“Projectem el passat” Un encuentro necesario en la Filmoteca de Cataluña para entender la importancia cultural del cinematógrafo y un texto exploratorio de 2001

Los que nos dedicamos al estudio de la historia tenemos tendencia a escribir que tal o cual suceso o fenómeno, en ocasiones un texto concreto, constituyen momentos “seminales” porque plantan la semilla o son el primer atisbo, de algo que se va a desarrollar con fuerza en el futuro y en ese sentido las intensas jornadas que hemos vivido en la Sala Laya de la Filmoteca de Cataluña los días 28 y 29 de Octubre de 2019, tienen algo que las engloban en esa categoría, pero presentan muchos más matices que me gustaría poner en reflexión en esta entrada que hago hoy en la bitácora, a sabiendas de que yo no me percibo como un historiador especializado en cine, sino alguien que estudia las imágenes como un fenómeno cultural muy determinante para explicar la realidad y los imaginarios que configura. Un historiador de las imágenes que, un buen día, me encontré fascinado con el cinematógrafo y con un grupo de especialistas que estudian este medio surgido a finales de un siglo y que se desarrolló en toda su plenitud en el siguiente. Me uní a ellos, aprendí mucho de sus trabajos y hoy tengo la satisfacción de que lo que hemos vivido en la Filmoteca de Cataluña hace unos días abre un después en la valoración cultural del cinematógrafo en sociedades como la española que se enfrentaron al nuevo siglo con tantas incertidumbres.

2 cine españa 1896
Una de las primeras imágenes españolas publicadas en “La Ilustración Española y Americana”, el 22 de Julio de 1896, explicando lo que es era el cine en un artículo firmado por José Rodríguez Mourelo. El proyector representado parece todavía una linterna mágica, pero la proyección muestra una escena de “El regador regado” de los Hermanos Lumière,  una transposición al nuevo medio de una placa de linterna mágica y previamente de unas viñetas muy populares desde 1880.

Vayamos por partes. Entre las actividades que la Filmoteca de Cataluña organizó para celebrar el Día Internacional del Patrimonio Audiovisual había dos sesiones que bajo el titulo “projectem el passat/proyectamos el pasado”, especialistas en restauración y conservación de diferentes filmotecas nacionales e historiadores del primer periodo se dieron cita para contemplar más de 170 filmes en dos días, poner en común conocimientos desde diversas perspectivas, ayudar a identificar algunos fragmentos salvados que estaban hasta ahora perdidos y comentar cuestiones sobre algunas de las piezas que podían estar incorrectamente identificadas. En la Sala se encontraban restauradores y conservadores de varias filmotecas y especialistas en historia del cine de primera línea que en ese cruce necesario de saberes y experiencias ponían en común aspectos concretos. Previamente, Rosa Cardona, conservadora y Iolanda Ribas, restauradora, ambas de la Filmoteca de Cataluña, habían elaborado unas exhaustivas y valiosas fichas de los materiales, que nos hizo llegar Daniel Sánchez Salas, quien actuó de coordinador ya que forma parte del grupo de investigación que dirige Angel Quintana desde la Universidad de Girona titulado “Mundos virtuales en el cine de los orígenes: dispositivos, estética y públicos”  y del que formamos parte varios de los asistentes que nos ofrecimos a moderar algunos de los bloques que ibamos a visionar en las sesiones. Teníamos la oportunidad de contemplar una gran cantidad de material fílmico inédito en dos largas sesiones que, pensabamos,  iban a ser agotadoras, pero finalmente, creo que todos nos quedamos con ganas de ver mucho más. Así, con el soporte de la Filmoteca de Cataluña y con el apoyo de Filmoteca Española, además de las Filmotecas de Zaragoza, Andalucia, Valencia y Canarias junto a otras instituciones dedicadas al patrimonio audiovisual europeo, tuvimos oportunidad de analizar en su conjunto, a una extensa cantidad de proyecciones que nos mostraron el cine que se conserva entre 1896 y 1910, en los orígenes del medio y que nos obligaba a una mirada compleja: por un lado como espectadores de hoy a la vez que participes de la fascinación de quienes por primera vez vieron fotografía animada en la pantalla en aquel periodo fundacional, con la reiteración fílmica de costumbres culturales que “señalaban” la supuesta identidad española como las corridas de toros o las procesiones, la incipiente ficción cinematográfica mirando todavía más al teatro que a la propia y específica narrativa del cine, que se estaba abriendose camino poco a poco, la presencia informativa del Alfonso XIII, la guerra de África y otros muchos materiales que despertaban tantas interrogaciones que se expresaban en voz alta por los asistentes creando un debate sobre las propias proyecciones que estaban apareciendo en pantalla. Cerraron aquellas dos intensas sesiones de especialistas un encuentro abierto al público, que pudo contemplar unos materiales seleccionados, algo que muy pocas veces es posible ver en las pantallas actuales y que fueron posibles gracias al esfuerzo del personal de Filmoteca de Cataluña y con el impagable entusiasmo de Mariona Bruzo y Rosa Cardona que hicieron de anfitrionas. Gracias a todo el personal de la institución fílmica catalana que colaboró en el éxito de este encuentro.

