La imagen fotográfica y sus evidencias para la Historia de la Educación. Un texto de 2010

Una de mis dimensiones profesionales guarda relación con la especialidad  de la Tecnología Educativa. De hecho, entre la docencia que imparto en la Universidad se cuentan actualmente dos asignaturas de Educación y TICs, una disciplina en la que comencé a trabajar en 1981 y he asistido a todos los cambios tecnológicos que se han dado en la utopía de enseñar con máquinas, desde los antiguos epidiáscopos, o proyectores de opacos, que, literalmente, achicharraban las páginas de los libros que proyectábamos, al montaje de cine en super 8, los proyectores de cine sonoro, los retroproyectores, la elaboración de guiones con proyección de diapositivas y sonido grabado, el video educativo y las aplicaciones digitales con herramienta de autor que ahora aprenden mis alumnos, y con un solo mes de aprendizaje y una creatividad desatada, hacen unos programas estupendos para proyectar en las, todavía modernas, pantallas digitales interactivas o PDI; por el momento,  una de las últimas estaciones de este incesante viaje por las máquinas y la educación. Aunque en este transcurso de tecnologías y aprendizajes cada vez damos más relevancia a la reflexión educativa y menos importancia a las novedades que proponen las máquinas y sus posibilidades tecnológicas. De hecho comencé otra bitácora paralela sobre estas cuestiones porque me preocupa mucho que toda la arqueología en TICs que hemos conocido y practicado, pronto va a quedar en el olvido, pero lo tengo en cuarentena porque deseo redefinirla. De todos modos, para algún curioso, pongo aquí el enlace.

Madrid. Escuela de la Florida, salón de proyecciones

Una tarjeta postal de la década de los años 30 mostrando innovaciones de la Escuela Nueva con un profesor proyectando cine educativo a los alumnos (Colección Martín Carrasco)

A finales de 2007, yo me había reincorporado a la Universidad tras pasar cuatro años en un cargo público que fue para mi un verdadero máster personal. Gracias a esa posibilidad que se me abrió, había  conocido aspectos de la innovación tecnológica desde una perspectiva que nunca habría tenido de otro modo. Dirigí un programa europeo de implantación de tecnología digital, viajé muchísimo por latinoamerica, experimenté la soledad del coche oficial, y al terminar había retornado a la vida cotidiana con bastante facilidad. Algo que no todo el mundo consigue, y en algunas empresas, me consta, que cuando dejas de ser directivo tienen programas de “descomprensión” para que te adaptes a ser uno más, a no sentir el pánico porque casi nadie te llama ya al teléfono, o percibes que te han dejado de invitar a todo tipo de eventos y cosas así. En eso estaba, cuando mi buena amiga y colega de la Universidad de las Islas  Baleares, María José Mulet, historiadora de la fotografía como yo, y también una de las pioneras de ésta temática en España, me llamó para decirme que dos profesores de Historia de la Educación de su Universidad, Francesca Comas y Bernat Sureda, querían conocerme porque había leído un texto mío y les interesaba mucho invitarme a un seminario que estaban organizando con motivo de un proyecto de I+D que les había concedido el Ministerio de Educación, ya que querían adentrarse en el territorio de las imágenes  fotográficas para aplicarlas a sus investigaciones en Historia de la Educación.

El seminario fue estupendo, y tuve la oportunidad de conocer a un grupo de especialistas en Historia de la Educación muy sólidos y con una extensa trayectoria con los que aprendí nuevas perspectivas. Entre ellos  estaba la profesora María del Mar del Pozo Andrés, catedrática de Historia de la Educación en la Universidad de Alcalá de Henares con la que me une una sólida amistad desde entonces.

Fotógrafo desconocido. Una escuela de niñas en Reinosa hacia 1916. (Colección particular)

Como resultado del seminario, la revista Educació e Història que dirige Bernat Sureda, publicó en 2010 un monógrafico en su número 15 sobre Fotografía e Historia de la Educación que puede descargarse aquí completo, con las aportaciones de diversos especialistas de Historia de la Educación y de Análisis y Conservación de las imágenes fotográficas, y en el que publiqué el texto que ofrezco hoy en la bitácora,  que trata sobre como abordar la investigación de las imágenes fotográficas más allá de su apariencia realista y desde la posición de un historiador que explora nuevas fuentes documentales que son diferentes a los textos escritos, pero que pueden analizarse con una metodología específica y rigurosa y que, como representaciones, presentan una textualidad iconográfica que va más alla de sus meros valores estéticos.

En 2017, a través de María del Mar del Pozo Andrés, la Sociedad Española de Historiadores de la Educación me invitó a abrir el XIX coloquio que celebraban en Septiembre en San Lorenzo del Escorial, que trataba sobre imágenes, discursos y textos, y que me permitió comprobar con enorme satisfacción que en estos momentos contamos con un numeroso grupo de historiadores de la educación que están trabajando con las imágenes fotográficas con un muy alto nivel de análisis y resultados, y el Coloquio -del que ahora estoy escribiendo el texto y se publicará proximamente- fue una excelente oportunidad para revisar el momento tan complejo en el que ahora nos encontramos con las imágenes, en éste tiempo de fragmentaciones posmodernas que nos interpelan a quienes nos hemos formado en la tradicion rankeana de los documentos históricos.

