Usando la fotografía como un juego. Un texto de 1996

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Cartela de la vitrina dedicada a la fotografía educativa en la exposición “Recuperando Utopías” de la que se habla en este texto

Estamos acabando el confinamiento en España, lo que se conoce como la “desescalada”. Vivimos un tiempo extraño, que en mi caso lo he percibido como muy productivo; he aprendido cosas  nuevas como preparar clases grabadas en videconferencia. Tuve un proyecto en 2002 en la Universidad de Extremadura con mi buen amigo y colega  Ramón Esparza de la Universidad del País Vasco, ambos hicimos una asignatura troncal compartida de cuarto curso de la licenciatura de Comunicación Audiovisual, pero en aquellos años no podíamos usar la web para ese proyecto porque si usabamos Internet, nos “comíamos” la mitad de la banda ancha disponible en ambas Facultades, así que nos instalaron unas cámaras Polycom con tres líneas RDSI (Alta tecnología entonces, hoy obsoleta y arqueológica) y con ellas salimos airosos. Desde entonces no había vuelto a las clases por videoconferencia y estas semanas he experimentado un monton de posibilidades, para algunas asignaturas en las que no puedo, de momento, entrar en el aula presencial.

Está siendo un tiempo extraño, sales a la calle con guantes y mascarillas y en el paisaje urbano te encuentras como en una película de ciencia ficción, apenas hay gente en la calle, circulan muy pocos coches, como ocurría en los años sesenta, y cruzas una mirada extraña con las personas que te vas encontrando. Lentamente hemos ido recuperando una cierta normalidad, pero todavía falta un poco y al principio todo era muy desconocido para todos y había mucha desconfianza.

En este tiempo tan nuevo me ha ocurrido una cosa inédita en mi trayectoria profesional; en una revisión ciega por pares de un artículo sobre el nuevo espectador digital en los museos, que envié a una revista que dirige una persona a la que admiro mucho, los dos “expertos” que tenían que evaluarla la han rechazado. La cosa en si no tiene excesiva importancia, en estos momentos tengo cinco artículos revisados por pares y aceptados esperando publicación, y lo que me ha pasado a mí les ocurre a muchos colegas todos los días, pero lo cuento porque esta “novedad” me permite hacer una serie de reflexiones sobre algo que estamos haciendo bastante mal en España sobre la elaboración del conocimiento, y lo escribo desde la experiencia de alguien al que le toca evaluar trabajos ciegos de otros autores y siempre intento ser empático y proactivo con el trabajo de los demás.

 

Preparando Recuperando Utopías

Preparando en 2012 la vitrina de prácticas fotográficas en la exposición “Recueprando Utopías” A la Izquierda puede verse el tubo de cartón que usabamos como cámara fotográfica y las imágenes que hacía, junto a otros elementos para prácticas educativas con las imágenes

Peter Burke tiene una esplendida obra sobre la “Historia Social del Conocimiento” publicada en el año 2000, en dos volúmenes, que nos muestra como la compleja construcción de esos valores ha ido mutando con el paso del tiempo, y desde la perspectiva actual, que otros evaluen tu trabajo y decidan su publicación o no, a priori es interesante, porque se supone que las recomendaciones que te aportan, siempre deben  enriquecer el trabajo científico, el problema es cuando los “expertos” en sus informes demuestran que no han entendido nada, que no conocen a los autores (de primera línea internacional), que citas como fuentes de autoridad y que desde la perspectiva del conocimiento científico, no tienes la posibilidad de responder con alegaciones a unos planteamientos que denotan ante todo su manifiesta ignorancia. Como digo, la cosa no es grave porque hay otras publicaciones a donde te puedes dirigir y seguro que otros evaluadores entenderán tu trabajo. Pero es una sensación de que finalmente estás en manos, en ocasiones, de “expertos” que no lo son tanto, y dentro un sistema vertical que no permite poder explicar tu trabajo (aunque tal vez en casos como éste no merezca la pena), donde en algunas publicaciones tienes de algún modo que “pagar” (aunque no se llame de ese modo),  para poder publicar para que luego las puedas reseñar para que te valoren en tus acreditaciones universitarias (algo a lo que yo y muchos colegas que conozco nos negamos por la perversión que supone esta práctica instituida que atenta contra la libre difusión del conocimiento científico),  y en un entorno en el que hay agencias facturando alrededor de veinte mil millones de dolares al año con este tema de las evaluaciones y muchos jóvenes que comienzan la dura y larga carrera universitaria tienen que trabajar en temas que nos les interesan pero que garantizan que “pasarán” las acreditaciones necesarias de las agencias de evaluación, y de todo este entramado se aprovechan algunas empresas que, para colmo, intentan que pagues para que te digan quien ha citado tus trabajos y poderlo aportar en tus futuras acreditaciones. En suma, un círculo vicioso en el que ya muchos universitarios no trabajan por interés sino por necesidad de obtener en su momento una acreditación, unas empresas que se están beneficiando de modo descarado del fundamentalismo de un sistema, que en casos como el español en ciencias sociales y humanidades, tiene muchas deficiencias y genera en algunos autores una gran incertidumbre y es muy poco estimulante. Un desastre para los que nos sentimos orgullosos de “ser y pertenecer al Sur”, como diría Mercedes Sosa, pero en alguna ocasión, como me acaba de ocurrir a mi, nos encontramos ante las estrecheces de un modelo que no beneficia al desarrollo del conocimiento ni mucho menos, porque del modo que se hace (y ahí entra el factor humano), no cumple los objetivos para los que se diseñó.

Hoy he querido poner un texto de 1996 que no habla de Historia de las Imágenes sino que formaba parte de una de mis actividades universitarias en el campo de la Educación y era el de usar la elaboración de imágenes fotográficas como un juego para aprender a pensar sobre el valor  cultural y educativo de las imágenes. Diseñé muchas de estas técnicas en la década de los años noventa e impartí muchos talleres para futuros educadores, y en 2012, realicé, junto a mi buena amiga Marta Estellés, una joven y brillante profesora de la Universidad de Cantabria, una exposición titulada “Recuperando Utopías” en las que mostramos en vitrinas las técnicas en tecnología educativa entre ellas las fotográficas en las que hacíamos fotos con un tubo de cartón y muchas cosas más y nos lanzamos a las primeras experiencias de fotografía digital. Encontré el texto y me pareció que era una curiosidad que merecía la pena rescatarlo, aunque ahora la imagen fotoquímica, como le ocurrió a la estampa en su momento, se ha quedado en un uso cada vez más y más minoritario. Se trata más de reseñar técnicas del pasado que otra cosa pero me ha servido como fondo para la reflexión sobre lo que está ocurriendo con nuestro sistema de conocimiento que bascula cada vez más hacia la burocracía en lugar de fomentar la creatividad. Libertad y creatividad, han sido la base del desarrollo de la difusión del saber y sus técnicas en la historia de nuestra cultura y no deberíamos dejarlas de tener en cuenta.

Juegos Fotográficos

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Un artículo de divulgación de ahora mismo en relación con los virus y las bacterias, un texto de 2020

Tenía previsto publicar en esta bitácora, que tantos seguidores tiene, otro de mis artículos cuando, de pronto, nos encontramos todos confinados en nuestras casas pero muy activos. Me paso el día entre videoconferencias, tutorías virtuales, escribiendo artículos que tenía comprometidos y haciendo algo de ejercicio en una bicicleta estática que estuvimos a punto de vender por falta de uso y que ahora que no podemos salir a la calle, toda mi familia utiliza cada día.Diapositiva1

El artículo sobre la obra de H.G. Wells tal y como ha sido editado en el suplemento Cultural “Sotileza” de “El Diario Montañés” que dirige Guillermo Balbona

Raramente pongo textos recientemente publicados, pero hoy voy a hacer una excepción y hablaros al mismo tiempo de un Suplemento Cultural que me encanta, se trata de “Sotileza” que edita un periódico local de mi ciudad Santander (la Santander de España, no la colombiana, de donde procede mi buena amiga Zenaida Osorio, profesora de la Universidad de Colombía, con la que espero estar antes de que acabe el año). Pues bien, de tanto en tanto colaboró en el suplemento cultural “Sotileza”, que dirige una persona con la que me une una enorme amistad y admiro mucho, se trata de Guillermo Balbona, jefe de cultura de “El Diario Montañés” al que conozco desde que era director de exposiciones de la UC y llevaba el Aula de Fotografía y de la Imagen. Es un periodista que da mucho valor e importancia a la Cultura, que cree, como creo yo también, que la Cultura es un factor de modernización y cohesión social. Además, el suplemento, que aparece cada viernes, tiene una puesta en página extraordinaria, se trabaja muy bien con Guillermo, y yo, que publico mucho en revistas científicas, con revisión por pares y también me toca evaluar textos ciegos de otros autores, creo que los profesores universitarios tenemos una obligación con la sociedad que mantiene nuestro trabajo con sus impuestos y que la divulgación es una buena tarea. Los anglosajones tienen esta cuestión más clara que nosotros, pero pienso que se pueden hacer artículos de difusión con rigor, y en mi caso apoyados con imágenes que dan una perspectiva a los temas mucho más completa, sin que eso sea un demérito, afortunadamente hay muchos colegas, especialistas en muy diversos campos que piensan como yo y la prensa diaria está llena de colaboraciones de profesores universitarios.

