hoy apreciamos.

El Daguerrotipo, primera difusión y respuestas en España a la invención de la Fotografía (1839-1841)              (Pulsar para descargar)

Un libro con 75 fichas para analizar las imágenes del siglo XIX español. Elaborado, en su primera versión, en 1998.

Hoy he comenzado de nuevo las clases, he sentido el escaneo de los alumnos y alumnas que intentaban cotejar la imagen que les han contado de mí cómo profesor con la apariencia que realmente parezco tener. Es curioso, aunque llevo muchos años repitiendo éste ritual, todavía siento el mismo pánico escénico (me dura apenas 15 segundos), en el primer momento; una sensación que me gusta mucho porque me indica que voy a tomarme en serio las clases, que tengo que ganarme la estima y la confianza de todos y de cada uno de los alumnos y alumnas. Ser profesor es una de las actividades más interesantes que conozco, siempre les digo el primer día que enseñar es un oficio de personas que quieren a las personas, y que a quien no le interese la textura que tienen tus semejantes,  es mejor que se dedique a otra cosa en la vida.

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Con la técnica del grabado en madera, las imágenes comenzaron a formar parte de la prensa decimonónica como un recurso informativo paralelo al texto escrito.  (Un taller de grabdo en 1867, a la izquierda se ve al operario rebajando una madera de boj dibujada)

Ya que estamos en el inicio del curso vamos a retomar la bitácora un poco a lo grande, y lo hago con un libro electrónico de 180 páginas que elaboré en su primera versión en 1998 y que pretende ser una guía de trabajo para analizar las imágenes que se produjeron en el siglo XIX. A pesar de que muchos historiadores han puesto el énfasis en la iconosfera del siglo XX, la verdadera centuria de las imágenes fue el siglo XIX, en ese tiempo fue donde apareció, en 1839 como es bien sabido, la Fotografía, que se configuró en la conciencia colectiva como una continuación de la realidad y donde el sistema informativo liberal incorporó escenas dibujadas de los acontecimientos, con una narrativa informativa que ahora nos cuesta entender y sobre la que hoy es preciso hacer una tarea de arqueología visual para descifrar los mensajes y los valores que encierran imágenes que ya no hablan a nuestro tiempo sino a personas que transitaron el acelerado siglo XIX. El libro que ofrezco hoy es una guía de trabajo, una especie de hoja de ruta,  para poder comprender las imágenes informativas y fotográficas que se produjeron en ese tiempo e intentar analizar las representaciones visuales más allá de su mera apariencia, intentando, con los ejemplos que propongo, comprender valores culturales específicos, límites tecnológicos diferentes a los del siglo XX o los que ahota suministra la imagen digital, y sobre todo, hacer un esfuerzo cronológico y de interpretación historiográfica, sabiendo que esas representaciones se dirigen a un espectador que no pensaba ni entendía las imágenes cómo las entendemos nosotros en la actualidad.

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La aparición de la tecnología fotográfica y su íntima relación con la realidad, trastocó los valores culturales que existian en el siglo XIX en torno a las representaciones visuales que procedían de la tradición quirográfica . (Colección Castellano. Biblioteca Nacional. Ca 1855)

Con el fin de contextualizar el contenido de las 75 fichas que analizan determinadas cuestiones de comunicación y cultura visual del siglo XIX he incluído dos textos, uno sobre fotografía y otro sobre grabado informativo, que publiqué en aquellos años y que han tenido o tendrán su entrada específica aunque, como es habitual, tienen en su primera página la nota bibliográfica correspondiente en la marca amarilla. También incluyo una bibliografía elaborada en el momento que elaboré la primera versión del libro, que sirve como base a las aportaciones posteriores que aquí, obviamente, no están recogidas, pero todos los trabajos seleccionados fueron entonces muy escogidos por su relevancia e interés. En estos momentos estoy elaborando una guía similar sobre imágenes, ya en su mayoría fotográficas, en torno a la época de la sociedad de las masas en España, pienso que es un buen ejercicio de exégesis visual, muy necesario en un tiempo como el actual en el que hay tanta densidad icónica en el ambiente y tan poca capacidad para comprender muchos de sus mensajes más alla de lo que parecen representar en el plano más inmediato.

