Las tarjetas postales ilustradas cómo instrumentos de propaganda visual. Recuerdos de la Primera Guerra Mundial. Un texto interactivo de 2014

La tarjeta postal ilustrada ha sido uno de esos materiales visuales que durante mucho tiempo me han fascinado y atrapado mi interés investigador. En 1997, con motivo de la catalogación de las colecciones de la ciudad  de Santander para la Fundación Botín, publiqué una reflexión que está en otra parte de ésta misma bitácora y que se puede consultar aquí. Elaborar una historia de las postales en España fue un proyecto que tenía en cartera desde hace muchos años, y mi buen amigo, el editor Juan Carlos Luna, me pidió que lo abordase para la editorial Lunwerg, pero otras obligaciones me fueron absorbiendo, y en 2010 tuve la suerte de reencontrarme con Esther Almarcha e Isidro Sánchez de la Universidad de Castilla-La Mancha, que estaban trabajando sobre los materiales Ephémera, entre las que se incluyen a las tarjetas postales, habían publicado un trabajo sobre la tarjeta postal junto a Rafael Villena, profesor de Historia Contemporánea en la misma Universidad que Esther e Isidro y me animaron a participar con ellos en un proyecto amplio y ambicioso que dio lugar a “España en la Tarjeta Postal, Un Siglo de Imágenes” que apareció en la editorial Lunwerg en 2011. Aprendí mucho trabajando con todos ellos.

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Portada del libro sobre la historia de la tarjeta postal en España que publicamos en 2011

El libro fue un éxito de ventas, y entre las satisfacciones de ese libro, para mí, hay una muy íntima y personal, y fue que la selección editorial final la hizo conmigo en la sede de la editorial Planeta en Barcelona, mi buen y siempre querido amigo Andreu Gamboa, ya muy enfermo pero que hizo un esfuerzo muy grande para estar en el libro, y con su experto ojo editorial y esa elegancia que siempre tenía para las ediciónes, realizó la última criba de una selección en la que participamos además de Isidro, Rafael y Esther, Martín Carrasco, el mejor coleccionista de postales que tenemos en España y Oscar Fernández Olalde, un documentalista exquisito y eficiente que digitalizó y preparó las miles de imágenes que compusieron el proyecto. A mí me tocó hacer el papel de editor del libro y de escribir la parte de la postal a partir de la posguerra, pues la editorial nos propuso que abordáramos también la tarjeta postal de la época franquista y creo que la selección funcionó muy bien en el conjunto aunque esa etapa por la diferente calidad con la edad de oro de la tarjeta postal española que fue de 1896 hasta 1920 (hay opiniones sobre el cierre de esa etapa dorada, pues otros autores la cierran antes), a todos nos daba un poco de miedo mezclar épocas tan dispares, pero la aventura salió bien.

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Aunque hoy nos parezcan ingenuas y un tanto burdas, las postales de la Primera Guerra Mundial se emplearon en ambos bandos muy a fondo en funciones de propaganda.

La tarjeta postal tiene muchas posibilidades de investigación y una de ellas está vinculada con la evolución de la propaganda visual en el siglo XX. En 2014, cuando comenzó a celebrarse el centenario de la primera guerra industrial de  la historia, que cambió Europa para siempre, yo estaba trabajando en la Universidad de Cantabria aspectos referidos a la Opinión Pública desde la perspectiva histórica contemporánea y resultaba fascinante que mientras los estados mayores europeos involucrados en la guerra, despreciaban las posibilidades propagandísticas del cine, por lo menos hasta 1916, los editores de postales publicaron miles de imágenes que operaban como fragmentos de propaganda y cumplían las extensas funciones que las imágenes tenían ya en el entonces incipiente siglo XX. Además la Primera Guerra Mundial tuvo aspectos curiosos y que no se repitieron después, por ejemplo, que en las trincheras hubiese fotógrafos tomando escenas privadas para el recuerdo. Que existieran compañías como Eastmant Kodak estimulando la venta de cámaras “de soldado” en el frente. Ese cruce entre postales de propaganda, imágenes privadas en formato postal de la cruda vida en las trincheras, y algunos fragmentos de un cine aparentemente informativo, pero que en su mayor parte es reconstrucción, me incitaron a preparar un material ineractivo en pdf que mostré a mis alumnos de Historia de la Opinión Pública en la Universidad de Cantabria y que ahora pongo a disposición de los seguidores de ésta bitácora, cada vez más numerosos. No es un texto cómo los anteriores. Se trata de una presentación en pantallas interactivas por las que se puede navegar y visualizar aspectos diversos de las imágenes de propaganda y privadas de la Primera Guerra Mundial. He colocado incluso dos documentos cinematográficos que están incrustados en el pdf y se ponen en movimiento al pulsar sobre ellos. Cómo se trata de tecnologías de edición todavía muy nuevas, no es satisfactorio su uso en todos los dispositivos, sobre todo en las tablets y dependiendo del programa que lo visualice, los videos no se mueven. De todos modos he puesto un indicador en amarillo para señalar los  videos que tienen movimiento en el documento.anuncio

Anuncio de cámaras para tomar fotos privadas en los frentes de combate, una práctica que no se repetiría ni en la Guerra Civil española ni en la Segunda Guerra Mundial donde las funciones de Inteligencia de los Estados Mayores fueron ya mucho más elaboradas.

