Un máster universitario pionero en Industrias Culturales Digitales en el CIESE-Fundación Comillas y la larga génesis de un proyecto en un texto de 2007

El CIESE de la Fundación Comillas ha puesto en marcha para el próximo curso un innovador máster en Industrias Culturales Digitales para la formación de profesionales que, procedentes del campo del español,  de las Humanidades y de las Ciencias Sociales quieran formarse en el ámbito de la digitalización en un sector en crecimiento y en el que se necesitan expertos de estas características. Se trata de un oferta que es a la vez título propio de la Universidad de Cantabria (Del que el CIESE, aunque autónomo en su oferta formativa, es uno de sus centros adscritos), y que responde a una demanda creciente estimulada por la Unión Europea,  de profesionales con experiencia digital en el amplio sector de las industrias culturales que, en su extensa cadena de creación, producción, distribución, y difusión, necesita contar con expertos preparados para los nuevos retos que está planteando la digitalización en todos los ámbitos económicos y sociales en estos momentos, algo que se incrementará en los años venideros.

La digitalización de la Cultura es un mercado en crecimiento en el que se precisarán cada vez más y más especialistas, formados en los ámbitos universitarios como el que propone el CIESE-Fundación Comillas

Me gustaría contar en esta bitácora algo de la génesis de este proyecto que ahora culmina con la decidida apuesta del CIESE por una oferta formativa adaptada a las evidentes necesidades de la Industria Cultural. El Máster, que comenzará el curso 2023, tendrá una duración de 9 meses, será presencial y tendrá partes semipresenciales, y contará para su impartición con reconocidos especialistas nacionales e internacionales, tendrá sus prácticas en empresas y sobre todo responderá por fin a una necesidad detectada en unos ámbitos en los que la formación de nuevos expertos procedentes de los campos humanísticos es absolutamente necesaria.

Corría el año 2006 y eran unos momentos en los que la Unión Europea estaba embarcada en diversas iniciativas para conseguir que la industria y la cultura europea se implicaran en las necesidades de la formación digital que ya se habían definido con firmeza desde la denominada Agenda de Lisboa de 2010, como un objetivo prioritario para el desarrollo futuro de la Unión. Mientras que los Estados Unidos habían apostado por las infraestructuras de ancho de banda, las conocidas como «infopistas», la UE tenía claro que el reto era formar a sus ciudadanos e implementar en el tejido social y productivo las nuevas formas de acceso y uso de la información derivadas de las tecnologías digitales y a eso estaba dedicando ya ingentes recursos europeos. Eran unos años que se estaban configurando los planes de digitalización de fondos documentales en toda Europa, y que se hacía evidente que había que dar respuestas en las diferentes regiones de la Unión a iniciativas que irían construyendo futuro en todos los sentidos. En aquellos años, quien esto escribe, dirigía un proyecto europeo, muy bien dotado económicamente, titulado, «Ciudades Digitales de Cantabria» que estaba trabajando en la implementación de esas tecnologías en diversos ámbitos. Entre las muchas cuestiones que tratamos y nos relacionamos con otras entidades europeas e iberoamericanas hubo una que nos llamó mucho la atención, y era la oferta de una importante empresa de telecomunicaciones española para crear unos centros especializados de innovación en diferentes regiones. Cuando tratamos la posibilidad de implantar algo de esto en Cantabria, que trabajase y diese servicio al clúster en crecimiento de industrias digitales locales que se estaban expandiendo en la región, nos dimos cuenta enseguida que era una gran oportunidad de generar un empleo de calidad en ámbitos en los que los especialistas que se dedicaban e estas cuestiones en aquel momento,  eran sobre todo ingenieros, informáticos y de otros campos pero que faltaban los que trabajaban y se habían formado en la cultura y eran, en esencia, los creadores de contenidos.

El estudio realizado en 2006 sobre el desarrollo de una Industria Cultural Digital en Cantabria

En nuestro caso, fue María Calleja, que era en aquel momento la directora del Observatorio de la Sociedad de la Información en Cantabria, quien exploró las iniciativas que ya se habían puesto en marcha en otros lugares europeos, especialmente visitó los Medialabs pioneros que estaban en Escocia y Escandinavia, con sus historias de éxito y decidimos que era la oportunidad de comenzar a  poner en marcha entre nosotros un Centro de estas características que se alineara con las apuestas europeas. No se trataba de crearlo de la nada sino de construirlo desde el conocimiento y la suma de experiencias . Nos quedaba un largo camino, pero dimos los primeros pasos, y el primero de todo fue hacer un diagnóstico posible que se plasmó en el estudio: «Industria Cultural Digital en Cantabria. Diagnóstico y Perspectivas» que se complementó con un panel de expertos procedentes de varias universidades españolas y especialistas de la industria que nos ayudaron en la definición de un proyecto sin antecedentes entre nosotros, que había que diseñarse muy bien. A finales de 2005, Inma Valencia, representante en Bruselas del Gobierno de Cantabria, y uno de los lujos que tenemos desde hace mucho tiempo entre nosotros, por su enorme eficacia y su gran conocimiento de los entresijos de la Union, preparó con María Calleja una reunión en Luxemburgo, en la que participamos los tres, con la sección que se encargaba de estos nuevos proyectos en Europa. Aparecimos enseguida referenciados en la guía europea en la que se detallaron las iniciativas culturales digitales que entonces estaban arrancando y eran muy novedosas en aquellos momentos. Un año después, en 2006, en los Cursos de Patrimonio Histórico de la Universidad de Cantabria en Reinosa hicimos un curso con diversas aportaciones de aquel panel de expertos, que se publicó y hoy, como curiosidad y memoria del trabajo previo realizado y cumpliendo uno de los requisitos de esta bitácora de ofrecer textos para descargar, ofrezco dos de los trabajos que se discutieron en unos momentos en los que hubo una gran oportunidad de crear un Centro nuevo y avanzado que se alinease con otras iniciativas que estaban surgiendo en otras regiones europeas en torno a la digitalización y el apoyo a las industrias culturales que no tenían la presión actual porque los productos seguían siendo todavía mayoritariamente tradicionales,  pero ya se vislumbraba el enorme cambio que se avecinaba.

Detalle de la información del CIESE-Fundación Comillas sobre el Máster de Industrias Culturales Digitales

En mi caso dejé mis actividades públicas ya avanzado el 2007 y retorné a la Universidad, vino la crisis de 2008 y la expansión económica de los años anteriores se contrajo. Las redes internacionales que de modo incipiente habíamos creado no fueron seguidas por los nuevos gestores públicos que llegaron. Se trata de una costumbre conocida y muy sorprendente de la política española, que tiende a tirar al cesto de los papeles lo recursos e iniciativas anteriores hayan costado lo que hayan costado a los contribuyentes. Las estructuras creadas como la Empresa Pública Emcanta dedicada a desarrollar la Gobernanza Digital donde se ubicaba el proyecto, fueron desmanteladas sin proporcionar a la ciudadanía nuevas alternativas, y un buen principio de quienes se han dedicado a la gestión pública es focalizar el esfuerzo en otras cosas y no vivir de los proyectos emprendidos en el pasado. Sentirse innovador tiene sus reglas y una de ellas es aprovechar las oportunidades cuando surgen, pero nunca alimentarse de lo que no termino de salir por las incertidumbres que se plantean en la gestión pública española que hay quien opina que siempre tiene algo de supervivencia darwinista cuando quieres abrir nuevos caminos y te encuentras, si o si, con las permanentes resistencias de los que no quieren nunca abandonar su «zona de confort» perjudique a quien perjudique.

Por eso, me parece un acierto que el CIESE-Fundación Comillas tome ahora la iniciativa de crear una oferta formativa en algo que, en 2005 era tan solo una expectativa, pero que ahora es una realidad ineludible. Tras lo peor de la pandemia, la digitalización se ha convertido en lo que será uno de los motores de la industria y el mercado en los próximos años. Nada surge sin que tenga un pasado. Existe una larga tradición en el caso europeo en este campo, y una decidida apuesta por el futuro (ya presente, realmente) en clave digital, y con la oportunidad de formar a las nuevas promociones de expertos en industrias culturales, estamos ante una oportunidad de ir teniendo especialistas en un mercado en expansión que ya ha hecho un camino irreversible en el desarrollo de las tecnologías de la información y de las comunicaciones de base digital, una transformación que ha venido para quedarse.

Dos textos del Panel de Expertos publicados en 2006 en los Cursos de Reinosa de la Universidad de Cantabria

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Un imprescindible curso sobre Mario Camus en la UIMP este verano y un texto suyo de 2001

Bajo el sugerente título de «Mario Camus: historias de papel y celuloide» tendrá lugar este verano en la Universidad Menendez Pelayo de Santander del 4 al 6 de Julio de 2022, dirigido por quien es su mejor especialista, el profesor José Luis Sánchez Noriega, un curso sobre su obra cinematográfica y literaria, curso en el que será secretario Jesús Herrán Ceballos, el exquisito editor que desde Ediciones Valnera se ocupó de algunos de sus libros en los últimos tiempos, porque Mario Camus, como muy bien describe el espíritu del curso, era un creador fílmico y literario y sobre todo, un contador de historias derivadas de su condición de lector infatigable que conocía muy bien la literatura y la historia española y así se reflejaba en su impresionante biblioteca, algo que supo mostrar en su extensa producción fílmica y en las series que dirigió, algunas tan significativas como «La forja de un rebelde».

Durante la larga pandemia pensé muchas veces en tener la oportunidad de volver a encontrarme y disfrutar con la compañia de Mario Camus, con el que me unía una fuerte amistad, nacida de un encuentro fortuito que enseguida contaré. Desde hacía años, antes de la pandemia, de tanto en tanto, nos veíamos, hablábamos de multitud de cosas, aprendía con él historias y anécdotas sobre el cine español que no estaban en ninguna de las historias que se han publicado, y disfrutaba con una persona tan intensa y cosmopolita como Mario Camus, que tuvo la generosidad de glosar mi libro sobre la introducción de la fotografía en España en el año 2000 al poco de aparecer y que hoy incluyo en esta bitácora como un recuerdo a su memoria y a una perdida como la suya, tanto por su talento creador como por su altura intelectual y moral de un tiempo en el que el cine español supo encontrar, con su generación, el valor de unas obras retroalimentadas en muchos casos con lo mejor de nuestra literatura.