Libro para la interpretación de  imágenes históricas del siglo XIX  

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Publio López Mondejar y su papel como precursor de la Historia de la Fotografía en España. Un texto de 1998

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El escritor Julio Nombela con su familia en una fotografía hacia 1855 recogido en el libro de Publio López Mondejar en “El Rostro de las Letras” Debemos a Nombela una de las escasas autobiografías de las que disponemos  de autores del siglo XIX que mostró  con una precisión fotográfica a sus coetáneos y a su tiempo. (Biblioteca Nacional de España)

El pasado 11 de Junio la Real Sociedad Menéndez Pelayo inauguró en Santander la exposición “El Rostro de las Letras” un proyecto de Publio López Mondejar que ha puesto imagen a quienes desde el siglo XIX crearon cultura escrita en España, y que, gracias a una exhaustiva investigación llevada a cabo por Publio, aparecen ahora mirados por la cámara fotográfica, por lo que la dimensión de escritor se torna diferente al reencontrarnos con los autores en su ambiente visual. El resultado ha sido un paseo sugerente por multitud de escritores que han conformado nuestra realidad cultural y un preciado catálogo que permite contemplar el aspecto más personal y humano de nombres y firmas que escribieron sobre su tiempo y los valores de nuestro país a través de la literatura.

Para mí el reencuentro con Publio fue muy emotivo porque nos conocemos nada menos que desde 1981, cuando en el mes de Septiembre estaban Lee Fontanella, Marie Loup Sougez y Publio impartiendo un curso de verano en la Universidad Menéndez Pelayo y yo les hice una entrevista a doble página para el periódico en el que entonces trabajaba. Un año antes, Publio había publicado ya sus “Retratos de la Vida” con imágenes del fotógrafo manchego Luis Pérez Escobar, una obra que abrió el interés cultural por la recuperación de la Historia de la Fotografía en España y que culminó,  sin duda, con su entrada en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 2008, la primera vez que la Fotografía ha entrado en la Academia española.  Tras décadas de desidia y desinterés artístico y cultural, Publio consiguió la hazaña de que gracias a su extensa obra,  la cultura fotográfica obtuvo, por fin, el reconocimiento de una institución de la importancia de la Real Academia de Bellas Artes. Su discurso de ingreso que puede descargarse aquí,  constituye uno de los más hermosos textos que se han publicado en español sobre la Historia de la Fotografía, y es obra de un batallador infatigable en defensa de su valor cultural, una persona que nunca ha sido complaciente sino muy crítico con algunas actuaciones seudoculturales en torno a la Fotografía y que siempre se ha manifestado alto, claro y sin recovecos,con una sinceridad y honestidad que son sus señas de identidad y que se reflejan también en la enorme calidad de su trabajo. Por mi parte siempre he valorado la importancia de su obra, y así lo he manifestado en algunos de mis escritos en torno a la historiografía española que he ido publicando y que aparecerán en ésta bitácora en su momento. Además por algún hilo invisible que nos une, he estado presente en momentos muy centrales de su trabajo. El otro día recordábamos que estábamos juntos  cuando Juan Carlos Luna, el Editor, con mayúsculas, de la fotografía española y latinoamericana contemporánea a través de la editorial Lunwerg, decidió que Publio hiciese la trilogía de Las  Fuentes de la Memoria, un reto colosal que dió visibilidad internacional a la historia y a los autores de la fotografía española. Publio, Juan Carlos y yo somos muy amigos y nos debemos algún que otro paseo por el retiro madileño con la satisfacción de la huella dejada en el recorrido de nuestros respectivos trabajos.