Ofrezco aquí el texto en lengua catalana que es como se publicó en la revista y el pre-print en lengua castellana. La verdad es que no sería necesario, porque el catalán es una lengua que se entiende muy bien, tiene una gran musicalidad y, que me disculpen los que están ahora de nuevo con el debate del castellano versus el catalán, pero yo soy de los que opinan que seríamos mucho más ricos, desde el punto de vista cultural,  si todos los castellano-parlantes leyesemos con facilidad, y sobre todo con naturalidad, el resto de las lenguas existentes en España. También ofrezco, para enlazar con mi otra veta profesional, la de la Tecnología Educativa, el salvapantallas que hicimos en 2012 con motivo de la exposición permanente de las antiguas máquinas para enseñar que instalamos en la Facultad de Educación en la Universidad de Cantabria, para que el alumnado más joven descubriese que había un pasado tecnológico antes de lo digital; lo titulamos “Recuperando Utopías”, o lo que es lo mismo, el viejo y perenne sueño educativo que nos acompaña desde la Ilustración sobre la magia de las máquinas para aprender. Un aspecto que han estudiado muy bien autores como Barbara María Stafford en su ya clásico, Artfull Science, toda una recomendación para los interesados en estos apasionantes temas.

Mirant a la història i aprenent a experimentar amb nous mètodes  (Texto publicado en Catalán. Abstract en catalán, castellano e inglés)

Pre-Print en castellano del texto publicado en Educació i Història

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La importancia de la genealogía, también en la Historia de la Fotografía, un texto de 1996 contrastado con otro de 2015 y la reciente obra de Carmelo Vega al fondo

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Éste dibujante en una cámara oscura nos sirve como metáfora de la escritura histórica de la Fotografía. Grabado de: “The Museum of Science and Art” Dionysis Larder (1855)

Uno de los riesgos ciertos que tienen las bitácoras es que muchas acaban abandonadas por sus autores tarde o temprano. No es mi caso. Introduje la última entrada a comienzos de 2017, ha pasado un año y en ningún momento he olvidado que tenía pendiente renovarla. (¡Tengo muchos textos todavía que deseo compartir!). Pero he estado tan ocupado en éste tiempo y con tantas actividades que, ahora, cuando hago repaso de todas ellas, me doy cuenta de todas las cosas que he estado haciendo y que me ha ocupado gran parte de mi tiempo  durante estos meses en detrimento de esta ventana de comunicación que tantas satisfacciones me proporciona. En mi universidad como en  otras, existe un programa formativo para personas jubiladas que aquí lo denominamos Programa Senior de la UC. Durante seis años estuve impartiendo un curso sobre historia de la comunicación desde los ilustrados del siglo XVIII y la revoluciónaria propuesta de conocimiento textual y visual que supuso L’Enciclopédie de D´Alembert y Diderot hasta la  actual Sociedad-Red que estamos transitado en ocasiones sin entenderla del todo, pero tenía una temática que deseaba explorar y era analizar  cómo se había fraguado la Sociedad de la Información, una  cuestión que está tansformando nuestras pautas culturales, sociales, políticas y económicas y además con los alumnos con los que comparto la asignatura, tenemos la ventaja de que hemos conocido todos el tránsito de las prácticas analógicas a las digitales, pero nos faltaba una perspectiva histórica que superase esa visión continuamente adanista que los autores acriticos que hablan de digitalidad propugnan, obviando (o tal vez ignorando), que se puede establecer una línea continua y coherente desde la arqueología del conocimiento, (utilizando la terminología de Michel Foucault), que existe entre las láminas dibujadas de L’Enciclopédie al buscador de imágenes de Google que tienen el mismo origen conceptual, a pesar de su divergente ontología tecnológica.

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Clasificación de picos y patas de aves en una lámina de L’Enciclopedie (1763). Si buscamos ahora en Google esta misma temática, la organización visual que aparece es muy similar a la que hicieron los ilustrados en el siglo XVIII, un buen ejemplo de la continuidad y permanencia cultural del sistema de clasificación gráfica.

Me esfuerzo mucho por conectar los fenómenos tecnológicos del pasado con su continuidad digital. Se puede ver, por ejemplo, en el caso de la conmutación de paquetes que mueve los archivos en la red como algo exclusivo de la digitalidad, pero si uno tiene esa perspectiva histórica a la que me refería antes, observará que ya, durante la guerra franco-prusiana en 1871, se enviaban mensajes redundantes con palomas mensajeras que siguen el mismo principio que hace posible que un correo electrónico llegue hoy a nuestro ordenador. Cambian las tecnologías pero persisten los principios que permiten que los fenómenos ocurran aunque ahora pasados por las redes y los bits parezcan nuevos. Se estrenó, a mediados de 2017 la película El Círculo, basada en la novela de Dave Eggers, que, entre otros aspectos más o menos inquietantes vuelve a poner de manifiesto la tendencia de la industria digital de creer y hacer creer que todo lo que hacen es borrón y cuenta nueva con el pasado, una tendencia que se puede rastrear muy bien en los orígenes de la microinformatica a finales de la década de los años setenta que modeló personajes que con apariencia antisistema, crearon grandes corporaciones con prácticas monopolísticas que encajan muy bien con las vigentes concepciones  neoliberales, pero es evidente que existe, más allá de las mitologías digitales, toda una malla sutil y olvidada que conecta los procesos actuales basados en el símbolismo de la digitalidad con las tecnologías que cambiaron la mentalidad de las personas desde el siglo XIX, entre ellas la fotográfica.