En otra entrada insertaré un texto publicado en la revista Fotocinema de la Universidad de Málaga en 2011, que elaboré a partir de la publicación del libro, pero eso será más adelante. Espero que los interesados disfruten con ésta modalidad de texto interactivo, diferentes a los escritos pero que también aportan mucha información y sugerencias.

La guerra de las imágenes   (Pulsar para descargar)

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Reflexiones en torno al análisis histórico de las imágenes fotográficas y a la búsqueda de herramientas metodológicas. Un texto de 1995.

Acabamos de pasar una fuerte ola de calor y tengo mis dudas que un texto como el que propongo sea el adecuado para un verano tan tórrido cómo el que estamos pasando, porque “La mirada fotográfica en el tiempo”, una ponencia que leí en un Congreso organizado por la Universidad de Extremadura en Noviembre de 1995, y que fue publicado al año siguiente en una monografía editada por Mario Díaz Barrado, es sin duda uno de mis textos más intensos en torno a una temática que en aquellos años me preocupaba

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Louis Figuier. La dama del espejo. (Ca. 1855). Esta imagen es un perfecto ejemplo de un juego de miradas históricas en torno a la representación fotográfica. Las significaciones para un espectador del siglo XIX son muy diferentes a las que tienen para quienes la contemplamos actualemente

mucho porque careciamos de estudios específicos al respecto, me refiero al análisis historico de las imágenes como fuentes del pasado y no como meras ilustraciones que puestas en página de modo acrítico, parecían evocar una realidad pretérita a la que no se le sometía a ningún tipo de crítica historiográfica, algo que si parecía imprescindible en los textos escritos.

Si la década de los años ochenta fue la de acometer la primera cartografía de autores e imágenes fotográficas existentes en la cultura española desde el siglo XIX, la década de los noventa fue la de avanzar en la integración de las fuentes visuales fotográficas en el ámbito del análisis histórico. Transitábamos un territorio muy fragmentado con procedencias epistemológicas muy diversas que procedían de visiones elaboradas desde la Historia del Arte, la Comunicación Visual, la Semiótica Estructural,  la Estética Visual, la Filosofía, la Antropología y algunas otras que convivían, en ocasiones sin tan siquiera reconocerse, aunque, de modo hegemónico y bastante acrítico, imperaba todavía entre nosotros en aquellos años la visión artística de la escuela “Newhall” que buscaba autores e imágenes para hacer un panteón utilitarista para el coleccionismo pero que de modo reiterado descontextualizaba los fenómenos culturales y comunicativos de las imágenes del pasado.

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Como caminan las personas gracias a la fotografía instántanea. Publicado por  Josef María Eder  en su obra: La photographie instantanée. (1888). La evolución técnica de la Fotografía ayudo a transformar la mentalidad cultural en torno a la realidad a quienes transitaron el tiempo que llevaría a la Sociedad de las Masas.

Este fue uno de los textos que elaboré en torno a dotar al análisis de las imágenes fotográficas de una serie de instrumentos de trabajo y en él aparecen ya elementos nodales de lo que serían mis trabajos posteriores en torno al espectador, a los modos de ver y contemplar una imagen del pasado con ojos presentistas y la necesidad de construir un discurso historiográfico en el que la propia imagen formaba parte de un relato mucho más complejo que lo que parecía mostrar su propia representación.

En el Congreso de las “Edades de la Mirada”, fue donde consolidé mi afecto por Mario Díaz Barrado, discípulo de Antonio Rodríguez de las Heras, pionero en el uso de las fuentes documentales no escritas. Su libro “Palabra de Dictador” (1985), analiza  los discursos de Miguel Primo de Rivera en el período 1923-1930 y lo hizo con una metodología de análisis  que fue muy novedosa en su momento. Había conocido a Mario en los encuentros que hicimos sobre imagen en la Universidad Carlos III de Madrid que coordinaban Carlos Serrano y Antonio Rodriguez de la Heras, y desde aquel momento hemos trabajo juntos en muchos proyectos, las aproximaciones de Mario Díaz Barrado sobre la fotografía en el campo de la Historia del Tiempo Presente son de una enorme utilidad metodológica y conceptual. También en aquel Congreso conocí a Javier Marzal, hoy una de nuestras mejores referencias en Comunicación Audiovisual, Javier acabada de publicar su estudio sobre las partituras de las películas de D.W. Griffith, acababa entonces de llegar de Estados Unidos donde había investigado un material muy poco valorado en la historia del primer cine que, a pesar de cómo se ha etiquetado, nunca fue mudo, y la música en la sala fue un elemento fundamental para crear la intensidad narrativa a las imágenes que se proyectaban. Javier Marzal y quien escribe ésta bitácora, amigos desde entonces, nos reconocemos en nuestra visión interdisciplinar y en no tener temor a explorar otros espacios culturales de las imágenes más allá de las cajas estancas en las que por inercia se mueve aun todavía una parte de la investigación sobre la cultura audiovisual contemporánea, donde las  imágenes fotográficas constituyen una parte imprescindible para entender todo ese tiempo que se configura en la Ilustración, atraviesa la cultura decimonónica y la modernidad y hoy en plena cultura de la posmodernidad se encuentra atrapada en los sutiles hilos de la Sociedad-Red. 