El Rostro de las Letras en Santander

Del Izquierda a derecha, Raquel Gutierrez Sebastián, Salvador García Castañeda, Borja Rodríguez Gutiérrez, presidente de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, Publio López Mondejar, Celestina Losada Varea y Bernado Riego Amézaga, autor de ésta bitácora, en la inauguración de “El Rostro de las Letras” en la sala de exposiciones CASYC de Santander

En 1997 Publio cambió de formato editorial y publicó en  Lunwerg una Historia de la Fotografía en España que yo reseñé para el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y que ofrezco hoy en su versión pre-print para quien la quiera descargar. Fue un proyecto editorial de gran éxito y muy necesario en la oferta editorial española del momento, al que siguió en 2005 la versión de gran tamaño que fusionó y amplió el texto histórico con la trayectoria de recopilación visual que Publio había ido trazando en los años anteriores. Sin duda la obra central de la larga trayectoria profesional de Publio López Mondejar, un precursor de la Historia de la Fotografía en España que gracias a labores como la suya salió del corazón de las tinieblas en la que se encontraba hasta la década de los años ochenta del pasado siglo xx.

Recensión del libro Historia de la Fotografía en España

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Experimentos informativos en la guerra de África de 1859, un texto en homenaje a Alfonso Braojos publicado en 2001

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“El general Prim y sus ayudantes”. Una de las imágenes procedentes de la fotografía de Enrique Facio que fue publicada  en el libro de Pedro Antonio de Alarcón y en la revista ilustrada “El Museo Universal” en 1860.

Entre la guerra de Crimea de 1853 a 1854 y la guerra civil norteamericana de 1861 a 1865, tuvo lugar una contienda que fue uno de los escasos momentos de gloria y autoestima desbordada para el nacionalismo español decimonónico. Como han recordado los historiadores, España tuvo la sabiduría de no embarcarse durante el siglo XIX en ninguna guerra internacional relevante como había hecho con tanta profusión en los siglos anteriores, y la Campaña de África emprendida por el presidente Leopoldo O´Donell entre 1859 y 1860 fue uno de los escasos episodios bélicos acaecidos, junto al posterior apoyo al Emperador Maximiliano en México que acabó muy mal en 1862 con el general Juan Prim comandando las tropas españolas y el episodio de la  Guerra del Callao entre 1865 y 1866. En 1898, la humillante derrota en la guerra de Cuba frente a un moderno ejército norteamericano fue sin duda el amargo reverso de un episodio, el de la contienda africana,  que fue la que en 2001 denominé en el texto que ofrezco hoy cómo la primera guerra mediática española, porque el sistema informativo liberal estaba ya lo suficientemente desarrollado en aquellos años que se había consolidado el denominado periodismo de pluma y lápiz,  llamado así porque contaba el acontecimiento con la pluma y lo mostraba con los dibujos informativos hechos a lápiz. Además, la Fotografía comenzó a tener presencia en la visualización de los conflictos cuyas primeras imágenes no mostraban la realidad de las batallas sino la épica de la guerra, un concepto que entonces apenas se ponía en discusión en la sociedad.

La guerra de África, emprendida en 1859 por el general O´Donell, tuvo una gran importancia en el imaginario español, se publicaron una serie de libros de los que el más conocido fue el de Pedro Antonio de Alarcón: Memorias de un testigo de la guerra de África, una suerte de diario de la guerra que fue publicada por entregas con imágenes sacadas de dibujos o de fotografías. También  aparecieron pliegos de cordel exaltando al figura del general Prim mientras que pintores como Fortuny reflejaron la gloria de la guerra y todavía en mi infancia se cantaban algunas canciones de la victoria y ocupación de Tetuán, hoy ya olvidadas definitivamente. Hoy muy pocas personas saben que los leones que flanquean el Congreso de los Diputados -el león es el símbolo de España- se fundieron con los cañones capturados al enemigo en ésta contienda que dejó toda una mitología que perduró durante muchos años y que desde luego tuvo una percepción social y política muy diferente a los conflictos africanos españoles de las primeras décadas del siglo XX.