Ocurrió en Surrey

Una estremecedora visión de la destrucción de Inglaterra por parte de las naves marcianas. El imaginario de Henrique Alvim Corrêa ha sido la base de las innumerables versiones cinematográficas posteriores.

Envié el otro día un mensaje a Guillermo Balbona y le ofrecí un contrapunto de lo que estamos viviendo ahora. Me acorde de H.G. Wells y “La guerra de los mundos” de 1898, una ficción en la que los virus no atacaron a la humanidad sino que la salvaron de un ataque extraterrestre. Me acordé de las maravillosas ilustraciones que hizo en 1906 el ilustrador brasileño Henrique Alvim Corrêa y de algunas imágenes de virus y bacterías que yo tenía en mi archivo del siglo XIX y de todo este cóctel salió el artículo que fue publicado el 27 de marzo de 2020 en “Sotileza” y que, como de costumbre, ofrezco hoy en Preprint para mis seguidores de la bitácora, a la vez que he añadido dos artículos más de los varios que tengo publicados: uno sobre el comportamiento del nuevo espectador digital en los Museos, del que está ahora a la espera de aparecer en una revista científica un artículo académico que a finales de este año será publicado y que está ahora en evaluación externa, y otro de un libro sobre postales que publicó a finales de 2019, mi buen amigo Gabriel González Riancho y como de costumbre, el equipo de Guillermo Balbona hizo una puesta en página espectácular, así podeis comprobar la excelente maquetación de “Sotileza”, porque no he podido todavía escanear el artículo sobre “La guerra de los mundos”, ya que tenemos todo cerrado, salvo las tiendas de alimentación.

Espero que encontreis el texto interesante, a mi H.G. Wells, me interesa mucho, fue un autor que estuvo en primera línea reflexionado desde la literatura sobre innovaciones en los comienzos de la Sociedad de las Masas. Ahora estoy releyendo a ratos el libro “Una historia de los tiempos venideros” una distopía que transcurre en el año 3000, y viendo de nuevo una película de la que fue guionista en 1936, “La vida futura“, en un tiempo de inquietud por la ascensión de los nazis en Alemania, tres años antes del desastre que dejaría en ruinas al continente. También Wells tuvo su papel en la fotografía espiritista, creyéndose alguna superchería, pero esa es una historia sobre la que yo no he escrito pero demuestra, que hasta las mentes privilegiadas como la de H.G. Wells, pueden cometer errores de apreciación.

Cuidaros mucho, saldremos de todo esto, más pronto que tarde. Disfrutad todo lo que podáis y que como muy bien decía Sabina, que el fin del mundo (si llega, que no llegará, con toda seguridad como muy bien nos explica Matt Ridley en “El optimista racional”) nos pille bailando

Cuando los Virus Salvaron a la Humanidad

Museos, descubriendo por casualidad al espectador digital 

TRANSITO POSTAL Vida de Una Ciudad

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“Fotografía digital para fotógrafos”, un texto (sin publicar) del año 2000

MAVICA blog

Un artículo publicado por mí en enero de 1982, cuando Kodak respondió al anuncio de SONY de sacar la primera cámara que ya no captaba imágenes fotoquímicas sino videográficas que podían verse en un televisor, como así se comercializarían poco después antes de las digitales

Buscando textos para seguir adelante con ésta bitácora, me doy cuenta de que he sido un autor bastante afortunado porque, prácticamente todo lo que he escrito, ha salido publicado. En estos momentos tengo cuatro textos ya entregados y a la espera de que aparezcan editados en breve y para este año me he comprometido con tres trabajos que iré escribiendo en los meses venideros. De ellos, hay uno, encargado por la Universidad de Málaga, que me hace una especial ilusión porque voy a escribir sobre la socialización de la Fotografía digital en España, algo que me tocó conocer y participar desde los comienzos  porque, en 1993, en la Universidad de Cantabria, en el Aula de la Fotografía y de la Imagen, que dirigía por aquel entonces, comenzamos a impartir los primeros cursos de “Fotografía Digital” y me acuerdo que las imágenes para las prácticas las entregábamos en uno de aquellos  disquetes de 3 1/4 con una capacidad de 1,4 megabytes. Lentamente fuímos contando con grabadoras de cedés, escáneres planos y de diapositivas (los Nikon, que eran los de más alta gama de la época) y algo que despertaba la envidia sana de otros departamentos de mi universidad, las dos tarjetas de captura de video con las que contábamos, que eran capaces de convertir secuencias desde una cinta Vhs a los primeros formatos Avi y Mpg 1. Todo esto es hoy arqueología, como, de algún modo, lo es el libro que ofrezco a los numerosos seguidores de ésta bitácora, con el que me atreví en un momento en el que no había nada prácticamente publicado en español, pero por una serie de peripecias mi proyecto no acabo publicado y se quedo obsoleto por la aceleración tecnológica a la que estuvo (y está sometida) todo aquello que toca la digitalidad.

metafora2En aquellos años ya veíamos conceptos nuevos como “las metáforas digitales” o como se emulaban en el ordenador visiones que evocaban una caja de luz repleta de diapositivas tal y como funcionaba la fotografía fotoquímica y que todos conocíamos muy bien entonces.

En  mi doble faceta de historiador de las imágenes y de persona que venía del mundo profesional de la Fotografía desde la década de los años setenta, la irrupción de las nuevas estructuras de las imágenes que se venían anunciando desde 1981, con el anuncio de SONY de la cámara MAVICA, fue algo que no me dejó indiferente. Acabo de rescatar un artículo que escribí en 1982 sobre los nuevos atisbos de la fotografía electrónica, que consistía en que las imágenes podían verse ya no solo en papel o en diapositiva proyectada, sino también en una pantalla de televisión como un producto videográfico, y con una tarjeta gráfica digital pasarse a unos ordenadores que hasta muy avanzados los años noventa tenían muchas dificultades para renderizar imágenes de alta resolución en ordenadores PC y MAC, una tarea que hacían muy lentamente, porque entre otras cosas que aprendimos sobre la marcha, aunque contases con mucha memoria RAM en tu ordenador, no servía de casi nada, ya que los sistemas operativos de aquella época no aprovechaban (direccionaban se decía entonces si querías parecer importante y enterado en las nuevas habilidades de imagen digital) esa capacidad de apoyo al procesador. Así que había mucho de tiempo de espera y suerte, y no digamos con las grabaciones de las imágenes en los cedes con aquel infernal formato llamado High Sierra. Los discos de 100 megabytes eran alta tecnología y nosotros contábamos en el Aula de la Universidad de Cantabria con dos lectores de cinta de un Gigabyte que eran entonces altísma tecnología para el almacenamiento de imágenes, sin pensar que ahora llevo en el monedero un humilde pendrive de 256 Gigabytes de capacidad y que cuento con una Synology de 40 Terabytes donde tengo todos mis archivos y que puede crecer 100 Terabytes más si en algún momento lo necesito.

