En torno a “incorporeo” del artista Daniel Canogar, un texto de 1997

Paseaba este verano por el puerto de Santander, quemando un poco de glucosa, cuando entre la multitud de turistas que transitaban a esa hora el hermoso paseo portuario santanderino,  vi acercarse la inconfundible figura alta, y un tanto desgarbada,  que tiene Daniel Canogar, un artista por el que siento una enorme admiración y considero un buen amigo, pero que hacía años que no había visto personalmente,  aunque recibo de tanto en tanto su newsletter y nos envíamos algún que otro correo electrónico.

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Daniel Canogar. Transfusions (1995)

Daniel iba a presentar su pieza Sikka Magnum en el Palacete del Embarcadero del Puerto de Santander. Se trata de una instalación que reflexiona sobre las imágenes y la obsolescencia y que nos remite a unos materiales que hasta hace nada eran alta tecnología y hoy están ya fuera de actualidad como son los dvd. Sobre ellos en la pieza se proyectaban fragmentos de secuencias de video, en una metáfora sobre los contenidos y los continentes en un tiempo desbordado por la densidad de su iconosfera. Una pieza que se suma a otros muchos hallazgos de un artista que ha sabido trascender la representación de los objetos para que nos provoquen en las múltiples direcciones que sugieren las tecnologías digitales.

Entre Mayo y Junio de 1995 invité a Daniel Canogar a que impartiera un curso en  el Aula de Fotografía y de la Imagen de la Universidad de Cantabria que yo entonces dirigía. El encuentro se tituló: “Procesos: Estrategias Creativas del Medio Fotográfico”. Desde el principio quedó muy claro a los alumnos que participaron de que Daniel Canogar no era un mero fotógrafo creativo, sino todo un artista que usaba el medio y sus posibilidades mucho más allá de sus límites, y, además, tenía una vertiente reflexiva e investigadora con la que conecté de inmediato. Su libro “Ciudades Efímeras” sobre las exposiciones universales, fue en su momento una valiosa aportación que mostraba su enorme cultura y puesta en valor en torno al mundo contemporáneo y rapidamente Daniel Canogar y yo nos reconocimos visiones compartidas y poco conocidas por el gran público.

Entre ellas estaba el significado cultural de las proyecciones luminosas que él estaba experimentando y yo investigando en autores como Robertson y su fantasmagoría, o los posibles ecos que esos resultados tuvieron en Goya, tal y como publicó en un trabajo en la Hispanic Society, Priscilla Muller, y todo lo que significaban las imágenes en los soportes intangibles que suponen las escenas proyectadas, más allá de los soportes sólidos como el papel o la obra visual enmarcada, que se inscriben en  la continuidad cultural de la estampa a la que se adhirió la Fotografía desde sus mismos orígenes.

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Sensorium, una de las piezas de las que habló Daniel Canogar en el curso que impartió en la Universidad de Cantabria en 1995.

El encuentro en la Universidad de Cantabria fue un hito y abrió perspectivas nuevas a unos alumnos que estaban formándose en fotografía creativa y se encontraban así con otros planteamientos diferentes y otros soportes posibles gracias a lo novedoso de su obra y sus planteamientos culturales y estéticos. Daniel y yo hablamos mucho, compartirmos ideas y mantuvimos el contacto a partir de ese momento. Creo recordar que posteriormente nos encontramos en un curso en la UIMP en el Palacio de la Magdalena, sobre la incipiente imagen digital que se estaba convirtiendo en propuesta creativa ya desde los comienzos, y un buen día, en abril de 1997,  recibí una carta del Centro de Arte Contemporáneo de la Baja Normandia en la que me invitaban a escribir el texto de su exposición “Incorporeo” que ya había circulado por otros centros con textos de Rosa Olivares y Laia Ishikawa a la que conocí por su trabajo en la Fundación Telefónica en aquellos años. Me advertían en la carta que mi aportación sería publicada en francés, inglés y japones.

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Carta que recibí de invitación al texto para el Centro de Arte Contemporáneo de Baja Normandía en 1997

Para mi la invitación -que ya me había anticipado Daniel Canogar-, constituía un enorme reto porque suponía contarles a espectadores de otras culturas -sobre todo la japonesa- ideas y reflexiones que tenían que ser forzasamente universales, y al mismo tiempo explicar la obra de Daniel y ser interesantes en sí mismas. Yo siempre he aborrecido esos textos que parecen esotéricos e interesantes, muy típicos en la crítica artística contemporánea, pero que no dicen ni explican nada. Así que escribí  el texto que hoy ofrezco para su lectura y posible descarga a los cada vez más numerosos seguidores de ésta bitácora.