Mario Camus y Gonzalo Suárez con el autor de esta bitácora en mayo de 2014 en Santander

Tuve el lujo de conocer y de convertirme en su amigo, tras un encuentro fortuito en un tren de Santander a Madrid, me gustaría rememorar aquí algunos momentos que vivimos que ya son, para mi, completamente inolvidables. Conocí personalmente a Mario Camus en 2001, yo iba en un tren por la tarde de Santander a Madrid porque había obtenido plaza de profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Extremadura y me encaminaba a enlazar con un avión a Badajoz para firmar y comenzar enseguida. En Torrelavega, se sentó a mi lado un viajero que no dejaba de mirar el libro que yo estaba hojeando, sobre “Narrativa Audiovisual”, una de las asignaturas que tendría que impartir en mi nuevo destino. Fuimos hablando, primero de vaguedades, luego de cine, y me di cuenta enseguida, que estaba ante alguien que sabía mucho del sector. Como soy tan despistado, pensé que era algún exhibidor o alguien así del mundo del cine, porque no lo reconocía, pero un momento de la conversación me sacó de dudas: “Soy Mario Camus” recuerdo que me dijo.

Y a partir de ese momento fuimos trenzando una gran amistad que se fue fraguando poco a poco y sin prisas. De Mario Camus me fascinaba que además de su enorme cultura cinematográfica sobresalía su avidez de lector. Cuando lo visitaba, de tanto en tanto en su casa de Ruilobuca, era un placer contemplar en aquel espacio maravilloso, su extensa biblioteca que, además se la había leído entera, ya que, en Mario, una de sus cualidades, era saber trasladar a la pantalla textos literarios, pero era no solo un hombre de cine sino también un excelente guionista, que siempre te daba alguna pista para leer y descubrir. Y que disfrutaba viendo cine, del que poseía una ingente coleccion de dvds, pero también escribiendo.

En Puertochico en 2012 tras una de las comidas que hacíamos, junto a Mario Camus aparece la profesora de la UC, María Calleja y a la derecha con gabardina blanca Jaume Peracaula, uno de sus operadores favoritos.

Estando en la Universidad de Extremadura, me preguntó el decano si tenía alguna idea que pudiéramos hacer en la nueva Facultad de Comunicación Audiovisual, en 2002, hablé con Mario Camus y con la bondad que siempre tenía,  aunque le molestaba por su timidez estar en primer plano, accedió a venir a hablar de su cine y sobre todo de sus “Santos Inocentes”, en una jornada que constituyó un acontecimiento en toda Extremadura. Nos cuesta mucho comprender a los que no somos de allí la inyección de autoestima que les supuso la película de Mario Camus a los extremeños, a partir de la novela de Miguel Delibes. Estaban aquella mañana todos los medios en la sala, una gran parte de los alumnos de la Facultad y muchas personas que lo admiraban y no querían perderse aquel momento. Mario leyó un hermoso texto que había escrito para la ocasión y esbozó recuerdos del rodaje, y casi al final, se le acercó una mujer que, recuerdo, dijo ser periodista; se encontraba en muy avanzado estado de gestación, y le hizo un gesto para que la reconociera. Mario dudó un instante y ella le dijo que era “la niña chica” que aparece en los carteles de la película y en algunas secuencias. Hablaron ambos brevemente en un aparte y después, ya en la comida,  Mario nos comentó algunas peripecias más reservadas del rodaje, como el silencio primero y la aprobación posterior de Miguel Delibes cuando, antes de llevarla a exhibición, la contempló en un pase privado. Delibes, como les ocurre a muchos escritores, se decepcionan cuando ven a sus personajes corporeizados en actores, pero en este caso sus palabras fueron de afecto y admiración hacia el trabajo que había logrado Mario Camus.

Marta Estelles, hoy una de nuestras brillantes profesoras en la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, con Mario Camus y el autor de esta bitácora a la salida del restaurante Cañadio de Santander el 5 de Junio de 2012

Desde aquel día se decidió que los espacios de producción audiovisual donde el alumnado hace las prácticas en la Universidad de Extremadura llevasen el nombre de “Aula Mario Camus”. No hace mucho retorné a Badajoz a impartir unas clases y me emocióno volver a ver las aulas que llevan su nombre, desde aquel momento tan memorable que vivimos.

El 19 de Mayo de 2003 Mario Camus fue el padrino de la primera promoción de estudiantes formados en la Facultad de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Extremadura, un retorno con los futuros creadores extremeños que tanto le admiraban por su obra maestra «Los Santos Inocentes»

Cuando volví a Santander primero a un cargo público y luego de retorno a la Universidad de Cantabria, de tanto en tanto me veía con Mario, que era un excelente conversador, comíamos en algunos de los más emblemáticos restaurantes de la ciudad y era un placer escucharle sus recuerdos sobre los rodajes y sobre los directores a los que conoció, como Luis Buñuel entre otros, y sobre los actores, porque trabajó con la mayoría, una gran parte ya fallecidos, pero que son la memoria inolvidable del cine español. Recuerdo sus sensaciones en torno a la complejidad de un rodaje como “La Colmena” en la que aparece hasta el autor, Camilo José Cela, que ejercía en el plató de provocador. Resultaba muy valiente por parte de Mario Camus atreverse con una obra tan compleja, tan coral e importante como es esta novela cumbre del realismo literario hispano de la posguerra. Ambos llevábamos amigos a unas comidas que eran verdaderas lecciones de la intrahistoria del cine español. En una a la que, por mi parte, invité a mi buena amiga María Calleja, profesora de la UC, Mario llevó a Jaume Peracaula, uno de sus operadores favoritos, y entre ambos nos contaron mil y una anécdotas desconocidas de rodajes y actores. Mario era historia viva del cine y gracias a la editorial Valnera tenemos una obra en la que emerge gran parte de ese conocimiento que tenía desde sus lejanos años en la Escuela de Cine, en la que se formó.

En una ocasión, Mario me pidió que le ayudara porque tenía que dar una conferencia en una universidad popular de Alemania sobre su obra fílmica y no le apetecía nada ir allí en aquellos momentos. Le habían ofrecido un viaje en avión, incluso un chofer de ida y vuelta, pero no tenía muchas ganas de desplazarse. Esto era en torno a 2014, y hablé con el grupo de tecnología que tenemos en la UC, en el CFONT, que dirige Ivan Sarmiento, y prepararon la sesión por videoconferencia que presentó para el público alemán el director del Aula de Cine de la UC, Guillermo Martínez Barcena. Posteriormente al visionado de “Los Santos Inocentes”, Mario respondió desde Santander a las preguntas de los asistentes alemanes al encuentro. Mario Camus tenía aversión a los aviones, una vez contó que iba a rodar en la selva de Venezuela y en la barra del bar del aeropuerto había un tipo completamente borracho que llamaba la atención… y era nada menos que el piloto de la avioneta que los tenía que llevar al escenario del rodaje…

No quiero extenderme más en los recuerdos. Ha sido una suerte haber conocido una persona de la envergadura moral y profesional de Mario Camus. A pesar de que se le reconozca por las películas que todos citarán, en mi opinión hay una que me parece extraordinaria y que responde muy bien a su visión humanista de la vida y a su preocupación intimista por la relojería sentimental, de saber mirar con afecto y detalle a los perdedores. Se trata de una obra suya que pasó desapercibida entre su extensa producción; me refiero a “La playa de los galgos”, aparecida en 2002 y de la que hablé mucho con él porque me impactó, aunque no tiene el renombre de las grandes películas que todos le reconocemos y que con tanta maestría supo llevar de los textos literarios a las pantallas cinematográficas.

Gracias, querido e inolvidable Mario Camus, por todo lo bueno que nos dejaste en tu paso por la vida, por tus películas, por tu amor a la literatura y por el cultivo de la amistad que tantos tuvimos la suerte de disfrutar. Hasta siempre, porque para siempre has quedado ya en la memoria fugaz y a la vez persistente del cine . Estoy seguro que el curso de la UIMP que tendrá lugar este verano en homenaje a su obra, permitirá poner en valor todo lo que significaste para la cultura española en un tiempo tan importante como el que nos tocó vivir y que tu supiste mostrar con tanta maestría.

Cuando la fotografía llego a España, un texto de Mario Camus de 2001 para descargar

Las nuevas prácticas culturales del espectador digital en el museo como «artefacto» patrimonial, un texto de 2021 y el transcurso de los días

Cuando contemplo las entradas de la bitácora me doy cuenta de que en cada uno de los temas sobre los que escribo, se «pliegan» otros acontecimientos que atañen al transcurso de los días. Reseño algunos de ellos aunque necesariamente me dejo otros. El más reciente ha sido, los días 19 y 20 de Mayo en la Universidad Carlos III de Madrid, el homenaje a la memoria y a la obra de Antonio Rodríguez de las Heras, de quien escribí una entrada con motivo de su fallecimiento en la primera ola del Covid19. Nos reunimos discipulos, amigos y alumnos, para honrar su memoria y toda su larga y fructifera tarea a lo largo de su vida. Estabamos allí gran parte de quienes tuvimos la fortuna de trabajar con él y de conocerle. Algunos que no pudieron estar presencialmente usaron la videoconferencia o dejaron grabados en video sus mensajes. Y aunque teníamos una cierto temor de que a todos nos venciera la tristeza, el acto, durante los dos días que transcurrió, fue todo lo contrario, una manifestación de orgullo por haber estado al lado de un imprescindible, de alguien que como él supo entender y transmitir de manera pionera el papel del mundo digital en nuestra cotidianeidad. Su hija Teresa, recordaba una maravillosa metáfora suya de la sutil interficie en la que transitamos entre lo virtual y lo real, que, en palabras de Antonio, era como la arena de la playa en la que tenemos los píes y poco a poco el agua los humedece. Ese transito entre dos formas de experiencia fue una de las muchas reflexiones del pionero de las Humanidades Digitales entre nosotros, el profesor, y sobre todo amigo, Antonio Rodríguez de las Heras.