Había escrito en aquellos años sobre algunas características culturales de las imágenes digitales, lo que denominé el imaginario fotográfico, al que comparé en uno de mis textos en 1998, publicado en el laboratorio de las Jornadas Antoni Varés de Girona, con la transición de la imagen informativa dibujada al fotograbado en la sociedad de las masas y en otro en la Fundación BBVA a la socialización que suponía la nueva imagen digital que se estaba difundiendo sobre todo por la publicidad en aquellos años. Estos textos están ya en la bitácora y a ellos remito a quienes estén interesados. Solo me faltaba abordar una publicación técnica sobre fotografía digital, eran unos años que estaba muy al tanto de lo que se publicaba a nivel internacional, sobre todo en los Estados Unidos, y de ese deseo de hacer un libro útil para aquellos fotógrafos que desde la tradición fotoquímica quisieran comenzar a probar la nueva tecnología fotográfica digital, escribí un libro que prácticamente dejé concluido y me puse a buscar un editor, aunque era un tiempo en el que la fotografía digital se veía como muy lejana porque existía un parque de laboratorios fotoquímicos y una industria potentísima que parecía inmune a los cambios que vinieron de inmediato.

sistema fotografico digital

Aunque hoy todo se ha simplificado mucho, en aquellos años era un poco complicado entender lo que significaba la imagen digital frente a la tradición de la fotografía de base fotoquímica y las posibles tecnologías que podían intervenir en una imagen que siempre tenía que pasar por un ordenador en aquel momento. Este gráfico intentaba explicarlo un poco a los interesados

Como en aquellos años yo hacía también mis primeros trabajos con herramientas de autor con una maravillosa aplicación que se llamaba Iluminatus y hoy ha evolucionado a OPUS PRO, me propuse hacer un cederom para el libro con ejemplos, demos de programas y demás utilidades, y ahí es donde se produjo el encontronazo con una editorial a la que envié el proyecto y que estaba interesada y de cuyo nombre no quiero acordarme, porque mandaron a evaluar el disco a una persona “experta” de Sevilla, de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, y me envío sus opiniones en un correo ofensivo y maleducado sobre mi trabajo, opiniones que me parecieron poco profesionales y a las que le respondí adecuadamente. Eran años en los que estábamos todos empezando, y yo, que siempre cuido mucho las formas con las personas con las que me relaciono e intento tratar a todo el mundo con mucho respeto, me molestó tanto aquella soberbía y chulería, que retiré el libro de la editorial que estaba interesada en publicar el proyecto, y como estaba en mil frentes en aquel momento, el libro guardo reposo y en muy pocos años se quedó obsoleto, por lo que ahora es más una curiosidad que otra cosa.

Creo que nos ha tocado vivir una época tan acelerada y disruptiva que algunas de las cosas que hicimos y no culminamos quedan en nuestro “haber” de todos modos. Algo así ocurrió con este libro que hoy ofrezco a la curiosidad de los seguidores de esta bitácora, cuando la imagen digital, la postfotografía o la fotografía digital, tres de los nombres que ahora tiene, es objeto de interesantísimos debates y de muchas expectativas por los cambios que ha producido en los usos culturales de unas imágenes a las que seguimos llamando, a pesar de todo “fotografías”.

Fotografía Digital para Fotógrafos (2000)

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Los limites de la información gráfica en el siglo XIX, un texto de 1996

Comienzo el año con uno de esos textos que yo denomino “laterales”. Siempre tengo algunos temas en reserva por si alguien me invita a publicar, y sin forzar lo que estoy haciendo en ese momento, poder contribuir con alguna idea que conecte con la actualidad aunque sea con alguna cuestión histórica, y hoy he rescatado un texto de 1996 que reflejaba una de mis preocupaciones entonces que estaba investigando  el primer sistema informativo liberal que había configurado la primeras reglas de la información gráfica sobre el grabado durante la primera mitad del siglo XIX. Me quedaban aun dos años para defender mi tesis doctoral en la que explicaría como la Fotografía y la Estampa convivieron en sus funciones informativas durante unas décadas en las que a la Fotografía se la asignaba el máximo valor de veracidad o de “verdad matemática·” como se decía entonces, pero al no poderse imprimir todavía imágenes en la prensa con el aspecto tonal y los matices de las fotografías en blanco y negro, los editores optaron por traducirlas a las reglas y convenciones del grabado dibujado. En 1996, en la comunidad donde vivo, Cantabria, se habían producido cambios en el gobierno regional, y el nuevo consejero de cultura, Javier López Marcano, una persona por la que siento un gran afecto, quería revitalizar las actividades de su departamento que habían languidecido en la oscura época de un personaje, Juan Hormaechea, que era noticia constante en la prensa nacional por sus excentricidades, pero que desaprovechó los mejores años en los que la Unión Europea se estaba volcando con el desarrollo de las regiones españolas. Tuve la oportunidad de conocer todo aquello de primera mano, a partir de 2003, cuando por esas casualidades de la vida, ocupé un cargo público en la que entre otras competencias llevé temas de innovación tecnológica y me tocó ir en bastantes ocasiones a Bruselas y a Madrid a negociar y era penoso descubrir el tiempo que habíamos perdido como región en aquellos años que fueron tan decisivos en la modernización material de España. Pero volvamos a 1996. Entre las cosas que se querían hacer en Cantabria era dar mayor visibilidad a los autores que trabajaban en la región y propusieron la creación de una revista cultural “Componente Norte” que iba a ser el escaparate de ese nuevo impulso que se pretendía. La verdad es que yo, para aquellos años, gran parte de mi trabajo y producción lo hacía fuera de Cantabria, aunque siempre he atendido a las invitaciones que se me hacen aquí. Es una obligación ética que tengo con el lugar donde nací y donde trabajo y donde habito. En estos momentos sigo colaborando de tanto en tanto en las páginas culturales de la prensa local y  también imparto alguna conferencia con mucho gusto cuando alguien se acuerda de mi en Cantabria, aunque reconozco que mi trabajo es, desde hace varias décadas, más global que local, pero siempre he envidiado a la cultura anglosajona que sabe hacer aportaciones rigurosas y de alto nivel y al mismo tiempo contribuir en tareas de divulgación sin que parezca un demérito profesional, algo en lo que aquí a veces quienes estamos en la Universidad, solemos tener una idea equivocada porque un nivel no resta nada al otro por muy divulgativo y simplificador que parezca.

Cabecera del "Panorma Español" 1842
Primera página de la publicación propagandística publicada en 1842 con datos. imágenes y detalles de la primera guerra civil carlista entre 1833 y 1840, de las tres que sufrieron los españoles en el siglo XIX.

Cuando me invitaron a participar en el numero primero de la revista, me acordé de uno de esos temas “laterales” que siempre tengo en reserva. Recordaba que José María Jover, el iniciador de la nueva historia contemporánea española, escribió en la decada de los años setenta que alguien, en algún momento, tenía que estudiar la tradición de la violencia política en la España liberal. Ese alguien, evidentemente no era yo, pero por mis investigaciones me interesaba mucho un aspecto del siglo XIX en su tratamiento de la información gráfica, todavía muy embrionaria, que eludía de modo generalizado mostrar imágenes violentas, pero cuando lo hacía, eran muy directas y estaban cargadas de una fuerte propaganda. Era el caso de una publicación que se hizo en 1842 para narrar desde el bando liberal la primera guerra carlista, que mostraba aspectos concretos de esa violencia en imágenes, lo que no era nada habitual en aquellos momentos, por lo que deseaba poner en valor esos tratamientos gráficos con cuestiones de la actualidad de entonces. Es cierto que muchos años después ha sido Paul Preston el que de una manera magistral respondió a esa necesidad manifestada por el historiador José María Jover, con su magistral “El Holocausto Español” , como ahora lo ha vuelto a hacer con “Un Pueblo traicionado” una esplendida obra histórica que aborda otra de las sombras que tenemos como sociedad con el tema estructural de la corrupción. Mi artículo era muchísimo más modesto en sus intenciones y se quedaba sobre todo en el plano de la representación informativa, y hoy le ofrezco en esta bitácora más como una curiosidad que otra cosa. Aunque la imagen que abre el artículo, procedente de “Panorama Español”, (Un título que remite directamente a la idea de espectáculo óptico), me ha hecho recordar que es una publicación muy interesante por muchos aspectos que cuenta y, sobre todo, muestra en sus abundantes grabados. Por ejemplo, en ella viene una imagen nocturna de los miguelistas portugueses, defensores del

panorama español1
Las telecomunicaciones intemporales, señales con haces de pajas encendidas como usaban los romanos, por los miguelistas portugueses para avisar al prentendiente Carlos de la entrada de tropas liberales en la primera guerra carlista.