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Grabado informativo mostrando la entrada en Madrid el 11 de mayo de 1860 de las tropas victoriosas de África al mando del general O’Donell, una visualización que la imagen fotográfica no podía lograr con ésta capacidad de síntesis visual en la época. Publicada en “El Museo Universal” 20-V-1860

En mi caso, la contienda de África fue objeto de interés desde la perspectiva infomativa y por la existencia de un álbum fotográfico en el Palacio Real de Madrid del que no sabíamos nada de su génesis en aquellos años, pero con la evidencia de que algunas de las fotográfias habían sido trasladadas a dibujos para el libro de Pedro Antonio de Alarcón y en algún caso se habían publicado en la prensa ilustrada de la época siguiendo las normas informativas entonces vigentes. Mis trabajos de investigación me llevaron al Museo del Ejército y al Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares donde se conserva la documentación de la presidencia de Leopoldo O´Donell. Aquellas pesquisas dieron como fruto un apartado de mi tesis doctoral defendida en 1998, y éste artículo que publiqué como homenaje al profesor y director de la Hemeroteca del ayuntamiento sevillano, Alfonso Braojos en 2001, en un libro que publicó la Universidad de Sevilla en su facultad de periodismo donde era profesor.

Conocí a Alfonso Braojos en el Seminario que en 1995 organizaron Antonio Rodríguez de las Heras y Carlos Serrano en el Instituto de Investigación Miguel de Unamuno de la Universidad  Carlos III de Madrid. Allí nos dimos cita un grupo de investigadores en torno a las imágenes fotográficas que intercambiamos conocimientos, metodologías de trabajo y sobre todo entusiamo, mucho entusiasmo, en unos años en los que la imagen fotográfica estaba por fin siendo atendida en los estudios históricos, algo inédito hasta entonces y estaba casí todo por hacer. Alfonso Braojos era un participante activo en torno a las imágenes de prensa de su muy querida Sevilla y era muy fácil tenerle aprecio por su pasión por la historia del periodismo y por su personalidad abierta y cálida. Lamentablemente una breve y fulminante enfermedad en 1999, hizo que perdieramos a una excelente persona y aun más que excelente historiador y ese fue el sentido del homenaje que una serie de colegas le rendimos. En mi caso con un tema que combinaba historia de las imágenes con historia del periodismo y que hoy ofrezco para su descarga a quienes estén interesados.

No he sido, ni mucho menos, el único autor que se ha interesado por la guerra de África en su dimensión fotográfica y mediática. Para poder entender éste  momento histórico, son imprescindibles los trabajos de Juan Antonio Fernández Rivero que en 2011 en un esplendido estudio, desentrañó el papel de Enrique Facio como fotógrafo de la contienda y que puede consultarse aquí. Con anterioridad, Juan Antonio Fernández Rivero, con el rigor al que siempre nos tiene acostumbrados, había ya publicado otros estudios sobre éste tema a partir del papel que jugó el puerto y la ciudad de Málaga en la logística de la guerra, trabajos que son de lectura obligatoria  para los interesados en este momento de la historia de España. A  comienzos de 2016, Antonio David Palma Crespo,  ha defendido en la Universidad de Córdoba una tesis doctoral sobre éste tema, que sin duda enriquece el conocimiento de un momento tan singular, en el que la España del siglo XIX acariciaba la modernidad europea, con experimentos mediáticos en torno a la Campaña de África, mientras construía líneas de ferrocarril, tendía kilómetros de redes telegráficas y vivía en una euforia permanente que, en 1865, sumió a la economía nacional en una tremenda crisis, cuando estalló la burbuja ferroviaria, algo que recuerda un poco a los efectos y consecuencias  de la burbuja inmobiliaria que nosotros hemos conocido en éstos últimos años. Aunque la nuestra sea otra historia, por supuesto.

La Campaña de África de 1859, la primera guerra mediática española

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Una oportunidad de “talcualizar” una antología de textos españoles sobre sociedad, cultura y tecnología en torno a la Fotografía compilado en 1998

Primera imagen publicada en España del fonógrafo o

Primera imagen publicada en España del fonógrafo o “daguerrotipo sonoro” (La Ilustración Española y Americana. 1878)

Existen momentos en la tarea universitaria en los que se justifican todas las batallas que libramos en un entorno que cada vez rebosa más y más burocracia y donde el estímulo y el reconocimiento al talento se pierde o se distrae por unos laberintos tecnocráticos que pretenden medir el conocimiento, sobre todo en Humanidades y Ciencias Sociales, con unos sistemas que se revelan ineficientes e insatisfactorios. Es un dilema clásico entre la pasión de crear conocimiento, transmitirlo y compartirlo y unas estructuras que pretenden moldear ésta actividad con unos parámetros cada vez más rígidos y uniformes. Por eso, cuando aparece la oportunidad de encontrarte con colegas de los que puedes aprender y a los que puedes mostrar algo de lo que has aprendido, todos nos encontramos ante una experiencia inigualable que satisface a ese personal viaje a la Itaca del saber que cada uno de nosotros por diversas circunstancias emprendió en algún momento de su vida.