No fue para mi un texto fácil de escribir, porque me obsesionba mucho conectar con el lector y mis reflexiones tenían que estar a la altura del nivel intelectual y creativo que tiene Daniel Canogar, un artista que año tras año ha ido realizando actuaciones cada vez más interesantes y que hablan muy bien de lo que significa nuestra temporalidad cada vez más digital y menos material.

Nunca recibí una copia del catálogo que se hizo, y en una ocasión vi la exposición de Canogar en Girona, creo recordar que promovida por la Fundación la Caixa,  y en el catálogo figuraba mi texto, pero no conservo copia de ese catálogo tampoco, solo el texto que remití que he escaneado y puesto a disposición para quienes estén interesados en su lectura. A mi me sigue pareciendo atractivo y confieso que me costó mucho su elaboración por ese deseo de conectar con publicos y sensibilidades de otros países y culturas con los que deseaba conectar.

Le contaba a Daniel Canogar este verano, en el breve encuentro que mantuvimos, que seguimos teniendo preocupaciones culturales compartidas y vecinas (le hablé de mi proyecto de las hojas tecnológicas, que en algún momento pondré en esta bitácora). Su proyección y su presencia internacional me llena de orgullo, pues, además de ser un artista inteligente y sincero  con una obra muy personal que explica nuestro tiempo, Daniel Canogar es una persona muy trabajadora y atrevida en sus procesos creativos, y para mí es una verdadera fortuna que nos reconozcamos como amigos a pesar de nuestros fugaces e inesperados encuentros.

Dispositivos Lumínicos para explorar lo intangible (1997)

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Observando y reflexionando en torno a las nuevas prácticas culturales con las imágenes. Un texto de 2017

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Bernardo Riego (2017) El nuevo espectador digital usa los iconos culturales para representar su ego personal. Escena ante la Mona Lisa de Leonardo da Vinci en el Louvre

Nunca me he sentido un historiador de las imágenes que mira solo al pasado, también me interesa lo que ocurre en el presente y cómo hemos llegado hasta aquí; qué ha ocurrido para que aparezcan nuevas prácticas culturales y se instalen de un modo tan rápido en la sociedad. En ese sentido las imágenes, los modos de contemplarlas, producirlas y usarlas son un permanente objeto de mi atención  en cualquiera de las etapas de la contemporaneidad. Hace unos pocos años que estoy embarcado en una ambiciosa investigación en la que intento analizar como surgió el espectador de la modernidad, que un buen día comenzó a visitar las barracas cinematográficas y a entretenerse y fascinarse con el caos visual de las primeras exhibiciones de la entonces denominada fotografía en movimiento, en un momento en el que las revistas gráficas o magazines, estaban insertando imágenes fotográficas de gran tamaño gracias a las nuevas posibilidades del fotograbado que, por primera vez en la historia de las imágenes permitía que circulasen miles y miles de ellas en el papel impreso con la apariencia tonal de las imágenes fotográficas. Para desesperación de la alta cultura que veía con malos ojos (¡Qué acertado el eufemismo!) que aumentase el espacio para contemplar y se redujese el espacio para leer en las publicaciones periódicas, al mismo tiempo que la tarjeta postal ilustrada, los carteles y otros productos gráficos aumentaban su presencia social y generaban nuevas prácticas y costumbres en un tiempo, el de la sociedad de las masas, para el que las imágenes de modo inexorable comenzaban a configurar una iconosfera cada vez más y más densa.

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En los tiempos de intensos cambios culturales como el actual, persisten viejas prácticas que aunque están en desuso siguen teniendo su vigencia. Vendedor de postales de Roma ante la cola de los Museos Vaticanos. (Foto Bernardo Riego. 2015)