Pilar Amador y Beatriz de las Heras en su intervención en el Homenaje a Antonio Rodríguez de las Heras en la sesión del 20 de Mayo de 2022 en la Universidad Carlos III de Madrid

Acabo de venir de la Universidad Autónoma de Barcelona de estar en un tribunal de tesis sobre la Agrupacion Fotográfica de Cataluña en sus años fundacionales (1923-1937), presentada por Victoria Bonet Carbonell. Se trata de un estupendo y documentado trabajo que nos dió muchas claves sobre el papel cultural de los aficionados a la fotografía en unos años en los que el medio se transformó y basculó entre prácticas esteticistas y en una nueva mirada a la realidad. A mi me iluminó una idea, que destaqué en el acto académico, y es que, de algun modo, los aficionados hicieron lo que hoy denominariamos el I+D (En aquellos años ese concepto no existía), con sus prácticas liberadas del corsé del trabajo comercial profesional. Victoria Bonet ha trabajado mucho para culminar su tesis y estoy convencido, como también los estuvieron mis compañeras de Tribunal, Nuria Rius y Marta Piñol, que esta tesis pone en valor a una asociación fotográfica que fue muy importante no solo en Cataluña sino a nivel internacional en unos años decisivos y que se había estudiado hasta la fecha de modo muy parcial.

Hoy es un día triste para todos los que amamos la Fotografía, porque ha fallecido Barbara Allende Gil de Biedma, más conocida por muchos por su nombre artistico de Ouka Leele, una gran fotógrafa que recogió la época trasnformadora que suspuso la denominada «movida madrileña». Barbara, a quien tuve el lujo de conocer, era una persona excelente, recuerdo algunos encuentros con ella en la que destacaba su elegancia personal y su gran humanidad. Es una gran perdida para todos nosotros su ausencia, aunque nos deja sus mágicas imágenes tan interesantes y sugerentes.

Para que todo no sean noticias tristes en este curso de los días que estoy escribiendo antes de pasar al texto que hoy presento: a finales de Marzo recibimos con mucha alegría la invitación de la Universidad Paris 8 donde tuvo lugar la ceremonia del nombramiento de Joan Foncuberta como Doctor Honoris Causa en un espacio académico donde pasaron autores de la categoría de Lyotard, Deleuze o Foucault. En la invitación se nombraba a Joan Foncuberta (del que tuve la suerte de ser jurado en 1998 en su premio Nacional de Fotografía), como una «Figura mayor de la Fotografía Europea». Es cierto que su obra ha trascendido la propia creación fotográfica para convertirse en un referente intelectual de la naturaleza de las imágenes y sus profundos cambios en la cultura actual. Su libro «La Furia de las Imágenes. Notas sobre las postfotografia», que, en 2011, fue el primer premio nacional de ensayo otorgada a una temática tan específica, una obra en la que destaca la lucidez y el peso intelectual de Joan Foncuberta en una larga y sólida trayectoria tanto en sus propuestas artísticas como en sus reflexiones que están en la primera linea mundial en un campo en el que no hay demasiados autores trabajando con la visión que Joan tiene sin ninguna duda. Por eso, su reconocimiento como Doctor en tan importante universidad europea es una alegre y excelente noticia no solo para él sino para todos los que estamos en este territorio tan esponjoso de las imágenes y de las ideas que sus realidades generan. ¡Enhorabuena amigo Joan Foncuberta por este tan merecido reconocimiento!

Una visitante en 2018 en el Museo Nacional de Oslo reproduciendo la tradición cultural del «Cuadro Viviente» ante el «El grito» de Edvard Munch (Fotografía: Bernardo Riego)

Y ya por último, me dedico a explicar el texto que hoy presento que es ante todo la excusa para hablar de una muy interesante revista científica «Santander, Estudios del Patrimonio» que a finales del pasado año publicó su numero 4 y en la que participé con un tema que me interesa mucho, y es la de estudiar las nuevas prácticas culturales que estan apareciendo con ese nuevo espectador digital que con sus dispositivos moviles, sus selfmedia, como los definió en su momento Patrice Flichy, está trasnformando los espacios del Museo, un «artefacto» que ha vivido varias etapas históricas que abordo en el texto y que ahora me permite estudiar y captar las impresiones y las imágenes de unos visitantes que en su mayoría ya no se dedican a contemplar las obras artísticas con la ritualidad del pasado, sino que se representan ante ellas para captarlas con sus propios dispositivos, en algunos casos, como ocurre frecuentemente ante la obra de Edvard Munch en el Museo Nacional de Oslo, resucitando, sin saberlo, las viejas prácticas de los «cuadros vivientes» o «tableaux vivants», que atravesaron tantos siglos de la cultura europea.

La revista «Estudios del Patrimonio» es muy ambiciosa en sus objetivos científicos y merece la pena de ser conocida y consultada, sobre todo por la variedad y extensión temática que aborda.

Portada de la Revista Científica «Santander Estudios del Patrimonio»

Mi texto (con las imágenes captadas en los museos de muchos lugares del mundo de modo bastante discreto) sobre los nuevos espectadores digitales forma parte de mi interés actual por una serie de de fenómenos que van desde la denominada «arqueología de los medios«, que me sirve para pensar en los cambios acaecidos en las prácticas sociales y culturales con el uso de las imágenes, pero también al mismo tiempo en una ineludible continuidad que ahora resulta dificil de ver en algunos ámbitos de la cultura digital pero que se puede reconocer poniendo la mirada larga de historiador y no la de cruce de la cotidianeidad. Otras cuestiones que he publicado en los últimos meses, van desde los imaginarios del turismo y la fotografía, (El Turismo en los nuevos imaginarios. Encuentro de Fotografía y Turismo de Castilla la Mancha), la primera socialización de la Fotografía Digital en España (Historias de la Fotografía del siglo XXI), y un texto en México sobre la Historia de la Noche (Historia de la Noche, imaginarios, representaciones y prácticas nocturnas en México, España y Portugal») en la que abordé el dificil encuentro con una tecnología que parece necesitar siempre de la luz como es la Fotografía.

Pulse sobre el texto para descargar el pdf publicado en «Santander, Estudios del Patrimonio»

En torno a la Inteligencia Artificial, los «fenómenos de borde» y la ineludible necesidad de conectar el futuro con el pasado tecnológico, a partir de un texto publicado en 2014

Tenía pendiente hace algún tiempo sentarme a escribir una nueva entrada en esta bitácora. La pandemia, desde que comenzó en marzo de 2020, nos ha llevado a situaciones bastante extrañas; hemos perdido las rutinas de los viajes y los encuentros personales, que antes eran tan habituales. Yo tenía no menos de cinco viajes profesionales programados  por España y por el extranjero que, de momento, no han podido ser,  aunque he participado estos meses pasados en actividades tan interesantes como el catálogo de la exposición «La Mirada Cautiva»  con la que se inauguró el KBr de la Fundación Mapfre en Barcelona, con una exhibición comisariada por Joan Boadas y David Iglesias a partir de la espléndida colección de daguerrotipos del Centre de Recerca i Difusió de la Imatge (CRDI) de Girona que fue dedicada a nuestro inolvidable Angel Fuentes. La sensación por no poder movernos es un tanto incómoda. Tengo también pendiente hacer algunas reflexiones sobre el «Estado de la cuestión» que se publicó en las decimosexta edición de las Jornadas Varés, porque además de coincidir con las preocupaciones que mostraba mi buen amigo Joan Boadas, creo que estamos en una encrucijada generacional respecto a la propia valoración cultural de la Fotografía, y de algún modo y de otra forma lo quiero abordar en estas páginas a las que hacía meses deseaba volver.

La semana del 12 de Julio asistí como alumno en la UIMP de Santander al curso dirigido por Manuel González Bedia, profesor de ingeniería informática de la Universidad de Zaragoza, bajo el título «Repensando los fundamentos de la Inteligencia Artificial». Fue una propuesta que me atrajo desde el principio porque se había diseñado de un modo muy transversal, invitando incluso a un filósofo de la categoría de Daniel Innerarity junto a tecnólogos que están trabajando en la primera línea de la IA y algunos expertos en ciencias sociales.  Siempre ha sido una constante en mis intereses investigadores, la de estar en sitios en los que parece que no tienen relación con lo que hago. (Cómo cuando estaba presente en algún encuentro sobre la estampa y el grabado que me permitieron entender mejor la fototografía del siglo XIX). Estaba con mi bagaje de historiador de las imágenes y sus tecnologías en una de esas magnificas aulas que tiene la Universidad Menéndez Pelayo en el Palacio de la Magdalena, junto a ingenieros, expertos en nanotecnología, psicólogos evolutivos, un filósofo de primera línea e investigadores en Inteligencia Artificial que están trabajando en diversas instituciones internacionales sobre el terreno en un campo de frontera que tanto va a cambiar nuestras vidas en los años venideros. No me encontraba extraño ni fuera de lugar, porque tengo la persistente sensación de que la nueva cultura tecnológica de base digital es tan “adanista”, que cree que todo lo que está ahora sucediendo no tiene antecedentes en nuestro pasado. Lo cierto es que la propia historia contradice esa percepción. Lo que se nos mostró por expertos españoles de muy primera línea experimentado con robots en estos momentos en varias instituciones internacionales, no elude el fondo cultural y conceptual de donde proceden estos posibles «sustitutos» de algunos trabajos y labores humanas en el futuro y que, con tanta maestría, estudió en su momento Barbara María Stafford en su Devices of Wonder. Aunque tengan poco que ver con los ingenios electrónicos que están en experimentación en esos momentos. El sustrato cultural del que parten ya estaba bosquejado en el siglo XVIII, en un tiempo que nadie podía imaginarse ni la electrónica ni la realidad que está ahora configurándose gracias a la digitalidad.