La Mirada Fotográfica en el Tiempo: Una mirada para su interpretación histórica    (Pulsar para descargar)

 

La red visual de Sara Huete, o el reciclaje de significaciones de las imágenes fotográficas impresas. Un texto de 1997

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Sara Huete. Medidas extraordinarias. 2012

Una de las canciones que más me gusta es la que canta  el colombiano  Jorge Celedón, Qué bonita es esta vida. Una canción optimista y vital que me acompaña cuando necesito un poco de estímulo. Soy de los que creo que, aunque vivimos en una época terrible y a los informativos me remito, a pesar de las utopías recurrentes (la eléctrica a comienzos del siglo XX y ahora la utopía digital, ya hablaré de todo esto más adelante), obviamos que realmente estamos todavīa en una fase muy inicial desde el punto de vista de la cultura social en la que apenas hemos vivido diez mil años como especie. Si somos capaces de resolver con la Ciencia algunas de las encrucijadas actualmente planteadas, nuestro tiempo se verá, sin duda, en el futuro como una época todavía muy primitiva. Pero por si ésta bitácora sobrevive a ese futuro, (¡quien sabe!)  quiero escribir que una de las mejores cosas que tenemos los humanos hoy son los amigos, y si además son tan creativos y sugerentes como Sara Huete y su obra, entonces la canción de Jorge Celedón que tambien canta maravillosamente Amanda Martínez en un bar mexicano, tiene plena justificación  y atenúa un poco algunas de las penurias a las que asistimos en estos momentos.

Sara Huete no se siente artista fotográfica, pero utiliza las imágenes fotográficas impresas en viejas revistas para remezclar sus significaciones y darles nuevos sentidos interpretativos que aluden a cuestiones centrales de nuestro tiempo y de nuestra cultura. En un momento en el que muchos artistas están indagando con el nuevo taller iconográfico que proporciona el software digital, Sara Huete incorpora a las imágenes fotográficas, creadas e impresas en su día  con otra intencionalidad, pequeños objetos tridimensionales que dan al conjunto de su propuesta una nueva e inesperada lectura. Es un autentico placer ver sus trabajos que conjugan la imagen impresa con los objetos añadidos que reconvierten la significación y se completan con un breve texto escrito con una vieja máquina de escribir que, de la manera que tan bien explicó Roland Barthes en sus escritos, anclan el sentido expresivo de una obra que deja siempre al espectador un enorme territorio para sentir, imaginar y sobre todo intuir  reconstruyendo con la mirada los significados que pueden plantear los hermosos objetos tridimensionales que crea Sara que, aunque parezcan ingenuos, plantean muchas cuestiones profundas y nada inocentes o casuales.

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En  estos días se ha inagurado en la Torre de Don Borja de Santillana del Mar, una antología de su obra con el título Las Historias Recortadas. Tuve la fortuna de visitar la exposición antes de su apertura pública porque Sara, amiga de sus amigos, nos invitó a un pequeño grupo a que asistieramos a una primera apertura privada y contempláramos su trabajo reciente y lejano en las dos plantas donde se ha ubicado su extensa obra.  En la visita fue cuando se me ocurrió que tenía que recuperar el texto que en un lejano 1997 escribí sobre su obra  y de paso invitar  a quienes estén interesados y puedan acercarse a Cantabria (una experiencia que en sí misma merece la pena)  a  disfrutar ésta espléndida exposición. Para todos y especialmente para los que no puedan venir, en todo momento cuentan con la grata posibilidad de visitar su página web que constituye una experiencia completa y compleja de todo su trabajo artístico, incluyendo la nueva línea de experimentación que está transitando a través de sus piezas animadas de arte digital.