Imatge pel·lícules
Imagen de la iniciativa organizada por la Filmoteca de Cataluña: “Projectem el passat/Proyectamos el pasado” que tuvo lugar los días 28 y 29 de Octubre de 2019.

Hace unos pocos meses, en un trabajo que he escrito para la revista argentina Vivomatografías, citaba el texto de Emeterio Diez Puertas, en el que hace un análisis de las generaciones de historiadores del cine que se han dado en el desarrollo cultural del medio en España, y despues de esta cita obligada para los colegas latinoamericanos, por arte de magia, gran parte de ellos se encontraban en este encuentro compartiendo sus conocimientos. No quiero ser exhaustivo ni mucho menos ovidarme de nadie, pero ha sido un lujo compartir la sala y las proyecciones con autores de los que tanto he aprendido y tanto admiro como Jean Claude Seguin, Palmira González, Sandro Machetti, Joaquín Cánovas, Luis Alonso, Ángel Quintana, Magdalena Brotons, Amparo Martinez Herranz, Javier Frutos, Begoña Soto,  Enrique Monterde y tantos otros (¡Mil disculpas a los que no cito!) que compartíamos con los restauradores y conservadores del cine nuestro conocimiento. Unos especialistas, los conservadores y los restauradores,  que hacen posible que dentro del desastre que supone haber perdido la mayor parte de este fundamental patrimonio cultural de la contemporaneidad, su pericia hace que, de tanto en tanto vuelvan a la luz y a su indagación histórica, películas que ya considerabamos perdidas. Muchas gracias, de todo corazón por vuestra importante e inestimable labor que debe ser colaborativa con los que nos dedicamos a poner valor cultural al cine que se ha conservado.

Creo que uno de los activos de este encuentro ha sido precisamente ese “encontrarnos” tantos especialistas que trabajan sobre el mismo objeto de estudio con miradas diferentes y que comentábamos, ante las proyecciones, a interrogarnos en voz alta sobre los significados culturales e históricos del cine. Ante las múltiples películas en las que los que eran captados con la cámara miraban y saludaban al dispositivo cabía preguntarse cosas cómo: ¿Quién mira a quién? Una pregunta  que tambien es pertinente cambiar por otra: ¿Qué estamos mirando hoy nosotros en el cine de los orígenes?

Cómo esta bitácora tiene algunas reglas fundacionales, entre ellas la de poner a disposición de tantos que la visitan, algunos de los textos que he ido escribiendo sobre la historia de las imágenes en el pasado, ofrezco hoy el texto que publiqué en la exposición  Memorias de la Mirada en 2001, sobre la necesidad de entender los fenómenos culturales en torno a  las imágenes contemporáneas de un modo tranversal. Por supuesto lo que yo escribí entonces, es una de las aproximaciones posibles y para nada excluyente de otras, porque hay muchos modos de explorar el pasado y de todos ellos se extrae conocimiento. Tuve el privilegio de asistir, en Marzo de 1985, al encuentro organizado en Madrid por el Ministerio de Cultura y que nos puso en común a los que estabamos interesados entonces en la Historia de la Fotografía. Con este encuentro, que ha tenido lugar en la Filmoteca de Cataluña tengo la certeza de que sus consecuencias supondrán una fuerte revitalización de la valoración cultural que el cine tiene para entender el mundo contemporáneo. Poco sería de nosotros y de nuestra historia compartida si no hubieran existido los sólidos imaginarios que supieron crear las fugaces imágenes que se han visto en las pantallas de cine durante más de un siglo por tantos y tantas espectadores y espectadoras que se emocionaron con lo que representaban…

Catálogo Memorias de la Mirada (2001)      (Pulsar para descargar)

 

 

 

 

 

Cataluña y su decisiva aportación a la sociedad de las masas en el tiempo de la modernidad. Un texto de 2018

Cuando puse en marcha esta bitácora lo hice porque deseaba recopilar textos que había ido publicando a lo largo del tiempo y que se encontraban muy dispersos o eran difíciles de encontrar. Raramente inserto textos recientes. Tenía previsto incluir ahora uno que publiqué en 1996 sobre la representación de la violencia en imágenes del siglo XIX referidos a la primera guerra carlista, pero me parece que para una entrada finalizando el mes de Agosto es mucho más sosegado uno que cuente algo de lo que estoy haciendo en  estos momentos.  Así que pensé en uno de los temas sobre los que voy publicando antes de tener a punto mi nueva monografía que tratará sobre el nuevo espectador de la modernidad y el papel de las nuevas tecnologías como el cinematógrafo, los Rayos-X como espectáculo, el fotograbado, la tarjeta postal ilustrada y la prensa gráfica que configuraron una nueva forma de entender la realidad y sentaron las bases visuales de la vida moderna en la España en los comienzos del siglo XX.