Ejemplos de «Manipulación Semántica de imágenes fotográficas» cambiando los vectores «neuronales» del sistema de creación de escenas producidas por Inteligencia Artificial Una investigación que vimos en el curso explicada por el profesor Antonio Torralba del MIT que puede consultarse en la dirección de Internet: https://ganpaint.io/

Entre los ponentes participantes, me sentí muy concernido por los trabajos de Antonio Torralba, un ingeniero eléctrico que está trabajando en el MIT y experimentando con la tactilidad de los robots  y el trabajo de los algoritmos que por medio de la potencia del sistema de tratamiento de Big Data con el  sistema de IA, Watson de IBM están creando imágenes automáticas a las que gracias a un programa que han creado denominado GanPaint Studio, (https://ganpaint.io/)  es posible alterar uno de los vectores «neuronales» del sistema y recrear nuevas escenas con una «lógica» verosímil y que obedece a una objetividad que me recordaba, con todas las distancias evidentes y necesarias, a los primeros experimentos con imágenes digitales en la década de los años 80 del pasado siglo. Un sistema como GanPaint si le añades un elemento nuevo por software, (por ejemplo, una ventana en lugar de una pared), es capaz de reconstruir la escena de nuevo, añadiendo brillos y reflejos coherentes con la nueva construcción que la máquina ha creado, pero si pones en el cielo, por ejemplo,  una puerta entreabierta, el sistema no lo tiene en cuenta y mantiene el cielo azulado. Aunque un humano, culturalmente, es capaz de entender esa metáfora en una imagen, una máquina y sus algoritmos, a día de hoy, no parece tener capacidad para fundir dos visiones así en una escena creada desde su propia «caja negra».

En 1982 David Wiemer un ingeniero de los laboratorios Bell y Turner Whitted artista, trabajando en el equipo lograron esta imágen digital de un tablero de ajedrez. En la presentación de la imagen se decía: «notese la claridad de la imagen y cómo las piezas de ajedrez se reflejan en la pulida superficie del tablero. Sin duda la verosimilitud realista de los experimentos del IA con el software GanPaint vienen de esta tradición de representación tecnológica

Escuchando la interesante y para mí, reveladora ponencia de Antonio Torralba, me acordé de un texto que había publicado en 2014 sobre lo que entonces y por primera vez, denominé «los fenómenos de borde». Es decir, como en los momentos de frontera tecnológica (Y la IA y lo que están haciendo en el MIT el equipo del que forma parte el profesor Torralba lo es sin ninguna duda) pervive en lo nuevo visiones y representaciones de lo anterior. Por ejemplo, (y aunque ese no es el campo en el que ellos están trabajando), en estos momentos, los smartphones no tienen profundidad para captar imágenes fotográficas porque la ligereza de los diseños impide reconstruir la escena como lo haría una cámara fotográfica analógica de base fotoquímica, pero el «truco» es que la escena se restituye por software de acuerdo a las pautas culturales que todos esperamos que tengan las imágenes fotográficas en estos momentos. Si en el futuro los hábitos sociales cambian respecto a la veracidad «fotográfica», esas cámaras a través de otro software que reconstruiría las escenas de modo diferente estarían en disposición de hacer otras construcciones visuales adaptadas a las nuevas pautas culturales. Mi duda al respecto de las imágenes creadas por dispositivos de IA, como lo que experimentan en GanPaint es si el punto de partida de la objetividad no está demasiado sujeto a las normas de realismo que se crearon en el diseño de imágenes digitales en el pasado, ya que las imágenes tienen muchas facetas que un humano pueden interpretar, entre ellas la superposición en la escena de partes incoherentes que sin embargo el humano que mira puede darle un sentido, mientras que, al menos de momento, un sistema automático parece que todavía no tiene esa capacidad. 

Captura de la pantalla del profesor Antonio Torralba en el cuso de la UIMP en Julio del 2021, publicada con su autorización. Puede verse una detallada explicación de la investigación en  http://senstextile.csail.mit.edu.
Investigaciones de Jules Etienne Marey sobre el esfuerzo de los cuerpos hacia 1885.

Otro de los campos en los que el grupo de investigación del que forma parte Antonio Torralba está trabajando en el MIT es en relación con unos de los sentidos aparentemente menos preeminentes frente a la visión y el sonido que son centrales en nuestra percepción en estos momentos. Las indagaciones sobre el tacto y su traslación a los robots me recordó otro momento histórico cuando Etienne Jules Marey, financiado por el ejército francés y alguna universidad de su país, trabajaba a finales del XIX  con la fotografía para estudiar el esfuerzo que hacían los soldados ante diversos ejercicios, para lograr una mayor eficiencia. Esos y otros estudios fueron aprovechados por el conductismo para implementar y mensurar luego la labor en cadenas de montaje y otras exigencias derivadas de la sociedad industrial. Y las técnicas de posproducción digital actuales en las que algunos actores están vestidos con trajes de chromakey que luego son sustituidos por figuras animadas, también tiene su base tecnológica lejana en los trabajos fotográficos de Marey con puntos luminosos que estudiaban en movimiento las escenas antes de que se produjese la invención del cinematógrafo.

Antonio Torralba nos mostró un trabajo muy interesante sobre estos dispositivos táctiles que estudian la acción humana en base a tejidos cableados que captan la presión de los cuerpos para luego trasladar esta experiencia a los robots. Se trata de una investigación apasionante y para contrastar las continuidades entre los trabajos históricos del XIX y estos de frontera con tejidos electrónicos, le pedí a Antonio Torralba permiso para publicar una de sus imágenes, amablemente me lo ha dado y todo el trabajo que están haciendo puede seguirse en la siguiente dirección de Internet: http://senstextile.csail.mit.edu/ que es de donde procede esta imagen de continuidad cultural entre el análisis del esfuerzo de los cuerpos que hacía Marey  hacia 1880 y las experiencias actuales con la tactilidad para implementar en los robots que hacen en el MIT el grupo de investigación del que forma parte el profesor Antonio Torralba. 

Mi texto de 2014 no habla de Inteligencia Artificial, sino de las persistencias en los modos de representación entre las nuevas y las anteriores tecnologías aunque su formulación e intenciones sean diferentes. En 2013 me invitó Beatriz de las Heras a un Seminario en la Universidad Carlos III del que incluyo también aquí sus pantallas y un año después escribí y publiqué el artículo en el que pongo de manifiesto una de mis constantes investigadoras actuales, y es que la tecnología digital con todo lo nueva y disruptiva que resulta, aunque no lo parece, tiene antecedentes, al menos culturales, evidentes en el pasado, cuando su formulación no estaba ni siquiera en la mente de las personas más lúcidas. Por decisión de la editorial no se publicaron imágenes en el texto impreso, pero yo en el pre-print que ofrezco aquí, he añadido algunas al apartado de los «fenómenos de borde», para que se entienda mejor lo que quiero argumentar.

Tenemos que seguir insistiendo en una visión de la cultura tecnológica que entienda y explique su engarce con el pasado, y que del mismo modo que quienes desde las ingenierías y otros campos experimentales están abriendo caminos muy nuevos para el futuro, quienes estamos trabajando en Humanidades y Ciencias Sociales, debemos acercarnos a toda esta realidad aportando también nuestra experiencia y conocimiento, con mucho respeto y atención a lo nuevo,  pero sin complejo ninguno, porque solo un conocimiento transversal puede ayudarnos a entender la realidad cada vez más y más compleja que constituye nuestro tiempo.

Un recuerdo perenne al maestro Antonio Rodríguez de las Heras, pionero en España de las Humanidades Digitales y un texto suyo de 1999

Antonio Rodríguez de las Heras, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Carlos III de Madrid y pionero en España en las Humanidades Digitales

La verdad es que este verano que está terminando presentaba, a comienzos de la primavera, muy buenas perspectivas. En el mes de Julio me habían invitado en la UIMP a participar en un curso titulado «Hacer Historia Contemporánea en tiempos de cultura digital» . Se trataba de abordar la necesidad de contar como trabajar con los nuevos medios electrónicos y digitales en los relatos historiográficos. Nos ibamos a encontrar en la sede de la UIMP en Santander a comienzos del mes de julio, colegas y buenos amigos que llevamos tiempo dedicando un parte de nuestras tareas a la insercion de nuevas fuentes y soportes históricos. Mario Díaz Barrado, Antonio Pantoja, Beatriz de las Heras y yo nos encontraríamos y participaríamos con nuestro maestro Antonio Rodríguez de las Heras. De hecho Antonio y yo compartiríamos un módulo titulado «La escritura digital: un reto para el historiador», dedicado a mostrar como hacer relatos históricos con medios digitales sin perder un ápice de rigor frente a la tradición escrita y textual. Algo que a mí me hacía una especial ilusión porque me reencontraba con una persona tan querida con la que tanto y tanto había aprendido. Disfrutaríamos todos nosotros de unos días en Santander y además, explicaríamos desde diferentes perspectivas a los jóvenes historiadores en formación, como es posible trabajar con fuentes y medios que están a nuestro alcance y que no podemos obviar más en nuestras disciplinas humanísticas. Recuerdo que en las primeras conversaciones preparatorias coincidíamos Antonio Rodríguez de las Heras y yo que del mismo modo que «Edison había ganado finalmente a Lumière» en el sentido de que las pantallas individuales eran ahora preeminentes frente a las proyecciones colectivas, quienes siguiendo su visión pionera propugnábamos desde hace tanto tiempo nuevos métodos electrónicos y fuentes audiovisuales, también habíamos finalmente convencido, sobre todo a las generaciones más recientes, que comprendían el uso de estos medios con más naturalidad y menos resistencias que los historiadores tradicionales.

Homenaje de la Universidad Carlos III a Antonio Rodriguez de las Heras en 2006, de izquierda a derecha: Mario Díaz Barrado, Juan Sánchez González, Antonio Rodríguez de las Heras, Bernardo Riego (autor de esta bitácora) y Alfonso Pinilla García

De repente, en el mes de Marzo todo comenzó a complicarse por el COVID 19, el curso pasó de presencial a virtual y en la preparación de los materiales conjuntos me fuí encargando a la espera de que Antonio se restableciera de una leve indisposición que tenía. Poco a poco se fue relevando la triste realidad y aunque todos nosotros estabamos convencidos de que todo iba a tener un final feliz, el 5 de Junio, Beatriz de las Heras me remitió uno de esos mensajes que aunque pensaba posible, nunca hubiera deseado recibir: Antonio, nuestro querido maestro y ante todo nuestro buen amigo, en lo mejor de su capacidad creativa e intelectual nos había dejado.