Siempre me ha interesado mucho explorar la genealogía de lo que estudiamos, porque es un modo de entender mejor los procesos históricos. Me ocurrió con la propia construcción de la Historia de la Fotografía. En 1994, Carmelo Vega y yo, hablamos mucho del tema, y finalmente publicamos un libro que se tituló Fotografía y Métodos Históricos, dos textos para un debate que fue el comienzo de nuestras indagaciones en torno a la historiografía fotográfica. A finales de Octubre del ya pasado 2017, tuve el privilegio de presentar junto a Monica Carabias, en la librería del Centro de Arte Reina Sofía, la monumental obra que acaba de publicar Carmelo Vega y que abre una multitud de nuevas líneas de investigación. Un libro imprescindible y que marca un antes y un después en la indagación histórica de la Fotografía en España y es claramente un ejemplo internacional de rigor y buen hacer, puede descargarse la recensión que hago en Fotocinema aqui.

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El libro recien editado de Carmelo Vega que indaga entre otros muchos aspectos en la construcción de la Historia de la Fotografía en España

En 1996, Mario Díaz Barrado, que había participado intensamente en los seminarios sobre la imagen fotografica que hicimos en la Universidad Carlos III de Madrid, bajo la dirección de Carlos Serrano y Antonio Rodríguez de las Heras, fue el editor de un número monográfico de la revista “Ayer”, la publicación de referencia de los historiadores contemporanistas. En ese número, que aquí puede descargarse completo, abordé el tema de la genealogía de la Fotografía con una visión orientada a los historiadores profesionales que se encontraban con el fenómeno de las imágenes fotográficas y aunque les interesaban, entendían que era un tema ajeno a su formación fundamentada sobre todo en el texto escrito.

Anteriormente a éste texto, publiqué en 1994, el que ya me he referido y posteriormente aparecieron otros sobre aspectos específicos, el último en un monográfico de la revista de la Universidad de Málaga “Fotocinema”, en el que reflexiono esta vez en cómo hacer historia de la Fotografía en un tiempo posmoderno y también Carmelo Vega aporta una reflexión muy interesante sobre los vacios de la trama historiográfica española.  El monográfico de Fotocinema puede consultarse aquí y, en mi caso, puede contrastarse mi texto con el publicado en 1996 en “Ayer”. Han transcurrido los años pero muchas preguntas  sobre la genealogía de la Historia de la Fotografía, nos permiten entender  en qué hemos centrado  nuestra mirada historiográfica y que cuestiones, sin duda, hemos desatendido.

La historiografía española y los debates de la Fotografía como fuente histórica

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Primeras indagaciónes sobre las imágenes fotográficas cómo fuentes para la Historia. Un texto para las Jornadas Antoni Varés de 1990

Hay momentos en los que, sin saberlo, se abre una puerta en nuestras vidas que tendrá un largo recorrido.  Su inicio es generalmente fruto de la casualidad y solo en el transcurso del tiempo aprecias su verdadera dimensión. Esa es la percepción que yo siento hacia la ciudad de Girona y sus Jornadas Antoni Varés de Imatge i Recerca que comenzaron en 1990 y que en aquel año, por pura casualidad, yo envié una comunicación a esa primera convocatoria sin saber que a partir de ese momento unos fuertes lazos intelectuales y emocionales me acabarían ligando a un proyecto que hoy es un referente europeo en torno a las imágenes, los archivos fotográficos  y su investigación y difusión. Un lugar donde cada dos años nos damos citas especialistas de todo el mundo interesados en las imágenes fotográficas y sus múltiples dimensiones culturales. Yo he sido un asiduo participante desde 1990 a todas las citas excepto a la de 2004 que no pude asistir por tener una intensa agenda en un cargo público que me lo impidió y las de 2016, recien finalizadas, que me han coincidido con un viaje a Chile de dos semanas. A lo largo de éstos días he sentido mucho no reencontrarme con tantos y tan buenos amigos que allí nos damos cita, y aunque dejé hechos “los deberes” para el homenaje colectivo que en las Jornadas se le rindieron a nuestro inolvidable Ángel Fuentes de Cía, el recuerdo de ésta cita estuvo en mi ánimo durante todo el viaje al país Austral.