absolutismo como los carlistas y colaboradores, que muestra como se comunicaban a distancia en aquellos momentos, con antorchas de paja iluminadas igual que lo hacían los romanos dos milenios antes. Aunque los años de esa desgraciada guerra civil, muy violenta, fueron también los años en los que la telégrafía óptica en su versión portátil comenzó a utilizarse en España para fines militares y lo hicieron ambos bandos. He tenido oportunidad de estudiar libros de claves de transmisiones en el archivo del Palacio Real de Madrid para un libro sobre telefonía que publiqué con Luis Carandel en 1992. 42_liberia_joseNo quiero dejar pasar esta ocasión para celebrar un excelente libro que me ha enviado Irene Liberia Vayá, autora de una biografía de uno de los sociólogos más importantes que ha tenido este país, José Vidal-Beneyto, un personaje polifacético, poliédrico -como muy bien expresa la autora- brillante, sobre todo muy brillante, que abrió caminos inéditos en la sociología española y que con la investigación de Irene Liberia nos aproxima más a una de esas figuras que tanto contribuyó a la modernización de un país que salía de las sombras del franquismo. Se trata de un libro muy interesante que quería reseñar porque habla de la preocupación por mantener la memoria de personas como Vidal-Beneyto que fueron decisivos en el esfuerzo generacional de hacer nuestro mundo más habitable y mejorar la convivencia con la inteligencia y el conocimiento universitario tan fecundo como lo fue el suyo, un profesor que tantos y tan buenos discípulos ha dejado en la sociología española. Aprovecho para felicitar el año nuevo a tantos seguidores que tiene esta bitácora, que no es otra cosa que una modesta contribución para poder entender las imágenes como signos y huellas de nuestro complejo tiempo desde la memoria y la escritura personal (en texto e imagenes).

La inisnuación del realismo un texto de “Componente Norte” en 1996

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“Projectem el passat” Un encuentro necesario en la Filmoteca de Cataluña para entender la importancia cultural del cinematógrafo y un texto exploratorio de 2001

Los que nos dedicamos al estudio de la historia tenemos tendencia a escribir que tal o cual suceso o fenómeno, en ocasiones un texto concreto, constituyen momentos “seminales” porque plantan la semilla o son el primer atisbo, de algo que se va a desarrollar con fuerza en el futuro y en ese sentido las intensas jornadas que hemos vivido en la Sala Laya de la Filmoteca de Cataluña los días 28 y 29 de Octubre de 2019, tienen algo que las engloban en esa categoría, pero presentan muchos más matices que me gustaría poner en reflexión en esta entrada que hago hoy en la bitácora, a sabiendas de que yo no me percibo como un historiador especializado en cine, sino alguien que estudia las imágenes como un fenómeno cultural muy determinante para explicar la realidad y los imaginarios que configura. Un historiador de las imágenes que, un buen día, me encontré fascinado con el cinematógrafo y con un grupo de especialistas que estudian este medio surgido a finales de un siglo y que se desarrolló en toda su plenitud en el siguiente. Me uní a ellos, aprendí mucho de sus trabajos y hoy tengo la satisfacción de que lo que hemos vivido en la Filmoteca de Cataluña hace unos días abre un después en la valoración cultural del cinematógrafo en sociedades como la española que se enfrentaron al nuevo siglo con tantas incertidumbres.

2 cine españa 1896
Una de las primeras imágenes españolas publicadas en “La Ilustración Española y Americana”, el 22 de Julio de 1896, explicando lo que es era el cine en un artículo firmado por José Rodríguez Mourelo. El proyector representado parece todavía una linterna mágica, pero la proyección muestra una escena de “El regador regado” de los Hermanos Lumière,  una transposición al nuevo medio de una placa de linterna mágica y previamente de unas viñetas muy populares desde 1880.

Vayamos por partes. Entre las actividades que la Filmoteca de Cataluña organizó para celebrar el Día Internacional del Patrimonio Audiovisual había dos sesiones que bajo el titulo “projectem el passat/proyectamos el pasado”, especialistas en restauración y conservación de diferentes filmotecas nacionales e historiadores del primer periodo se dieron cita para contemplar más de 170 filmes en dos días, poner en común conocimientos desde diversas perspectivas, ayudar a identificar algunos fragmentos salvados que estaban hasta ahora perdidos y comentar cuestiones sobre algunas de las piezas que podían estar incorrectamente identificadas. En la Sala se encontraban restauradores y conservadores de varias filmotecas y especialistas en historia del cine de primera línea que en ese cruce necesario de saberes y experiencias ponían en común aspectos concretos. Previamente, Rosa Cardona, conservadora y Iolanda Ribas, restauradora, ambas de la Filmoteca de Cataluña, habían elaborado unas exhaustivas y valiosas fichas de los materiales, que nos hizo llegar Daniel Sánchez Salas, quien actuó de coordinador ya que forma parte del grupo de investigación que dirige Angel Quintana desde la Universidad de Girona titulado “Mundos virtuales en el cine de los orígenes: dispositivos, estética y públicos”  y del que formamos parte varios de los asistentes que nos ofrecimos a moderar algunos de los bloques que ibamos a visionar en las sesiones. Teníamos la oportunidad de contemplar una gran cantidad de material fílmico inédito en dos largas sesiones que, pensabamos,  iban a ser agotadoras, pero finalmente, creo que todos nos quedamos con ganas de ver mucho más. Así, con el soporte de la Filmoteca de Cataluña y con el apoyo de Filmoteca Española, además de las Filmotecas de Zaragoza, Andalucia, Valencia y Canarias junto a otras instituciones dedicadas al patrimonio audiovisual europeo, tuvimos oportunidad de analizar en su conjunto, a una extensa cantidad de proyecciones que nos mostraron el cine que se conserva entre 1896 y 1910, en los orígenes del medio y que nos obligaba a una mirada compleja: por un lado como espectadores de hoy a la vez que participes de la fascinación de quienes por primera vez vieron fotografía animada en la pantalla en aquel periodo fundacional, con la reiteración fílmica de costumbres culturales que “señalaban” la supuesta identidad española como las corridas de toros o las procesiones, la incipiente ficción cinematográfica mirando todavía más al teatro que a la propia y específica narrativa del cine, que se estaba abriendose camino poco a poco, la presencia informativa del Alfonso XIII, la guerra de África y otros muchos materiales que despertaban tantas interrogaciones que se expresaban en voz alta por los asistentes creando un debate sobre las propias proyecciones que estaban apareciendo en pantalla. Cerraron aquellas dos intensas sesiones de especialistas un encuentro abierto al público, que pudo contemplar unos materiales seleccionados, algo que muy pocas veces es posible ver en las pantallas actuales y que fueron posibles gracias al esfuerzo del personal de Filmoteca de Cataluña y con el impagable entusiasmo de Mariona Bruzo y Rosa Cardona que hicieron de anfitrionas. Gracias a todo el personal de la institución fílmica catalana que colaboró en el éxito de este encuentro.

Imatge pel·lícules
Imagen de la iniciativa organizada por la Filmoteca de Cataluña: “Projectem el passat/Proyectamos el pasado” que tuvo lugar los días 28 y 29 de Octubre de 2019.

Hace unos pocos meses, en un trabajo que he escrito para la revista argentina Vivomatografías, citaba el texto de Emeterio Diez Puertas, en el que hace un análisis de las generaciones de historiadores del cine que se han dado en el desarrollo cultural del medio en España, y despues de esta cita obligada para los colegas latinoamericanos, por arte de magia, gran parte de ellos se encontraban en este encuentro compartiendo sus conocimientos. No quiero ser exhaustivo ni mucho menos ovidarme de nadie, pero ha sido un lujo compartir la sala y las proyecciones con autores de los que tanto he aprendido y tanto admiro como Jean Claude Seguin, Palmira González, Sandro Machetti, Joaquín Cánovas, Luis Alonso, Ángel Quintana, Magdalena Brotons, Amparo Martinez Herranz, Javier Frutos, Begoña Soto,  Enrique Monterde y tantos otros (¡Mil disculpas a los que no cito!) que compartíamos con los restauradores y conservadores del cine nuestro conocimiento. Unos especialistas, los conservadores y los restauradores,  que hacen posible que dentro del desastre que supone haber perdido la mayor parte de este fundamental patrimonio cultural de la contemporaneidad, su pericia hace que, de tanto en tanto vuelvan a la luz y a su indagación histórica, películas que ya considerabamos perdidas. Muchas gracias, de todo corazón por vuestra importante e inestimable labor que debe ser colaborativa con los que nos dedicamos a poner valor cultural al cine que se ha conservado.