Conocí a Antonio Rodríguez de las Heras en 1995, en su Universidad Carlos III de Madrid donde dirigía un seminario sobre Historia y Fotografía junto con el profesor Carlos Serrano de la Sorbonne, un hispanista que entre su fructifera labor investigadora se había topado en los Archivos Nacionales de Francia con las imágenes de Robert Capa de la guerra civil española y había hecho un fino e inteligente análisis del significado de aquellas imágenes al margen de las corrientes especializadas que ya existían en Francia y en España sobre Historia de la Fotografía. Yo hablé en aquel encuentro de cómo se creó en el siglo XIX el sistema gráfico informativo, desde los dibujos en grabado en madera a las primeras fotografías «traducidas» a dibujo en prensa. Y desde aquel momento Antonio me hizo uno de los suyos, porque a diferencia de otras personas, él no creaba redes clientelares sino redes afectivas y de conocimiento. Antonio Rodríguez de las Heras ante todo parecía y se sentía humilde por su enorme sabiduría que tenía y por su gran elegancia personal. A partir de aquellos encuentros fuí conociendo y sintiendo la amistad de sus primeros discípulos surgidos años atrás, cuando fue profesor en la Universidad de

En el año 2009 con Pilar Amador en la lección jubilar de su discípula y estrecha colaboradora en la creación de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la Universidad Carlos III.

Extremadura. Mario Díaz Barrado o Pilar Amador, que fue su mano derecha en el reto encargado por el Rector Gregorio Peces Barba de poner en marcha con tanto éxito en el Campus de Getafe, la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación. A veces me he imaginado a Mario, a Pilar y a Juan Sánchez González, otro de sus discípulos primigenios, cargando en sus coches sus Macintosh en los años ochenta y presentándose en los congresos de manera tan novedosa con unos medios que prometían tanto y que solo la visión de Antonio y el entusiasmo de sus discípulos eran capaces de transmitir a un colectivo que entendía mayoritariamente que el texto escrito era la única fuente de conocimiento posible. Yo me incorporé, como digo, más tarde, y desde que los conocí gozo de la amistad y el aprecio de todos ellos y entre mis mejores recuerdos académicos se encuentran los cursos que compartí con Antonio en diversas universidades, lo estimulante que era escucharle y lo grata que era siempre su compañía. Con Pilar Amador he colaborado mucho cuando dirigía los cursos de Cine e Historia en la Carlos III y con Mario Díaz Barrado desde su cátedra en Extremadura especializada en Historia del Tiempo Presente, me une también un fuerte afecto y amistad al que se ha sumado en los últimos tiempos el de la más reciente discípula de Antonio, Beatriz de las Heras, una joven y prometedora profesora e investigadora que ya ha hecho valiosas aportaciones sobre imágenes e historia, al igual que Antonio Pantoja y sus preocupaciones por el cine como fuente histórica, con el que coincidí en la Universidad de Extremadura. Todos nosotros formamos un grupo que compartimos conocimiento, nos encontramos de tanto en tanto y que, con la inesperada desaparición de Antonio Rodríguez de las Heras, nos hemos quedado muy desarbolados, porque ninguno nos imaginábamos este desenlace tan injusto.

Con su más reciente discípula, Beatriz de las Heras, profesora de la Universidad Carlos III

Hace muchos años y en otro contexto histórico y otra situación política diferente (y más terrible) que la actual, y sin duda con otro sentido, Bertolt Brecht habló de los imprescindibles, de esas personas que luchan todo una vida por algo que les parece necesario. Antonio Rodríguez de las Heras fue una de ellas, fue un visionario de las Humanidades Digitales que perseveró con elegancia y sabiduría, con el convencimiento de que los cambios se iban a producir sí o sí, y no se equivocaba en su predicción. Además de su importante obra científica nos dejó una tarea divulgadora muy importante en el Suplemento «Retina» del diario «El País» que tras su fallecimiento le dedicó un emotivo homenaje en las páginas del rotativo. El autor de esta modesta bitácora también quiere sumarse a un homenaje desde la tristeza, pero sobre todo desde la fortuna de haber compartido la amistad y haber tenido la oportunidad de aprender tanto con una persona tan excelente en todo como lo fue Antonio Rodríguez de las Heras y ofrezco para su descarga el material que habíamos preparado para el curso de la UIMP con un esplendido texto suyo de 1999 sobre el libro digital, al que he añadido una de las pantallas que yo uso en mis clases para explicar esta visión tan pionera y precisa de la materia intangible que supone la información digital.

Gracias, querido maestro Antonio por todo lo bueno que nos aportaste. Por tu amistad, por tu sencillez y por tu enorme sabiduría. Abriste los nuevos caminos de las Humanidades Digitales en España, una senda que ya no tiene marcha atrás y en la que dejaste muchas y valiosas reflexiones y experiencias. Nunca te olvidaremos, aunque nos resulta todavía muy dificil asumir el vacío que nos ha dejado tu injusto fallecimiento.

Usando la fotografía como un juego. Un texto de 1996

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Cartela de la vitrina dedicada a la fotografía educativa en la exposición «Recuperando Utopías» de la que se habla en este texto

Estamos acabando el confinamiento en España, lo que se conoce como la «desescalada». Vivimos un tiempo extraño, que en mi caso lo he percibido como muy productivo; he aprendido cosas  nuevas como preparar clases grabadas en videconferencia. Tuve un proyecto en 2002 en la Universidad de Extremadura con mi buen amigo y colega  Ramón Esparza de la Universidad del País Vasco, ambos hicimos una asignatura troncal compartida de cuarto curso de la licenciatura de Comunicación Audiovisual, pero en aquellos años no podíamos usar la web para ese proyecto porque si usabamos Internet, nos «comíamos» la mitad de la banda ancha disponible en ambas Facultades, así que nos instalaron unas cámaras Polycom con tres líneas RDSI (Alta tecnología entonces, hoy obsoleta y arqueológica) y con ellas salimos airosos. Desde entonces no había vuelto a las clases por videoconferencia y estas semanas he experimentado un monton de posibilidades, para algunas asignaturas en las que no puedo, de momento, entrar en el aula presencial.

Está siendo un tiempo extraño, sales a la calle con guantes y mascarillas y en el paisaje urbano te encuentras como en una película de ciencia ficción, apenas hay gente en la calle, circulan muy pocos coches, como ocurría en los años sesenta, y cruzas una mirada extraña con las personas que te vas encontrando. Lentamente hemos ido recuperando una cierta normalidad, pero todavía falta un poco y al principio todo era muy desconocido para todos y había mucha desconfianza.

En este tiempo tan nuevo me ha ocurrido una cosa inédita en mi trayectoria profesional; en una revisión ciega por pares de un artículo sobre el nuevo espectador digital en los museos, que envié a una revista que dirige una persona a la que admiro mucho, los dos «expertos» que tenían que evaluarla la han rechazado. La cosa en si no tiene excesiva importancia, en estos momentos tengo cinco artículos revisados por pares y aceptados esperando publicación, y lo que me ha pasado a mí les ocurre a muchos colegas todos los días, pero lo cuento porque esta «novedad» me permite hacer una serie de reflexiones sobre algo que estamos haciendo bastante mal en España sobre la elaboración del conocimiento, y lo escribo desde la experiencia de alguien al que le toca evaluar trabajos ciegos de otros autores y siempre intento ser empático y proactivo con el trabajo de los demás.

 

Preparando Recuperando Utopías

Preparando en 2012 la vitrina de prácticas fotográficas en la exposición «Recueprando Utopías» A la Izquierda puede verse el tubo de cartón que usabamos como cámara fotográfica y las imágenes que hacía, junto a otros elementos para prácticas educativas con las imágenes

Peter Burke tiene una esplendida obra sobre la «Historia Social del Conocimiento» publicada en el año 2000, en dos volúmenes, que nos muestra como la compleja construcción de esos valores ha ido mutando con el paso del tiempo, y desde la perspectiva actual, que otros evaluen tu trabajo y decidan su publicación o no, a priori es interesante, porque se supone que las recomendaciones que te aportan, siempre deben  enriquecer el trabajo científico, el problema es cuando los «expertos» en sus informes demuestran que no han entendido nada, que no conocen a los autores (de primera línea internacional), que citas como fuentes de autoridad y que desde la perspectiva del conocimiento científico, no tienes la posibilidad de responder con alegaciones a unos planteamientos que denotan ante todo su manifiesta ignorancia. Como digo, la cosa no es grave porque hay otras publicaciones a donde te puedes dirigir y seguro que otros evaluadores entenderán tu trabajo. Pero es una sensación de que finalmente estás en manos, en ocasiones, de «expertos» que no lo son tanto, y dentro un sistema vertical que no permite poder explicar tu trabajo (aunque tal vez en casos como éste no merezca la pena), donde en algunas publicaciones tienes de algún modo que «pagar» (aunque no se llame de ese modo),  para poder publicar para que luego las puedas reseñar para que te valoren en tus acreditaciones universitarias (algo a lo que yo y muchos colegas que conozco nos negamos por la perversión que supone esta práctica instituida que atenta contra la libre difusión del conocimiento científico),  y en un entorno en el que hay agencias facturando alrededor de veinte mil millones de dolares al año con este tema de las evaluaciones y muchos jóvenes que comienzan la dura y larga carrera universitaria tienen que trabajar en temas que nos les interesan pero que garantizan que «pasarán» las acreditaciones necesarias de las agencias de evaluación, y de todo este entramado se aprovechan algunas empresas que, para colmo, intentan que pagues para que te digan quien ha citado tus trabajos y poderlo aportar en tus futuras acreditaciones. En suma, un círculo vicioso en el que ya muchos universitarios no trabajan por interés sino por necesidad de obtener en su momento una acreditación, unas empresas que se están beneficiando de modo descarado del fundamentalismo de un sistema, que en casos como el español en ciencias sociales y humanidades, tiene muchas deficiencias y genera en algunos autores una gran incertidumbre y es muy poco estimulante. Un desastre para los que nos sentimos orgullosos de «ser y pertenecer al Sur», como diría Mercedes Sosa, pero en alguna ocasión, como me acaba de ocurrir a mi, nos encontramos ante las estrecheces de un modelo que no beneficia al desarrollo del conocimiento ni mucho menos, porque del modo que se hace (y ahí entra el factor humano), no cumple los objetivos para los que se diseñó.

