El daguerrotipo y su primera recepción en España. Un texto de 1998

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El autor de esta bitácora en la Academia de Ciencias de Barcelona ante la cámara daguerrotípica que Alabern vendió para la primera experiencia  en España, uno de los pocos ejemplares  del equipo comercializado por Giroux que se conservan en el mundo y que ha sido objeto de una reciente restauración por Martí Llorens y su equipo:  “Tempus Fugit Visual Projects”  (Foto: Martí Llorens, 2015)

Del mismo modo que ahora estoy publicando aspectos parciales y preparatorios de mi investigación sobre el espectador de la modernidad y la difusión del fotograbado en España, que cuminarán en una monografía en algún momento,  tras mi beca de investigación que que me llevó desde comienzos de los años noventa entre otros lugares al Instituto de Francia en París, donde consulté los documentos originales de la invención de la fotografía, con el nombre de daguerrotipo, fuí publicando aspectos parciales de mi trabajo en diversas revistas, lo que me permitió ir respondiendo a diversas cuestiones que me había planteado, ya que lo que se había publicado hasta la fecha me planteaba numerosos interrogantes.

En París descubrí una característica que es muy típica de nuestra cultura contemporánea de superficie, remedando un brillante concepto que acuñó  Umberto Eco, y era que muchos historiadores que abordaban la invención de la fotografía, citaban unos fragmentos del discurso de Arago, siempre los mismos, provenientes en su mayor parte del trabajo de Gisele Freund, cuando las actas mostraban un planteamiento mucho más interesante y complejo, y donde, de su consulta, emergían cuestiones de más calado que la limitada y entonces todavía persistente concepción historiográfica nacionalista de sí la fotografía la habían inventado, los franceses o los británicos, obviando que hubo hasta veinticuatro precursores, algunos como el propio Hippolite Bayard que en las actas de la Academia de Bellas Artes de París pide disculpas por haberse adelantado a Daguerre,  o el fascinante  Hercules Florence,  cuyos fondos se conservan en el Instituto Moreira Salles de Brasil a cargo de expertos como Sergio Burgi que está preparando una exposición sobre una figura que desde el etnocentrismo europeo ha pasado como periférico en la historia de la invención, pero que se trata de un personaje poliédrico que se interesó por muchas otras cosas además de la formación de las imágenes fotográficas.

Retrat d'estudi.

El daguerrotipo es un objeto tecnológico muy extraño visto desde nuestra experiencia visual actual.  Daguerrotipos de la colección Ángel Fuentes de Cía en el CRDI de Girona. (Foto David Iglesias)

La investigación en París me abrió perspectivas desconocidas a partir de las Actas de la Academia de Ciencias, comprendí que lo que se estaba dirimiendo a partir de Enero de 1839, era la presentación política de una nueva tecnología que daba respuesta al problema del facsimil que, al menos, desde el siglo XVIII estaba latente en las sociedades occidentales y el daguerrotipo, a pesar de ser tan disruptivo por su intervención sobre la realidad, era una solución imperfecta porque, como muy bien escribió André Rouillé en su día, se trataba de una semi-respuesta, y en las actas se demuestra que con el proceso daguerriano se intentaba enlazar con la tradición de la estampa y la imprenta, porque se pensaba que las imágenes invertidas lateralmente que captaba la cámara daguerrotípica, serían finalmente planchas que adecuadamente tratadas podrían reproducir las imágenes en la imprenta, algo que no ocurrió y hubo que esperar décadas para que la fotografía pasara con su aspecto tonal al papel impreso, gracias al fotograbado.

En mi caso en aquellos años tenía una pregunta que me inquietaba y movía mi investigación, ¿Cómo era posible que personajes jóvenes entonces, pero que fueron luego tan importantes en la ciencia española del siglo XIX, se interesaran por el daguerrotipo, y apenas dos años después se olvidaran del mismo? Eso me llevó a indagar las cuestiones singulares de la recepción española antes de que llegaran los primeros daguerrotipistas comerciales y el papel jugado por un grupo de científicos en Barcelona, Madrid y Valencia que usaron la nueva tecnología como un argumento reivindicativo del nuevo mundo científico europeo frente al conocimiento escolástico que todavía campaba, aunque ya de modo terminal,  en las universidades españolas en 1839.

Este texto fue publicado en una de las revistas de divulgación histórica más leídas en la época, Historia 16, y en aquellos momentos la historia de la fotografía no era una temática de interés en este tipo de publicaciones, pero me encontré, creo recordar que en la UIMP, con el director de la revista, David Solar, le conté sobre lo que estaba investigando y me animó a que enviase una aportación que es la que hoy ofrezco para quien esté interesado y que luego ampliaría en mi libro “La Introducción de la Fotografía en España”.

El pasado mes de noviembre, en el homenaje a Miquel Galmes, fundador del Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña, coincidí con Jep Martí, que ha seguido trabajando en este momento tan interesante de la primera recepción de la fotografía en España y así lo ha reflejado en su bitácora en una entrada de lectura imprescindible, y coincidíamos que para los científicos que se interesaron en difundir o practicar la invención de daguerrotipo, aquello no fue más que una de las muchas intervenciones reivindicativas que tuvieron y Jep, que ha estudiado las memorias de Monlau, ha comprobado que apenas muestra interés por esta cuestión como tampoco lo haría Juan María Pou y Camps que teorizó por primera vez en la historia de la fotografía sobre las posibilidades fotométricas de la cámara daguerrotípica, una cuestión a la que el tampoco le dio entonces la importancia que los historiadores de hoy apreciamos.