La certidumbre está en el azar (Pulsar para descargar)

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Algunas reflexiones sobre la fotografía de creación contemporánea en España. Un texto de 1999

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Ciuco Gutiérrez. Sueños de dominguero. (1998). Editada para El  Aula de Fotografía de la Universidad de Cantabria de Cantabria con motivo de su décimo aniversario

Cuando retornas a una bitácora como la que yo escribo y vuelves a ver la misma entrada, tienes la sensación de que el autor ha decidido ponerse a echar la siesta y  que desde el último esfuerzo, no está haciendo nada de nada. Aunque tener espacios de descanso es fundamental para crear algo nuevo  y con calidad, en mi caso la realidad es otra; con motivo de un decreto ministerial muchos de los que nos dedicamos a la docencia universitaria nos hemos visto en diversos tribunales que debían juzgar tesis doctorales del plan antiguo (siempre hay un plan antiguo y un plan nuevo que, de pronto, sin que nadie sepa muy bien porqué, también se volverá antiguo). Yo he estado en siete ú ocho tribunales, en algunos tan solo de suplente, pero he tenido la fortuna de participar en varios de muy enorme calidad como el que tuvo lugar en la Universidad de Barcelona sobre la figura del fotógrafo e industrial gallego Pedro Ferrer, un autor ya imprescindible de la fotografía española con conexiones argentinas que ha recuperado con enorme esfuerzo la profesora Ana María Baldani Cámara con la sabia dirección de Dolors Tapia. Fue una excelente oportunidad de reencontrarme con buenos y viejos amigos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona y recordar su espíritu siempre tan activo.

En ese peregrinar de Universidad en Universidad un buen día en el que la bitácora seguía con el mismo aspecto, estuve en la Universidad de Navarra, en un tribunal de la que fue presidenta María de los Santos García Felguera, y donde nos tocó juzgar un excelente trabajo de Laura Torre Vall sobre un tema que nos faltaba en la historiografía española, la significaciones de los álbumes de viajes del XIX. Mari Santos García Felguera, comentaba certeramente que, gracias a la extinción del plan antiguo, la investigación en Fotografía ha dado en los últimos meses un gran avance entre nosotros y en el caso de la Universidad de Navarra, la impronta de Asunción Domeño, la directora de la tesis de Laura, ha posibilitado que en ésta universidad privada, el nivel de investigación sobre Historia de la Fotografía sea dese hace muchos años un referente de primer nivel. Lo dije públicamente en el acto académico en la sala imponente donde nos pusieron y lo repito aquí, porque el trabajo de calidad debe reconocerse y el de Asunción Domeño lo es y mucho. Por la tarde estuvimos en el Museo de la Universidad de Navarra viendo con Valentin Vallhonrat algunas de las joyas de la colección fotográfica que han ido componiendo en estos años. Me emocionó el exquisito cuidado con el que Valentín y su equipo tratan a las piezas que conservan, que contrasta con el trato desaliñado de algunos materiales valiosos que veíamos en los años ochenta en otros centros donde había fotografías y para algunos de los que las custodiaban y no entendían su valor cultural y patrimonial eran más una molestía que materiales imprescindibles para poder entender nuestro tiempo. Tanto en Navarra como en otras citas anteriores los doctorandos recordaron la figura de Ángel Fuentes de Cía al que, a finales de éste año, dedicaremos un homenaje que será permanente en las Jornadas Antoni Varés de Girona, Ángel  ha sido una figura imprescindible en la formación de quienes, ahora sí, custodían, conservan y sobre todo, entienden, el valor que tiene para la sociedad nuestro patrimonio fotográfico.

Una vez que he demostrado ante los lectores de la bitácora que estas semanas no he estado tan inactivo como parece, paso a hablar un poco del texto que pongo hoy a disposición de los interesados y que escribí en 1998 aunque se proyectó en 1999, dos años que fueron muy  intensos en mi actividad. Con motivo de los diez años del Aula de Fotografía que dirigía en la Universidad de Cantabria, conseguimos un dinero del Consejo Social de mí institución y Ciuco Gutiérrez nos hizo una pieza maravillosa que envíamos a museos y centros culturales españoles y latinoamericanos titulada “Sueños de Dominguero”. El único centro artístico que rechazó una de los cincuenta ejemplares firmados que componían la tirada de la obra de Ciuco Gutiérrez, porque tenía entonces una política preventiva sobre donaciones,  fué el Guggenheim de Bilbao, pero hasta la entonces Ministra de Cultura, Esperanza Aguirre, nos envió una carta de agradecimiento y nos comunicó el ingreso de la pieza de Ciuco Gutiérrez en la colección del Museo Reina Sofía. Ese mismo 1998, a finales de año,  estuve en el jurado del premio nacional de Fotografía que otorgamos  muy merecidamente y en mí opinión, con mucho retraso,  a Joan Foncuberta. Creo que fue Humberto Rivas el que me propuso como miembro del jurado, y tal vez a resultas de esa participación, ya no me acuerdo muy bien,  el Ministerio me pidió  que hiciera un prólogo sobre fotografía de creación para un catálogo, “Propuesta 99”, que iba a exhibirse en lo que entonces era el Museo de Arte Contemporáneo y luego iba a viajar por Latinoamérica. Como he escrito ya con anterioridad, no me gusta nunca hacer textos de circunstancias e indefinidos, y decidí abordar algo  que me chocaba en aquellos años que yo estaba asistiendo a múltiples encuentros europeos, y era la disimetría entre la percepción que en España se tenía de la creación y de la cultura fotográfica y la fascinación europea del trabajo que estábamos haciendo aquí, así que no hice un texto cómodo para mí ni para los que me invitaron, sino que acometí una reflexión crítica reivindicando el papel de los creadores fotográficos y haciendo una prospectiva y sobre todo una perspectiva de su papel en una cultura del arte contemporáneo que se estaba transformando. No entendía la falta de autoestima de los creadores fotográficos españoles, como no entiendo ahora en estos años tan deprimentes que nos ha tocado transitar, que no pongamos en valor lo trabajado, lo construído y que somos, siempre lo somos, por mucho que lo olvidemos, la semilla del futuro y la referencia para otros que están recorriendo el camino detrás de nosotros y por eso debemos mantener el entusiasmo y creer en lo que hacemos.