Hoy he querido poner un texto de 1996 que no habla de Historia de las Imágenes sino que formaba parte de una de mis actividades universitarias en el campo de la Educación y era el de usar la elaboración de imágenes fotográficas como un juego para aprender a pensar sobre el valor  cultural y educativo de las imágenes. Diseñé muchas de estas técnicas en la década de los años noventa e impartí muchos talleres para futuros educadores, y en 2012, realicé, junto a mi buena amiga Marta Estellés, una joven y brillante profesora de la Universidad de Cantabria, una exposición titulada «Recuperando Utopías» en las que mostramos en vitrinas las técnicas en tecnología educativa entre ellas las fotográficas en las que hacíamos fotos con un tubo de cartón y muchas cosas más y nos lanzamos a las primeras experiencias de fotografía digital. Encontré el texto y me pareció que era una curiosidad que merecía la pena rescatarlo, aunque ahora la imagen fotoquímica, como le ocurrió a la estampa en su momento, se ha quedado en un uso cada vez más y más minoritario. Se trata más de reseñar técnicas del pasado que otra cosa pero me ha servido como fondo para la reflexión sobre lo que está ocurriendo con nuestro sistema de conocimiento que bascula cada vez más hacia la burocracía en lugar de fomentar la creatividad. Libertad y creatividad, han sido la base del desarrollo de la difusión del saber y sus técnicas en la historia de nuestra cultura y no deberíamos dejarlas de tener en cuenta.

Juegos Fotográficos

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Un artículo de divulgación de ahora mismo en relación con los virus y las bacterias, un texto de 2020

Tenía previsto publicar en esta bitácora, que tantos seguidores tiene, otro de mis artículos cuando, de pronto, nos encontramos todos confinados en nuestras casas pero muy activos. Me paso el día entre videoconferencias, tutorías virtuales, escribiendo artículos que tenía comprometidos y haciendo algo de ejercicio en una bicicleta estática que estuvimos a punto de vender por falta de uso y que ahora que no podemos salir a la calle, toda mi familia utiliza cada día.Diapositiva1

El artículo sobre la obra de H.G. Wells tal y como ha sido editado en el suplemento Cultural «Sotileza» de «El Diario Montañés» que dirige Guillermo Balbona

Raramente pongo textos recientemente publicados, pero hoy voy a hacer una excepción y hablaros al mismo tiempo de un Suplemento Cultural que me encanta, se trata de «Sotileza» que edita un periódico local de mi ciudad Santander (la Santander de España, no la colombiana, de donde procede mi buena amiga Zenaida Osorio, profesora de la Universidad de Colombía, con la que espero estar antes de que acabe el año). Pues bien, de tanto en tanto colaboró en el suplemento cultural «Sotileza», que dirige una persona con la que me une una enorme amistad y admiro mucho, se trata de Guillermo Balbona, jefe de cultura de «El Diario Montañés» al que conozco desde que era director de exposiciones de la UC y llevaba el Aula de Fotografía y de la Imagen. Es un periodista que da mucho valor e importancia a la Cultura, que cree, como creo yo también, que la Cultura es un factor de modernización y cohesión social. Además, el suplemento, que aparece cada viernes, tiene una puesta en página extraordinaria, se trabaja muy bien con Guillermo, y yo, que publico mucho en revistas científicas, con revisión por pares y también me toca evaluar textos ciegos de otros autores, creo que los profesores universitarios tenemos una obligación con la sociedad que mantiene nuestro trabajo con sus impuestos y que la divulgación es una buena tarea. Los anglosajones tienen esta cuestión más clara que nosotros, pero pienso que se pueden hacer artículos de difusión con rigor, y en mi caso apoyados con imágenes que dan una perspectiva a los temas mucho más completa, sin que eso sea un demérito, afortunadamente hay muchos colegas, especialistas en muy diversos campos que piensan como yo y la prensa diaria está llena de colaboraciones de profesores universitarios.

Ocurrió en Surrey

Una estremecedora visión de la destrucción de Inglaterra por parte de las naves marcianas. El imaginario de Henrique Alvim Corrêa ha sido la base de las innumerables versiones cinematográficas posteriores.

Envié el otro día un mensaje a Guillermo Balbona y le ofrecí un contrapunto de lo que estamos viviendo ahora. Me acorde de H.G. Wells y «La guerra de los mundos» de 1898, una ficción en la que los virus no atacaron a la humanidad sino que la salvaron de un ataque extraterrestre. Me acordé de las maravillosas ilustraciones que hizo en 1906 el ilustrador brasileño Henrique Alvim Corrêa y de algunas imágenes de virus y bacterías que yo tenía en mi archivo del siglo XIX y de todo este cóctel salió el artículo que fue publicado el 27 de marzo de 2020 en «Sotileza» y que, como de costumbre, ofrezco hoy en Preprint para mis seguidores de la bitácora, a la vez que he añadido dos artículos más de los varios que tengo publicados: uno sobre el comportamiento del nuevo espectador digital en los Museos, del que está ahora a la espera de aparecer en una revista científica un artículo académico que a finales de este año será publicado y que está ahora en evaluación externa, y otro de un libro sobre postales que publicó a finales de 2019, mi buen amigo Gabriel González Riancho y como de costumbre, el equipo de Guillermo Balbona hizo una puesta en página espectácular, así podeis comprobar la excelente maquetación de «Sotileza», porque no he podido todavía escanear el artículo sobre «La guerra de los mundos», ya que tenemos todo cerrado, salvo las tiendas de alimentación.

Espero que encontreis el texto interesante, a mi H.G. Wells, me interesa mucho, fue un autor que estuvo en primera línea reflexionado desde la literatura sobre innovaciones en los comienzos de la Sociedad de las Masas. Ahora estoy releyendo a ratos el libro «Una historia de los tiempos venideros» una distopía que transcurre en el año 3000, y viendo de nuevo una película de la que fue guionista en 1936, «La vida futura«, en un tiempo de inquietud por la ascensión de los nazis en Alemania, tres años antes del desastre que dejaría en ruinas al continente. También Wells tuvo su papel en la fotografía espiritista, creyéndose alguna superchería, pero esa es una historia sobre la que yo no he escrito pero demuestra, que hasta las mentes privilegiadas como la de H.G. Wells, pueden cometer errores de apreciación.

Cuidaros mucho, saldremos de todo esto, más pronto que tarde. Disfrutad todo lo que podáis y que como muy bien decía Sabina, que el fin del mundo (si llega, que no llegará, con toda seguridad como muy bien nos explica Matt Ridley en «El optimista racional») nos pille bailando

Cuando los Virus Salvaron a la Humanidad

Museos, descubriendo por casualidad al espectador digital 

TRANSITO POSTAL Vida de Una Ciudad

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«Fotografía digital para fotógrafos», un texto (sin publicar) del año 2000

MAVICA blog

Un artículo publicado por mí en enero de 1982, cuando Kodak respondió al anuncio de SONY de sacar la primera cámara que ya no captaba imágenes fotoquímicas sino videográficas que podían verse en un televisor, como así se comercializarían poco después antes de las digitales

Buscando textos para seguir adelante con ésta bitácora, me doy cuenta de que he sido un autor bastante afortunado porque, prácticamente todo lo que he escrito, ha salido publicado. En estos momentos tengo cuatro textos ya entregados y a la espera de que aparezcan editados en breve y para este año me he comprometido con tres trabajos que iré escribiendo en los meses venideros. De ellos, hay uno, encargado por la Universidad de Málaga, que me hace una especial ilusión porque voy a escribir sobre la socialización de la Fotografía digital en España, algo que me tocó conocer y participar desde los comienzos  porque, en 1993, en la Universidad de Cantabria, en el Aula de la Fotografía y de la Imagen, que dirigía por aquel entonces, comenzamos a impartir los primeros cursos de «Fotografía Digital» y me acuerdo que las imágenes para las prácticas las entregábamos en uno de aquellos  disquetes de 3 1/4 con una capacidad de 1,4 megabytes. Lentamente fuímos contando con grabadoras de cedés, escáneres planos y de diapositivas (los Nikon, que eran los de más alta gama de la época) y algo que despertaba la envidia sana de otros departamentos de mi universidad, las dos tarjetas de captura de video con las que contábamos, que eran capaces de convertir secuencias desde una cinta Vhs a los primeros formatos Avi y Mpg 1. Todo esto es hoy arqueología, como, de algún modo, lo es el libro que ofrezco a los numerosos seguidores de ésta bitácora, con el que me atreví en un momento en el que no había nada prácticamente publicado en español, pero por una serie de peripecias mi proyecto no acabo publicado y se quedo obsoleto por la aceleración tecnológica a la que estuvo (y está sometida) todo aquello que toca la digitalidad.

metafora2En aquellos años ya veíamos conceptos nuevos como «las metáforas digitales» o como se emulaban en el ordenador visiones que evocaban una caja de luz repleta de diapositivas tal y como funcionaba la fotografía fotoquímica y que todos conocíamos muy bien entonces.