Portada
Portada del libro con las conferencias y del Proyecto “Fotografiar Girona II”

En otros momentos he hablado de mi vinculación con Girona desde 1990, y cómo en esa ciudad se ha configurado todo un ecosistema en torno al valor y la importancia cultural y social de las imágenes. las Jornadas Antoni Varés y los Seminarios internacionales sobre la Historia del Cine de los orígenes  que se celebran alternativamente cada dos años, son la parte investigadora de todo un proyecto que tiene nada menos que uno de los mejores Museos del Cine partiendo de la colección de Tomás Mallol, un Centro de Investigación y Difusión que lleva ya dos décadas trabajando sobre las imágenes (CRDI), que no solo se dedica a los fondos fotográficos sino que recoge archivos audiovisuales y televisivos que son la materia con la que se ha construido nuestro tiempo presente, y una ciudad que cuenta con mucha actividad editorial y virtual en torno a todo tipo de imágenes en ella creadas. El espíritu de todo este ambicioso proyecto y que ha sabido crear en torno a él un magnífico equipo humano y profesional, se llama Joan Boadas. Me une a Joan una muy estrecha amistad que hemos ido trenzando durante tres décadas, y siempre piensa en mí para alguna de sus iniciativas, a lo que en todo momento le respondo encantado.

En el Archivo Municipal que dirige Joan Boadas y donde surgió todo este ambicioso proyecto que tanto reconocimiento internacional tiene, se celebran de tanto en tanto un ciclo de conferencias que bajo el epígrafe “Fotografiar Girona” reune a diversos autores que hablan de aspectos de la investigación  con la idea de que la ciudad de Girona esté, de un modo u otro, representada. Joan, una vez más, me invitó a participar, y su invitación me planteó un dilema: por un lado en Girona había nacido uno de los impulsores del fotograbado en España, Heribert Mariezcurrena, sobre el que yo había ya escrito en las jornadas Antoni Varés en 1998, por otro lado quería poner en evidencia algo que forma parte de los trabajos que he ido elaborando para escribir mi futura monografía y es que Cataluña fue decisiva en la conformación de la sociedad de las masas en España. Se conocen más los aspectos del cinematógrafo porque diversos autores los han estudiado en detalle, pero de sus talleres de fotograbado salieron miles y miles de imágenes que llenaron las páginas de los nuevos magasines y conformaron la primera iconosfera de la modernidad española. Así que me pareció que lo que tenía que hacer era contar en que estaba trabajando en estos momentos partiendo de la figura del gironí Mariezcurrena y su aportación a la historia de la prensa gráfica europea con la publicación, en febrero de 1885, del primer reportaje en fotograbado publicado en España con motivo del terremoto de Andalucia en la nochebuena de 1884 que apareció en la revista “La Ilustración”, editada en Barcelona.

"Retrato a los Rayos-X" una caricatura publoicada en 1896.
“Retrato a los Rayos-X” o la fascinación de una nueva tecnología de imágenes invisibles. (Publicada en 1896)

La conferencia la hice en castellano en una sala habilitada en el precioso edificio del archivo municipal de Girona, ante un público entregado y entusiasta. Vimos imágenes de los comienzos de la modernidad y películas de los primeros tiempos, incluso una proyectada del final al comienzo por una reflexión sobre el cine como máquina de tiempo que hace un autor que ha contemplado hacia 1900 una película así, invertida en su transcurso, en una barraca. Resalto lo del idioma porque nunca he tenido el menor problema en Cataluña con el tema de la lengua. He impartido clases y seminarios en varias universidades catalanas a lo largo de mi trayectoria profesional, he moderado mesas en las que nos intercambiábamos idiomas en las preguntas y respuestas y la única cosa que confieso que me abruma un poco, es cuando te encuentras con un grupo de catalanoparlantes, en una enorme cortesía (que a veces los que no viven allí de continuo no entienden)  cambian al castellano de modo automático cuando descubren que tu no hablas bien su lengua cotidiana. Siempre he pensado que nos ha faltado desde la Transición un poco más de pedagogía en la cuestión del bilingüismo en los lugares en los que solo contamos con una lengua vernácula.