Hoy he sentido esa agradable e infrecuente sensación en la Universidad Autónoma de Barcelona, en el acto de defensa de la tesis doctoral de Zenaida Osorio, una profesora de la Universidad de Bogotá que tras varios años de trabajo e investigación nos mostraba en su estudio titulado: “La Confianza Visual”, nuevas y estimulantes vías para entender la relación de las imágenes fotográficas con la prensa, la sociedad y todos los dispositivos institucionales que conforman el conocimiento de una época a través de su específica visibilidad cultural. Ha sido un momento mágico. Presididos por Román Gubern, al que todos lo que nos dedicamos a la Historia de las Imágenes reconocemos como uno de nuestros maestros ineludibles, escuchamos y discutimos con toda nuestra libertad de saber los argumentos de Zenaida Osorio en ese espacio único de reconocimiento del talento que supone un encuentro académico de éste tipo, convencidos de que el saber nos hace entender mejor nuestra época y nos hace mejores como ciudadanos de la complejidad de la etapa histórica que nos ha tocado vivir y que a pesar de las diferencias existentes,  está encadenada con el pasado.

Zenaida Osorio ha relacionado muchos elementos que parece dispersos pero que analizados como ella lo ha hecho, conforman una retícula de información en la que se entienden las tramas y las subtramas culturales en las que las imágenes y la prensa influyeron en la creación de un tiempo nuevo que hemos heredado en un momento en el que la digitalidad nos enfrenta a nuevos retos de acceso y usos de la información y a los valores sociales que de las nuevas prácticas se derivan. Todos esperamos y deseamos que su trabajo sea publicado cuanto antes porque refleja, como decía, esa pasión por saber, por ser capaz de analizar fenómenos desde nuevos enfoques que hace que emerjan aspectos inexplorados que explican mejor prácticas culturales cuyo significado profundo habían pasado un tanto inadvertidos.

De izquerda a derecha Teresa (Universidad de VIC), Ana Calvera (Universidad de Barcelona), Amparo Moreno (Directora de la Tesis. Universidad Autónoma de Barcelona), Zenaida Osorio (Universidad de Bogotá) Roman Gubern (Presidente del Tribunal Universidad Autóna de Barcelona) Bernardo Riego (Universidad de Cantabria) y Pedro Molina (Universidad Autóna de Barcelona) Foto: María Eugenia Mantilla. 14-10-2015

De izquerda a derecha Teresa Martínez (Universidad de VIC), Ana Calvera (Universidad de Barcelona), Amparo Moreno (Directora de la Tesis. Universidad Autónoma de Barcelona), Zenaida Osorio (Doctoranda. Universidad Nacional de Colombia. Sede Bogotá) Roman Gubern (Presidente del Tribunal Universidad Autónoma de Barcelona) Bernardo Riego (Universidad de Cantabria) y Pedro Molina (Universidad Autónoma de Barcelona) Foto: María Eugenia Mantilla. 14-10-2015

Entre los elementos que incorporaba Zenaida Osorio, hay uno que me ha sorprendido y son los cuentos y relatos escritos en Colombia en los que la Fotografía era protagonista. Ella se había enterado ayer que en 2003 publiqué un libro titulado “Impresiones” que recopilaba artículos periodísticos muy diversos sobre Fotografía que se dieron en la España del siglo XIX y que demostraban como la nueva tecnología de las imágenes había penetrado profundamente en el imaginario social y cultural de la época más allá de los que la practicaban. Curiosamente bastantes de las narraciones publicadas en España concordaban con las colombianas de la misma época lo que denota una transculturalidad muy intensa en un tiempo  en el que los flujos de la información tenían otro ritmo que era muy diferente al actual.