Ahora cuando he releido el texto, me ha vuelto a parecer interesante y conserva bastante  de actualidad, y es la idea de que por encima de las dificultades, más allá de los desaciertos y de los posibles fracasos, persistimos un grupo pequeño pero sólido que  no hemos cejado en trabajar y en valorar la Fotografía como un bien cultural con todas las consecuencias y a todos ellos y ellas quiero dedicar éste texto arriesgado que publiqué en un catálogo del Ministerio de Cultura en el ya lejano año de 1999 y que no me parece que se haya quedado tan desfasado en estos raros tiempos que estamos ahora transitando.

Fotografía y Creación Artística   Pulse para Descargar.

 

 

Posiciones intertemporales de la cultura posmoderna: de la veracidad fotográfica a la remezcla de significados históricos

By Albertina Museum @albertina_museum

Olivia Muus. By Albertina Museum @albertina-museum

Para un historiador de las imágenes que,  como es mi caso, se ha formado en un método historiográfico donde las fuentes tienen que ser sometidas a un sistema de crítica interna (el origen contrastado y confirmado del documento) y externa (la que intenta describir su pertinencia histórica y su contexto discursivo), las nuevas tendencias de la cultura posmoderna ponen en tensión todos los principios sobre los que se basa la explicación, el conocimiento y la referencia de las imágenes respecto a lo que representan y a la realidad de la que forman parte.  Ese relato que ha intentado ser coherente y bastante lineal tiene ahora otros perfiles en los nuevos historiadores de la Fotografía como Geoffrey Batchen, que entienden el discurso histórico como un microrrelato de los muchos posibles y no muy divergente de las narrativas literarias. Batchen, casi al final de su libro sobre los orígenes de la Fotografía “Arder en Deseos” (1997 en su edción original, 2004 en la edición española)  explica muy bien esa nueva brecha interpretativa que la posmodernidad representa frente a la historiografía clásica, un cambio esencial que como ha ocurrido en otros momentos culturales cambia el sentido de los conceptos y de las ideas:

“La historia fotográfica lleva siempre consigo el proceso de su propia desaparición. Un singular punto de origen, un significado definitivo, una narrativa lineal: todos estos objetos históricos tradicionales se desplazan de ahí en adelante de la procedencia de la fotografía. En su lugar, hemos descubierto algo mucho más provocativo: una forma de repensar la fotografía que coincide persuasivamente con la innegable complejidad conceptual, política e histórica del medio fotográfico” (Batchen, G. (2004) p.203).

Cada época cultural reinventa los significados y los valores de veracidad que representa la Fotografía, lo hicieron las prácticas fotográficas del siglo XX respecto a las del XIX, y en estas décadas con la llegada de la digitalidad, ha entrado ya en evidente crisis la propia objetividad positivista en la que se constituyó la tecnología fotográfica, una posición única que ya no puede sustentar la explicación de la realidad en unos momentos como los actuales en los que lo relativo se configura como el elemento esencial. La idea de objetividad, como la idea de progreso ya no son operativas en el mundo posmoderno y eso da lugar a nuevas posiciones y revelaciones que se enfrentan a las evidencias que constituían el discurso realista de las imágenes fotográficas. De nuevo, lo explica muy bien Geoffrey Batchen:

¿De qué modo es amenazada la realidad, o la fotografía en este caso? Quienes conocen la historia de la fotografía deben tener claro que un cambio en la tecnología de producción de imágenes no causará per se la desaparición de la fotografía y de la cultura basada en ella.  La fotografía no ha sido nunca una tecnología determinada, sus casi dos siglos de desarrollo han estado marcados por numerosos y contradictorios ejemplos de innovación y obsolescencia en lo tecnológico, sin que se planteara ninguna amenaza para la supervivencia del propio medio fotográfico. Incluso aunque sigamos identificando la fotografía con determinadas tecnologías  arcaicas, como la cámara y la película, esas mismas tecnologías encarnan la idea de la fotografía, o más exactamente, de una economía persistente de deseos y conceptos fotográficos. Los deseos inscritos en esta economía incluyen cosas  como la naturaleza, el conocimiento, la representación, el tiempo. el espacio, el sujeto observador y el objeto observado. Así pues, si intentamos una definición momentánea se diría que la fotografía es el deseo, consciente o inconsciente de organizar un conjunto particular de relaciones entre diversos objetos” (Batchen, G. (2004) pags.212,213).