Tengo el privilegio generacional de haber asistido a la llegada de la sociedad digital, desde sus balbuceos en la microinformática de la década de los años ochenta hasta la influencia que ahora tiene en las formas de entender la realidad. En otro lugar he contado lo que ocurría en los ámbitos fotográficos cuando en la década de los años noventa se hablaba de la imagen digital, todo el mundo se ponía algo nervioso y lo veía como algo lejano. En 1993, en la Universidad de Cantabria monté los primeros cursos de fotografía digital con los medios que existían en aquellos años,  cuando almacenar en un disco ZIP de 100 megabytes, nos parecía alta tecnología.  Cuando nos quisimos dar cuenta, la imagen digital había convertido en arqueología a las imágenes de base fotoquímica. Un día, allá por el año 2003, estaba tomando un café en un bar y escuché a dos barrenderos que se contaban el uno al otro como se podían convertir imágenes digitales a otros formatos, reducirlas de tamaño y pasarlas por Internet, y en ese momento entendí que la imagen digital se había socializado ya con mucha profundidad, y hoy, cuando tomo fotografías en mis viajes a las personas que tienen naturalizadas las nuevas prácticas culturales con los dispositivos móviles, con los selfmedia, de los que hablaba Patrice Flichy, constato que ha surgido un nuevo espectador que ya no mira a la realidad sino que la captura, que los objetos culturales sirven ahora como fondo de un narcisismo que las nuevas tecnologías de la imagen amplifican por las propiedades de densidad, accesibilidad, interacción, amorfia, ubicuidad y así hasta diez características, que poseen los objetos digitales y que tan acertadamente definió mi maestro Antonio Rodríguez de las Heras hace ya unos cuantos años, y que, como ocurrió en la sociedad de las masas, en ésta nueva sociedad-red, por usar ahora el preciso término que difundió Manuel Castells, las imágenes que hacen las personas establecen otros diálogos y relaciones con la sociedad. Existe un tema que siempre me ha apasionado y son esos momentos en los que están conviviendo antiguas concepciones de la representación visual con las nuevas posibilidades tecnológicas de crear las imágenes. En el año 2013, en un encuentro que hicimos en el Instituto de Cultura y  Tecnología “Miguel de Unamuno” de la Universidad Carlos III de Madrid, me inventé un palabro que tengo un poco en cuarentena: los fenómenos de borde, que ocurrieron en el transito de la imagen medieval a la construcción de las escenas en perspectiva, en la sociedad de las masas con las posiblidades del fotograbado y en la llegada de la imagen digital, cuando todavía no habían aparecido las prácticas actuales con los móviles y otros dispositivos de captura de imágenes pero se estaba buscando una narrativa digital.  Ofrezco aquí las pantallas de aquel seminario de la que fue anfitriona Beatriz de las Heras, una excelente historiadora de las imágenes que ejerce su brillante magisterio en esa universidad y que, de tanto, en tanto nos convoca a una serie de especialistas para trabajar en torno a los múltiples significados históricos, culturales y sociales de las imágenes en sus diversas tecnologías contemporáneas.

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(Foto: Bernardo Riego) El dilema de mirar y comprender  o simplemente capturar en una imagen tomada en el British Museum en 2013

En el año 2016, Mario Crespo, un autor santanderino, gran dinamizador, buen amigo y colega en la Universidad de Cantabria,  con esa mentalidad inquieta y abierta que siempre le caracteriza, comenzó a editar una revista con recursos propios a la que tituló  “Leña al Mono” y me pidió una colaboración, algo que no llegó hasta finales de 2017 porque mi agenda no me lo permitió. En esa revista publiqué unas breves reflexiones sobre las nuevas prácticas culturales con  los nuevos dispositivos y algo que creo que hay que dejar constancia desde la perspectiva del historiador, y es que algunas de los fenómenos culturales a los que estamos asistiendo, han tenido antecedentes, que aunque lo parezcan y así lo repite la industria digital, no son consecuencias exclusivas de las tecnologías actuales, pongo en el texto algunos pocos ejemplos. Ofrezco aquí las versiones publicadas en la revista y el Pre-Print, en ambos el texto es el mismo pero la maquetación cambia. Este texto es un reflejo de mis preocupaciones por dotar a la historia de las imágenes de una visión de continuidad frente a las tendencias rupturistas que se creen que todo lo ha traído la imagen digital, que, ciertamente, ha cambiado muchas prácticas y concepciones y lo seguirá haciendo en el futuro.

Las nuevas prácticas culturales con las imágenes digitales y el recorrido de su arqueología histórica.  Versión de la revista “Leña al Mono”

Versión Pre-Print del texto publicado en “Leña al Mono”

Fenómenos de Borde. Pantallas de la Conferencia (2013)

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La importancia de la genealogía, también en la Historia de la Fotografía, un texto de 1996 contrastado con otro de 2015 y la reciente obra de Carmelo Vega al fondo

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Éste dibujante en una cámara oscura nos sirve como metáfora de la escritura histórica de la Fotografía. Grabado de: “The Museum of Science and Art” Dionysis Larder (1855)