Gramófonos

Tienda de venta de gramófonos Gaumont en Paseo de Gracia en Barcelona hacia 1910. (Barcelona, Artística e Industrial. Biblioteca de Cataluña)

El texto habla de tecnologías, de cultura y de algunos aspectos hoy olvidados como la fascinación de los rayos-X como espectáculo, que no solo ocurrieron en Barcelona. Philipp Blom, en su imprescindible libro sobre los Años de Vértigo en Europa, cuando se implantaron todas estas tecnologías en unos años similares a los españoles, contaba como en la Exposición Universal de París de 1900, entre los elementos que se mostraban como tecnologías punteras podían verse pantallas de rayos-X antes que de que descubriera su peligrosidad a pesar de la fascinación de ser una luz invisible que mostraba el interior de la materia y había –como entre nosotros también los hubo- algún resistente a los nuevos tiempos que escribió: “Usted ya no está solo en su casa consigo mismo. Y la cosa solo puede empeorar. Los rayos-X os penetrarán, las cámaras Kodak fotografiarán vuestro paso, los fonógrafos registrarán vuestra voz. Los aviones nos amenazan desde lo alto”. Temores a un tiempo que fue el preludio del que nosotros hemos heredado y estamos transformado con las tecnologías digitales, pero esa es la siguiente historia que todavía no hemos concluido…

Nuevas Imágenes y Tecnologías para la Sociedad de las Masas

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Una entrevista a Susan Sontag en 1983, y los éxitos de una generación que sacó de las sombras a la fotografía española

Hace unos pocos meses hice una cosa que no recomiendo a nadie; subí al trastero de mi casa y me encontré cientos de libros, discos de vinilo, que mi hijo no entendía como podían contener música, y al fondo, en un rincon, me topé con un polvoriento AZ con multitud de artículos y entrevistas que había publicado hace años, cuando me dedicaba al periodismo y me comenzaba a interesar por la divulgación cultural de la Fotografía. Descubrir todo ese pasado apilado en un desván fue para mi un momento muy extraño, porque el tiempo, es decir, la materia de la que trata esencialmente la Fotografía, siempre nos enfrenta a un cierto abismo de nosotros mismos, como magistralmente intuyó Roland Barthes en “La cámara lúcida”.

En paralelo a esta incursión en mi pasado, me llegó la excelente noticia de la entrada en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, de José Aleixandre Porcar, donde hizo un discurso titulado: “Por la fotografía de prensa valenciana: del daguerrotipo a la imagen digital”. José Aleixandre forma parte de la generación que en la década de los años ochenta sacamos de las sombras a la fotografía española. Le conozco desde aquellos años, he seguido su esplendida trayectoria de fotoperiodista e historiador y su reconocimiento,  personal y muy merecido, es, de algún modo y al mismo tiempo, un reconocimiento a toda una generación que intuimos que las humildes y olvidadas imágenes fotográficas y quienes las habían realizado, tenían un gran valor cultural que personas como José Aleixandre supieron reivindicar de manera magistral, al mismo tiempo que otros autores los hicieron a lo largo del país. Constituimos un grupo pequeño pero sólido y persistente, y además, a diferencia de lo sucedido otros lugares, muchos salimos del propio medio fotográfico para poner en pie la historia de nuestra fotografía. Mi enhorabuena a José Aleixandre, amigo y compañero, por este merecido reconocimiento en una institución tan importante y en un lugar, Valencia, donde los orígenes de la fotografía española fueron tan singulares y notables.

Foto Susan Sontag

Susang Sontag en la rueda de prensa de la UIMP en agosto de 1983. De todas las fotos que la hice aquella mañana, esta es la única de la que dispongo en estos momentos hasta que encuentre los negativos que guardé en su día  (Foto: Bernardo Riego)

Entre los materiales que tenía ese polvoriento AZ que me encontré en el desván, apareció una entrevista que le hice a Susan Sontag en 1983 en la Universidad Menendez Pelayo de Santander y que reproduzco en ésta entrada de la bitácora. Ahora me tocaría decir que fue una experiencia maravillosa e inolvidable, pero ya estoy en una edad en la que no me gusta inventarme fantasías, y recuerdo que la entrevista fue un  poco desastre y que fue Susan Sontag la que, con gran profesionalidad, la salvó, pero vayamos por partes.