En homenaje a Zenaida Osorio y a su excelente trabajo, ofrezco hoy en la bitácora la primera maqueta del libro “Impresiones” que elaboré en 1998. No he cambiado nada de su contenido inicial que luego tuvo si tuvo  variaciones hasta llegar a  la edicion impresa de 2003. Lo hago para que, quien lo desee, pueda “talcualizar” su contenido respetando el del libro editado, del que aun se pueden encontrar, aunque ya con dificultades, ejemplares a la venta. “Talcualizar” es un curioso término colombiano que hoy nos explicaba en la comida la profesora Zenaida Osorio y que a mí me parece que es uno de los signos evidentes de este tiempo de opulencia informativa y de la pulsión que tenemos por su posesión y archivo. Algo que contrasta con las dificultades que existían hace apenas dos siglos para poder copiar o hacer facsímiles de cualquier texto o dibujo. Antes de la invención de la fotografía  solo se podía “talcualizar” gracias al esfuerzo de los copistas para los textos y de la habilidad de manejar el pantógrafo para las imágenes. Fue precisamente la invención de la Fotografía en la década de 1830 y del “daguerrotipo sonoro” en 1877, del que también nos ha hablado hoy Zenaida Osorio y del que ofrezco aquí la primera imagen que se mostró en España un año después, los que abrieron el camino a una nueva relación con la información y el conocimiento en relación con dos sentidos humanos esenciales, la vista y el oido.

Antologia de textos españoles sobre Fotografía publicados en el  siglo XIX  (Pulsar para descargar)

Primeros Tiempos de la Invención de la Fotografía: Cuando el daguerrotipo no superaba en fidelidad al dibujo o la paradoja del dibujante científico Turpin. Un texto de 1996

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Jean François Turpin.  “Flore Médicale”. Detalle de un melón. París 1818.

Siempre me ha interesado el factor humano que se oculta en las fuentes con las que se construye el relato histórico. Indagar las pulsiones personales, las emociones y los sentimientos de los protagonistas no siempre es sencillo, pero resulta muy excitante para quien extrae algo de vida de un documento que contiene información susceptible de convertirse en un texto historiográfico. La ventaja de trabajar con materiales del siglo XIX es que las motivaciones y las concepciones de los actores históricos son culturalmente  bastante parecidas a las nuestras y son más fáciles de entender que cuando trabajamos en periodos históricos lejanos o con marcos culturales y conceptuales muy distintos. En muchos aspectos una persona de 1839 y una persona de 2015 tienen bastantes más puntos en común de lo que parece a simple vista, y entre todos esos puntos destaca uno de modo evidente: la enorme fascinación por vivir en un tiempo de intensas novedades y transformaciones tecnológicas.

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Alfred Donné. “Blood corpuscles of the frog”. Daguerrotipo fotomicrográfico. (Sin fecha)   Wellcome Museum. Londres

Lo que denominé “La paradoja de Turpin” es una cuestión muy ligada a la innovación y es la preocupación por algunas personas de obtener reconocimiento cueste lo que cueste subiéndose a una “ola” de prestigio y sin importar la verdadera calidad de su trabajo. Se trata simplemente de aprovechar el impacto de lo que le cuentas a la prensa y esperar a que otros te pongan los laureles… el método funciona bien, salvo que tengas la mala suerte de toparte con una persona rigurosa, de mentalidad científica exigente, que siente sinceramente que su profesión se ha quedado obsoleta con el advenimiento de la Fotografía, y que no entiende como un imagen dibujada puede presentar una veracidad superior a una imagen fotografiada contradiciendo así a la nueva naturaleza de los daguerrotipos que reducían a los dibujos, a partir de 1839, a meras ficciones de la realidad.