Cómo muy bien explica la denominada “Teoría del Mundo Pequeño” todo está más conectado de lo que parece a simple vista; así que un día que me encontraba al sur de Chile, en el archiplelago de Chiloé, visité una pequeña localidad llamada Castro que tiene unos palafitos con casas de colores que recuerdan mucho a Girona y paseando por el interior de sus calles fuí a recalar a un pequeño restaurante “Mar y Canela”, que se encuentra en una de las construcciones sobre el mar. Es un lugar maravilloso que llevan un matrimonio chileno desde hace 5 años, Alejandra y Mauricio. Alejandra es la maitre y Mauricio es el cocinero, que se formó con Ferrán Adriá y su padre era un catalán  (de Tarragona, según me dijo), que se instaló allí hace algunas décadas. Con los exuberantes productos australes que el mar y la tierra proporcionan Alejandra y Mauricio ofrecen una carta exquisita que tiene los ecos experimentales del universal cocinero catalán, y es un lugar en la Tierra donde tocas por unas horas el Cielo con los dedos, no solo por los platos que elaboran y las variedades de vino que ofrecen sino por el lugar y el sentimiento de hospitalidad que te envuelve. Un lugar para volver o para descubrir en algún momento de nuestra vida…

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Palafitos en Castro. Archipielago de Chiloé (Chile), donde se encuentra “Mar y Canela”   (Foto: Bernardo Riego. 2016)

Pero hablemos un poco del texto que ofrezco hoy, que para mí fue el comienzo de una intensa relación con Cataluña. En 1990 estaba yo comenzando mi tesis doctoral, me habían concedido una generosa beca de Investigación y estaba en un Departamento universitario especializado en Historia Política de la Época Contemporánea. en aquellos años además de los esfuerzos de la Fotohistoria que se habían dado en la década de los años ochenta y que estaba desconectada de las prácticas universitarias, para los historiadores profesionales lo de usar fotos  no lo veían más utilidad que la de ilustrar los textos, así que yo tenía el reto de construir con los documentos visuales un discurso que se equiparase al de la tradición escrita y que no se quedase en una aproximación banalizadora. Tuve la suerte de contar con el apoyo y el ánimo de mi directora de Tesis, la profesora Ángeles Barrio Alonso, con la que tengo una deuda permanente por todo lo que aprendí con ella y con su exigencia de que fuese siempre riguroso en mi trabajo. Así que empecé por el comienzo, indagando en torno los modelos metodológicos de la historiografía par apoder acoplar a su tradición los nuevos textos visuales. Ese fue el objetivo de mi texto que lo hice para presentarlo en las Jornadas Antoni Varés, cuya primera convocatoria nos llegó al Departamento y alguien me señaló que tal vez sería una oportunidad interesante de aportar alguna de las ideas con las que estaba trabajando. Envíe el texto con unas imágenes y recuerdo aquel encuentro en el “Institut Vell”, en la parte histórica de Girona junto a la Catedral. Ya entonces me dí cuenta de que había descubierto un espacio donde podía expresar mis reflexiones en torno a mi trabajo investigador y que podía ser mi “laboratorio” para indagar con plena libertad en propuestas e ideas en torno a la historia de las imágenes. Una de las cosas que ya entonces me gustó mucho era la preocupación de los organizadores para contar con todas las personas y tendencias que estaban trabajando en Historia de la Fotografía y no ser excluyentes con nadie. Cuando fuí conociendo más a Joan Boadas, el alma mater de las Jornadas, al que hoy me une una sólida amistad, labrada en muchos años, entendía que Girona y sus Jornadas Antoni Varés era un lugar en el que merecía la pena estar. Luego conocí la aventura de Joan Boadas y su equipo y la visión del alcalde Joaquim Nadal de crear con la impresionante colección de Tomás Mallol, el Museu del Cinema,  que colocó a la ciudad catalana en el mapa internacional de la cultura de las imágenes.

El texto que propongo hoy en la bitácora, me parece ahora muy modesto comparado con otras aportaciones posteriores, pero tiene la curiosidad de ser un trabajo muy inicial pero que ya apuntaba lo que luego consolidé en textos posteriores. Lo incluyo hoy como homenaje a tantos amigos y amigas con los que tanto aprendo y disfruto en las Jornadas que cada dos años celebramos y que llevan por nombre el de un fotógrafo cineasta y cartelista innovador gironí, Antoni Varés, que vivió los excitantes años de la modernidad que desembocaron en la experiencia republicana y tuvo que sufrir, cómo tantos autores valiosos de su época, el tiempo de silencio y la grisalla del franquismo.

La Fotografía como Fuente de la Historia   (Pulsar para descargar)

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Entender las imágenes más allá de la visión artística, en su dimensión social y cultural fue el punto de partida para convertir las fuentes visuales en textos historiográficos. Grabado de una exposición de pinturas en Madrid en 1851.