Uno de los riesgos ciertos que tienen las bitácoras es que muchas acaban abandonadas por sus autores tarde o temprano. No es mi caso. Introduje la última entrada a comienzos de 2017, ha pasado un año y en ningún momento he olvidado que tenía pendiente renovarla. (¡Tengo muchos textos todavía que deseo compartir!). Pero he estado tan ocupado en éste tiempo y con tantas actividades que, ahora, cuando hago repaso de todas ellas, me doy cuenta de todas las cosas que he estado haciendo y que me ha ocupado gran parte de mi tiempo  durante estos meses en detrimento de esta ventana de comunicación que tantas satisfacciones me proporciona. En mi universidad como en  otras, existe un programa formativo para personas jubiladas que aquí lo denominamos Programa Senior de la UC. Durante seis años estuve impartiendo un curso sobre historia de la comunicación desde los ilustrados del siglo XVIII y la revoluciónaria propuesta de conocimiento textual y visual que supuso L’Enciclopédie de D´Alembert y Diderot hasta la  actual Sociedad-Red que estamos transitado en ocasiones sin entenderla del todo, pero tenía una temática que deseaba explorar y era analizar  cómo se había fraguado la Sociedad de la Información, una  cuestión que está tansformando nuestras pautas culturales, sociales, políticas y económicas y además con los alumnos con los que comparto la asignatura, tenemos la ventaja de que hemos conocido todos el tránsito de las prácticas analógicas a las digitales, pero nos faltaba una perspectiva histórica que superase esa visión continuamente adanista que los autores acriticos que hablan de digitalidad propugnan, obviando (o tal vez ignorando), que se puede establecer una línea continua y coherente desde la arqueología del conocimiento, (utilizando la terminología de Michel Foucault), que existe entre las láminas dibujadas de L’Enciclopédie al buscador de imágenes de Google que tienen el mismo origen conceptual, a pesar de su divergente ontología tecnológica.

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Clasificación de picos y patas de aves en una lámina de L’Enciclopedie (1763). Si buscamos ahora en Google esta misma temática, la organización visual que aparece es muy similar a la que hicieron los ilustrados en el siglo XVIII, un buen ejemplo de la continuidad y permanencia cultural del sistema de clasificación gráfica.

Me esfuerzo mucho por conectar los fenómenos tecnológicos del pasado con su continuidad digital. Se puede ver, por ejemplo, en el caso de la conmutación de paquetes que mueve los archivos en la red como algo exclusivo de la digitalidad, pero si uno tiene esa perspectiva histórica a la que me refería antes, observará que ya, durante la guerra franco-prusiana en 1871, se enviaban mensajes redundantes con palomas mensajeras que siguen el mismo principio que hace posible que un correo electrónico llegue hoy a nuestro ordenador. Cambian las tecnologías pero persisten los principios que permiten que los fenómenos ocurran aunque ahora pasados por las redes y los bits parezcan nuevos. Se estrenó, a mediados de 2017 la película El Círculo, basada en la novela de Dave Eggers, que, entre otros aspectos más o menos inquietantes vuelve a poner de manifiesto la tendencia de la industria digital de creer y hacer creer que todo lo que hacen es borrón y cuenta nueva con el pasado, una tendencia que se puede rastrear muy bien en los orígenes de la microinformatica a finales de la década de los años setenta que modeló personajes que con apariencia antisistema, crearon grandes corporaciones con prácticas monopolísticas que encajan muy bien con las vigentes concepciones  neoliberales, pero es evidente que existe, más allá de las mitologías digitales, toda una malla sutil y olvidada que conecta los procesos actuales basados en el símbolismo de la digitalidad con las tecnologías que cambiaron la mentalidad de las personas desde el siglo XIX, entre ellas la fotográfica.

Siempre me ha interesado mucho explorar la genealogía de lo que estudiamos, porque es un modo de entender mejor los procesos históricos. Me ocurrió con la propia construcción de la Historia de la Fotografía. En 1994, Carmelo Vega y yo, hablamos mucho del tema, y finalmente publicamos un libro que se tituló Fotografía y Métodos Históricos, dos textos para un debate que fue el comienzo de nuestras indagaciones en torno a la historiografía fotográfica. A finales de Octubre del ya pasado 2017, tuve el privilegio de presentar junto a Monica Carabias, en la librería del Centro de Arte Reina Sofía, la monumental obra que acaba de publicar Carmelo Vega y que abre una multitud de nuevas líneas de investigación. Un libro imprescindible y que marca un antes y un después en la indagación histórica de la Fotografía en España y es claramente un ejemplo internacional de rigor y buen hacer, puede descargarse la recensión que hago en Fotocinema aqui.