En esa percepción de estar transitando un tiempo que está reconfigurando de nuevo la propia naturaleza del discurso visual de la Fotografía, me parece muy interesante el “Museo de los Selfies” que Olivia Muus está creando de un modo muy sugerente y no con las ya rutinarias habilidades del retoque digital sino con la remezcla de materiales en el escenario fotográfico, creando así unos diálogos intertemporales muy significativos de éste momento cultural que estamos transitando, una época de cultura de superficie, de canibalización del significado de los contenidos en los que la apariencia ha vencido por fin a la reflexión y a los significantes complejos. Ahora,  la complejidad reside en la interpretación que hace la mirada de la propuesta que se le presenta ante si.

Ofrezco, antes de continuar con mis textos, alguno de los diálogos intertemporales de Olivia Muus, y lo hago también como homenaje a mi buena amiga, la profesora Rebecca Mutell, que en su esplendido trabajo “Atrapando la luz”, ha sabido construir una inteligente visión desde esas posiciones posmodernas que aunque nos tensan a historiadores de mi formación, no nos amenazan en modo alguno, sino que nos revelan la profunda vitalidad de la cultura fotográfica frente a los que con ligereza han anunciado su muerte antes de tiempo por la incertidumbre que ha creado la llegada de la digitalidad en el siglo XXI, como en su momento ocurrió con la llegada de la instantaneidad en el siglo XX superando la visión mecanicista de las imágenes que se había consolidado durante el siglo XIX.

 

La potencia comunicativa de viejos carteles pegados en las paredes y su reivindicación cultural. Un texto de 2002

La fascinación por los impresos pegados en las paredes ya sean con noticias acaecidas o con anuncios comerciales conformaron de modo efímero fenómenos de opinión pública en el siglo XIX. (Escena publicada en "La Ilustración" Madrid 1854.

La fascinación por los impresos pegados en las paredes ya fueran con noticias acaecidas o con anuncios comerciales conformaron de modo efímero fenómenos de opinión pública en las urbes del siglo XIX.

(Escena publicada en “La Ilustración” Madrid 1854.

Existe una tradición perenne en el mundo del coleccionismo de guardar aquellos objetos impresos que un día tuvieron un valor utilitario temporal o cumplieron una función meramente estética y que su conservación nos remite a productos que son dificilmente clasificables en los grandes repositorios, ya sean vitolas de puros, carteles, recortables, cartelas de todos tipo, programas de mano y un largo etcetera que el mundo de la biblioteca clasifica como Ephemera, y que han pasado de ser curiosidades del pasado a potentes indicadores de los valores culturales de tiempos pretéritos. La Biblioteca Nacional de España tiene un colección de Ephemera muy importante con casi cien mil objetos impresos que puede consultarse por Internet, y fue en 2003 cuando organizó una extensa exposición, comisariada por Rosario Ramos Pérez, cuyo catálogo puede descargarse en pdf en el enlace marcado anteriormente. Un trabajo de referencia donde la autora muestra las extensas relaciones de los materiales ephemera con la vida cotidiana. De iniciales curiosidades y caprichos de coleccionistas estas tipologías de impresos han pasado a ser cada vez más valorados y sobre todo estudiados. En 2011 tuve la fortuna de formar parte de un tribunal de tesis doctoral en la Universidad de Castilla la Mancha donde Margarita Lozano Crespo nos mostró las complejas culturas configuradas en torno a objetos tan frágiles y tan etéreos como los recortables de muñecas para niñas y a comienzos 2015, hace tan solo unos pocos meses, ha aparecido en Sevilla una verdadera joya bibliográfica sobre las etiquetas de las cajas de cerillas de la que son autores el Doctor Enrique Murillo Capitán y María Luisa Murillo Sanromá. Una obra excelente para disfrutar de sus contenidos y para pensar y mucho sobre las potentes corrientes que las culturas populares han depositado en las imágenes que envolvían a las cajas de cerillas, un objeto cotidiano e imprescindible que como tantas cosas es ya historia del pasado.

Puntos de visto inéditos, composiciones basadas en juegos cromáticos y referencias al ocio son componentes calculados en unos carteles que se elaboran para un nuevo tipo de viajeros adscritos al mundo moderno que se ha conformado a lo largo del siglo XX. Cartel de 1953.

Puntos de visto inéditos, composiciones basadas en juegos cromáticos y referencias al ocio son componentes calculados en unos carteles que se elaboran para un nuevo tipo de viajeros adscritos al mundo moderno con valores del siglo XX.

Cartel de 1953.