En  mi doble faceta de historiador de las imágenes y de persona que venía del mundo profesional de la Fotografía desde la década de los años setenta, la irrupción de las nuevas estructuras de las imágenes que se venían anunciando desde 1981, con el anuncio de SONY de la cámara MAVICA, fue algo que no me dejó indiferente. Acabo de rescatar un artículo que escribí en 1982 sobre los nuevos atisbos de la fotografía electrónica, que consistía en que las imágenes podían verse ya no solo en papel o en diapositiva proyectada, sino también en una pantalla de televisión como un producto videográfico, y con una tarjeta gráfica digital pasarse a unos ordenadores que hasta muy avanzados los años noventa tenían muchas dificultades para renderizar imágenes de alta resolución en ordenadores PC y MAC, una tarea que hacían muy lentamente, porque entre otras cosas que aprendimos sobre la marcha, aunque contases con mucha memoria RAM en tu ordenador, no servía de casi nada, ya que los sistemas operativos de aquella época no aprovechaban (direccionaban se decía entonces si querías parecer importante y enterado en las nuevas habilidades de imagen digital) esa capacidad de apoyo al procesador. Así que había mucho de tiempo de espera y suerte, y no digamos con las grabaciones de las imágenes en los cedes con aquel infernal formato llamado High Sierra. Los discos de 100 megabytes eran alta tecnología y nosotros contábamos en el Aula de la Universidad de Cantabria con dos lectores de cinta de un Gigabyte que eran entonces altísma tecnología para el almacenamiento de imágenes, sin pensar que ahora llevo en el monedero un humilde pendrive de 256 Gigabytes de capacidad y que cuento con una Synology de 40 Terabytes donde tengo todos mis archivos y que puede crecer 100 Terabytes más si en algún momento lo necesito.

Había escrito en aquellos años sobre algunas características culturales de las imágenes digitales, lo que denominé el imaginario fotográfico, al que comparé en uno de mis textos en 1998, publicado en el laboratorio de las Jornadas Antoni Varés de Girona, con la transición de la imagen informativa dibujada al fotograbado en la sociedad de las masas y en otro en la Fundación BBVA a la socialización que suponía la nueva imagen digital que se estaba difundiendo sobre todo por la publicidad en aquellos años. Estos textos están ya en la bitácora y a ellos remito a quienes estén interesados. Solo me faltaba abordar una publicación técnica sobre fotografía digital, eran unos años que estaba muy al tanto de lo que se publicaba a nivel internacional, sobre todo en los Estados Unidos, y de ese deseo de hacer un libro útil para aquellos fotógrafos que desde la tradición fotoquímica quisieran comenzar a probar la nueva tecnología fotográfica digital, escribí un libro que prácticamente dejé concluido y me puse a buscar un editor, aunque era un tiempo en el que la fotografía digital se veía como muy lejana porque existía un parque de laboratorios fotoquímicos y una industria potentísima que parecía inmune a los cambios que vinieron de inmediato.

sistema fotografico digital

Aunque hoy todo se ha simplificado mucho, en aquellos años era un poco complicado entender lo que significaba la imagen digital frente a la tradición de la fotografía de base fotoquímica y las posibles tecnologías que podían intervenir en una imagen que siempre tenía que pasar por un ordenador en aquel momento. Este gráfico intentaba explicarlo un poco a los interesados

Como en aquellos años yo hacía también mis primeros trabajos con herramientas de autor con una maravillosa aplicación que se llamaba Iluminatus y hoy ha evolucionado a OPUS PRO, me propuse hacer un cederom para el libro con ejemplos, demos de programas y demás utilidades, y ahí es donde se produjo el encontronazo con una editorial a la que envié el proyecto y que estaba interesada y de cuyo nombre no quiero acordarme, porque mandaron a evaluar el disco a una persona «experta» de Sevilla, de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, y me envío sus opiniones en un correo ofensivo y maleducado sobre mi trabajo, opiniones que me parecieron poco profesionales y a las que le respondí adecuadamente. Eran años en los que estábamos todos empezando, y yo, que siempre cuido mucho las formas con las personas con las que me relaciono e intento tratar a todo el mundo con mucho respeto, me molestó tanto aquella soberbía y chulería, que retiré el libro de la editorial que estaba interesada en publicar el proyecto, y como estaba en mil frentes en aquel momento, el libro guardo reposo y en muy pocos años se quedó obsoleto, por lo que ahora es más una curiosidad que otra cosa.

Creo que nos ha tocado vivir una época tan acelerada y disruptiva que algunas de las cosas que hicimos y no culminamos quedan en nuestro «haber» de todos modos. Algo así ocurrió con este libro que hoy ofrezco a la curiosidad de los seguidores de esta bitácora, cuando la imagen digital, la postfotografía o la fotografía digital, tres de los nombres que ahora tiene, es objeto de interesantísimos debates y de muchas expectativas por los cambios que ha producido en los usos culturales de unas imágenes a las que seguimos llamando, a pesar de todo «fotografías».

Fotografía Digital para Fotógrafos (2000)

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Los limites de la información gráfica en el siglo XIX, un texto de 1996

Comienzo el año con uno de esos textos que yo denomino “laterales”. Siempre tengo algunos temas en reserva por si alguien me invita a publicar, y sin forzar lo que estoy haciendo en ese momento, poder contribuir con alguna idea que conecte con la actualidad aunque sea con alguna cuestión histórica, y hoy he rescatado un texto de 1996 que reflejaba una de mis preocupaciones entonces que estaba investigando  el primer sistema informativo liberal que había configurado la primeras reglas de la información gráfica sobre el grabado durante la primera mitad del siglo XIX. Me quedaban aun dos años para defender mi tesis doctoral en la que explicaría como la Fotografía y la Estampa convivieron en sus funciones informativas durante unas décadas en las que a la Fotografía se la asignaba el máximo valor de veracidad o de “verdad matemática·” como se decía entonces, pero al no poderse imprimir todavía imágenes en la prensa con el aspecto tonal y los matices de las fotografías en blanco y negro, los editores optaron por traducirlas a las reglas y convenciones del grabado dibujado. En 1996, en la comunidad donde vivo, Cantabria, se habían producido cambios en el gobierno regional, y el nuevo consejero de cultura, Javier López Marcano, una persona por la que siento un gran afecto, quería revitalizar las actividades de su departamento que habían languidecido en la oscura época de un personaje, Juan Hormaechea, que era noticia constante en la prensa nacional por sus excentricidades, pero que desaprovechó los mejores años en los que la Unión Europea se estaba volcando con el desarrollo de las regiones españolas. Tuve la oportunidad de conocer todo aquello de primera mano, a partir de 2003, cuando por esas casualidades de la vida, ocupé un cargo público en la que entre otras competencias llevé temas de innovación tecnológica y me tocó ir en bastantes ocasiones a Bruselas y a Madrid a negociar y era penoso descubrir el tiempo que habíamos perdido como región en aquellos años que fueron tan decisivos en la modernización material de España. Pero volvamos a 1996. Entre las cosas que se querían hacer en Cantabria era dar mayor visibilidad a los autores que trabajaban en la región y propusieron la creación de una revista cultural “Componente Norte” que iba a ser el escaparate de ese nuevo impulso que se pretendía. La verdad es que yo, para aquellos años, gran parte de mi trabajo y producción lo hacía fuera de Cantabria, aunque siempre he atendido a las invitaciones que se me hacen aquí. Es una obligación ética que tengo con el lugar donde nací y donde trabajo y donde habito. En estos momentos sigo colaborando de tanto en tanto en las páginas culturales de la prensa local y  también imparto alguna conferencia con mucho gusto cuando alguien se acuerda de mi en Cantabria, aunque reconozco que mi trabajo es, desde hace varias décadas, más global que local, pero siempre he envidiado a la cultura anglosajona que sabe hacer aportaciones rigurosas y de alto nivel y al mismo tiempo contribuir en tareas de divulgación sin que parezca un demérito profesional, algo en lo que aquí a veces quienes estamos en la Universidad, solemos tener una idea equivocada porque un nivel no resta nada al otro por muy divulgativo y simplificador que parezca.

Cabecera del "Panorma Español" 1842
Primera página de la publicación propagandística publicada en 1842 con datos. imágenes y detalles de la primera guerra civil carlista entre 1833 y 1840, de las tres que sufrieron los españoles en el siglo XIX.

Cuando me invitaron a participar en el numero primero de la revista, me acordé de uno de esos temas “laterales” que siempre tengo en reserva. Recordaba que José María Jover, el iniciador de la nueva historia contemporánea española, escribió en la decada de los años setenta que alguien, en algún momento, tenía que estudiar la tradición de la violencia política en la España liberal. Ese alguien, evidentemente no era yo, pero por mis investigaciones me interesaba mucho un aspecto del siglo XIX en su tratamiento de la información gráfica, todavía muy embrionaria, que eludía de modo generalizado mostrar imágenes violentas, pero cuando lo hacía, eran muy directas y estaban cargadas de una fuerte propaganda. Era el caso de una publicación que se hizo en 1842 para narrar desde el bando liberal la primera guerra carlista, que mostraba aspectos concretos de esa violencia en imágenes, lo que no era nada habitual en aquellos momentos, por lo que deseaba poner en valor esos tratamientos gráficos con cuestiones de la actualidad de entonces. Es cierto que muchos años después ha sido Paul Preston el que de una manera magistral respondió a esa necesidad manifestada por el historiador José María Jover, con su magistral “El Holocausto Español” , como ahora lo ha vuelto a hacer con “Un Pueblo traicionado” una esplendida obra histórica que aborda otra de las sombras que tenemos como sociedad con el tema estructural de la corrupción. Mi artículo era muchísimo más modesto en sus intenciones y se quedaba sobre todo en el plano de la representación informativa, y hoy le ofrezco en esta bitácora más como una curiosidad que otra cosa. Aunque la imagen que abre el artículo, procedente de “Panorama Español”, (Un título que remite directamente a la idea de espectáculo óptico), me ha hecho recordar que es una publicación muy interesante por muchos aspectos que cuenta y, sobre todo, muestra en sus abundantes grabados. Por ejemplo, en ella viene una imagen nocturna de los miguelistas portugueses, defensores del

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Las telecomunicaciones intemporales, señales con haces de pajas encendidas como usaban los romanos, por los miguelistas portugueses para avisar al prentendiente Carlos de la entrada de tropas liberales en la primera guerra carlista.

absolutismo como los carlistas y colaboradores, que muestra como se comunicaban a distancia en aquellos momentos, con antorchas de paja iluminadas igual que lo hacían los romanos dos milenios antes. Aunque los años de esa desgraciada guerra civil, muy violenta, fueron también los años en los que la telégrafía óptica en su versión portátil comenzó a utilizarse en España para fines militares y lo hicieron ambos bandos. He tenido oportunidad de estudiar libros de claves de transmisiones en el archivo del Palacio Real de Madrid para un libro sobre telefonía que publiqué con Luis Carandel en 1992. 42_liberia_joseNo quiero dejar pasar esta ocasión para celebrar un excelente libro que me ha enviado Irene Liberia Vayá, autora de una biografía de uno de los sociólogos más importantes que ha tenido este país, José Vidal-Beneyto, un personaje polifacético, poliédrico -como muy bien expresa la autora- brillante, sobre todo muy brillante, que abrió caminos inéditos en la sociología española y que con la investigación de Irene Liberia nos aproxima más a una de esas figuras que tanto contribuyó a la modernización de un país que salía de las sombras del franquismo. Se trata de un libro muy interesante que quería reseñar porque habla de la preocupación por mantener la memoria de personas como Vidal-Beneyto que fueron decisivos en el esfuerzo generacional de hacer nuestro mundo más habitable y mejorar la convivencia con la inteligencia y el conocimiento universitario tan fecundo como lo fue el suyo, un profesor que tantos y tan buenos discípulos ha dejado en la sociología española. Aprovecho para felicitar el año nuevo a tantos seguidores que tiene esta bitácora, que no es otra cosa que una modesta contribución para poder entender las imágenes como signos y huellas de nuestro complejo tiempo desde la memoria y la escritura personal (en texto e imagenes).