Las tarjetas postales ilustradas cómo instrumentos de propaganda visual. Recuerdos de la Primera Guerra Mundial. Un texto interactivo de 2014

La tarjeta postal ilustrada ha sido uno de esos materiales visuales que durante mucho tiempo me han fascinado y atrapado mi interés investigador. En 1997, con motivo de la catalogación de las colecciones de la ciudad  de Santander para la Fundación Botín, publiqué una reflexión que está en otra parte de ésta misma bitácora y que se puede consultar aquí. Elaborar una historia de las postales en España fue un proyecto que tenía en cartera desde hace muchos años, y mi buen amigo, el editor Juan Carlos Luna, me pidió que lo abordase para la editorial Lunwerg, pero otras obligaciones me fueron absorbiendo, y en 2010 tuve la suerte de reencontrarme con Esther Almarcha e Isidro Sánchez de la Universidad de Castilla-La Mancha, que estaban trabajando sobre los materiales Ephémera, entre las que se incluyen a las tarjetas postales, habían publicado un trabajo sobre la tarjeta postal junto a Rafael Villena, profesor de Historia Contemporánea en la misma Universidad que Esther e Isidro y me animaron a participar con ellos en un proyecto amplio y ambicioso que dio lugar a “España en la Tarjeta Postal, Un Siglo de Imágenes” que apareció en la editorial Lunwerg en 2011. Aprendí mucho trabajando con todos ellos.

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Portada del libro sobre la historia de la tarjeta postal en España que publicamos en 2011

El libro fue un éxito de ventas, y entre las satisfacciones de ese libro, para mí, hay una muy íntima y personal, y fue que la selección editorial final la hizo conmigo en la sede de la editorial Planeta en Barcelona, mi buen y siempre querido amigo Andreu Gamboa, ya muy enfermo pero que hizo un esfuerzo muy grande para estar en el libro, y con su experto ojo editorial y esa elegancia que siempre tenía para las ediciónes, realizó la última criba de una selección en la que participamos además de Isidro, Rafael y Esther, Martín Carrasco, el mejor coleccionista de postales que tenemos en España y Oscar Fernández Olalde, un documentalista exquisito y eficiente que digitalizó y preparó las miles de imágenes que compusieron el proyecto. A mí me tocó hacer el papel de editor del libro y de escribir la parte de la postal a partir de la posguerra, pues la editorial nos propuso que abordáramos también la tarjeta postal de la época franquista y creo que la selección funcionó muy bien en el conjunto aunque esa etapa por la diferente calidad con la edad de oro de la tarjeta postal española que fue de 1896 hasta 1920 (hay opiniones sobre el cierre de esa etapa dorada, pues otros autores la cierran antes), a todos nos daba un poco de miedo mezclar épocas tan dispares, pero la aventura salió bien.

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Aunque hoy nos parezcan ingenuas y un tanto burdas, las postales de la Primera Guerra Mundial se emplearon en ambos bandos muy a fondo en funciones de propaganda.

La tarjeta postal tiene muchas posibilidades de investigación y una de ellas está vinculada con la evolución de la propaganda visual en el siglo XX. En 2014, cuando comenzó a celebrarse el centenario de la primera guerra industrial de  la historia, que cambió Europa para siempre, yo estaba trabajando en la Universidad de Cantabria aspectos referidos a la Opinión Pública desde la perspectiva histórica contemporánea y resultaba fascinante que mientras los estados mayores europeos involucrados en la guerra, despreciaban las posibilidades propagandísticas del cine, por lo menos hasta 1916, los editores de postales publicaron miles de imágenes que operaban como fragmentos de propaganda y cumplían las extensas funciones que las imágenes tenían ya en el entonces incipiente siglo XX. Además la Primera Guerra Mundial tuvo aspectos curiosos y que no se repitieron después, por ejemplo, que en las trincheras hubiese fotógrafos tomando escenas privadas para el recuerdo. Que existieran compañías como Eastmant Kodak estimulando la venta de cámaras “de soldado” en el frente. Ese cruce entre postales de propaganda, imágenes privadas en formato postal de la cruda vida en las trincheras, y algunos fragmentos de un cine aparentemente informativo, pero que en su mayor parte es reconstrucción, me incitaron a preparar un material ineractivo en pdf que mostré a mis alumnos de Historia de la Opinión Pública en la Universidad de Cantabria y que ahora pongo a disposición de los seguidores de ésta bitácora, cada vez más numerosos. No es un texto cómo los anteriores. Se trata de una presentación en pantallas interactivas por las que se puede navegar y visualizar aspectos diversos de las imágenes de propaganda y privadas de la Primera Guerra Mundial. He colocado incluso dos documentos cinematográficos que están incrustados en el pdf y se ponen en movimiento al pulsar sobre ellos. Cómo se trata de tecnologías de edición todavía muy nuevas, no es satisfactorio su uso en todos los dispositivos, sobre todo en las tablets y dependiendo del programa que lo visualice, los videos no se mueven. De todos modos he puesto un indicador en amarillo para señalar los  videos que tienen movimiento en el documento.anuncio

Anuncio de cámaras para tomar fotos privadas en los frentes de combate, una práctica que no se repetiría ni en la Guerra Civil española ni en la Segunda Guerra Mundial donde las funciones de Inteligencia de los Estados Mayores fueron ya mucho más elaboradas.