Creo que uno de los activos de este encuentro ha sido precisamente ese “encontrarnos” tantos especialistas que trabajan sobre el mismo objeto de estudio con miradas diferentes y que comentábamos, ante las proyecciones, a interrogarnos en voz alta sobre los significados culturales e históricos del cine. Ante las múltiples películas en las que los que eran captados con la cámara miraban y saludaban al dispositivo cabía preguntarse cosas cómo: ¿Quién mira a quién? Una pregunta  que tambien es pertinente cambiar por otra: ¿Qué estamos mirando hoy nosotros en el cine de los orígenes?

Cómo esta bitácora tiene algunas reglas fundacionales, entre ellas la de poner a disposición de tantos que la visitan, algunos de los textos que he ido escribiendo sobre la historia de las imágenes en el pasado, ofrezco hoy el texto que publiqué en la exposición  Memorias de la Mirada en 2001, sobre la necesidad de entender los fenómenos culturales en torno a  las imágenes contemporáneas de un modo tranversal. Por supuesto lo que yo escribí entonces, es una de las aproximaciones posibles y para nada excluyente de otras, porque hay muchos modos de explorar el pasado y de todos ellos se extrae conocimiento. Tuve el privilegio de asistir, en Marzo de 1985, al encuentro organizado en Madrid por el Ministerio de Cultura y que nos puso en común a los que estabamos interesados entonces en la Historia de la Fotografía. Con este encuentro, que ha tenido lugar en la Filmoteca de Cataluña tengo la certeza de que sus consecuencias supondrán una fuerte revitalización de la valoración cultural que el cine tiene para entender el mundo contemporáneo. Poco sería de nosotros y de nuestra historia compartida si no hubieran existido los sólidos imaginarios que supieron crear las fugaces imágenes que se han visto en las pantallas de cine durante más de un siglo por tantos y tantas espectadores y espectadoras que se emocionaron con lo que representaban…

Catálogo Memorias de la Mirada (2001)      (Pulsar para descargar)

 

 

 

 

 

Cataluña y su decisiva aportación a la sociedad de las masas en el tiempo de la modernidad. Un texto de 2018

Cuando puse en marcha esta bitácora lo hice porque deseaba recopilar textos que había ido publicando a lo largo del tiempo y que se encontraban muy dispersos o eran difíciles de encontrar. Raramente inserto textos recientes. Tenía previsto incluir ahora uno que publiqué en 1996 sobre la representación de la violencia en imágenes del siglo XIX referidos a la primera guerra carlista, pero me parece que para una entrada finalizando el mes de Agosto es mucho más sosegado uno que cuente algo de lo que estoy haciendo en  estos momentos.  Así que pensé en uno de los temas sobre los que voy publicando antes de tener a punto mi nueva monografía que tratará sobre el nuevo espectador de la modernidad y el papel de las nuevas tecnologías como el cinematógrafo, los Rayos-X como espectáculo, el fotograbado, la tarjeta postal ilustrada y la prensa gráfica que configuraron una nueva forma de entender la realidad y sentaron las bases visuales de la vida moderna en la España en los comienzos del siglo XX.

Portada
Portada del libro con las conferencias y del Proyecto “Fotografiar Girona II”

En otros momentos he hablado de mi vinculación con Girona desde 1990, y cómo en esa ciudad se ha configurado todo un ecosistema en torno al valor y la importancia cultural y social de las imágenes. las Jornadas Antoni Varés y los Seminarios internacionales sobre la Historia del Cine de los orígenes  que se celebran alternativamente cada dos años, son la parte investigadora de todo un proyecto que tiene nada menos que uno de los mejores Museos del Cine partiendo de la colección de Tomás Mallol, un Centro de Investigación y Difusión que lleva ya dos décadas trabajando sobre las imágenes (CRDI), que no solo se dedica a los fondos fotográficos sino que recoge archivos audiovisuales y televisivos que son la materia con la que se ha construido nuestro tiempo presente, y una ciudad que cuenta con mucha actividad editorial y virtual en torno a todo tipo de imágenes en ella creadas. El espíritu de todo este ambicioso proyecto y que ha sabido crear en torno a él un magnífico equipo humano y profesional, se llama Joan Boadas. Me une a Joan una muy estrecha amistad que hemos ido trenzando durante tres décadas, y siempre piensa en mí para alguna de sus iniciativas, a lo que en todo momento le respondo encantado.

En el Archivo Municipal que dirige Joan Boadas y donde surgió todo este ambicioso proyecto que tanto reconocimiento internacional tiene, se celebran de tanto en tanto un ciclo de conferencias que bajo el epígrafe “Fotografiar Girona” reune a diversos autores que hablan de aspectos de la investigación  con la idea de que la ciudad de Girona esté, de un modo u otro, representada. Joan, una vez más, me invitó a participar, y su invitación me planteó un dilema: por un lado en Girona había nacido uno de los impulsores del fotograbado en España, Heribert Mariezcurrena, sobre el que yo había ya escrito en las jornadas Antoni Varés en 1998, por otro lado quería poner en evidencia algo que forma parte de los trabajos que he ido elaborando para escribir mi futura monografía y es que Cataluña fue decisiva en la conformación de la sociedad de las masas en España. Se conocen más los aspectos del cinematógrafo porque diversos autores los han estudiado en detalle, pero de sus talleres de fotograbado salieron miles y miles de imágenes que llenaron las páginas de los nuevos magasines y conformaron la primera iconosfera de la modernidad española. Así que me pareció que lo que tenía que hacer era contar en que estaba trabajando en estos momentos partiendo de la figura del gironí Mariezcurrena y su aportación a la historia de la prensa gráfica europea con la publicación, en febrero de 1885, del primer reportaje en fotograbado publicado en España con motivo del terremoto de Andalucia en la nochebuena de 1884 que apareció en la revista “La Ilustración”, editada en Barcelona.

"Retrato a los Rayos-X" una caricatura publoicada en 1896.
“Retrato a los Rayos-X” o la fascinación de una nueva tecnología de imágenes invisibles. (Publicada en 1896)

La conferencia la hice en castellano en una sala habilitada en el precioso edificio del archivo municipal de Girona, ante un público entregado y entusiasta. Vimos imágenes de los comienzos de la modernidad y películas de los primeros tiempos, incluso una proyectada del final al comienzo por una reflexión sobre el cine como máquina de tiempo que hace un autor que ha contemplado hacia 1900 una película así, invertida en su transcurso, en una barraca. Resalto lo del idioma porque nunca he tenido el menor problema en Cataluña con el tema de la lengua. He impartido clases y seminarios en varias universidades catalanas a lo largo de mi trayectoria profesional, he moderado mesas en las que nos intercambiábamos idiomas en las preguntas y respuestas y la única cosa que confieso que me abruma un poco, es cuando te encuentras con un grupo de catalanoparlantes, en una enorme cortesía (que a veces los que no viven allí de continuo no entienden)  cambian al castellano de modo automático cuando descubren que tu no hablas bien su lengua cotidiana. Siempre he pensado que nos ha faltado desde la Transición un poco más de pedagogía en la cuestión del bilingüismo en los lugares en los que solo contamos con una lengua vernácula.