El Daguerrotipo, primera difusión y respuestas en España a la invención de la Fotografía (1839-1841)              (Pulsar para descargar)

Primeros Tiempos de la Invención de la Fotografía: Cuando el daguerrotipo no superaba en fidelidad al dibujo o la paradoja del dibujante científico Turpin. Un texto de 1996

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Jean François Turpin.  “Flore Médicale”. Detalle de un melón. París 1818.

Siempre me ha interesado el factor humano que se oculta en las fuentes con las que se construye el relato histórico. Indagar las pulsiones personales, las emociones y los sentimientos de los protagonistas no siempre es sencillo, pero resulta muy excitante para quien extrae algo de vida de un documento que contiene información susceptible de convertirse en un texto historiográfico. La ventaja de trabajar con materiales del siglo XIX es que las motivaciones y las concepciones de los actores históricos son culturalmente  bastante parecidas a las nuestras y son más fáciles de entender que cuando trabajamos en periodos históricos lejanos o con marcos culturales y conceptuales muy distintos. En muchos aspectos una persona de 1839 y una persona de 2015 tienen bastantes más puntos en común de lo que parece a simple vista, y entre todos esos puntos destaca uno de modo evidente: la enorme fascinación por vivir en un tiempo de intensas novedades y transformaciones tecnológicas.

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Alfred Donné. “Blood corpuscles of the frog”. Daguerrotipo fotomicrográfico. (Sin fecha)   Wellcome Museum. Londres

Lo que denominé “La paradoja de Turpin” es una cuestión muy ligada a la innovación y es la preocupación por algunas personas de obtener reconocimiento cueste lo que cueste subiéndose a una “ola” de prestigio y sin importar la verdadera calidad de su trabajo. Se trata simplemente de aprovechar el impacto de lo que le cuentas a la prensa y esperar a que otros te pongan los laureles… el método funciona bien, salvo que tengas la mala suerte de toparte con una persona rigurosa, de mentalidad científica exigente, que siente sinceramente que su profesión se ha quedado obsoleta con el advenimiento de la Fotografía, y que no entiende como un imagen dibujada puede presentar una veracidad superior a una imagen fotografiada contradiciendo así a la nueva naturaleza de los daguerrotipos que reducían a los dibujos, a partir de 1839, a meras ficciones de la realidad.

Encontré ésta historia en mi visita investigadora al Instituto de Francia en 1993 y me quedé fascinado porque revelaba dos visiones contrapuestas de la innovación científica y tecnológica: la del científico sólido y riguroso, creyente en el progreso y dispuesto a admirar sus avances aunque perjudiquen su trabajo y la del oportunista que quiere ser el primero a toda costa basándose en las meras apariencias. Éste es el debate que Turpin establece con Alfred Donné, que aparece acríticamente en los libros de historia como el que introdujo la microfotografía en las imágenes daguerrotípicas. Las Actas de la Academia son implacables, como finalmente muy pocas personas han ido a las fuentes originales éste es un acontecimiento muy desconocido, pero ahí está,  mostrando la realidad de un tiempo agitado y de profundos cambios. A los que Jean François Turpin somete a Alfred Donné a una paradoja de manera muy brillante como se explica en este texto que publiqué en 1996.

“Papel Alpha”. es una de las verdaderas joyas que tenemos en lengua española o castellana sobre Fotografía. Todavía se publica,  (en 2013 apareció el último número de la revista hasta la fecha, el 9-10, con un excelente monográfico sobre el álbum fotográfico en el siglo XIX) Su editor, Alberto Martín, es una de las personas más exquisitas que trabaja en España sobre Fotografía. Sus proyectos son de una enorme calidad intelectual. Alberto es una persona muy exigente y rigurosa en todo lo que hace y que te invite a participar en una de sus iniciativas es un verdadero privilegio. No exagero nada en lo que escribo. En 1996 puso en marcha “Papel Alpha” en la Universidad de Salamanca y me invitó a formar parte del primer consejo de dirección de la revista que ya desde el primer número publicó aportaciones de primera línea, como el trabajo premonitorio sobre imagen digital del malogrado José Luis Brea, entre otros. Para mí era un enorme reto publicar algo novedoso y a la altura de las expectativas que había marcado para la publicación Alberto Martín, y le propuse este tema que había encontrado en la paciente lectura de las actas de la Academia de Ciencias de París preparando mi libro sobre la introducción de la fotografía en España.

Ofrezco aquí la versión de la revista porque he perdido el pre-print original, y lo hago tanto del texto en español como de la traducción inglesa. Por cierto, ahora que he releeido el artículo, me doy cuenta de como ha cambiado la manera de investigar  en la actualidad gracias a los repositorios digitales. En 1993, en el Instituto de Francia, solo te permitían trabajar de 11 a 13:30 horas en la sala de investigación, no podías fotocopiar las actas y me recuerdo que yo iba transcribiendo tan rápido como podía y traduciendo del francés y cuando tenía dudas con alguna palabra, la escribía en francés para luego cotejarla en un diccionario y encajarla en su contexto. Hoy todo el material está disponible en la red en Europeanna y no es necesario viajar a París para consultar las fuentes y poder trabajar, aunque, ahora que lo pienso, no sé si esto es una verdadera ventaja, porque París siempre merece la pena,  e investigar sobre Fotografía es una excusa tan buena como cualquier otra para viajar de tanto en tanto a la Ciudad de la Luz.

La Nueva Memoria o la Paradoja de Turpin  (Pulsar para descargar)

English Translatión: The New Memory or the Turpin’s Paradox  (Click for download)