Encontré ésta historia en mi visita investigadora al Instituto de Francia en 1993 y me quedé fascinado porque revelaba dos visiones contrapuestas de la innovación científica y tecnológica: la del científico sólido y riguroso, creyente en el progreso y dispuesto a admirar sus avances aunque perjudiquen su trabajo y la del oportunista que quiere ser el primero a toda costa basándose en las meras apariencias. Éste es el debate que Turpin establece con Alfred Donné, que aparece acríticamente en los libros de historia como el que introdujo la microfotografía en las imágenes daguerrotípicas. Las Actas de la Academia son implacables, como finalmente muy pocas personas han ido a las fuentes originales éste es un acontecimiento muy desconocido, pero ahí está,  mostrando la realidad de un tiempo agitado y de profundos cambios. A los que Jean François Turpin somete a Alfred Donné a una paradoja de manera muy brillante como se explica en este texto que publiqué en 1996.

“Papel Alpha”. es una de las verdaderas joyas que tenemos en lengua española o castellana sobre Fotografía. Todavía se publica,  (en 2013 apareció el último número de la revista hasta la fecha, el 9-10, con un excelente monográfico sobre el álbum fotográfico en el siglo XIX) Su editor, Alberto Martín, es una de las personas más exquisitas que trabaja en España sobre Fotografía. Sus proyectos son de una enorme calidad intelectual. Alberto es una persona muy exigente y rigurosa en todo lo que hace y que te invite a participar en una de sus iniciativas es un verdadero privilegio. No exagero nada en lo que escribo. En 1996 puso en marcha “Papel Alpha” en la Universidad de Salamanca y me invitó a formar parte del primer consejo de dirección de la revista que ya desde el primer número publicó aportaciones de primera línea, como el trabajo premonitorio sobre imagen digital del malogrado José Luis Brea, entre otros. Para mí era un enorme reto publicar algo novedoso y a la altura de las expectativas que había marcado para la publicación Alberto Martín, y le propuse este tema que había encontrado en la paciente lectura de las actas de la Academia de Ciencias de París preparando mi libro sobre la introducción de la fotografía en España.

Ofrezco aquí la versión de la revista porque he perdido el pre-print original, y lo hago tanto del texto en español como de la traducción inglesa. Por cierto, ahora que he releeido el artículo, me doy cuenta de como ha cambiado la manera de investigar  en la actualidad gracias a los repositorios digitales. En 1993, en el Instituto de Francia, solo te permitían trabajar de 11 a 13:30 horas en la sala de investigación, no podías fotocopiar las actas y me recuerdo que yo iba transcribiendo tan rápido como podía y traduciendo del francés y cuando tenía dudas con alguna palabra, la escribía en francés para luego cotejarla en un diccionario y encajarla en su contexto. Hoy todo el material está disponible en la red en Europeanna y no es necesario viajar a París para consultar las fuentes y poder trabajar, aunque, ahora que lo pienso, no sé si esto es una verdadera ventaja, porque París siempre merece la pena,  e investigar sobre Fotografía es una excusa tan buena como cualquier otra para viajar de tanto en tanto a la Ciudad de la Luz.

La Nueva Memoria o la Paradoja de Turpin  (Pulsar para descargar)

English Translatión: The New Memory or the Turpin’s Paradox  (Click for download)

“Incisiones o Impresiones” Los orígenes de la Fotografía desde su punto de vista y desde la “orilla” del Grabado. Un texto de 2003

Grabando una imagen en un taco de madera (1850)

Grabando una imagen en un taco de madera (1850)

Girona es una ciudad catalana que en pocas décadas se ha convertido en uno de los referentes europeos de encuentro  sobre investigación y experiencias en torno a las imágenes, los archivos y su difusión y usos. Tiene un Museo del Cine que alberga la colección Tomás Mallol, que es una de las mejores del mundo de aparatos pre-cinematográficos y tecnologías diversas. Por ejemplo, uno de los escasos prototipos existentes de televisión óptica se encuentra en este Museo que cada dos años organiza un encuentro de especialistas en cine de los orígenes y sus antecedentes, alternado con otro sobre Archivos e Imagen, las prestigiosas Antoni Varés, que comenzaron en 1990. Los materiales de estos encuentros que han congregado a los mejores especialistas de diferentes países,  se publican y las actas de las Jornadas Varés están accesibles en el propio portal del Ayuntamiento, mientras que las referentes al cine de los orígenes y sus antecedentes se editan en papel y por lo que sé, muy pronto estarán también accesibles en la red. Además de un Centro de Conservación de archivos de imágenes en todos los soportes técnicos.  Girona es una ciudad muy recomendable para conocer, tiene una extensa historia que ha dejado un enorme patrimonio cultural, es un lugar tranquilo de una enorme belleza y con un tamaño muy humano para transitar por sus calles y disfrutar de su casco histórico que es excepcional y sumergirse en  su apreciable calidad de vida.