Gramófonos

Tienda de venta de gramófonos Gaumont en Paseo de Gracia en Barcelona hacia 1910. (Barcelona, Artística e Industrial. Biblioteca de Cataluña)

El texto habla de tecnologías, de cultura y de algunos aspectos hoy olvidados como la fascinación de los rayos-X como espectáculo, que no solo ocurrieron en Barcelona. Philipp Blom, en su imprescindible libro sobre los Años de Vértigo en Europa, cuando se implantaron todas estas tecnologías en unos años similares a los españoles, contaba como en la Exposición Universal de París de 1900, entre los elementos que se mostraban como tecnologías punteras podían verse pantallas de rayos-X antes que de que descubriera su peligrosidad a pesar de la fascinación de ser una luz invisible que mostraba el interior de la materia y había –como entre nosotros también los hubo- algún resistente a los nuevos tiempos que escribió: “Usted ya no está solo en su casa consigo mismo. Y la cosa solo puede empeorar. Los rayos-X os penetrarán, las cámaras Kodak fotografiarán vuestro paso, los fonógrafos registrarán vuestra voz. Los aviones nos amenazan desde lo alto”. Temores a un tiempo que fue el preludio del que nosotros hemos heredado y estamos transformado con las tecnologías digitales, pero esa es la siguiente historia que todavía no hemos concluido…

Nuevas Imágenes y Tecnologías para la Sociedad de las Masas

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Una entrevista a Susan Sontag en 1983, y los éxitos de una generación que sacó de las sombras a la fotografía española

Hace unos pocos meses hice una cosa que no recomiendo a nadie; subí al trastero de mi casa y me encontré cientos de libros, discos de vinilo, que mi hijo no entendía como podían contener música, y al fondo, en un rincon, me topé con un polvoriento AZ con multitud de artículos y entrevistas que había publicado hace años, cuando me dedicaba al periodismo y me comenzaba a interesar por la divulgación cultural de la Fotografía. Descubrir todo ese pasado apilado en un desván fue para mi un momento muy extraño, porque el tiempo, es decir, la materia de la que trata esencialmente la Fotografía, siempre nos enfrenta a un cierto abismo de nosotros mismos, como magistralmente intuyó Roland Barthes en “La cámara lúcida”.

En paralelo a esta incursión en mi pasado, me llegó la excelente noticia de la entrada en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, de José Aleixandre Porcar, donde hizo un discurso titulado: “Por la fotografía de prensa valenciana: del daguerrotipo a la imagen digital”. José Aleixandre forma parte de la generación que en la década de los años ochenta sacamos de las sombras a la fotografía española. Le conozco desde aquellos años, he seguido su esplendida trayectoria de fotoperiodista e historiador y su reconocimiento,  personal y muy merecido, es, de algún modo y al mismo tiempo, un reconocimiento a toda una generación que intuimos que las humildes y olvidadas imágenes fotográficas y quienes las habían realizado, tenían un gran valor cultural que personas como José Aleixandre supieron reivindicar de manera magistral, al mismo tiempo que otros autores los hicieron a lo largo del país. Constituimos un grupo pequeño pero sólido y persistente, y además, a diferencia de lo sucedido otros lugares, muchos salimos del propio medio fotográfico para poner en pie la historia de nuestra fotografía. Mi enhorabuena a José Aleixandre, amigo y compañero, por este merecido reconocimiento en una institución tan importante y en un lugar, Valencia, donde los orígenes de la fotografía española fueron tan singulares y notables.

Foto Susan Sontag

Susang Sontag en la rueda de prensa de la UIMP en agosto de 1983. De todas las fotos que la hice aquella mañana, esta es la única de la que dispongo en estos momentos hasta que encuentre los negativos que guardé en su día  (Foto: Bernardo Riego)

Entre los materiales que tenía ese polvoriento AZ que me encontré en el desván, apareció una entrevista que le hice a Susan Sontag en 1983 en la Universidad Menendez Pelayo de Santander y que reproduzco en ésta entrada de la bitácora. Ahora me tocaría decir que fue una experiencia maravillosa e inolvidable, pero ya estoy en una edad en la que no me gusta inventarme fantasías, y recuerdo que la entrevista fue un  poco desastre y que fue Susan Sontag la que, con gran profesionalidad, la salvó, pero vayamos por partes.

En 1983 la UIMP en su sede de Santander estaba en su apogeo, era una auténtica feria de las vanidades donde nos llegaban por unos pocos días los intelectuales que brillaban en “El País” y en otros medios orgánicos. Rutinariamente lo primero que decían era aquello de que Santander tenía un “marco incomparable”, luego se lamentaban de las malas carreteras que teníamos y en el fondo entendían que los locales que allí viviamos todo el año, estabamos un tanto asilvestrados comparados con ellos. Aquel verano de 1983, siendo ministro de cultura José María Maravall, se esperaba a Jorge Luis Borges (a quien fotografié pues era un apasionado de su literatura) y a Susan Sontag que entre los que nos dedicabamos a la cultura fotográfica era una autora imprescindible por su obra “On Photography”, una colección de artículos periodisticos y ensayos publicados en 1977 en torno al medio fotográfico que nos impactaron cuando se tradujeron en español, por primera vez en una edición argentina, en el escualido panorama editorial de entonces respecto a lo que se publicaba sobre los significados de la Fotografía. Susan Sontag venía a un curso que dirigía Vicente Molina Foix y presentaba una película que había realizado en Venecia: Unguided Tour (“Excursión sin guía”) también conocida como Letter from Venice. Yo hablé con mi redactor jefe y le relaté con pasión la importancia de Susan Sontag, aprovechó para encargarme dos tareas más, pero, a cambio, me “dió” media página en “las centrales” (que eran el escaparate entonces del periodico) para la entrevista.

Por la mañana asistí a la rueda de prensa en la UIMP y me fascinó la personalidad de Susan Sontag. Su mirada, que rezumaba inteligencia, iluminaba la sala donde la haciamos fotos (las mías las he guardado tan bien que ahora no las encuentro, solo la que publiqué con la entrevista).  Mientras sonaban los clics de las cámaras otros periodistas la hacian algunas preguntas. Yo pacté con ella una entrevista en francés y recuerdo que Vicente Molina Foix intentaba impedirlo pues no podía entender que un humilde periodista local quisiera entrevistar a la reconocida autora neoyorkina invitada a “su” curso. Pero fue Susan Sontag la que zanjó que haría la entrevista conmigo con la única condición de que fuese la media hora antes de que ella entrara al aula a presentar su película. Nos sentamos, mientras grababa con un magnetofón de aquellos que teníamos entonces, yo escribía, en una taquigrafía apresurada, detalles de lo que me respondía. Me acuerdo que  llevaba preparadas cuatro preguntas y en la primera, la autora se explayó 25 minutos, decía muchas vagedades pues creo que no estaba demasiado interesada en hablar de aquel libro publicado seis años atrás y que, en sus prácticas culturales anglosajonas,  ahora no era el objeto de su promoción.   Cuando acabó la primera pregunta, miró su reloj y me dijo que ya había acabado la entrevista, yo protesté y la comenté que no me parecía justo que hiciera respuestas tan largas, se lo pensó un momento… y me dijo que seguiriamos a la vuelta de su intervención en el curso, que la esperase… y cumplió su promesa y así nació esta entrevista que hoy ofrezco a quien la quiera leer ahora, después del tiempo transcurrido.

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Dedicatoria a mi ejemplar de la edición argentina de 1980 del libro “Sobre la Fotografía” que fue objeto de la entrevista con Susan Sontag en 1983

Desde aquella entrevista he conservado una enorme admiración por Susan Sontag, porque podría hacer una entrada en la bitácora de personajes que tras leerlos, se me han desvanecido, al entrar en contacto personal con ellos o con su ego, algo que a veces es dificil de discernir a quien conocí en realidad.  Pero, nunca ha sido el caso de esta autora norteamericana que tuve el lujo de entrevistar. Alguno de sus libros, como el dedicado al dolor, me parecen magistrales y vitales y su compromiso con Sarajevo en lo peor de la terrible guerra de Yugoslavia me reencontró con una persona coherente consigo misma y de una gran integridad moral e intelectual. En aquel ya lejano 1983, me dedicó su libro en torno a la fotografía, la envié mi artículo publicado y, supongo, que aquella entrevista con un joven y humilde periodista santanderino no dejó en ella ningún recuerdo. En mi caso esa memoria se ha activado por una inesperada subida al trastero de mi casa, a la  memoria tangible de mis actividades pasadas conservadas en las amarillentas páginas de un periódico cuando no nos podíamos imaginar que, un día,  las páginas de la prensa también se compondrían en el intangible material de los bits y de los píxeles.