En otra entrada insertaré un texto publicado en la revista Fotocinema de la Universidad de Málaga en 2011, que elaboré a partir de la publicación del libro, pero eso será más adelante. Espero que los interesados disfruten con ésta modalidad de texto interactivo, diferentes a los escritos pero que también aportan mucha información y sugerencias.

La guerra de las imágenes   (Pulsar para descargar)

Orígenes del periodismo gráfico en la España del siglo XIX en un homenaje al maestro José Altabella. Un texto de 1997.

Tras haber publicado “Cien Años de Fotografía en Cantabria”, en la editorial Lunwerg en 1986, con la impagable ayuda del fotógrafo santanderino Ángel de la Hoz, estuve publicando en la prensa local y en algunas revistas,   artículos sobre historia de la fotografía. Había un tema que me interesaba sobremanera y era lo referente a la información gráfica. Entre 1976 y 1984 yo trabaje cómo redactor gráfico en un periódico de mi ciudad natal. Todavía era una época en la que al redactor que escribía se le consideraba más importante en las redacciones que al que narraba la actualidad con su cámara. Para mí fueron unos años muy excitantes. No hace mucho hablaba de ellos con mi colega y buen amigo  Ramón Esparza, de la Universidad del País Vasco, que fue también redactor gráfico en años similares y coincidiamos en que es una profesión en la que se envejece mal, pero en la que tienes el privilegio de ver las capas de la realidad que constituyen lo cotidiano, por la variedad de temas a los que puedes asistir en un mismo día.

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Luis Udías (Pressman). Informadores gráficos locales y nacionales posando con motivo de la Primera Asamblea de la Prensa en España celebrada en Santander. (Agosto 1922).

A finales de la década de los 80 publiqué un artículo sobre periodistas gráficos en la prensa santanderina. En él, inserté por vez primera una fotografía de un grupo de fotógrafos de prensa de Madrid y Santander que había tomado Luis Udías, uno de los reporteros gráficos que trabajaban en la época, y  que en la década de los años veinte publicaba fotos de Santander en la prensa gráfica de Madrid sobre todo de las estancias veraniegas del rey Alfonso XIII y su familia. Su hija, Pilar Udías, la primera locutora de Radio Santander, poseía ésta imagen con algunos efectos personales de su padre y me la prestó,  pero desconocía los datos. Eran unos años en los que no disponíamos de las fuentes de consulta que ahora tenemos, así que puse un píe muy genérico y por el tipo de cámaras que usaban y los años en los que trabajaron avancé la fecha de 1925 como posible para la fotografía que ahora reproduzco en la bitácora.

Pocas semanas después de la publicación, cuando ya las páginas de un periódico solo sirven para las hemerotecas y para envolver algo con ellas (pues nadie se imaginaba que un día los periódicos no serían solo de papel sino del intangible material digital que ahora son), recibí una carta de la Universidad Complutense del Profesor José Altabella, interesandose por la imagen inédita que había puesto en página y corrigiéndome la fecha, pues, me decía, pertenecía a la Primera Asamblea (o Congreso) de la Prensa que se celebró en Santander en Agosto de 1922.

Así nació mi relación con una de las grandes figuras de la historia del periodismo español del siglo XX y desde luego el padre de la documentación gráfica desde sus clases en la Escuela de Periodismo y luego en la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense. A mí los documentalistas gráficos siempre me han fascinado; en mi redacción teníamos uno, Pascual recuerdo que se llamaba, al que le decías que necesitabas una foto de una vaca en la que se viera al lado un seiscientos para ilustrar un artículo que estabas a punto de enviar a talleres, y Pascual se ponía a bucar en un montón de sobres que tenía en su pequeño cuarto y, casi por arte de magia,  al cabo de unos minutos mandabas al taller del fotograbado la foto de la vaca con el seiscientos. Entonces no había bases de datos ni textuales ni gráficas, todo estaba en la cabeza de documentalistas como el nuestro. Los metadatos de las imágenes, si se las podía llamar así, eran lo que venía en el reverso de la foto en papel, y lo único que a personas como a mí me preocupaban, porque estaba generacionalmente muy sensibilizado, era que apareciera en todas las imágenes publicadas el nombre del autor de la fotografía, algo que a los periodistas más veteranos era un tema que no les importaba entonces demasiado.

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El dibujo informativo creó un lenguaje narrativo en el siglo XIX antes de la hegemonía de la fotografía como sistema de información en la prensa. José Luis Pellicer, corresponsal gráfico en la guerra Ruso-Turca en 1877 para “La Ilustración Española y Americana”.

Coincidí con José Altabella en algunos congresos sobre imagen fotográfica y me encontré con una persona de una enorme amabilidad y que desprendía sabiduría por todas partes. Al respeto que le profesaba se sumó un gran afecto hacia su persona y su extenso conocimiento de las infinitas facetas de la historia del periodismo, que fue lo que me hizo participar, cuando falleció, en el libro homenaje que la Universidad Complutense le dedicó y que se publicó en 1997.