Por esas curiosas cosas que nos pasan a todos en la vida, yo estoy ligado sentimentalmente a Girona desde que, en 1990, aparecí por allí para leer una comunicación sobre Investigación y Fotografía en las primeras Jornadas Antoni Varés. Las Jornadas Varés de Imatge i Recerca Histórica han sido el laboratorio donde he ensayado algunas de mis principales ideas sobre investigación fotográfica, textos que irán apareciendo en las entradas de ésta bitácora, y es un lugar donde he aprendido mucho porque he tenido la oportunidad de conocer a los autores de referencia con las mejores experiencias  propuestas y reflexiones en torno al muy complejo mundo de las imágenes.

Revelando una placa de colodión húmedo (1863)

Revelando una placa de colodión húmedo (1863)

En el año 2003, Joan Boadas, buen amigo y alma mater de todas las iniciativas a las que me he referido, me llamó para invitarme a participar en uno de esos proyectos de los que me siento muy orgulloso de haber sido autor. Joan deseaba  hacer una publicación en la que se confontaran las primeras imágenes fotográficas de la ciudad de Girona con grabados coincidentes para contemplar las concordancias y los tratamientos visuales de ambos medios, el de la estampa y el de las impresiones fotográficas. Un libro en el que se reconocieran influencias, herencias y también diferencias en los modos de ver una ciudad con tanta historia vivida y que ha dejado, obviamente, mucha huella gráfica. El libro editado en 2003 se titula Girona, primeres mirades y no me cabe duda que por sus contenidos visuales es un libro de de coleccionista, además existe una exposición virtual de sus contenidos en el portal del Ayuntamiento.

De esa invitación se produjo el texto Incisiones e Impresiones que ofrezco aquí en su pre-print en castellano porque fue traducido y editado en catalán para el libro. Tiene su arranque en las anotaciones que hice en 1993 en mi visita investigadora al Instituto de Francia en París donde estuve consultando documentos sobre los orígenes de la fotografía que dieron lugar a mi libro La Introducción de la Fotogafía en España editado finalmente en el año 2000. En la Academia de Ciencias una de las cosas que me sorprendió es que el programa original del daguerrotipo esperaba que la multiplicación de las copias se hiciera desde la plancha daguerriana a través de la imprenta, algo que como todos sabemos no fue posible, pero esa idea me permitió esbozar una “historia en dos orilllas”, es decir, el Grabado visto desde la Fotografía, y la Fotografía vista desde el Grabado. La distancia conceptual y cultural entre las incisiones para las estampas y las impresiones para las imágenes fotográficas, me permitieron explorar al mismo tiempo algunos de los aspectos de incertidumbres en torno a una nueva tecnología que, como le ocurría a la Fotografía, no tenían antecedentes ni culturales ni materiales y quienes contemplaban por primera vez las planchas daguerrotípicas,  veían ineludiblemente algo nuevo, pero que al mismo tiempo parecía una forma de grabado, algo que ya no lo era, evidentemente,

Ahora cuando he releído el texto para incorporarle a ésta bitácora me ha parecido que hablaba de aspectos que para mi investigación ha sido siempre muy sustanciales como son el equilibro entre la tecnología y su socialización y la indagación de las predicciones que de ella se hacen en los primeros momentos de su aparición pública. En 2003 cumplió su objetivo de abrir un libro en el que se confrontaban estampas y fotografías y ahora lo ofrezco porque creo que su contenido sigue teniendo vigencia.

Incisiones o impresiones    (Pulsar para descargar)