En 2002 la Autoridad Portuaria de Gijón, que había puesto poco tiempo atrás  en marcha un proyecto cultural de exposiciones en la Antigua Rula de pescados en torno a la relación histórica y marítima del Puerto del Musel con la ciudad asturiana, organizó bajo la dirección de Juan Castanedo una exposición titulada “Gijón Trasatlántico”, en la que se reconstruyó una camarote de lujo de los que hacía la ruta hacia América y se tomó como eje la singular colección de carteles publicitarios marítmos de Andrés Diego Diestro, un exquisito coleccionista de antiguedades que se había dedicado años a recopilar carteles de navieras, imágenes magníficas con las que se promocionaban las travesías pero que con la transformación del negocio de los viajes portuarios en viajes aéreos, la mayor parte de la cartelería desapareció de las estanterias de los concesionarios de viajes en barco. Solo el tesón de coleccionistas como Andrés Diego Diestro, que prestó sus materiales para la exposición, hacen posible que estos carteles y sus significaciones no desaparezcan de la memoria cultural. Andrés tenía la mejor colección especializada de carteles de navieras españolas y la puso al servicio de una exposición cuyo catálogo fue publicado por Lunwerg, restituyendo así, con una inmejorable calidad editorial, unas escenas publicitarias que permitían mostrar la atractiva evolución del género de la cartelería naviera desde el siglo XIX hasta bien avanzado el siglo XX.

Carro con anuncios que comenzó a desplazarse por las calles de Madrid en 1851 según una información publicada ese año en las páginas de "La Ilustración"

Carro con anuncios que comenzó a desplazarse por las calles de Madrid en 1851 según una información publicada ese año en las páginas de “La Ilustración”

Entre los estudios que se hicieron para el libro, a mi me invitaron a reflexionar sobre el significado comunicativo de los carteles pegados en las paredes de las ciudades y los recursos y estrategias expresivas que desplegaron para atraer la atención y competir en un mercado que tuvo momentos de mucho auge. Mi interés por el tema venía de las investigaciones realizadas sobre la cultura y la sociedad del siglo XIX, donde la densidad gráfica de las paredes aumentó por la aparición de nuevos tipos de publicidad visual y porque ese escaparate de lo cotidiano que fue el grabado, mostró el interés de las personas de los entornos urbanos por la propaganda y la publicidad en tiempos tan tempranos , ya que la publicidad en espacios públicos se entendía como un fenómeno del siglo XX. Ese fue el punto de partida del texto que coloco hoy en la bitácora y que me permitió ampliar mi interés a otros productos generadores de información y opinión, salidos de la imprenta y con intereses publicitarios en sus orígenes.

Ofezco aquí el preprint del texto en que seleccioné también las imágenes. Ambos, texto e ilustraciones, tuvieron una versión diferente en la maqueta del catálogo que aun hoy puede encontrarse. Las imágenes seleccionadas de los anuncios de viajes en barco, permiten entender la complejidad comunicativa que se puso en marcha desde los rudimentarios carteles a una tinta con un repetitivo grabado en madera de un barco y un poco de información a comienzos del siglo XIX  a los carteles litográficos multicolores del siglo XX que son en sí mismo excelentes obras de arte y ejemplos de diseño visual y estrategia de atención dentro de los modelos comunicativos de la época como el AIDA muy recurrente en las propuestas. Un texto que  se aleja un poco de los dedicados por mi a la Fotografía en su cruce con la cultura y la sociedad, pero que conecta de otro modo con mis intereses investigadores en torno al fenómeno de la opinión pública con imágenes y de la historia de la comunicación publicitaria y sus usos sociales, con algún ejemplo anterior ya subido a ésta bitácora.

Ventanas abiertas a otros horizontes (Pulsar para descargar)

Una oportunidad de “talcualizar” una antología de textos españoles sobre sociedad, cultura y tecnología en torno a la Fotografía compilado en 1998

Primera imagen publicada en España del fonógrafo o

Primera imagen publicada en España del fonógrafo o “daguerrotipo sonoro” (La Ilustración Española y Americana. 1878)

Existen momentos en la tarea universitaria en los que se justifican todas las batallas que libramos en un entorno que cada vez rebosa más y más burocracia y donde el estímulo y el reconocimiento al talento se pierde o se distrae por unos laberintos tecnocráticos que pretenden medir el conocimiento, sobre todo en Humanidades y Ciencias Sociales, con unos sistemas que se revelan ineficientes e insatisfactorios. Es un dilema clásico entre la pasión de crear conocimiento, transmitirlo y compartirlo y unas estructuras que pretenden moldear ésta actividad con unos parámetros cada vez más rígidos y uniformes. Por eso, cuando aparece la oportunidad de encontrarte con colegas de los que puedes aprender y a los que puedes mostrar algo de lo que has aprendido, todos nos encontramos ante una experiencia inigualable que satisface a ese personal viaje a la Itaca del saber que cada uno de nosotros por diversas circunstancias emprendió en algún momento de su vida.