La inisnuación del realismo un texto de «Componente Norte» en 1996

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«Projectem el passat» Un encuentro necesario en la Filmoteca de Cataluña para entender la importancia cultural del cinematógrafo y un texto exploratorio de 2001

Los que nos dedicamos al estudio de la historia tenemos tendencia a escribir que tal o cual suceso o fenómeno, en ocasiones un texto concreto, constituyen momentos «seminales» porque plantan la semilla o son el primer atisbo, de algo que se va a desarrollar con fuerza en el futuro y en ese sentido las intensas jornadas que hemos vivido en la Sala Laya de la Filmoteca de Cataluña los días 28 y 29 de Octubre de 2019, tienen algo que las engloban en esa categoría, pero presentan muchos más matices que me gustaría poner en reflexión en esta entrada que hago hoy en la bitácora, a sabiendas de que yo no me percibo como un historiador especializado en cine, sino alguien que estudia las imágenes como un fenómeno cultural muy determinante para explicar la realidad y los imaginarios que configura. Un historiador de las imágenes que, un buen día, me encontré fascinado con el cinematógrafo y con un grupo de especialistas que estudian este medio surgido a finales de un siglo y que se desarrolló en toda su plenitud en el siguiente. Me uní a ellos, aprendí mucho de sus trabajos y hoy tengo la satisfacción de que lo que hemos vivido en la Filmoteca de Cataluña hace unos días abre un después en la valoración cultural del cinematógrafo en sociedades como la española que se enfrentaron al nuevo siglo con tantas incertidumbres.

2 cine españa 1896
Una de las primeras imágenes españolas publicadas en «La Ilustración Española y Americana», el 22 de Julio de 1896, explicando lo que es era el cine en un artículo firmado por José Rodríguez Mourelo. El proyector representado parece todavía una linterna mágica, pero la proyección muestra una escena de «El regador regado» de los Hermanos Lumière,  una transposición al nuevo medio de una placa de linterna mágica y previamente de unas viñetas muy populares desde 1880.

Vayamos por partes. Entre las actividades que la Filmoteca de Cataluña organizó para celebrar el Día Internacional del Patrimonio Audiovisual había dos sesiones que bajo el titulo «projectem el passat/proyectamos el pasado», especialistas en restauración y conservación de diferentes filmotecas nacionales e historiadores del primer periodo se dieron cita para contemplar más de 170 filmes en dos días, poner en común conocimientos desde diversas perspectivas, ayudar a identificar algunos fragmentos salvados que estaban hasta ahora perdidos y comentar cuestiones sobre algunas de las piezas que podían estar incorrectamente identificadas. En la Sala se encontraban restauradores y conservadores de varias filmotecas y especialistas en historia del cine de primera línea que en ese cruce necesario de saberes y experiencias ponían en común aspectos concretos. Previamente, Rosa Cardona, conservadora y Iolanda Ribas, restauradora, ambas de la Filmoteca de Cataluña, habían elaborado unas exhaustivas y valiosas fichas de los materiales, que nos hizo llegar Daniel Sánchez Salas, quien actuó de coordinador ya que forma parte del grupo de investigación que dirige Angel Quintana desde la Universidad de Girona titulado «Mundos virtuales en el cine de los orígenes: dispositivos, estética y públicos»  y del que formamos parte varios de los asistentes que nos ofrecimos a moderar algunos de los bloques que ibamos a visionar en las sesiones. Teníamos la oportunidad de contemplar una gran cantidad de material fílmico inédito en dos largas sesiones que, pensabamos,  iban a ser agotadoras, pero finalmente, creo que todos nos quedamos con ganas de ver mucho más. Así, con el soporte de la Filmoteca de Cataluña y con el apoyo de Filmoteca Española, además de las Filmotecas de Zaragoza, Andalucia, Valencia y Canarias junto a otras instituciones dedicadas al patrimonio audiovisual europeo, tuvimos oportunidad de analizar en su conjunto, a una extensa cantidad de proyecciones que nos mostraron el cine que se conserva entre 1896 y 1910, en los orígenes del medio y que nos obligaba a una mirada compleja: por un lado como espectadores de hoy a la vez que participes de la fascinación de quienes por primera vez vieron fotografía animada en la pantalla en aquel periodo fundacional, con la reiteración fílmica de costumbres culturales que «señalaban» la supuesta identidad española como las corridas de toros o las procesiones, la incipiente ficción cinematográfica mirando todavía más al teatro que a la propia y específica narrativa del cine, que se estaba abriendose camino poco a poco, la presencia informativa del Alfonso XIII, la guerra de África y otros muchos materiales que despertaban tantas interrogaciones que se expresaban en voz alta por los asistentes creando un debate sobre las propias proyecciones que estaban apareciendo en pantalla. Cerraron aquellas dos intensas sesiones de especialistas un encuentro abierto al público, que pudo contemplar unos materiales seleccionados, algo que muy pocas veces es posible ver en las pantallas actuales y que fueron posibles gracias al esfuerzo del personal de Filmoteca de Cataluña y con el impagable entusiasmo de Mariona Bruzo y Rosa Cardona que hicieron de anfitrionas. Gracias a todo el personal de la institución fílmica catalana que colaboró en el éxito de este encuentro.

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Imagen de la iniciativa organizada por la Filmoteca de Cataluña: «Projectem el passat/Proyectamos el pasado» que tuvo lugar los días 28 y 29 de Octubre de 2019.

Hace unos pocos meses, en un trabajo que he escrito para la revista argentina Vivomatografías, citaba el texto de Emeterio Diez Puertas, en el que hace un análisis de las generaciones de historiadores del cine que se han dado en el desarrollo cultural del medio en España, y despues de esta cita obligada para los colegas latinoamericanos, por arte de magia, gran parte de ellos se encontraban en este encuentro compartiendo sus conocimientos. No quiero ser exhaustivo ni mucho menos ovidarme de nadie, pero ha sido un lujo compartir la sala y las proyecciones con autores de los que tanto he aprendido y tanto admiro como Jean Claude Seguin, Palmira González, Sandro Machetti, Joaquín Cánovas, Luis Alonso, Ángel Quintana, Magdalena Brotons, Amparo Martinez Herranz, Javier Frutos, Begoña Soto,  Enrique Monterde y tantos otros (¡Mil disculpas a los que no cito!) que compartíamos con los restauradores y conservadores del cine nuestro conocimiento. Unos especialistas, los conservadores y los restauradores,  que hacen posible que dentro del desastre que supone haber perdido la mayor parte de este fundamental patrimonio cultural de la contemporaneidad, su pericia hace que, de tanto en tanto vuelvan a la luz y a su indagación histórica, películas que ya considerabamos perdidas. Muchas gracias, de todo corazón por vuestra importante e inestimable labor que debe ser colaborativa con los que nos dedicamos a poner valor cultural al cine que se ha conservado.

Creo que uno de los activos de este encuentro ha sido precisamente ese «encontrarnos» tantos especialistas que trabajan sobre el mismo objeto de estudio con miradas diferentes y que comentábamos, ante las proyecciones, a interrogarnos en voz alta sobre los significados culturales e históricos del cine. Ante las múltiples películas en las que los que eran captados con la cámara miraban y saludaban al dispositivo cabía preguntarse cosas cómo: ¿Quién mira a quién? Una pregunta  que tambien es pertinente cambiar por otra: ¿Qué estamos mirando hoy nosotros en el cine de los orígenes?

Cómo esta bitácora tiene algunas reglas fundacionales, entre ellas la de poner a disposición de tantos que la visitan, algunos de los textos que he ido escribiendo sobre la historia de las imágenes en el pasado, ofrezco hoy el texto que publiqué en la exposición  Memorias de la Mirada en 2001, sobre la necesidad de entender los fenómenos culturales en torno a  las imágenes contemporáneas de un modo tranversal. Por supuesto lo que yo escribí entonces, es una de las aproximaciones posibles y para nada excluyente de otras, porque hay muchos modos de explorar el pasado y de todos ellos se extrae conocimiento. Tuve el privilegio de asistir, en Marzo de 1985, al encuentro organizado en Madrid por el Ministerio de Cultura y que nos puso en común a los que estabamos interesados entonces en la Historia de la Fotografía. Con este encuentro, que ha tenido lugar en la Filmoteca de Cataluña tengo la certeza de que sus consecuencias supondrán una fuerte revitalización de la valoración cultural que el cine tiene para entender el mundo contemporáneo. Poco sería de nosotros y de nuestra historia compartida si no hubieran existido los sólidos imaginarios que supieron crear las fugaces imágenes que se han visto en las pantallas de cine durante más de un siglo por tantos y tantas espectadores y espectadoras que se emocionaron con lo que representaban…

Catálogo Memorias de la Mirada (2001)      (Pulsar para descargar)