Entrevista a Susan Sontag,1983  (Pulsar para descargar)

 

 

 

Un emocionado homenaje en memoria de Marie Loup Sougez, en una entrevista en 1982 y un texto suyo publicado en 1988

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Marie Loup Sougez en el Centro de Fotografía de Montevideo (CDF) en 2013

No hace tanto tiempo, Marie Loup Sougez y yo nos comunicabamos por correo electrónico. Le recababa algún dato para el trabajo que estoy haciendo sobre los orígenes del fotograbado en España y amable y afectuosa como siempre era, me confirmó algunos detalles. Mi relación con ella viene de largo, la conocí junto a Publio López Mondejar y Lee Fontanella en la UIMP, en Santander,  en el otoño de 1982 cuando los tres estaban codirigiendo un curso pionero sobre historia de la fotografía en España. Cada uno de ellos  había publicado ya sus trabajos que fueron para todos nosotros un referente en aquellos años en los que comenzó a recuperarse el valor cultural de la fotografía algo en lo que estabamos muchos en todo el país de un modo disperso. Recuerdo su figura, de aspecto frágil, pero dotada de una enorme elegancia personal y una gran amabilidad y cercanía. El curso se estaba desarrollando de un modo un tanto desapercibido dentro de aquella vorágine que era la UIMP en aquellos años, hablé con mi redactor jefe y me “dio” las páginas centrales para hacerles a los tres una entrevista que he rescatado y reproduzco aquí como una parte del pequeño homenaje que quiero hacer en esta bitácora a  una persona a la que siempre tuve en una gran estima y aunque es cierto que en los últimos años apenas tuvimos contacto personal, siempre nos reconocimos como amigos y dispuestos a compartir lo que fuera necesario en torno a la cultura de la fotografía y a su importancia.

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Detalle de la entrevista a Marie Loup Sougez, Lee Fontanella y Publio López Mondejar en el diario “Alerta” de Santander,  publicada el 11 de diciembre de 1982.

En 1988, acababan de comenzar los cursos de verano de la Universidad de Cantabria en la localidad de Laredo, y el rector de entonces, José María Ureña, me invitó a que organizase un curso sobre fotografía. Ya se había producido el congreso de Sevilla,  había publicado, con la ayuda de Angel de la Hoz, recientemente fallecido también, el libro Cien años de Fotografía en Cantabria, y conté con Marie Loup para el desarrollo del curso a lo que accedió generosamente como siempre lo hacía. También estuvo en aquellas jornadas Isabel Ortega que se había hecho cargo de la colección fotográfica de la Biblioteca Nacional aunque no publicó su texto. Al año siguiente pudimos editar el libro y hoy lo ofrezco aquí de modo completo, además del texto que hizo para el mismo Marie Loup y que se refería a su conferencia. Hay que entender esta publicación en el contexto de 1988, en unos años iniciales y en los que estábamos tanteando unas temáticas a las que se irían sumando investigaciones en los  años posteriores, aunque es justo decir que el texto publicado en Cátedra en 1981 y renovado posteriomente por Marie Loup Sougez, siempre fue un permanente referente para todos los que nos dedicábamos a indagar en la historia de la fotografía española. El curso tuvo un final magnífico cuando fuímos al estudio de Leoncio Marugan en Limpias y su hija Pilar nos hizo una foto de estudio con los materiales que usaba su padre que se hizo famoso a comienzos del siglo XX por las imágenes fotográficas del Cristo de aquella localidad del que se decía que era milagroso. He estado buscando la imagen para ofrecerla en la bitácora y prometo incluirla en cuanto aparezca porque es un recuerdo entrañable de aquellos años en los que tanto estaba por hacer y tanto nos quedaba por investigar.

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Portada del libro editado en  la Universidad de Cantabria del curso de Fotografía desarrollado en 1988 que  puede descargarse desde esta bitácora

Desde aquellos momentos he estado en contacto con Marie Loup a la que siempre consideré una buena amiga y alguien a quien sabías que podías preguntar y tener su ayuda cuando te surgía alguna duda o buscabas datos de algún autor al que estabas investigando. Siempre elegante y amable, era para todos una persona entrañable, unánimemente reconocida desde las diferentes posiciones que existen en la historiografía de la fotografía española.  Seguí coincidiendo con ella en diversas actividades que se programaron aquellos años, aunque constato que no nos habíamos visto personalmente desde hace ya algunos años.  En alguna parte he escrito que Marie Loup Sougez forma parte de la sólida tradición historiográfica francesa en fotografía con antecedentes tan importantes como la de Georges Pottonié. Ella siempre preservó también y difundió la obra de su padre Enmanuel Sougez y nos ha dejado una extensa obra bibliográfica en la que quiero destacar los libros sobre historia de la Fotografía que coeditó con Carmelo Vega, María de los Santos García Felguera y Helena Pérez Gallardo, que tan importantes son en estos momentos porque han introducido a tantos y tantos estudiantes en la historia de la fotografía española. Una especialidad a la que Marie Loup contribuyo en fechas tan tempranas a ponerla en valor y a contextualizarla en el panorama cultural europeo.

Este breve recuerdo quiere ser un humilde homenaje a una autora que tan importante ha sido para la historia y la cultura de este país y también, constituye el deseo de que su obra y su persona sean, en algún momento, objeto merecido de un reconocimiento que todos debemos a la generosidad intelectual y a la calidad humana de Marie Loup Sougez y a su interés por dedicarse a divulgar una parte tan importante de nuestra historia cultural como ha sido la Fotografía.

Entrevista a Marie Loup Sougez, Publio López Mondejar y Lee _Fontanella en 1982

Texto Marie Loup Sougez Curso Universidad de Cantabria en 1988

Libro completo La Fotografía y sus Posibilidades Documentales (1988)

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Una coleccion de programas de mano (y una reivindicación del cine español) para comenzar el año 2019

Cromo 1 Rosario la Cortijera. (1935)

Cromo de la película “Rosario la Cortijera” (1935)

Dentro de pocas semanas comienzo de nuevo la asignatura que imparto sobre historia del cine español y latinoamericano en el CIESE de Comillas, y en lugar de comenzar el año con uno de mis textos publicados lo quiero hacer con una pequeña muestra de mi colección de programas de mano cinematográficos, que, en cierto  modo, son un enlace entre mi interés por las imágenes y el descubrimiento de las posibilidades del cine como un poderoso imaginario de una sociedad que nos permite a los historiadores analizar los deseos y los sueños de un tiempo concreto con esa tipología de fuentes documentales.

Comencé a interesarme por el cine primitivo porque comprendí que para entender las construcciones culturales de las imágenes fotográficas en los inicios de la sociedad de las masas  había que entender las numerosas intertextualidades que se producían entre las imágenes de prensa de los magasines, el cine de barraca primitivo y las escenas que se reproducían del teatro popular. Del mismo modo que para poder comprender las interacciones que se dieron entre el grabado y la fotografía, eran indispensables estudiar ambos medios para el caso del siglo XIX. Así que comencé a interesarme por la Historia del Cine, y al primer encuentro que acudí me encontré con un historiador del cine español, cuyo nombre no viene al caso, que decía que lo mejor que se podía hacer con el poco cine primitivo español que nos había llegado, era meterlo en un saco, prenderlo fuego y hacerlo desaparecer porque nunca fue artístico como lo fue el francés. Yo había realizado ya en la Fundación Botín mi exposición de Memorias de la Mirada, me había pasado días encerrado en Filmoteca Española, junto a mi ayudante María Calleja, y habíamos visto que ese cine, tan irrelevante para algunos, reflejaba de modo magistral la realidad de la sociedad dual española del primer tercio de siglo, en sus conservadores dramas rurales y en la exaltación orgullosa de la modernidad en sus filmes urbanos, que mostraban una sociedad que se estaba modernizando a toda velocidad en las grandes ciudades del país y  que contrastaba con otra parte de esa misma sociedad que se resistía a esos cambios.