Hoy he sentido esa agradable e infrecuente sensación en la Universidad Autónoma de Barcelona, en el acto de defensa de la tesis doctoral de Zenaida Osorio, una profesora de la Universidad de Bogotá que tras varios años de trabajo e investigación nos mostraba en su estudio titulado: “La Confianza Visual”, nuevas y estimulantes vías para entender la relación de las imágenes fotográficas con la prensa, la sociedad y todos los dispositivos institucionales que conforman el conocimiento de una época a través de su específica visibilidad cultural. Ha sido un momento mágico. Presididos por Román Gubern, al que todos lo que nos dedicamos a la Historia de las Imágenes reconocemos como uno de nuestros maestros ineludibles, escuchamos y discutimos con toda nuestra libertad de saber los argumentos de Zenaida Osorio en ese espacio único de reconocimiento del talento que supone un encuentro académico de éste tipo, convencidos de que el saber nos hace entender mejor nuestra época y nos hace mejores como ciudadanos de la complejidad de la etapa histórica que nos ha tocado vivir y que a pesar de las diferencias existentes,  está encadenada con el pasado.

Zenaida Osorio ha relacionado muchos elementos que parece dispersos pero que analizados como ella lo ha hecho, conforman una retícula de información en la que se entienden las tramas y las subtramas culturales en las que las imágenes y la prensa influyeron en la creación de un tiempo nuevo que hemos heredado en un momento en el que la digitalidad nos enfrenta a nuevos retos de acceso y usos de la información y a los valores sociales que de las nuevas prácticas se derivan. Todos esperamos y deseamos que su trabajo sea publicado cuanto antes porque refleja, como decía, esa pasión por saber, por ser capaz de analizar fenómenos desde nuevos enfoques que hace que emerjan aspectos inexplorados que explican mejor prácticas culturales cuyo significado profundo habían pasado un tanto inadvertidos.

De izquerda a derecha Teresa (Universidad de VIC), Ana Calvera (Universidad de Barcelona), Amparo Moreno (Directora de la Tesis. Universidad Autónoma de Barcelona), Zenaida Osorio (Universidad de Bogotá) Roman Gubern (Presidente del Tribunal Universidad Autóna de Barcelona) Bernardo Riego (Universidad de Cantabria) y Pedro Molina (Universidad Autóna de Barcelona) Foto: María Eugenia Mantilla. 14-10-2015

De izquerda a derecha Teresa Martínez (Universidad de VIC), Ana Calvera (Universidad de Barcelona), Amparo Moreno (Directora de la Tesis. Universidad Autónoma de Barcelona), Zenaida Osorio (Doctoranda. Universidad Nacional de Colombia. Sede Bogotá) Roman Gubern (Presidente del Tribunal Universidad Autónoma de Barcelona) Bernardo Riego (Universidad de Cantabria) y Pedro Molina (Universidad Autónoma de Barcelona) Foto: María Eugenia Mantilla. 14-10-2015

Entre los elementos que incorporaba Zenaida Osorio, hay uno que me ha sorprendido y son los cuentos y relatos escritos en Colombia en los que la Fotografía era protagonista. Ella se había enterado ayer que en 2003 publiqué un libro titulado “Impresiones” que recopilaba artículos periodísticos muy diversos sobre Fotografía que se dieron en la España del siglo XIX y que demostraban como la nueva tecnología de las imágenes había penetrado profundamente en el imaginario social y cultural de la época más allá de los que la practicaban. Curiosamente bastantes de las narraciones publicadas en España concordaban con las colombianas de la misma época lo que denota una transculturalidad muy intensa en un tiempo  en el que los flujos de la información tenían otro ritmo que era muy diferente al actual.

En homenaje a Zenaida Osorio y a su excelente trabajo, ofrezco hoy en la bitácora la primera maqueta del libro “Impresiones” que elaboré en 1998. No he cambiado nada de su contenido inicial que luego tuvo si tuvo  variaciones hasta llegar a  la edicion impresa de 2003. Lo hago para que, quien lo desee, pueda “talcualizar” su contenido respetando el del libro editado, del que aun se pueden encontrar, aunque ya con dificultades, ejemplares a la venta. “Talcualizar” es un curioso término colombiano que hoy nos explicaba en la comida la profesora Zenaida Osorio y que a mí me parece que es uno de los signos evidentes de este tiempo de opulencia informativa y de la pulsión que tenemos por su posesión y archivo. Algo que contrasta con las dificultades que existían hace apenas dos siglos para poder copiar o hacer facsímiles de cualquier texto o dibujo. Antes de la invención de la fotografía  solo se podía “talcualizar” gracias al esfuerzo de los copistas para los textos y de la habilidad de manejar el pantógrafo para las imágenes. Fue precisamente la invención de la Fotografía en la década de 1830 y del “daguerrotipo sonoro” en 1877, del que también nos ha hablado hoy Zenaida Osorio y del que ofrezco aquí la primera imagen que se mostró en España un año después, los que abrieron el camino a una nueva relación con la información y el conocimiento en relación con dos sentidos humanos esenciales, la vista y el oido.

Antologia de textos españoles sobre Fotografía publicados en el  siglo XIX  (Pulsar para descargar)