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El libro recien editado de Carmelo Vega que indaga entre otros muchos aspectos en la construcción de la Historia de la Fotografía en España

En 1996, Mario Díaz Barrado, que había participado intensamente en los seminarios sobre la imagen fotografica que hicimos en la Universidad Carlos III de Madrid, bajo la dirección de Carlos Serrano y Antonio Rodríguez de las Heras, fue el editor de un número monográfico de la revista “Ayer”, la publicación de referencia de los historiadores contemporanistas. En ese número, que aquí puede descargarse completo, abordé el tema de la genealogía de la Fotografía con una visión orientada a los historiadores profesionales que se encontraban con el fenómeno de las imágenes fotográficas y aunque les interesaban, entendían que era un tema ajeno a su formación fundamentada sobre todo en el texto escrito.

Anteriormente a éste texto, publiqué en 1994, el que ya me he referido y posteriormente aparecieron otros sobre aspectos específicos, el último en un monográfico de la revista de la Universidad de Málaga “Fotocinema”, en el que reflexiono esta vez en cómo hacer historia de la Fotografía en un tiempo posmoderno y también Carmelo Vega aporta una reflexión muy interesante sobre los vacios de la trama historiográfica española.  El monográfico de Fotocinema puede consultarse aquí y, en mi caso, puede contrastarse mi texto con el publicado en 1996 en “Ayer”. Han transcurrido los años pero muchas preguntas  sobre la genealogía de la Historia de la Fotografía, nos permiten entender  en qué hemos centrado  nuestra mirada historiográfica y que cuestiones, sin duda, hemos desatendido.

La historiografía española y los debates de la Fotografía como fuente histórica

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Posiciones intertemporales de la cultura posmoderna: de la veracidad fotográfica a la remezcla de significados históricos

By Albertina Museum @albertina_museum

Olivia Muus. By Albertina Museum @albertina-museum

Para un historiador de las imágenes que,  como es mi caso, se ha formado en un método historiográfico donde las fuentes tienen que ser sometidas a un sistema de crítica interna (el origen contrastado y confirmado del documento) y externa (la que intenta describir su pertinencia histórica y su contexto discursivo), las nuevas tendencias de la cultura posmoderna ponen en tensión todos los principios sobre los que se basa la explicación, el conocimiento y la referencia de las imágenes respecto a lo que representan y a la realidad de la que forman parte.  Ese relato que ha intentado ser coherente y bastante lineal tiene ahora otros perfiles en los nuevos historiadores de la Fotografía como Geoffrey Batchen, que entienden el discurso histórico como un microrrelato de los muchos posibles y no muy divergente de las narrativas literarias. Batchen, casi al final de su libro sobre los orígenes de la Fotografía “Arder en Deseos” (1997 en su edción original, 2004 en la edición española)  explica muy bien esa nueva brecha interpretativa que la posmodernidad representa frente a la historiografía clásica, un cambio esencial que como ha ocurrido en otros momentos culturales cambia el sentido de los conceptos y de las ideas:

“La historia fotográfica lleva siempre consigo el proceso de su propia desaparición. Un singular punto de origen, un significado definitivo, una narrativa lineal: todos estos objetos históricos tradicionales se desplazan de ahí en adelante de la procedencia de la fotografía. En su lugar, hemos descubierto algo mucho más provocativo: una forma de repensar la fotografía que coincide persuasivamente con la innegable complejidad conceptual, política e histórica del medio fotográfico” (Batchen, G. (2004) p.203).

Cada época cultural reinventa los significados y los valores de veracidad que representa la Fotografía, lo hicieron las prácticas fotográficas del siglo XX respecto a las del XIX, y en estas décadas con la llegada de la digitalidad, ha entrado ya en evidente crisis la propia objetividad positivista en la que se constituyó la tecnología fotográfica, una posición única que ya no puede sustentar la explicación de la realidad en unos momentos como los actuales en los que lo relativo se configura como el elemento esencial. La idea de objetividad, como la idea de progreso ya no son operativas en el mundo posmoderno y eso da lugar a nuevas posiciones y revelaciones que se enfrentan a las evidencias que constituían el discurso realista de las imágenes fotográficas. De nuevo, lo explica muy bien Geoffrey Batchen:

¿De qué modo es amenazada la realidad, o la fotografía en este caso? Quienes conocen la historia de la fotografía deben tener claro que un cambio en la tecnología de producción de imágenes no causará per se la desaparición de la fotografía y de la cultura basada en ella.  La fotografía no ha sido nunca una tecnología determinada, sus casi dos siglos de desarrollo han estado marcados por numerosos y contradictorios ejemplos de innovación y obsolescencia en lo tecnológico, sin que se planteara ninguna amenaza para la supervivencia del propio medio fotográfico. Incluso aunque sigamos identificando la fotografía con determinadas tecnologías  arcaicas, como la cámara y la película, esas mismas tecnologías encarnan la idea de la fotografía, o más exactamente, de una economía persistente de deseos y conceptos fotográficos. Los deseos inscritos en esta economía incluyen cosas  como la naturaleza, el conocimiento, la representación, el tiempo. el espacio, el sujeto observador y el objeto observado. Así pues, si intentamos una definición momentánea se diría que la fotografía es el deseo, consciente o inconsciente de organizar un conjunto particular de relaciones entre diversos objetos” (Batchen, G. (2004) pags.212,213).