En 1983 la UIMP en su sede de Santander estaba en su apogeo, era una auténtica feria de las vanidades donde nos llegaban por unos pocos días los intelectuales que brillaban en “El País” y en otros medios orgánicos. Rutinariamente lo primero que decían era aquello de que Santander tenía un “marco incomparable”, luego se lamentaban de las malas carreteras que teníamos y en el fondo entendían que los locales que allí viviamos todo el año, estabamos un tanto asilvestrados comparados con ellos. Aquel verano de 1983, siendo ministro de cultura José María Maravall, se esperaba a Jorge Luis Borges (a quien fotografié pues era un apasionado de su literatura) y a Susan Sontag que entre los que nos dedicabamos a la cultura fotográfica era una autora imprescindible por su obra “On Photography”, una colección de artículos periodisticos y ensayos publicados en 1977 en torno al medio fotográfico que nos impactaron cuando se tradujeron en español, por primera vez en una edición argentina, en el escualido panorama editorial de entonces respecto a lo que se publicaba sobre los significados de la Fotografía. Susan Sontag venía a un curso que dirigía Vicente Molina Foix y presentaba una película que había realizado en Venecia: Unguided Tour (“Excursión sin guía”) también conocida como Letter from Venice. Yo hablé con mi redactor jefe y le relaté con pasión la importancia de Susan Sontag, aprovechó para encargarme dos tareas más, pero, a cambio, me “dió” media página en “las centrales” (que eran el escaparate entonces del periodico) para la entrevista.

Por la mañana asistí a la rueda de prensa en la UIMP y me fascinó la personalidad de Susan Sontag. Su mirada, que rezumaba inteligencia, iluminaba la sala donde la haciamos fotos (las mías las he guardado tan bien que ahora no las encuentro, solo la que publiqué con la entrevista).  Mientras sonaban los clics de las cámaras otros periodistas la hacian algunas preguntas. Yo pacté con ella una entrevista en francés y recuerdo que Vicente Molina Foix intentaba impedirlo pues no podía entender que un humilde periodista local quisiera entrevistar a la reconocida autora neoyorkina invitada a “su” curso. Pero fue Susan Sontag la que zanjó que haría la entrevista conmigo con la única condición de que fuese la media hora antes de que ella entrara al aula a presentar su película. Nos sentamos, mientras grababa con un magnetofón de aquellos que teníamos entonces, yo escribía, en una taquigrafía apresurada, detalles de lo que me respondía. Me acuerdo que  llevaba preparadas cuatro preguntas y en la primera, la autora se explayó 25 minutos, decía muchas vagedades pues creo que no estaba demasiado interesada en hablar de aquel libro publicado seis años atrás y que, en sus prácticas culturales anglosajonas,  ahora no era el objeto de su promoción.   Cuando acabó la primera pregunta, miró su reloj y me dijo que ya había acabado la entrevista, yo protesté y la comenté que no me parecía justo que hiciera respuestas tan largas, se lo pensó un momento… y me dijo que seguiriamos a la vuelta de su intervención en el curso, que la esperase… y cumplió su promesa y así nació esta entrevista que hoy ofrezco a quien la quiera leer ahora, después del tiempo transcurrido.

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Dedicatoria a mi ejemplar de la edición argentina de 1980 del libro “Sobre la Fotografía” que fue objeto de la entrevista con Susan Sontag en 1983

Desde aquella entrevista he conservado una enorme admiración por Susan Sontag, porque podría hacer una entrada en la bitácora de personajes que tras leerlos, se me han desvanecido, al entrar en contacto personal con ellos o con su ego, algo que a veces es dificil de discernir a quien conocí en realidad.  Pero, nunca ha sido el caso de esta autora norteamericana que tuve el lujo de entrevistar. Alguno de sus libros, como el dedicado al dolor, me parecen magistrales y vitales y su compromiso con Sarajevo en lo peor de la terrible guerra de Yugoslavia me reencontró con una persona coherente consigo misma y de una gran integridad moral e intelectual. En aquel ya lejano 1983, me dedicó su libro en torno a la fotografía, la envié mi artículo publicado y, supongo, que aquella entrevista con un joven y humilde periodista santanderino no dejó en ella ningún recuerdo. En mi caso esa memoria se ha activado por una inesperada subida al trastero de mi casa, a la  memoria tangible de mis actividades pasadas conservadas en las amarillentas páginas de un periódico cuando no nos podíamos imaginar que, un día,  las páginas de la prensa también se compondrían en el intangible material de los bits y de los píxeles.

Entrevista a Susan Sontag,1983  (Pulsar para descargar)

 

 

 

Una coleccion de programas de mano (y una reivindicación del cine español) para comenzar el año 2019

Cromo 1 Rosario la Cortijera. (1935)

Cromo de la película “Rosario la Cortijera” (1935)

Dentro de pocas semanas comienzo de nuevo la asignatura que imparto sobre historia del cine español y latinoamericano en el CIESE de Comillas, y en lugar de comenzar el año con uno de mis textos publicados lo quiero hacer con una pequeña muestra de mi colección de programas de mano cinematográficos, que, en cierto  modo, son un enlace entre mi interés por las imágenes y el descubrimiento de las posibilidades del cine como un poderoso imaginario de una sociedad que nos permite a los historiadores analizar los deseos y los sueños de un tiempo concreto con esa tipología de fuentes documentales.