Cómo homenaje al Profesor (siempre con mayusculas) José Altabella, aporté el texto que hoy ofrezco que es una historia de los orígenes de la información gráfica en España en el siglo XIX cuando la Fotografía, por limitaciones tecnológicas que se resolveran paulatinamente a partir de 1880, no podían publicar imágenes directas, esto es, con aspecto fotográfico en en las páginas de la prensa. En estos momentos estoy desarrollando una investigación que irá viendo la luz sobre los orígenes del fotograbado y la prensa gráfica en España que darán lugar a un nuevo espectador de la modernidad. Éste texto que hoy ofrezco para su descarga forma parte de un trabajo que luego desarrollaría en mi libro “La Construcción Social de la Realidad a través de la Fotografía y el grabado informativo en la España del siglo XIX” que, ahora, puede consulltarse en Google porque lo digitalizaron de un ejemplar existente en una universidad americana. El texto homenaje al Profesor Altabella lo escribí un año antes de redactar el libro.

Orígenes de la información gráfica en España en el siglo XIX   (Pulsar para descargar)

Un libro con 75 fichas para analizar las imágenes del siglo XIX español. Elaborado, en su primera versión, en 1998.

Hoy he comenzado de nuevo las clases, he sentido el escaneo de los alumnos y alumnas que intentaban cotejar la imagen que les han contado de mí cómo profesor con la apariencia que realmente parezco tener. Es curioso, aunque llevo muchos años repitiendo éste ritual, todavía siento el mismo pánico escénico (me dura apenas 15 segundos), en el primer momento; una sensación que me gusta mucho porque me indica que voy a tomarme en serio las clases, que tengo que ganarme la estima y la confianza de todos y de cada uno de los alumnos y alumnas. Ser profesor es una de las actividades más interesantes que conozco, siempre les digo el primer día que enseñar es un oficio de personas que quieren a las personas, y que a quien no le interese la textura que tienen tus semejantes,  es mejor que se dedique a otra cosa en la vida.

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Con la técnica del grabado en madera, las imágenes comenzaron a formar parte de la prensa decimonónica como un recurso informativo paralelo al texto escrito.  (Un taller de grabdo en 1867, a la izquierda se ve al operario rebajando una madera de boj dibujada)

Ya que estamos en el inicio del curso vamos a retomar la bitácora un poco a lo grande, y lo hago con un libro electrónico de 180 páginas que elaboré en su primera versión en 1998 y que pretende ser una guía de trabajo para analizar las imágenes que se produjeron en el siglo XIX. A pesar de que muchos historiadores han puesto el énfasis en la iconosfera del siglo XX, la verdadera centuria de las imágenes fue el siglo XIX, en ese tiempo fue donde apareció, en 1839 como es bien sabido, la Fotografía, que se configuró en la conciencia colectiva como una continuación de la realidad y donde el sistema informativo liberal incorporó escenas dibujadas de los acontecimientos, con una narrativa informativa que ahora nos cuesta entender y sobre la que hoy es preciso hacer una tarea de arqueología visual para descifrar los mensajes y los valores que encierran imágenes que ya no hablan a nuestro tiempo sino a personas que transitaron el acelerado siglo XIX. El libro que ofrezco hoy es una guía de trabajo, una especie de hoja de ruta,  para poder comprender las imágenes informativas y fotográficas que se produjeron en ese tiempo e intentar analizar las representaciones visuales más allá de su mera apariencia, intentando, con los ejemplos que propongo, comprender valores culturales específicos, límites tecnológicos diferentes a los del siglo XX o los que ahota suministra la imagen digital, y sobre todo, hacer un esfuerzo cronológico y de interpretación historiográfica, sabiendo que esas representaciones se dirigen a un espectador que no pensaba ni entendía las imágenes cómo las entendemos nosotros en la actualidad.

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La aparición de la tecnología fotográfica y su íntima relación con la realidad, trastocó los valores culturales que existian en el siglo XIX en torno a las representaciones visuales que procedían de la tradición quirográfica . (Colección Castellano. Biblioteca Nacional. Ca 1855)

Con el fin de contextualizar el contenido de las 75 fichas que analizan determinadas cuestiones de comunicación y cultura visual del siglo XIX he incluído dos textos, uno sobre fotografía y otro sobre grabado informativo, que publiqué en aquellos años y que han tenido o tendrán su entrada específica aunque, como es habitual, tienen en su primera página la nota bibliográfica correspondiente en la marca amarilla. También incluyo una bibliografía elaborada en el momento que elaboré la primera versión del libro, que sirve como base a las aportaciones posteriores que aquí, obviamente, no están recogidas, pero todos los trabajos seleccionados fueron entonces muy escogidos por su relevancia e interés. En estos momentos estoy elaborando una guía similar sobre imágenes, ya en su mayoría fotográficas, en torno a la época de la sociedad de las masas en España, pienso que es un buen ejercicio de exégesis visual, muy necesario en un tiempo como el actual en el que hay tanta densidad icónica en el ambiente y tan poca capacidad para comprender muchos de sus mensajes más alla de lo que parecen representar en el plano más inmediato.