En esa percepción de estar transitando un tiempo que está reconfigurando de nuevo la propia naturaleza del discurso visual de la Fotografía, me parece muy interesante el “Museo de los Selfies” que Olivia Muus está creando de un modo muy sugerente y no con las ya rutinarias habilidades del retoque digital sino con la remezcla de materiales en el escenario fotográfico, creando así unos diálogos intertemporales muy significativos de éste momento cultural que estamos transitando, una época de cultura de superficie, de canibalización del significado de los contenidos en los que la apariencia ha vencido por fin a la reflexión y a los significantes complejos. Ahora,  la complejidad reside en la interpretación que hace la mirada de la propuesta que se le presenta ante si.

Ofrezco, antes de continuar con mis textos, alguno de los diálogos intertemporales de Olivia Muus, y lo hago también como homenaje a mi buena amiga, la profesora Rebecca Mutell, que en su esplendido trabajo “Atrapando la luz”, ha sabido construir una inteligente visión desde esas posiciones posmodernas que aunque nos tensan a historiadores de mi formación, no nos amenazan en modo alguno, sino que nos revelan la profunda vitalidad de la cultura fotográfica frente a los que con ligereza han anunciado su muerte antes de tiempo por la incertidumbre que ha creado la llegada de la digitalidad en el siglo XXI, como en su momento ocurrió con la llegada de la instantaneidad en el siglo XX superando la visión mecanicista de las imágenes que se había consolidado durante el siglo XIX.

 

Una mirada crítica a las fantasías de la joven industria informática. Un texto periodístico de 1995

Empadronamiento eléctrico en los Estados Unidos. "El Telegrafista Español" Madrid 1890. Páginas 491-495.

Uno de los orígenes de la industria informática está en los sistemas de mecanización de la información que comenzó a finales del siglo XIX valiéndose de las tecnologías de las fichas perforadas. Esta nueva actividad fue recogida por la prensa especializada española : Empadronamiento eléctrico en los Estados Unidos.El Telegrafista Español” Madrid 1890. Páginas 491-495.

La industria informática es una actividad muy joven en comparación con otros sectores con largo recorrido y experiencia como el del automóvil o la industria fotoquímica hoy casi en extinción, por poner tan solo dos ejemplos conocidos. Durante décadas, los fabricantes de materiales fotográficos acumularon un conocimiento de sus productos que estaba a disposición de los especialistas que tenían que resolver algún problema técnico. La industria del automóvil, por su parte,  si comete un ligero fallo de fabricación inmediatamente reacciona y sustituye la pieza defectuosa por otra nueva sea cual sea el coste. Por el contrario, la industria informática los fallos los resuelve sacando otra versión mejorada del mismo producto que en la mayor parte de los casos vuelve a cobrar al usuario, y su relato tecnológico gira en torno a una idea de futurismo que en ocasiones oculta en su presentación  evidentes deficiencias respecto a las tradiciones anteriores. Esto se ve muy bien en especialidades como la fotografía digital; hoy las impresoras han sustituido al laboratorio fotográfico, pero los fabricantes de esas máquinas están por lo general orientadas al mercado de consumo y no tienen todavía investigación publicada y disponible sobre permanencia de los colorantes u otras cuestiones que si existían en la tradición fotoquímica que había generado mucha literatura técnica disponible bajo demanda. Es cierto que en fechas recientes, ha comenzado a tenerse en cuenta por parte de la industria del software las opiniones de expertos que usan las imágenes fotográficas al margen del mercado de consumo y que echan en falta algunas posibilidades en los programas que comienzan ya a implementarse por la industria en la medida que son demandados por estos sectores especializados que se han visto obligados a trabajar con software generalista en la obligada transformación de la información analógica a la digital. Cómo se ve muy bien en las películas de los pioneros informáticos que estos años se han estrenado, toda la microinformática y su industria subsiguiente se desarrolló de una manera un tanto caótica en los primeros años de la década de los setenta y especialmente ochenta del pasado siglo veinte, y aquel desarrollo se hizo  al margen de todas las especialidades que la propia información digital fue socializando con el paso de los años, mientras fue transformando los modos de trabajar de muchos especialistas.