Comencé a interesarme por el cine primitivo porque comprendí que para entender las construcciones culturales de las imágenes fotográficas en los inicios de la sociedad de las masas  había que entender las numerosas intertextualidades que se producían entre las imágenes de prensa de los magasines, el cine de barraca primitivo y las escenas que se reproducían del teatro popular. Del mismo modo que para poder comprender las interacciones que se dieron entre el grabado y la fotografía, eran indispensables estudiar ambos medios para el caso del siglo XIX. Así que comencé a interesarme por la Historia del Cine, y al primer encuentro que acudí me encontré con un historiador del cine español, cuyo nombre no viene al caso, que decía que lo mejor que se podía hacer con el poco cine primitivo español que nos había llegado, era meterlo en un saco, prenderlo fuego y hacerlo desaparecer porque nunca fue artístico como lo fue el francés. Yo había realizado ya en la Fundación Botín mi exposición de Memorias de la Mirada, me había pasado días encerrado en Filmoteca Española, junto a mi ayudante María Calleja, y habíamos visto que ese cine, tan irrelevante para algunos, reflejaba de modo magistral la realidad de la sociedad dual española del primer tercio de siglo, en sus conservadores dramas rurales y en la exaltación orgullosa de la modernidad en sus filmes urbanos, que mostraban una sociedad que se estaba modernizando a toda velocidad en las grandes ciudades del país y  que contrastaba con otra parte de esa misma sociedad que se resistía a esos cambios.

Cromo 2 Rosario la Cortijera (Reverso) (1935)

Reverso del cromo de la película “Rosario la Cortijera” de 1935, la difusión de masas en los años en los que también la radio difunde las canciones de las películas

La razón para defenestrar al cine primitivo español, cómo alguno lo hacía tan ligeramente entonces,  radicaba en una recepción poco digerida y demasiado  lineal de algunos modelos historiográficos externos, como el de Georges Sadoul, que ponían el acento en elementos que a pesar de lo que enunciaban, la artisticidad del cine, no agotaban en sus análisis las muchas posibilidades de exploración histórica que los documentos fílmicos tienen y que en estos momentos no ofrecen ya ninguna duda tras la renovación de géneros y sujetos históricos que se han producido en las últimas décadas y que han superado aquellos análisis historiográficos iniciales.

Cuando organicé la asignatura de Historia del Cine Español y Latinomericano para el CIESE de Comillas, descubrí que yo también tenía algunos prejuicios sobre el cine de la posguerra. Me acordaba además del manifiesto de las Jornadas de Salamanca que tuvo lugar entre el 14 y el 19 de mayo de 1955, en el que Juan Antonio Bardem proclamó que el cine español es “políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”. Sin duda no le faltaba razón a Bardem, buen conocedor del medio y sus muchas carencias en sus propias prácticas, y tal vez, comparándolo con otras filmografías, sobre todo la norteamericana,  esa percepción sería muy entendible. Pero desde la perspectiva de alguien que, como es mi caso,  se formó en la década de los años ochenta y noventa, un tiempo en el que heredamos toda esa pesimista visión de  nuestro pasado cultural, pronto entendí, viendo decenas de películas de aquellas décadas,  que ante un entorno tan hostil como el que tuvieron los creadores cinematográficos, asoman aun hoy, de tanto en tanto, algunas pequeñas joyas que sortearon como pudieron la férrea censura y la estrechez de miras de un país cerrado sobre sí mismo. Más adelante disipé todos mis prejuicios cuando tuve la oportunidad de contemplar la exposición del Museo Reina Sofía “Campo Cerrado” y cuando este año que acaba de terminar, hice una entrada a la creación del grupo AFAL poniéndolo en relación con el cine de su tiempo. Un texto que en el futuro será publicado.

Creo honestamente que hay otros modos de aproximarse al cine español desde sus propias insuficiencias, y que su legado constituye un conjunto cultural muy valioso, tal como nos ha llegado, con lo que cuenta y con lo que le censuraron, con lo que intentó mostrar y con lo que realmente resultó. Y en ese sentido, los programas de mano de mi colección de ephemera que hoy pongo en la bitácora quieren ser una mirada amable a una industria que, sin duda, hizo lo que pudo y que nos ha dejado  un imaginario de sueños y ficciones que constituyen en si mismo, toda una realidad visible de un país que quería verse y sin duda, entenderse a sí mismo, en sus ficciones cinematográficas.