Cromo 2 Rosario la Cortijera (Reverso) (1935)

Reverso del cromo de la película “Rosario la Cortijera” de 1935, la difusión de masas en los años en los que también la radio difunde las canciones de las películas

La razón para defenestrar al cine primitivo español, cómo alguno lo hacía tan ligeramente entonces,  radicaba en una recepción poco digerida y demasiado  lineal de algunos modelos historiográficos externos, como el de Georges Sadoul, que ponían el acento en elementos que a pesar de lo que enunciaban, la artisticidad del cine, no agotaban en sus análisis las muchas posibilidades de exploración histórica que los documentos fílmicos tienen y que en estos momentos no ofrecen ya ninguna duda tras la renovación de géneros y sujetos históricos que se han producido en las últimas décadas y que han superado aquellos análisis historiográficos iniciales.

Cuando organicé la asignatura de Historia del Cine Español y Latinomericano para el CIESE de Comillas, descubrí que yo también tenía algunos prejuicios sobre el cine de la posguerra. Me acordaba además del manifiesto de las Jornadas de Salamanca que tuvo lugar entre el 14 y el 19 de mayo de 1955, en el que Juan Antonio Bardem proclamó que el cine español es “políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”. Sin duda no le faltaba razón a Bardem, buen conocedor del medio y sus muchas carencias en sus propias prácticas, y tal vez, comparándolo con otras filmografías, sobre todo la norteamericana,  esa percepción sería muy entendible. Pero desde la perspectiva de alguien que, como es mi caso,  se formó en la década de los años ochenta y noventa, un tiempo en el que heredamos toda esa pesimista visión de  nuestro pasado cultural, pronto entendí, viendo decenas de películas de aquellas décadas,  que ante un entorno tan hostil como el que tuvieron los creadores cinematográficos, asoman aun hoy, de tanto en tanto, algunas pequeñas joyas que sortearon como pudieron la férrea censura y la estrechez de miras de un país cerrado sobre sí mismo. Más adelante disipé todos mis prejuicios cuando tuve la oportunidad de contemplar la exposición del Museo Reina Sofía “Campo Cerrado” y cuando este año que acaba de terminar, hice una entrada a la creación del grupo AFAL poniéndolo en relación con el cine de su tiempo. Un texto que en el futuro será publicado.

Creo honestamente que hay otros modos de aproximarse al cine español desde sus propias insuficiencias, y que su legado constituye un conjunto cultural muy valioso, tal como nos ha llegado, con lo que cuenta y con lo que le censuraron, con lo que intentó mostrar y con lo que realmente resultó. Y en ese sentido, los programas de mano de mi colección de ephemera que hoy pongo en la bitácora quieren ser una mirada amable a una industria que, sin duda, hizo lo que pudo y que nos ha dejado  un imaginario de sueños y ficciones que constituyen en si mismo, toda una realidad visible de un país que quería verse y sin duda, entenderse a sí mismo, en sus ficciones cinematográficas.

El daguerrotipo y su primera recepción en España. Un texto de 1998

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El autor de esta bitácora en la Academia de Ciencias de Barcelona ante la cámara daguerrotípica que Alabern vendió para la primera experiencia  en España, uno de los pocos ejemplares  del equipo comercializado por Giroux que se conservan en el mundo y que ha sido objeto de una reciente restauración por Martí Llorens y su equipo:  “Tempus Fugit Visual Projects”  (Foto: Martí Llorens, 2015)

Del mismo modo que ahora estoy publicando aspectos parciales y preparatorios de mi investigación sobre el espectador de la modernidad y la difusión del fotograbado en España, que cuminarán en una monografía en algún momento,  tras mi beca de investigación que que me llevó desde comienzos de los años noventa entre otros lugares al Instituto de Francia en París, donde consulté los documentos originales de la invención de la fotografía, con el nombre de daguerrotipo, fuí publicando aspectos parciales de mi trabajo en diversas revistas, lo que me permitió ir respondiendo a diversas cuestiones que me había planteado, ya que lo que se había publicado hasta la fecha me planteaba numerosos interrogantes.

En París descubrí una característica que es muy típica de nuestra cultura contemporánea de superficie, remedando un brillante concepto que acuñó  Umberto Eco, y era que muchos historiadores que abordaban la invención de la fotografía, citaban unos fragmentos del discurso de Arago, siempre los mismos, provenientes en su mayor parte del trabajo de Gisele Freund, cuando las actas mostraban un planteamiento mucho más interesante y complejo, y donde, de su consulta, emergían cuestiones de más calado que la limitada y entonces todavía persistente concepción historiográfica nacionalista de sí la fotografía la habían inventado, los franceses o los británicos, obviando que hubo hasta veinticuatro precursores, algunos como el propio Hippolite Bayard que en las actas de la Academia de Bellas Artes de París pide disculpas por haberse adelantado a Daguerre,  o el fascinante  Hercules Florence,  cuyos fondos se conservan en el Instituto Moreira Salles de Brasil a cargo de expertos como Sergio Burgi que está preparando una exposición sobre una figura que desde el etnocentrismo europeo ha pasado como periférico en la historia de la invención, pero que se trata de un personaje poliédrico que se interesó por muchas otras cosas además de la formación de las imágenes fotográficas.

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El daguerrotipo es un objeto tecnológico muy extraño visto desde nuestra experiencia visual actual.  Daguerrotipos de la colección Ángel Fuentes de Cía en el CRDI de Girona. (Foto David Iglesias)

La investigación en París me abrió perspectivas desconocidas a partir de las Actas de la Academia de Ciencias, comprendí que lo que se estaba dirimiendo a partir de Enero de 1839, era la presentación política de una nueva tecnología que daba respuesta al problema del facsimil que, al menos, desde el siglo XVIII estaba latente en las sociedades occidentales y el daguerrotipo, a pesar de ser tan disruptivo por su intervención sobre la realidad, era una solución imperfecta porque, como muy bien escribió André Rouillé en su día, se trataba de una semi-respuesta, y en las actas se demuestra que con el proceso daguerriano se intentaba enlazar con la tradición de la estampa y la imprenta, porque se pensaba que las imágenes invertidas lateralmente que captaba la cámara daguerrotípica, serían finalmente planchas que adecuadamente tratadas podrían reproducir las imágenes en la imprenta, algo que no ocurrió y hubo que esperar décadas para que la fotografía pasara con su aspecto tonal al papel impreso, gracias al fotograbado.

En mi caso en aquellos años tenía una pregunta que me inquietaba y movía mi investigación, ¿Cómo era posible que personajes jóvenes entonces, pero que fueron luego tan importantes en la ciencia española del siglo XIX, se interesaran por el daguerrotipo, y apenas dos años después se olvidaran del mismo? Eso me llevó a indagar las cuestiones singulares de la recepción española antes de que llegaran los primeros daguerrotipistas comerciales y el papel jugado por un grupo de científicos en Barcelona, Madrid y Valencia que usaron la nueva tecnología como un argumento reivindicativo del nuevo mundo científico europeo frente al conocimiento escolástico que todavía campaba, aunque ya de modo terminal,  en las universidades españolas en 1839.

Este texto fue publicado en una de las revistas de divulgación histórica más leídas en la época, Historia 16, y en aquellos momentos la historia de la fotografía no era una temática de interés en este tipo de publicaciones, pero me encontré, creo recordar que en la UIMP, con el director de la revista, David Solar, le conté sobre lo que estaba investigando y me animó a que enviase una aportación que es la que hoy ofrezco para quien esté interesado y que luego ampliaría en mi libro “La Introducción de la Fotografía en España”.

El pasado mes de noviembre, en el homenaje a Miquel Galmes, fundador del Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña, coincidí con Jep Martí, que ha seguido trabajando en este momento tan interesante de la primera recepción de la fotografía en España y así lo ha reflejado en su bitácora en una entrada de lectura imprescindible, y coincidíamos que para los científicos que se interesaron en difundir o practicar la invención de daguerrotipo, aquello no fue más que una de las muchas intervenciones reivindicativas que tuvieron y Jep, que ha estudiado las memorias de Monlau, ha comprobado que apenas muestra interés por esta cuestión como tampoco lo haría Juan María Pou y Camps que teorizó por primera vez en la historia de la fotografía sobre las posibilidades fotométricas de la cámara daguerrotípica, una cuestión a la que el tampoco le dio entonces la importancia que los historiadores de hoy apreciamos.

El Daguerrotipo, primera difusión y respuestas en España a la invención de la Fotografía (1839-1841)              (Pulsar para descargar)