Éste texto forma parte de una serie de artículos periodísticos que publiqué al margen de mis textos académicos y que iré subiendo a ésta bitácora. Solo lo haré con aquellos que me parecen relevantes. En mi caso, al conocer los orígenes y el desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación desde el siglo XIX, me resultaba muy atractivo poder comparar en un breve texto las mitologías y algunos de los relatos en los que se apoyaba el marketing informático para dar identidad social a sus productos y ponerlos por mi parte en relación con los que aparecieron y se desarrollaron en otros periodos históricos. Por ejemplo, algunas de las cuestiones que hoy plantean las redes informáticas en su capilaridad, ya estaban presentes en el desarrollo de la electricidad a comienzos del siglo XX o de la telefonía en el último tercio del siglo XIX, es curioso además, como la industria actual apenas conoce nada o casi nada de su pasado y cuando les muestras éstos aspectos en algún Encuentro se quedan muy sorprendidos.

En 1995, Microsoft hizo una extensa campaña para la introducción del nuevo sistema operativo denominado “Windows 95”, que, en realidad, su mayor aportación fue entonces mejorar y mucho la Interfaz Gráfica de Usuario o GUI, pero se incidió sobre todo en lo que significaba la nueva versión del sistema operativo respecto a la anticipación de tecnologías del futuro más que al propio producto en sí. El breve artículo que publiqué entonces, el 2 de Septiembre de 1995, en las páginas de “El Diario Montañés”  ponía el acento en las conexiones con el pasado de éstas utopías tecnológicas, sin por eso poner en duda la validez del nuevo producto, hoy ya totalmente arqueológico.

Por razones profesionales, algunos años después tuve la oportunidad de conocer Microsoft un poco más de cerca y pude valorar mejor el valor añadido que aportan a muchas empresas tecnológicas con sus productos. Conocí a Rosa García, entonces presidenta de Microsoft España, una mujer a la que admiro desde entonces por su enorme inteligencia y que para mí es un excelente ejemplo de las personas que están construyendo actualmente la Sociedad de la Información y el Conocimiento, como en otras etapas históricas otras, con un similar espíritu innovador, configuraron la Sociedad Industrial. Gracias a la excelente relación personal que establecí en aquellos años con ella y con colaboradoras suyas como Monserrat Pardo, hoy Gerente de Relaciones Institucionales de Microsoft España, me hicieron  el artífice de la creación en Cantabria de un Centro de Innovación en Integración. En mi caso, he tenido el privilegio de contemplar a la industria informática desde la perspectiva de historiador de la tecnología, de profesor universitario que trabaja en la comprensión e implantación de tecnologías en el Aula y en la Sociedad y, durante un breve periodo, de gestor público que tiene que tomar decisiones respecto a las tecnologías de la información,  lo que me permitió entender de un modo más complejo el significado de la industria digital y su importancia económica y cultural que va más allá de las fantasías del marketing o de la perecedera publicidad.

Windows 95 y el espejismo de un futuro anticipado  (Pulsar para descargar)

Las Fichas Didácticas, una faceta complementaria a los textos. 15 ejemplos para ver o descargar

Posiciones imaginarias

Una de las fichas didácticas en las que se explica con tres grabados las “posiciones imaginarias e ideológicas” en las que se coloca al lector de la información por parte de autor de la imagen informativa.

Los textos escritos son una de las vías principales que utilizo para difundir conocimientos sobre las imágenes, su historia, sus significaciones y su relación con las culturas contemporáneas, pero no es la única. En muchas ocasiones recurro a la elaboración de fichas didácticas de estructura infográfica, que me permiten explicar procesos más o menos complejos interaccionando imágenes y texto. Se trata de una técnica que utilizo cada vez con más frecuencia por dos simples motivos; en primer lugar porque los alumnos actuales son cada vez más visuales y, en ese caso, el reto es proporcionarles materiales complejos haciendo un esfuerzo en el sentido de hacer que parezcan contenidos atractivos y muy evidentes a pesar de su densidad. La segunda razón es que los programas para elaborar este tipo de contenidos han ido evolucionando y permiten cada vez mejores diseños. Ahora mismo estoy experimentando en poner en mis fichas didácticas en Acrobat, videos cortos además de las imágenes estáticas, tengo que confesar que he conseguido resultados muy interesantes pero aún es muy frustrante como se comportan los videos incrustados en Acrobat en diferentes ordenadores, pues en unas máquinas se abren los videos sin problema y en otros no hay manera de que lo hagan. Es cuestión de que vaya evolucionado el producto, sin ninguna duda. Ahora en algunos casos recurro a poner el enlace de youtube para que se abra desde la ficha didáctica pero lo eficiente es que el video se vea en la propia ficha en formato pdf. Cuando lo hace sin problemas el resultado es espectacular.