Observando y reflexionando en torno a las nuevas prácticas culturales con las imágenes. Un texto de 2017

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Bernardo Riego (2017) El nuevo espectador digital usa los iconos culturales para representar su ego personal. Escena ante la Mona Lisa de Leonardo da Vinci en el Louvre

Nunca me he sentido un historiador de las imágenes que mira solo al pasado, también me interesa lo que ocurre en el presente y cómo hemos llegado hasta aquí; qué ha ocurrido para que aparezcan nuevas prácticas culturales y se instalen de un modo tan rápido en la sociedad. En ese sentido las imágenes, los modos de contemplarlas, producirlas y usarlas son un permanente objeto de mi atención  en cualquiera de las etapas de la contemporaneidad. Hace unos pocos años que estoy embarcado en una ambiciosa investigación en la que intento analizar como surgió el espectador de la modernidad, que un buen día comenzó a visitar las barracas cinematográficas y a entretenerse y fascinarse con el caos visual de las primeras exhibiciones de la entonces denominada fotografía en movimiento, en un momento en el que las revistas gráficas o magazines, estaban insertando imágenes fotográficas de gran tamaño gracias a las nuevas posibilidades del fotograbado que, por primera vez en la historia de las imágenes permitía que circulasen miles y miles de ellas en el papel impreso con la apariencia tonal de las imágenes fotográficas. Para desesperación de la alta cultura que veía con malos ojos (¡Qué acertado el eufemismo!) que aumentase el espacio para contemplar y se redujese el espacio para leer en las publicaciones periódicas, al mismo tiempo que la tarjeta postal ilustrada, los carteles y otros productos gráficos aumentaban su presencia social y generaban nuevas prácticas y costumbres en un tiempo, el de la sociedad de las masas, para el que las imágenes de modo inexorable comenzaban a configurar una iconosfera cada vez más y más densa.

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En los tiempos de intensos cambios culturales como el actual, persisten viejas prácticas que aunque están en desuso siguen teniendo su vigencia. Vendedor de postales de Roma ante la cola de los Museos Vaticanos. (Foto Bernardo Riego. 2015)

Tengo el privilegio generacional de haber asistido a la llegada de la sociedad digital, desde sus balbuceos en la microinformática de la década de los años ochenta hasta la influencia que ahora tiene en las formas de entender la realidad. En otro lugar he contado lo que ocurría en los ámbitos fotográficos cuando en la década de los años noventa se hablaba de la imagen digital, todo el mundo se ponía algo nervioso y lo veía como algo lejano. En 1993, en la Universidad de Cantabria monté los primeros cursos de fotografía digital con los medios que existían en aquellos años,  cuando almacenar en un disco ZIP de 100 megabytes, nos parecía alta tecnología.  Cuando nos quisimos dar cuenta, la imagen digital había convertido en arqueología a las imágenes de base fotoquímica. Un día, allá por el año 2003, estaba tomando un café en un bar y escuché a dos barrenderos que se contaban el uno al otro como se podían convertir imágenes digitales a otros formatos, reducirlas de tamaño y pasarlas por Internet, y en ese momento entendí que la imagen digital se había socializado ya con mucha profundidad, y hoy, cuando tomo fotografías en mis viajes a las personas que tienen naturalizadas las nuevas prácticas culturales con los dispositivos móviles, con los selfmedia, de los que hablaba Patrice Flichy, constato que ha surgido un nuevo espectador que ya no mira a la realidad sino que la captura, que los objetos culturales sirven ahora como fondo de un narcisismo que las nuevas tecnologías de la imagen amplifican por las propiedades de densidad, accesibilidad, interacción, amorfia, ubicuidad y así hasta diez características, que poseen los objetos digitales y que tan acertadamente definió mi maestro Antonio Rodríguez de las Heras hace ya unos cuantos años, y que, como ocurrió en la sociedad de las masas, en ésta nueva sociedad-red, por usar ahora el preciso término que difundió Manuel Castells, las imágenes que hacen las personas establecen otros diálogos y relaciones con la sociedad. Existe un tema que siempre me ha apasionado y son esos momentos en los que están conviviendo antiguas concepciones de la representación visual con las nuevas posibilidades tecnológicas de crear las imágenes. En el año 2013, en un encuentro que hicimos en el Instituto de Cultura y  Tecnología “Miguel de Unamuno” de la Universidad Carlos III de Madrid, me inventé un palabro que tengo un poco en cuarentena: los fenómenos de borde, que ocurrieron en el transito de la imagen medieval a la construcción de las escenas en perspectiva, en la sociedad de las masas con las posiblidades del fotograbado y en la llegada de la imagen digital, cuando todavía no habían aparecido las prácticas actuales con los móviles y otros dispositivos de captura de imágenes pero se estaba buscando una narrativa digital.  Ofrezco aquí las pantallas de aquel seminario de la que fue anfitriona Beatriz de las Heras, una excelente historiadora de las imágenes que ejerce su brillante magisterio en esa universidad y que, de tanto, en tanto nos convoca a una serie de especialistas para trabajar en torno a los múltiples significados históricos, culturales y sociales de las imágenes en sus diversas tecnologías contemporáneas.