Libro para la interpretación de  imágenes históricas del siglo XIX  

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Reflexiones en torno al análisis histórico de las imágenes fotográficas y a la búsqueda de herramientas metodológicas. Un texto de 1995.

Acabamos de pasar una fuerte ola de calor y tengo mis dudas que un texto como el que propongo sea el adecuado para un verano tan tórrido cómo el que estamos pasando, porque “La mirada fotográfica en el tiempo”, una ponencia que leí en un Congreso organizado por la Universidad de Extremadura en Noviembre de 1995, y que fue publicado al año siguiente en una monografía editada por Mario Díaz Barrado, es sin duda uno de mis textos más intensos en torno a una temática que en aquellos años me preocupaba

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Louis Figuier. La dama del espejo. (Ca. 1855). Esta imagen es un perfecto ejemplo de un juego de miradas históricas en torno a la representación fotográfica. Las significaciones para un espectador del siglo XIX son muy diferentes a las que tienen para quienes la contemplamos actualemente

mucho porque careciamos de estudios específicos al respecto, me refiero al análisis historico de las imágenes como fuentes del pasado y no como meras ilustraciones que puestas en página de modo acrítico, parecían evocar una realidad pretérita a la que no se le sometía a ningún tipo de crítica historiográfica, algo que si parecía imprescindible en los textos escritos.

Si la década de los años ochenta fue la de acometer la primera cartografía de autores e imágenes fotográficas existentes en la cultura española desde el siglo XIX, la década de los noventa fue la de avanzar en la integración de las fuentes visuales fotográficas en el ámbito del análisis histórico. Transitábamos un territorio muy fragmentado con procedencias epistemológicas muy diversas que procedían de visiones elaboradas desde la Historia del Arte, la Comunicación Visual, la Semiótica Estructural,  la Estética Visual, la Filosofía, la Antropología y algunas otras que convivían, en ocasiones sin tan siquiera reconocerse, aunque, de modo hegemónico y bastante acrítico, imperaba todavía entre nosotros en aquellos años la visión artística de la escuela “Newhall” que buscaba autores e imágenes para hacer un panteón utilitarista para el coleccionismo pero que de modo reiterado descontextualizaba los fenómenos culturales y comunicativos de las imágenes del pasado.

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Como caminan las personas gracias a la fotografía instántanea. Publicado por  Josef María Eder  en su obra: La photographie instantanée. (1888). La evolución técnica de la Fotografía ayudo a transformar la mentalidad cultural en torno a la realidad a quienes transitaron el tiempo que llevaría a la Sociedad de las Masas.

Este fue uno de los textos que elaboré en torno a dotar al análisis de las imágenes fotográficas de una serie de instrumentos de trabajo y en él aparecen ya elementos nodales de lo que serían mis trabajos posteriores en torno al espectador, a los modos de ver y contemplar una imagen del pasado con ojos presentistas y la necesidad de construir un discurso historiográfico en el que la propia imagen formaba parte de un relato mucho más complejo que lo que parecía mostrar su propia representación.

En el Congreso de las “Edades de la Mirada”, fue donde consolidé mi afecto por Mario Díaz Barrado, discípulo de Antonio Rodríguez de las Heras, pionero en el uso de las fuentes documentales no escritas. Su libro “Palabra de Dictador” (1985), analiza  los discursos de Miguel Primo de Rivera en el período 1923-1930 y lo hizo con una metodología de análisis  que fue muy novedosa en su momento. Había conocido a Mario en los encuentros que hicimos sobre imagen en la Universidad Carlos III de Madrid que coordinaban Carlos Serrano y Antonio Rodriguez de la Heras, y desde aquel momento hemos trabajo juntos en muchos proyectos, las aproximaciones de Mario Díaz Barrado sobre la fotografía en el campo de la Historia del Tiempo Presente son de una enorme utilidad metodológica y conceptual. También en aquel Congreso conocí a Javier Marzal, hoy una de nuestras mejores referencias en Comunicación Audiovisual, Javier acabada de publicar su estudio sobre las partituras de las películas de D.W. Griffith, acababa entonces de llegar de Estados Unidos donde había investigado un material muy poco valorado en la historia del primer cine que, a pesar de cómo se ha etiquetado, nunca fue mudo, y la música en la sala fue un elemento fundamental para crear la intensidad narrativa a las imágenes que se proyectaban. Javier Marzal y quien escribe ésta bitácora, amigos desde entonces, nos reconocemos en nuestra visión interdisciplinar y en no tener temor a explorar otros espacios culturales de las imágenes más allá de las cajas estancas en las que por inercia se mueve aun todavía una parte de la investigación sobre la cultura audiovisual contemporánea, donde las  imágenes fotográficas constituyen una parte imprescindible para entender todo ese tiempo que se configura en la Ilustración, atraviesa la cultura decimonónica y la modernidad y hoy en plena cultura de la posmodernidad se encuentra atrapada en los sutiles hilos de la Sociedad-Red. 

La Mirada Fotográfica en el Tiempo: Una mirada para su interpretación histórica    (Pulsar para descargar)