Tengo una página en Pinterest en el que a día de hoy ofrezco gratuitamente más de  500 fichas didácticas, tanto individuales como de conferencias que he impartido, casi todas relacionadas con los textos que estoy incorporando a ésta bitácora. Me gusta mucho Pinterest, porque es caótico, cómo lo es nuestro tiempo, tiene aportaciones visuales increíblemente buenas, junto a otras cosas infumables. Creo que Pinterest es un buen exponente de lo que hoy en día constituye la cultura digital: inabordable, sorprendente, creativa, repetitiva, densa o superficial, pero siempre sugerente y estimulante. Descubrí Pinterest gracias a Miguel Ángel Pesquera, además de un buen amigo, es una de las mentes más verdaderamente innovadoras que conozco, alguien que ha entendido como pocos la profundidad del cambio que ha traído la cultura digital a nuestra realidad. Miguel Ángel siempre es muy estimulante, porque está permanentemente a la búsqueda de nuevos recursos digitales y de nuevos autores interesantes que es necesario conocer, es un explorador nato de la nueva economía y de la nueva sociedad digital que está emergiendo. Como de costumbre, Miguel Ángel  traía la aplicación de Pinterest en su Ipad último modelo, y esa misma tarde, tras descubrirla gracias a él,  me registré y comencé a subir mis fichas que se mezclan con una infinidad de otras propuestas en el inconmesurable espacio digital de la Visible Web.  Ahí están para compartirlas con quienes estén interesados.

Ofrezco aquí 15 fichas variadas las muchas que tengo en mi espacio en Pinterest, se trata de temas en los que he trabajado y he elaborado alguna ficha didáctica, todas tienen su versión en pdf que, quien esté interesado, me la puede pedir y se la remito por correo electrónico para no recargar ésta entrada con tantos enlaces. La intención de mostrar este tipo de trabajos, además de darlos a conocer es animar a otros a que intenten narrar con estos recursos digitales que responden a nuestro tiempo en el que el conocimiento puede difundirse de muchos modos, además de por los textos escritos y estructurados que hemos usado tradicionalmente.

Para ver o descargar

Culturas Impresas Principios Fundacionales primera imagen de actualidad  Medios 3 medios 2 medios 1 Imagenes manipuladas imágenes caracteristicas Grabados de Mediotono  Documento Gráfico concepciones sobre las imagenes Cine de AtraccionesSeries de Televisiónfototipia a fotograbado

Publicidad Vintage: anuncios imposibles para un tiempo posmoderno

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Un “contrafactual” del buscador Google perteneciente a una época pre-digital en el que la consultas se solicitarían  por correo postal y tardarían en responderse treinta días

Después de unas cuantas entradas con textos densos sobre Historia de las Imágenes, propongo ahora un poco de descanso y para ello ofrezco una serie de imágenes de una de las penúltimas (siempre hay una nueva) propuestas que circulan por la red. Se trata de anuncios publicitarios de productos actuales “trasladados” a otras épocas de la comunicación publicitaria. El efecto visual es curioso, a primera vista atractivo,  pero sobre todo refuerza la convicción de que vivimos en un tiempo de apariencia e impresiones rápidas sin reflexión, una época de culturas de superficie y del simulacro, como muy bien la han definido autores como Jean Braudillard o  Umberto Eco  entre otros, cuando evidencian que en la posmodernidad la apariencia importa más que la propia realidad.

Estos y otros muchos anuncios, bajo la categoría de Vintage Publicidad  se alojan en un portal que contiene infinitas cantidades de imágenes digitales de todo tipo. Nos encontramos con un cruce de iconografías y tecnologías con mensajes publicitarios que en algunos casos hubieran sido imposibles, no solo por los productos que muestran, sino también porque era impensable visualizarlos así en aquel momento por razones culturales y del propio desarrollo de la comunicación social.

Tal vez como complemento y lectura para éste verano que pronto comenzará, sugiero la lectura de la novela de Philip K. Dick “La penúltima verdad” publicada en 1964 y en la que una de los trabajadores que vive en una ciudad subterránea como consecuencia de la inacabable tercera guerra mundial, comienza a sospechar de que algo no es verdad porque ve en la televisión en un documental a Hitler descendiendo de un avión Boeing 727. Los anacronismos siempre son inquietantes…

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