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(Foto: Bernardo Riego) El dilema de mirar y comprender  o simplemente capturar en una imagen tomada en el British Museum en 2013

En el año 2016, Mario Crespo, un autor santanderino, gran dinamizador, buen amigo y colega en la Universidad de Cantabria,  con esa mentalidad inquieta y abierta que siempre le caracteriza, comenzó a editar una revista con recursos propios a la que tituló  “Leña al Mono” y me pidió una colaboración, algo que no llegó hasta finales de 2017 porque mi agenda no me lo permitió. En esa revista publiqué unas breves reflexiones sobre las nuevas prácticas culturales con  los nuevos dispositivos y algo que creo que hay que dejar constancia desde la perspectiva del historiador, y es que algunas de los fenómenos culturales a los que estamos asistiendo, han tenido antecedentes, que aunque lo parezcan y así lo repite la industria digital, no son consecuencias exclusivas de las tecnologías actuales, pongo en el texto algunos pocos ejemplos. Ofrezco aquí las versiones publicadas en la revista y el Pre-Print, en ambos el texto es el mismo pero la maquetación cambia. Este texto es un reflejo de mis preocupaciones por dotar a la historia de las imágenes de una visión de continuidad frente a las tendencias rupturistas que se creen que todo lo ha traído la imagen digital, que, ciertamente, ha cambiado muchas prácticas y concepciones y lo seguirá haciendo en el futuro.

Las nuevas prácticas culturales con las imágenes digitales y el recorrido de su arqueología histórica.  Versión de la revista “Leña al Mono”

Versión Pre-Print del texto publicado en “Leña al Mono”

Fenómenos de Borde. Pantallas de la Conferencia (2013)

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Anuncios proyectados en los cines o los últimos vestigios de la Linterna Mágica. Una selección de los años 50 y 60

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957.

Anuncio publicitario de “Almacenes Simeon” proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Una técnica de exhibición que supone el último vestigio de la Linterna Mágica

Una de las características de la Publicidad es su capacidad para metamofosearse en cualquier soporte y aspecto, lo ha hecho así desde su aparición y sobre todo desde su desarrollo en la sociedad contemporánea, hoy abrimos una página en Internet y antes de leer el contenido que queríamos, nos aparece un banner reclamando su atención. En el pasado los mensajes publicitarios ocuparon soportes y espacios de comunicación múltiple y uno de los que me parece interesante resaltar por su arqueología, son las placas de cine.

Poseo unas pocas placas de cine de las que se proyectaban en los descansos con publicidad como éstas de Almacenes Simeon en 1957 y unas pocas de las que aparecían en la pantalla en nochevieja, cuando daban las doce y la empresa felicitaba las fiestas a quienes habían decidido comenzar el nuevo año contemplando una película. Estas últimas me las regaló hace muchos años José María Moraleja, que es, sin exageración alguna, uno de los mayores expertos de fotografía científica con que contamos en nuestro país. Conozco a José María Moraleja desde hace muchos años, le invité en varias ocasiones a la Universidad de Cantabria donde siempre nos sorprendió con su conocimiento y sus ganas de enseñar un arte tan dificil como es el de la imagen científica de base fotográfica. En Abril de 2015, con motivo de una estancia que hice en la Universidad Pompeu Fabra, estuve de nuevo con él después de muchos años sin coincidir, y volvió a fascinarme con sus trabajos en imagen científica digital forzando el espectro de captación de los ccds de las cámaras fotográficas logrando así registros infrarrojos digitales de escenas cotidianas y paisajes.

He puesto las mejor conservadas  de la colección que poseo con su apariencia física para que se vea también su parte material y no solo la icónica. Se hacían partiendo de un positivo o un negativo contratipado al que se le coloreaba con anilinas y se protegía entre dos cristales, sujetando el “sandwich” resultante con unas tiras de papel adhesivo engomado. Estas placas se proyectaban con un aparato de vistas fijas que se colocaba junto al proyector de cine, y ésta técnica, realmente el último vestigio de la poderosa Linterna Mágica, estuvo vigente hasta finales de los años setenta del pasado siglo en los cines españoles. Hoy es una arqueología visual más de las que necesitan un estudio de sus usos comunicativos y de su estética visual.

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Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Placas de cine que se proyectaban en nochevieja para felicitar el año nuevo. Colección Bernardo Riego.

Placas de cine que se proyectaban en nochevieja para felicitar el año nuevo. Colección Bernardo Riego.

Placas de cine que se proyectaban en nochevieja para felicitar el año nuevo. Colección Bernardo Riego.

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego

Anuncio publicitario de Almacenes Simeon proyectada en los cines en el descanso de las películas en 1957. Colección Bernardo Riego